¿Se dan palmadas en los templos? Entender el budismo japonés mediante su historia

Cultura

No es raro ver en templos budistas a visitantes y turistas dando palmadas, como se suele hacer en los santuarios. Aunque algunos sostienen que esto contraviene la etiqueta formal, el erudito religioso Shimada Hiromi ofrece una perspectiva diferente, basándose en los antecedentes históricos de los santuarios y templos de Japón.

Las complejas cuestiones sobre las normas de etiqueta para visitar santuarios y templos

Yo nunca he sido testigo de esto, pero al parecer hay gente que da palmadas en los templos. De hecho, en las redes sociales hay comentarios de personas que expresan sorpresa al haber presenciado ese tipo de escenas. Algunos se muestran indignados, calificándolo de falta de etiqueta.

En los santuarios, la manera formal de adoración consiste en realizar dos reverencias, dar dos palmadas y hacer una última reverencia, costumbre denominada nirei-nihakushu-ichirei. En los templos, consiste solo en el gasshō: juntar las manos en silencio. Aunque es algo que se suele recordar a menudo, en realidad se trata de una cuestión sorprendentemente compleja y difícil.

La costumbre de dar palmadas en los santuarios no es en absoluto algo del pasado lejano. En YouTube hay vídeos que muestran escenas de visitas a santuarios en Año Nuevo alrededor de 1990, al comienzo de la era Heisei (1989-2019), y al verlos se observa que muy pocas personas daban palmadas. La mayoría se limitaba a juntar las palmas de las manos.

La práctica de inclinarse dos veces, aplaudir dos veces e inclinarse una vez tiene su origen en el ritual de culto formal establecido por los sacerdotes sintoístas durante la era Meiji (1868-1912). Sin embargo, su adopción generalizada como etiqueta estándar para los fieles se produjo cuando la Asociación de Santuarios Sintoístas (fundada después de la Segunda Guerra Mundial), que supervisa muchos de los santuarios de Japón, comenzó a promoverla. Hoy en día son muchos los lugares de culto que exhiben avisos en sus pabellones de adoración en los que se explica el procedimiento. La televisión y las revistas también han promovido cada vez más esta forma de etiqueta como la correcta.

Sin embargo, si reflexionamos al respecto nos daremos cuenta de que resulta bastante descortés que un ser humano se ponga de pie y dé palmadas ante los dioses. Y de hecho, en épocas pasadas, cuando se rendía homenaje en los santuarios, la gente se sentaba en el suelo y juntaba las manos en señal de oración. Incluso hoy en día, cuando los sacerdotes realizan rituales dentro del recinto del santuario, a menudo lo hacen sentados.

Durante el periodo Edo (1603-1868), las peregrinaciones al santuario de Ise se hicieron inmensamente populares y se publicaron guías para dichas visitas. En ellas se representa a los peregrinos arrodillados ante los edificios del santuario, rezando de una manera similar a la postración.

En la primera película del director de fama mundial Kurosawa Akira, Sugata Sanshirō (1943), aparece una escena en la que la hija del judoka que va a luchar contra el protagonista, Sanshirō, reza por la seguridad de su padre en un santuario. La hija, vestida con un kimono, no se sienta ante la sala del santuario, sino que reza con la espalda encorvada.

El budismo japonés no tiene un ritual fijo para la oración

En el caso de los templos, no se recomienda de modo formal rituales fijos, como el nirei-nihakushu-ichirei. Al rendir homenaje a la imagen principal consagrada en la sala principal, muchas personas juntan las palmas de las manos de forma natural, aunque esto no es algo que prescriba el templo en sí. Es simplemente algo que la gente hace de forma instintiva.

En el caso de los santuarios, dado que no existen enseñanzas claramente definidas de un principio, las sectas no se forman según la doctrina. En el caso de los templos, por el contrario, muchas sectas se han formado según diversas enseñanzas, que cada una mantiene.

El sacerdote principal de un templo, por ejemplo, recita sutras durante los servicios conmemorativos y los servicios matutinos y vespertinos, y esto constituye la forma de rendir homenaje a la imagen principal del templo. Incluso los creyentes comunes pueden recitar sutras, y en los templos budistas esotéricos se recitan textos sagrados como mantras o dharani. En otras palabras, el hecho de que la forma de culto varíe según el templo o la posición de cada uno está relacionado con la ausencia de un ritual fijo para la oración dentro del budismo.

En el pasado, los santuarios y los templos no se distinguían entre sí

Algo que complica aún más el asunto es que, al recordar la historia, veremos que las circunstancias que rodeaban a los santuarios y templos eran fundamentalmente diferentes a las actuales.

Los historiadores sostienen que Japón entró en la Edad Media cerca del final del periodo Heian (794-1185), cuando la capital se encontraba en Kioto. Desde este periodo medieval hasta principios de la era moderna, una de las principales características del ámbito religioso japonés fue la continuidad del Shinbutsu shūgō (el sincretismo del sintoísmo y el budismo).

El sintoísmo es una religión autóctona de Japón, mientras que el budismo es una religión importada del continente. En las primeras etapas de la introducción del budismo, ambas religiones se percibían como fuerzas opuestas; sin embargo, a medida que el budismo se fue extendiendo por la sociedad japonesa, ambas religiones se fueron fusionando poco a poco.

Esto se debió a la ausencia de enseñanzas explícitas dentro del sintoísmo, que a diferencia del budismo no poseía doctrinas claras. De ahí que las dos religiones no entraran en conflicto por diferencias doctrinales. Esta situación difería significativamente de la de Europa, donde la expansión del cristianismo condujo a la erradicación de las religiones étnicas indígenas.

Como resultado, los grandes santuarios llegaron a contar con templos conocidos como jingū-ji construidos dentro de sus recintos. Además, era habitual que el monje principal del templo gestionara el santuario y recitara sutras ante su sala principal. Esto se debía a que el estatus de deidad también se consideraba el resultado de la reencarnación; se creía que incluso los dioses practicaban el ascetismo budista, buscando la liberación. El monje principal ayudaba así a la práctica espiritual de la deidad mediante la recitación de sutras.

Incluso en el caso del santuario Tsurugaoka Hachimangū, en Kamakura, que ahora visitan muchos extranjeros, fue al mismo tiempo un templo desde su fundación en el periodo Kamakura (1185-1333) hasta la era moderna, con pabellones budistas alineados en su recinto. Sin embargo, con la llegada del periodo Meiji (1868-1912), el Gobierno implementó una separación del sintoísmo y el budismo, purgando todos los elementos budistas del santuario. En consecuencia, incluso cuando se visita Tsurugaoka Hachimangū hoy día, no se pueden encontrar rastros de este pasado. Y sin embargo, antes del periodo Meiji, también se encontraban allí estructuras como una estupa que albergaba las reliquias del Buda Shakyamuni.

El punto crucial de todo esto es que durante la era del sincretismo sintoísta-budista no se distinguía entre santuarios y templos. Tsurugaoka Hachimangū, donde también se alzaba una estupa budista, era tanto un santuario como un templo. En consecuencia, los fieles rendían homenaje tanto a dioses como a budas, y no había distinción en la forma de culto. Esencialmente, todo se unificaba mediante la práctica de juntar las palmas de las manos.

La separación entre el sintoísmo y el budismo de Meiji y la esencia de la oración

Esta clara distinción entre santuarios y templos solo llegó a surgir durante el periodo Meiji. Sin embargo, la forma de culto siguió las prácticas de épocas anteriores, y la gente solía juntar las palmas de las manos tanto en los santuarios como en los templos. Algunas personas daban palmadas en los santuarios, pero esto se debía a que los propios sacerdotes del santuario adoraban utilizando ese método.

Ya se trate de juntar las manos en señal de oración o de hacer nirei-nihakushu-ichirei, ninguna de las dos acciones se halla decretada por los dioses o los budas. Es, al fin y al cabo, una convención de los seres humanos. En ese sentido, no debería ser algo obligatorio.

Sin embargo, los japoneses tienden a dar mucha importancia a la etiqueta. Cuando se les enseña que esa es la forma correcta de actuar, se esfuerzan por cumplirla. La costumbre del nirei-nihakushu-ichirei en los santuarios se ha generalizado precisamente porque se recomienda hacerlo así.

Por otro lado, aunque la era del sincretismo sintoísta-budista ya es cosa del pasado, su influencia perdura hasta nuestros días. Además, no todo el mundo distingue claramente entre santuarios y templos. Aunque los santuarios son el destino más habitual para la primera visita del año nuevo, también se eligen ciertos templos con frecuencia.

En Tokio, mucha gente visita el santuario Meiji para realizar su primera visita del año, pero en la vecina Kanagawa, Kawasaki Daishi es la opción preferida. Kawasaki Daishi es el nombre común; el nombre oficial es Heikenji, un templo budista de la secta Shingon. Pero no se puede decir que todos los que realizan su primera visita del año sean conscientes de que el santuario Meiji es un santuario y Kawasaki Daishi es un templo. Por lo tanto, también hay quien da palmas en Kawasaki Daishi.

No creo que haya motivos para ofenderse ni enfadarse por considerar que esas palmadas van en contra de las normas de etiqueta. Lo importante es rezar con sinceridad. Para mostrar sinceridad, es más apropiado juntar las palmas de las manos. Por eso, yo junto las palmas de las manos tanto en los santuarios como en los templos.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: visitantes que juntan las manos para ofrecer oraciones de Año Nuevo en su primera visita del año al santuario del barrio; 1 de enero de 1976, templo Kongōji, Takahata Fudōson, ciudad de Hino, Tokio - Kyodo)

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