Espacios de vida y muerte: ‘washitsu’, tatami, ‘tokonoma’
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El zashiki, el corazón de la casa
Analicemos la estructura de una casa tradicional de Japón, provista de washitsu, habitaciones con tatami: en la entrada (genkan) nos descalzamos y subimos al pasillo, con suelo de tablas de madera. Guiados por la familia, llegamos a una espaciosa habitación conocida como zashiki, donde el tatami, las esteras tradionales de paja, se extiende refrescante por todo el suelo. En una esquina de la habitación se encuentra el tokonoma, un nicho decorativo donde se cuelga un rollo con palabras de la temporada, o un arreglo floral, para dar la bienvenida a los invitados. Nos sentamos en el tatami para descansar. Cuando el anfitrión abre el shōji, la pared hecha de paneles de papel con armazón de madera, nos deleita la vista del jardín, con sus árboles, su estanque y sus hermosas piedras.

El zashiki de la antigua residencia del acaudalado granjero Chinjusō, en la localidad de Tagamimachi, prefectura de Niigata. (Pixta)
Esta disposición espacial, en la que el interior y el jardín se conectan a la perfección, era antes característica de las casas japonesas. Hasta hace aproximadamente medio siglo, casi todas las casas tenían un zashiki. No solo se encontraba en casas de grandes granjeros o de familias acomodadas en pueblos rurales de montaña; incluso en las estrechas viviendas de alquiler urbanas, el zashiki era invariablemente la habitación más importante. No era una sala privada ocupada por una sola persona, sino un espacio compartido por la familia, utilizado para eventos estacionales, y para ceremonias y ocasiones importantes que marcaban los hitos de la vida: nacimientos, mayoría de edad, bodas...

El tokonoma se decora con caligrafía, bonsáis e ikebana. (Pixta)
En enero, toda la familia se reunía alrededor de una comida para celebrar el Año Nuevo, con los pasteles de arroz kagamimochi para los dioses expuestos en el tokonoma, junto con rollos colgantes con símbolos de longevidad y felicidad, como el sol naciente, grullas o tortugas. Para el Momo no Sekku, el festival de las niñas del 3 de marzo, en el que se rogaba por el crecimiento saludable y la felicidad de las niñas, era costumbre exhibir muñecas hina y flores de melocotonero. Para los niños, en el Tango no Sekku, el festival de los niños del 5 de mayo, se exhibían cascos y muñecos de guerreros, y toda la familia lo celebraba junta.
El tatami, lo fundamental
A continuación presentamos los componentes básicos que conforman una habitación de estilo japonés. El primero es el tatami. Se trata de una superficie de junco tejido, conocida como tatami-omote, con un núcleo comprimido de materiales como paja de arroz en su interior. A lo largo del borde longitudinal se añade un ribete de tela para darle forma.

Las esteras de tatami recién colocadas tienen un tono verdoso. (Pixta)
El tamaño estándar de una estera de tatami es de un ken (unos 180 centímetros) de largo y medio ken (90 centímetros) de ancho. El ken es una unidad de longitud utilizada desde hace mucho tiempo en Japón, que representa la distancia entre dos columnas de una casa. Esta medida se corresponde con la longitud de la madera que se puede hallar con facilidad en Japón y, por consiguiente, la estructura general de las casas y el tamaño de las habitaciones se han expresado tradicionalmente utilizando el ken como unidad.
El tamaño de una habitación venía determinada por el número de tatamis que contenía. Por ejemplo, una habitación de 1 x 1 ken podía albergar dos tatamis, mientras que una habitación de 2 x 2 ken podía albergar ocho. Así, se denominaban “habitación de dos tatamis” o “habitación de ocho tatamis”, respectivamente. Los japoneses con cierta experiencia con las habitaciones washitsu podían, con solo oír estos términos, visualizar el tamaño de la habitación, su capacidad aproximada y cómo se podrían disponer los muebles.
Todo tipo de accesorios
Las casas tradicionales japonesas tienen pocas paredes fijas. En su lugar, se utilizan tabiques móviles conocidos como tategu: puertas correderas, paneles fusuma y puerta de shōji. Dado que la distancia entre las columnas se había fijado en un ken, el tamaño de estos accesorios también se estandarizó.

Puertas correderas de washitsu. A menudo presentan paisajes o diseños decorativos. (Pixta)
Las puertas correderas fusuma pueden presentar motivos o diseños pintados. Las puertas de shōji se fabrican con un marco de celosía de madera recubierto de papel. Impiden la visión del exterior, pero permiten que entre una luz suave en la habitación.

El fresco verdor del jardín visto entre las puertas de shōji –Unryūin, templo filial de Sennyū-ji en la ciudad de Kioto–. (Pixta)
Entre la sala de tatami y el exterior se construía una veranda con contraventanas instaladas en el lado exterior, para proteger el interior del viento y la lluvia. La veranda y la sala quedaban separadas por fusuma o paneles de shōji, lo que creaba un espacio intermedio que servía de amortiguador contra las fluctuaciones extremas de temperatura del exterior.

La terraza, que da al jardín, cuenta con suelo de madera: antigua residencia de la familia Mikami en la ciudad de Miyazu, prefectura de Kioto, catalogada como Bien Cultural Importante a nivel nacional. (Pixta)
Los veranos japoneses son bochornosos y húmedos; por ello los edificios se diseñan fundamentalmente para dar prioridad a la ventilación dentro de las habitaciones. Los tategu, puertas y particiones móviles y desmontables simbolizan de forma muy sucinta este principio. Al abrir o retirar las puertas fusuma y las pantallas de shōji se crean vías para la circulación del aire. Las pantallas de bambú o junco (sudare y sudo) se utilizaban exclusivamente en verano, ya que permitían el paso del aire al tiempo que bloqueaban la luz solar directa y las vistas al exterior.

Una pantalla de bambú colgada bajo el alero. Bloquea la vista exterior y la luz solar directa, al tiempo que permite el paso del aire. (Pixta)
La característica definitoria de una habitación washitsu es su capacidad para cambiar de aspecto con las estaciones. Mediante la sustitución y el ajuste de los accesorios, estas habitaciones se adaptan a los cambios drásticos de las cuatro estaciones. En lugar de aislarse completamente de la naturaleza, representan una arquitectura que coexiste con ella.
Habitaciones decuadas para varios propósitos
No solo las habitaciones especiales, como la sala zashiki, estaban cubiertas con tatamis. Se podría decir que casi todas las habitaciones, excepto la cocina y los trasteros, estaban dispuestas de ese modo.

Al abrir o retirar el fusuma y el shōji se crea un gran vestíbulo. (Pixta)
El washitsu tenía múltiples funciones. Por la noche, se colocaban futones sobre las esteras de tatami para crear una zona para dormir, y por la mañana estos se guardaban en el armario. Durante el día, se colocaban mesas y escritorios para comer y estudiar, o se convertía en un espacio para la vida cotidiana en familia. Al quitar las particiones, como las de fusuma, para conectar varias habitaciones, se transformaba en un amplio salón para grandes reuniones. Cada habitación no se limitaba a funciones específicas, como dormitorio o comedor, sino que era versátil y adaptable.

El interior de la urbanización Suwa 2-chōme en Tama New Town, Tokio. Durante el periodo de rápido crecimiento económico la llamaban una “casa de ensueño”.
Este estilo de washitsu persistió mucho tiempo después de la Segunda Guerra Mundial, a pesar de los importantes cambios en el estilo de vida de los japoneses. Para hacer frente al rápido crecimiento demográfico se construyeron en todo el país numerosos complejos de viviendas públicas de hormigón armado, conocidos como danchi. Aunque más tarde se vieron ridiculizados (solían llamarlos “jaulas de conejos” debido a sus condiciones de hacinamiento), gracias a que los danchi se centraban en ofrecer habitaciones versátiles con tatami, en ellos podían vivir incluso familias numerosas.
Cambios en las condiciones de vivienda
Sin embargo, en los últimos años se han producido cambios significativos en el panorama inmobiliario japonés. Según la página web de cierto fabricante de viviendas, cerca del 60 % de las casas unifamiliares construidas por este fabricante en 2018 contaban con habitaciones washitsu con suelo de tatami, pero en 2022 esta cifra había caído por debajo del 40 %. En los edificios de apartamentos de gran altura que se están construyendo actualmente en gran número en Tokio y otras zonas urbanas apenas incluyen habitaciones de estilo japonés.
La prevalencia de sillas y mesas, junto con una creciente aversión a sentarse directamente en el suelo, probablemente explique este cambio. Se ha convertido en algo habitual que cada miembro de la familia tenga su propia habitación, un dormitorio con una cama, y estas habitaciones se han convertido en espacios fijos en lugar de áreas flexibles adaptables a diferentes usos.

Sustitución de la superficie de la estera de tatami, tejida con junco. (Pixta)
Los cambios en las condiciones de vivienda también han afectado a las industrias que apoyaban el estilo de vida del washitsu. Según el informe del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca El estado del igusa (superficie de tatami), la producción de tatami, que en 1996 era de 26,94 millones de unidades, había caído a solo 1,03 millones de unidades en 2025. En 1996, casi el 70 % se producía en Japón, pero en 2025 la producción nacional se había reducido a un mero 18 %. Si bien la disminución de la demanda de habitaciones de estilo japonés es un factor importante, la dependencia de las importaciones ha aumentado significativamente, y la gran mayoría procede ahora de China. Las escasas esteras de fabricación japonesa, al ser de alta calidad, alcanzan precios dos o tres veces superiores a los de las de fabricación china. Se han convertido en artículos de lujo.
Creciente atención internacional
El rápido declive del washitsu está produciendo un profundo impacto en el estilo de vida y la cultura japoneses. El tokonoma, que antes se adornaba con rollos colgantes y artesanías de temporada, está desapareciendo, y la tradición de cultivar el aprecio por la belleza a través de la contemplación de estas obras de arte se va desvaneciendo. Los espacios de estilo japonés se convierten ahora en dominios especializados reservados para restaurantes de alta gama, hoteles tradicionales y personas con un profundo conocimiento de la cultura japonesa.
Sin embargo, los elementos culturales del washitsu, que ahora pende de un hilo en Japón, están empezando a llamar la atención de ciudadanos de otros países. Una estudiante china que había estudiado en mi despacho me mostró fotografías de una elegante cafetería que visitó durante una investigación en su país. Contaba con un espacio con suelo de tatami donde los clientes se quitaban los zapatos y se sentaban en el suelo, algo poco común en China. Según ella, esto representa un nuevo tipo de cafetería popular entre los jóvenes, y los artículos de estilo japonés, como las esteras de tatami, las mesas bajas y los cojines, se pueden adquirir fácilmente en la red.

Una cafetería de estilo japonés, con suelo de tatami, mesas y sillas bajas dispuestas por todo el local – pueblo de Kunming Leju en la provincia de Yunnan, China. (Fotografía de Lu Gao)
En Francia existe ahora la palabra tatamiser, que al parecer, significa “vivir sobre tatamis” y, por extensión, adoptar el estilo de vida japonés. Dada la popularidad del judo en Francia, es probable que los franceses se hallen familiarizados con los tatamis que se encuentran en los gimnasios donde se practica este arte marcial.
El interés por las habitaciones washitsu que muestra el extranjero se extiende a toda la cultura japonesa, abarcando una forma de vida y una mentalidad que valora la naturaleza y la incorpora sin esfuerzo a la vida cotidiana.
Las casas tradicionales japonesas se construían antes íntegramente con materiales naturales (tejas, pilares y esteras de tatami) destinados a descomponerse y volver a la tierra. Esta forma de vida sostenible desde el punto de vista medioambiental, arraigada en la tradición japonesa, merece una nueva consideración precisamente porque nuestro planeta se enfrenta ahora a una crisis. Espero que los habitantes de todo el mundo puedan conocer y apreciar esta forma de vida de Japón.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: antigua residencia Kishi, bien cultural tangible nacional; ciudad de Nishiwaki, prefectura de Hyōgo – Pixta.)