Fukushima Dai-ichi, 15 años después: el desafío de desmantelar la central
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Cuatro años para instalar una cubierta que facilite un desescombro seguro
El 19 de enero de 2026 fue completada la gran cubierta para cerrar la parte superior del reactor número uno de Fukushima Dai-ichi, que resultó gravemente dañado por la explosión de hidrógeno. Tres lustros después del accidente, las 392 barras de combustible nuclear ya consumidas continúan en la piscina situada en la planta superior del reactor. TEPCO planea comenzar en el año fiscal 2027 la extracción de las barras, que serán trasladadas a otro lugar de conservación, pero para que la ruta de transporte quede expedita primero será necesario retirar los escombros diseminados por esa planta. La referida cubierta cumplirá la función de impedir que sustancias radiactivas se dispersen por el aire durante las operaciones de retirada de escombros.

El reactor número uno de Fukushima Dai-ichi, con sus estructuras metálicas y tuberías dañadas todavía al descubierto, en fotografía tomada en febrero de 2020.

Fotografía del reactor número uno tomada en enero de 2026, una vez colocada la cubierta. El nuevo aspecto del reactor ya no transmite la violencia del accidente sufrido ni la dificultad que han implicado los primeros pasos hacia su desmantelamiento.
En todas las operaciones conducentes al desmantelamiento de los reactores, se parte del principio inquebrantable de que nada de lo que se haga debe ser causa de una nueva contaminación radiactiva. Ante la falta de precedentes que puedan servir de referencia, la planificación se hace ad hoc teniendo en cuenta todas las diferencias estructurales entre los reactores y considerando también por separado cada lugar dañado por las explosiones y la gravedad de los daños sufridos. Además de prestar la máxima atención a las medidas para evitar que los operarios queden expuestos a la radiación en las zonas donde esta es más alta, ha sido necesario crear desde cero equipamiento y materiales especiales para sistemas de control remoto.
Aun así, han surgido algunos imponderables o, como gustaban de decir los responsables, “situaciones fuera de los supuestos manejados”. La colocación de la gran cubierta, que comenzó en abril de 2022, estaba previsto completarla para el verano de 2025, pero ha sufrido un retraso de medio año debido a una serie de circunstancias adversas: las grúas comenzaron a dar problemas, hubo que tomar medidas adicionales para no exponer a los operarios a las radiaciones, el calor y las condiciones atmosféricas redujeron las horas disponibles, etcétera.
En sus titulares, los medios de comunicación han prodigado expresiones como “nuevo retraso” o “el desmantelamiento, sine die”. Pero da la sensación de que no siempre se ha logrado transmitir con esa misma claridad qué circunstancias concurrieron para que eso ocurriera, o cómo se ha respondido cuando han sucedido cosas “fuera de los supuestos manejados”.
Solo diez participantes en una visita a la central con un cupo de cuarenta personas
El 17 de enero, dos días antes de completarse la colocación de la cubierta, acompañamos como reporteros a los vecinos del área que participaban en una visita guiada de inspección con charla, organizada por TEPCO. Perdida su función original de generación de energía eléctrica, la central ha seguido existiendo transformada en el lugar de trabajo de un gran número de empleados de la compañía eléctrica y de otras empresas asociadas y contratistas que se esfuerzan ahora por llevar a buen puerto las operaciones de desmantelamiento.
Estas visitas y charlas, organizadas con la intención de que, durante el largo periodo que será necesario para completar el desmantelamiento, los vecinos del área tengan conocimiento del grado de avance de las labores y puedan hacer oír sus voces, vienen celebrándose casi todos los meses. Pueden participar en ellas tanto los actuales habitantes de la prefectura de Fukushima como quienes lo eran cuando ocurrió el terremoto, y las plazas se anuncian en la prensa impresa y digital. Aunque para cada visita el cupo es de 40 personas, el día del reportaje solo participó una decena.
Durante casi todo el recorrido los visitantes contemplan la central desde la ventanilla de un microbús, pero al llegar a un promontorio próximo desde el que se ven de cerca los cuatro reactores siniestrados, la visita continúa ya fuera del autobús.

Participantes de la visita contemplan los reactores 1-4 desde un mirador cercano.
El empleado que hace de guía explica, frente al reactor número uno, que la gran cubierta está a punto de completarse y que su función será evitar que se propaguen materiales radiactivos durante la operación de desescombro de la planta superior. Sobre el reactor número dos, dice que para extraer de él los restos del combustible fundido se hacen experimentos y entrenamientos en el quinto reactor, que tiene la misma estructura, y acompaña sus explicaciones con fotografías y gráficos, respondiendo también a las preguntas que le formulan los participantes.
Fotografía de recuerdo con los reactores como fondo
El personal de la central se ofrece también a tomar fotografías de los participantes con los reactores como fondo, ya que está prohibido introducir teléfonos móviles y cámaras en el recinto. Podría pensarse que nadie querría tomarse una foto en el escenario de tan horrible accidente, pero lo cierto es que todos los participantes aceptaron el ofrecimiento.
La guía e intérprete Shiga Mikiko cuenta que en varias ocasiones ha acompañado a turistas extranjeros a lugares como el Centro de Documentación sobre el Desmantelamiento, situado en el municipio de Tomioka, o el Museo Conmemorativo del Gran Terremoto del Este de Japón y el Desastre Nuclear, ubicado en el de Futaba. Visitan las zonas afectadas por el gran terremoto personas de muy diverso perfil: investigadores, activistas medioambientales, particulares atraídos por las impactantes imágenes del tsunami o del accidente nuclear que recuerdan haber visto…
Shiga confiesa que a veces le hacen preguntas difíciles sobre el accidente nuclear sobre las que no encuentra una respuesta adecuada. Participó en la visita porque le pareció que sería bueno para su trabajo tener un conocimiento directo del lugar, y porque le daba la oportunidad de plantear directamente sus dudas a la gente que trabaja ahí.

Después de la visita, los participantes pueden transmitir sus impresiones y plantear sus dudas al personal de la central.
Tras recibir explicaciones en el mirador desde el que se divisan los reactores, Shiga no ocultó el asombro que le causó conocer los esfuerzos que se hacen para adoptar el enfoque más adecuado según cual sea la estructura de la torre del reactor o la magnitud de los daños causados por las explosiones. “Me pareció un detallismo muy japonés, una muestra excelente de la tecnología japonesa”, comentó impresionada, añadiendo que le gustaría que más gente visitara la instalación. Pero también matiza: “De todos modos, creo que una cosa es que sean capaces de dar respuestas adecuadas y otra cosa diferente que podamos quedarnos tranquilos”.
Shiga vive en Iwaki, una ciudad situada en el extremo sur de la comarca costera de Hamadōri, en la prefectura de Fukushima. Aunque cuando ocurrió el accidente nuclear Iwaki quedó fuera de la zona de evacuación, recuerda que sintió un miedo terrible cuando, tras un temblor como nunca había experimentado, vinieron primero el tsunami y luego las explosiones en la central nuclear. Y como alguien que cuenta con esa experiencia, confiesa que cuando pisó por primera vez el recinto de Fukushima Dai-ichi y comprobó el orden y disciplina con que se llevaban a cabo las labores de desmantelamiento de los reactores, la asaltaron emociones encontradas.
Hay que decir que aquel día, Shiga y otra persona más eran los únicos participantes que visitaban Fukushima Dai-ichi por primera vez. El grupo estaba formado mayoritariamente por personas que vivían en zonas de Fukushima alejadas de la central y que, por esta razón, no tuvieron que evacuar sus casas. También había algunos empleados procedentes de otras prefecturas que vivían solos, cumpliendo destinos temporales en Fukushima en trabajos relacionados con la reconstrucción. El ambiente de calma que rodeaba al grupo se mantuvo hasta el final, sin que se alzase ni una sola voz crítica contra TEPCO, la causante del accidente.

Los participantes intervinieron en la charla en un ambiente de calma, sin dar lugar a discusiones acaloradas.
Uno de los participantes era un empleado de una empresa del sector de la construcción que suministra a Fukushima Dai-ichi ciertos materiales. Era su tercera participación y además había estado también en la central por asuntos de trabajo. “La pena es que la ruta que seguimos es siempre la misma. Si lo hicieran de forma que pudiéramos ver otras partes, habría más repetidores. A mí me gustaría ver también, dentro de lo posible, las zonas de mayor riesgo”, comenta. Hablamos también con otro participante, perteneciente a una asociación cívica, que había hecho el recorrido hace cerca de medio año y volvía para comprobar los cambios.
Cómo pasar el relevo a la generación que completará el desmantelamiento
“Es de agradecer que haya personas que vengan varias veces, pero para nosotros el reto es cómo conseguir que vengan nuevos visitantes”, dice Kuwashima Masaki, comunicador de riesgos de la Fukushima Dai-ichi Hairo Suishin Company, una empresa del grupo TEPCO encargada del desmantelamiento y la descontaminación. “Todavía nos va a costar mucho tiempo desmantelar la central. La generación de trabajadores que vivieron el accidente poco a poco va jubilándose y apartándose de la planta. Nos gustaría que entre las generaciones más jóvenes hubiera personas que vinieran a ver esto y que se decidieran a participar en las labores de desmantelamiento. También a fin de no echar en saco roto las enseñanzas que nos deja este accidente sin precedentes ocurrido en la central, queremos ser foco de difusión de los conocimientos que estamos adquiriendo en el proceso de desmantelamiento y hacer algo de utilidad para todo el mundo”, concluye.

A la izquierda, el reactor número dos, donde se hacen pruebas experimentales de extracción de combustible fundido. A la derecha, con cubierta abovedada, el tercer reactor.
La parte más difícil del proceso de desmantelamiento es la retirada de los escombros de combustible nuclear fundido, también llamados lava nuclear, que entre los reactores uno, dos y tres suman 880 toneladas. En las dos primeras pruebas de retirada de restos de combustible nuclear realizadas entre 2024 y 2025 se extrajo en total algo menos de un gramo. TEPCO ha pospuesto hasta 2037-2040 el inicio de las operaciones de desescombro efectivo, que estaban planificadas para principios de la década de 2030. Pero no sería extraño que en esta fase de preparación ocurrieran imprevistos que impongan una revisión del plan.
La deshonrosa imagen de haber causado el peor accidente nuclear de la historia acompañará siempre a Fukushima Dai-ichi. Pero el saber que se está adquiriendo conforme se va gestionando el “peor accidente de la historia” y se superan uno a uno los contratiempos que dificultan el avance de las tareas, puede y debe ser de utilidad para evitar la repetición de accidentes similares y para conseguir tecnologías de desmantelamiento seguras.
Si queremos que las nuevas generaciones, que no tienen una experiencia directa del accidente, puedan tomar el relevo, quienes hemos consumido la electricidad producida por estos reactores deberíamos saber mantener nuestro interés y evitar que la memoria de lo ocurrido se erosione.
Fotografías del encabezado y del cuerpo del artículo: Hashino Yukinori (redacción de nippon.com)
Imagen del encabezado: personal de TEPCO explica a los participantes en una visita guiada, frente a los reactores uno a cuatro de la central nuclear Fukushima Dai-ichi, el plan de tareas de desmantelamiento.
(Traducido al español del original en japonés.)
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