NTT Docomo pone fin al servicio móvil i-mode, pionero de los emojis
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Uso del teléfono móvil para la banca, los viajes y otros servicios
El 31 de marzo de 2026, NTT Docomo puso fin a su red móvil de tercera generación (3G) y al servicio i-mode. Tras lanzarse el 22 de febrero de 1999, el servicio i-mode llega así a su fin tras casi tres décadas.
En el momento de su lanzamiento, i-mode fue un servicio revolucionario. Antes de su irrupción, era necesario un ordenador para acceder a internet. Poder conectarse desde un teléfono móvil supuso un auténtico punto de inflexión. Sin embargo, esto por sí solo no explica el éxito del servicio.
Un factor clave en el auge de i-mode fue la visión de Natsuno Takeshi, quien lideró su lanzamiento y actualmente es presidente de Kadokawa Corporation. Natsuno apostó por facilitar la participación de otras empresas en el nuevo ecosistema.
En aquella época, ya se había establecido un lenguaje de marcado denominado WAP para los sitios web móviles, pero sus especificaciones particulares dificultaban su uso por parte de los desarrolladores. Lo que hizo Natsuno fue emplear “c-HTML”, una versión compacta del lenguaje HTML utilizado en las páginas web. Esto permitió que quienes tuvieran experiencia en la creación de páginas web para ordenadores pudieran desarrollar fácilmente páginas para i-mode, lo que impulsó rápidamente su participación.
Otro punto clave en el que Natsuno puso el foco fue en integrar i-mode en la infraestructura social y económica de Japón. Desde el principio, los principales bancos se sumaron al servicio, lo que permitió a los usuarios consultar saldos y realizar transferencias desde sus teléfonos.
Docomo contó, en sus anuncios de televisión, con la popular idol Hirosue Ryōko e hizo hincapié en la posibilidad de efectuar transferencias bancarias desde el móvil. No se trataba solo de acceder a internet. Con i-mode, los teléfonos dejaban de ser meros dispositivos para hablar y pasaban a convertirse en herramientas esenciales con múltiples usos, cada vez más arraigadas en la vida diaria.
Posteriormente, la mayoría de los dispositivos compatibles con i-mode incorporaron FeliCa, un sistema RFID contactless (identificación por radiofrecuencia sin contacto físico) utilizado en tarjetas de transporte como Suica, así como en el dinero electrónico. Esto permitió utilizar los teléfonos para franquear los tornos automáticos del tren y realizar pagos en tiendas de 24 horas y supermercados.

El servicio Osaifu-Keitai de NTT Docomo —literalmente, “teléfono móvil monedero”— permitía realizar pagos acercando un teléfono i-mode a la caja registradora de una tienda de 24 horas. Fotografía tomada durante una presentación en Chiyoda (Tokio), el 16 de junio de 2004. (© Jiji)
Un sistema de facturación que dio origen a un mercado de contenidos digitales
A medida que el servicio i-mode se consolidaba en Japón, dio lugar a un amplio mercado de contenidos digitales que abarcaba juegos, tonos de llamada extraídos de canciones populares existentes, cómics digitales y mucho más. Lo que permitió a las empresas participantes generar ingresos fue el sistema de facturación del servicio.
Con el servicio i-mode, los contenidos de pago solían costar alrededor de 300 yenes, un precio comparable al de una revista económica, lo que los situaba en un rango asequible para los usuarios. NTT Docomo aplicaba una comisión del 9 % a los proveedores de contenido, significativamente inferior al 25 %-30 % que cobran hoy en día las tiendas de aplicaciones para móviles inteligentes gestionadas por Apple y Google.
Lo que hacía eficaz el sistema de facturación de i-mode era que integraba los cargos por contenidos en la factura mensual del teléfono. Aunque las tarjetas de crédito ya se utilizaban para pagos en línea, introducir el número de tarjeta, el nombre y la fecha de caducidad suponía una barrera psicológica para muchos usuarios.
Con i-mode, bastaba con introducir un PIN de cuatro dígitos para completar la compra. Dado que los cargos se añadían a la factura telefónica, el impago podía implicar la pérdida de acceso a llamadas, correo electrónico y conexión a internet. Como esto supondría una interrupción importante en la vida diaria, los usuarios solían pagar puntualmente. Esto ofrecía a los proveedores de contenido la confianza necesaria para participar, ya que los casos de impago eran poco frecuentes.
Desbancado por el iPhone
El servicio i-mode tuvo un gran éxito en Japón, alcanzando los cinco millones de suscriptores en el plazo de un año desde su lanzamiento, y empezó su expansión internacional en torno al año 2002. Al comprobar que Docomo lograba aumentar significativamente los ingresos por usuario, los operadores de telecomunicaciones de Norteamérica y Europa empezaron a adoptar el servicio.
Se expandió a Alemania, Francia, Países Bajos, Bélgica, España, Italia, Grecia y Reino Unido, así como a Taiwán, Hong Kong y Singapur, entre otros, llegando a un total de dieciocho mercados en todo el mundo. Sin embargo, tras alcanzar su punto álgido alrededor del año 2005, los operadores internacionales fueron retirándose gradualmente, y el servicio i-mode no logró imponerse a escala global.

Pantalla del menú de una de las primeras versiones de i-mode, en diciembre de 2000. (© Jiji)
¿Por qué esta propuesta japonesa no logró finalmente imponerse a nivel mundial? Una de las razones fue la diferencia fundamental entre Japón y los mercados internacionales en las relaciones entre operadores, fabricantes y distribuidores.
En la industria de la telefonía móvil japonesa de la época, operadores como Docomo lideraban el mercado. Construían redes a escala nacional y desarrollaban servicios dentro de las limitaciones de estas, como la velocidad de conexión y los límites de datos. Con este modelo, los operadores definían las especificaciones técnicas de los dispositivos, encargaban su fabricación y vendían los terminales resultantes a través de sus propios puntos de venta, como las tiendas Docomo.
En cambio, en otros países los operadores móviles actuaban simplemente como proveedores de infraestructura. En aquel momento, Nokia contaba con la mayor cuota de mercado de dispositivos, y sus teléfonos solo eran compatibles con los servicios que la propia empresa decidía promover. La estructura de distribución también difería, ya que las tiendas no solían estar vinculadas a un único operador y la venta de terminales tendía a estar separada de los contratos de servicio. Por ello, incluso cuando los operadores introducían sus propios servicios, les resultaba difícil lograr una adopción generalizada.
En ese contexto, en 2007, Apple presentó el iPhone. Gracias a la solidez de su marca y al atractivo de su hardware, logró imponer un control abrumador sobre operadores y distribuidores a escala mundial. Mediante la gestión de una tienda de aplicaciones que ofrecía una amplia gama de servicios en red, amplió su influencia y se consolidó como una fuerza dominante en el negocio de los teléfonos inteligentes, al igual que Google con su sistema operativo Android.
Aunque el servicio i-mode de Docomo había triunfado con un modelo de negocio que transformó los teléfonos de simples dispositivos para hablar en herramientas verdaderamente multifuncionales, finalmente fue superado por el iPhone de Apple en el escenario global.
Cómo se globalizaron los emojis
El servicio i-mode experimentó en Japón una evolución propia y singular, lo que se relaciona con el hecho de que los teléfonos móviles tipo concha japoneses empezaran a ser denominados de forma irónica garakē, un acrónimo de Galápagos (en alusión al desarrollo único y aislado del mercado japonés) y keitai (teléfono móvil). Aun así, no debemos olvidar el legado global de i-mode que perdura hasta hoy: los emojis.
Hasta alrededor de 1999, las pantallas de los teléfonos móviles eran pequeñas y los mensajes de texto en i-mode estaban limitados a 250 caracteres japoneses. Fue entonces cuando i-mode introdujo un sistema que permitía enviar pictogramas de un solo carácter llamados “emoji” (de e, imagen, y moji, carácter), inspirados en la mensajería de los aparatos buscapersonas, anterior a la popularización de los teléfonos móviles. Para el momento del lanzamiento del servicio, ya se habían creado 176 emojis. Fueron diseñados por una sola persona, Kurita Shigetaka, entonces empleado de Docomo y actualmente director en la empresa de tecnología y entretenimiento Dwango.

Los 176 emojis originales creados con el lanzamiento de i-mode, incorporados posteriormente a la colección del Museo de Arte Moderno de Nueva York en 2016. (Cortesía del MoMA; © Jiji)
Otros operadores en Japón también desarrollaron sus propios emojis para competir con Docomo, y estos caracteres visuales pasaron a formar parte natural de la comunicación cotidiana de los usuarios de telefonía móvil en el país.
En 2006, Google puso en marcha un proyecto liderado por su equipo en Japón para permitir el intercambio de emojis entre teléfonos móviles y Gmail. El proyecto se materializó en 2008, y ese mismo año la compañía propuso incorporar los emojis a Unicode, el estándar internacional de codificación de caracteres utilizado en todas las plataformas informáticas, sentando así las bases para la adopción mundial de esta nueva forma de comunicación.
Una figura clave en la difusión de los emojis en el extranjero fue, en realidad, Son Masayoshi, presidente de SoftBank Group, rival de Docomo.
SoftBank obtuvo los derechos exclusivos para vender el iPhone en Japón en 2008, pero las ventas iniciales fueron inferiores a lo esperado. En aquel momento, los consumidores no solo se interesaban por internet, el correo electrónico o los juegos, sino también por teléfonos compatibles con funciones adaptadas al mercado japonés, como el servicio de televisión móvil 1seg o la función de monedero móvil Osaifu Keitai.
Con el objetivo de impulsar las ventas del iPhone en Japón, Son contactó directamente a Steve Jobs, de Apple, y le solicitó que incorporara la compatibilidad con los emojis. Dado que Apple concedía gran importancia al mercado japonés, habilitó el uso de emojis en los iPhone en Japón en 2009.
En 2010, alrededor de 700 emojis fueron incorporados a Unicode. Al año siguiente, los emojis pasaron a estar disponibles en los iPhone a nivel mundial y, a partir de entonces, se expandieron con rapidez.
El emoji es una herramienta práctica que permite comunicarse más allá de las barreras lingüísticas. Encaja de forma natural en las plataformas de Apple y Google, que operan a escala global con sus móviles inteligentes y servicios de correo electrónico. Aunque el conjunto original de emojis de Docomo, desarrollado en 1999 para i-mode, se despidió definitivamente en 2026, la innovación perdura: un lenguaje compartido que sigue vivo en todo tipo de dispositivos en todo el mundo.
(Artículo publicado originalmente en japonés y traducido al español de la versión en inglés. Imagen del encabezado: el F501i, el primer terminal compatible con i-mode de NTT Docomo [cortesía de Docomo], y el conjunto original de emojis desarrollado para el servicio [cortesía del MoMA; © Jiji].)