Los padres japoneses se involucran en la búsqueda de pareja para sus hijos solteros
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Servicios orientados a los padres de jóvenes solteros
Muchos padres japoneses pueden enumerar las cualidades positivas de sus hijos: serios y amables, tal vez, o de fiar y trabajadores. Quizás tengan un buen expediente académico y un trabajo estable. Pero a menudo surge una pregunta angustiosa: “¿Por qué no se casan?”. Según el censo de Japón de 2020, el 51,8 % de los hombres de entre 30 y 34 años y el 38,5 % de las mujeres del mismo grupo de edad no habían contraído matrimonio.
No todo el mundo quiere casarse, por supuesto, y no hay garantía de felicidad para quienes lo hacen. Aun así, las agencias matrimoniales dirigidas a los padres están en auge, ya que las personas mayores se preocupan por cómo se las arreglarán sus hijos en el futuro viviendo solos, o qué pasará con el negocio familiar si no hay nuevas generaciones que se hagan cargo de él.
En Japón, la búsqueda activa de pareja para casarse se conoce como konkatsu. Sin embargo, a diferencia de lo que suele ocurrir, en que son las propias personas las que buscan el amor, en todo el país hay padres que se dedican frenéticamente a actividades de konkatsu en nombre de sus hijos solteros, reuniéndose entre ellos y haciendo de casamenteros.
Duras negociaciones con otros padres
Como madre de un hijo soltero de treinta y tantos años, he asistido desde 2022 a tres eventos de búsqueda de pareja para padres, en parte con fines de investigación.
El primero se celebró en un hotel del centro de Tokio y la cuota de participación era de 16.000 yenes. Presenté una solicitud con información sobre mi hijo, de 36 años, incluyendo su estatura, la zona donde residía, su ocupación, formación académica y aficiones, así como lo que yo consideraba sus principales virtudes. Una semana antes del evento recibí una lista con datos sobre los hijos de los demás participantes, lo que permitía valorar de antemano las posibilidades de éxito.
Finalmente llegó el día. Un centenar de padres y madres llevaban colgadas al cuello tarjetas identificativas con el número que correspondía a sus hijos en la lista compartida. También portaban perfiles más detallados, con información sobre otros miembros de la familia, mientras conversaban con los progenitores de los candidatos que más les interesaban.
La feroz competitividad de esta búsqueda de cónyuge dirigida por los padres se hizo evidente enseguida. Preguntas como “¿Cuál es el salario anual de su hijo?” o “¿Trabaja para una empresa cotizada?” ponían de manifiesto la importancia que se concedía a los ingresos y al estatus laboral, por encima de la personalidad. La madre de una hija suspiró al decirme: “Para las mujeres, todo depende del aspecto físico y de lo jóvenes que sean”.
Un padre destacó la importancia de la información familiar proporcionada, como el historial académico y la profesión de los hermanos. Al parecer, cuando apenas hay diferencias entre posibles parejas descritas todas ellas como “serias y amables” y con “un empleo estable”, el valor añadido que aportan otros miembros de la familia puede ayudar a sobresalir frente a la competencia.
Los otros dos eventos a los que asistí estaban igualmente llenos de padres y madres que soñaban con encontrar la pareja perfecta para sus hijos.
Esfuerzos sin resultado
Habrá muchas personas que piensen que los padres no deberían precipitarse a intervenir y que sería mejor dejar la búsqueda de pareja en manos de sus hijos.
En realidad, las personas solteras disponen de numerosas formas de encontrar cónyuge, ya sea mediante aplicaciones de citas, agencias matrimoniales o diversas iniciativas impulsadas por las administraciones locales. Mi hijo probó una importante agencia matrimonial durante un año y medio, a partir de los 34 años.
Cada día buscaba posibles candidatas a través de una aplicación específica y pagaba una tarifa de 11.000 yenes cada vez que se reunía con una mujer en el salón de un hotel de categoría superior. Según las normas, bastante tradicionales, de esta agencia, solo los hombres abonaban dicha tarifa, además de hacerse cargo de las consumiciones.
Si ambas partes están de acuerdo, pueden iniciar un período de citas de prueba; en esta fase es posible salir con más de una persona al mismo tiempo. Después, si una pareja decide dar un paso más, pasa a una relación formal con vistas al matrimonio. Esa es la teoría, pero la realidad no es tan sencilla.
Mi hijo llegó a conocer o a tener citas de prueba con unas veinte mujeres sin que ninguna relación desembocara en matrimonio. Entre la cuota de inscripción, las mensualidades y los gastos de las citas, el coste total rondó los 1,5 millones de yenes (unos 9.300 dólares). Al final abandonó, diciendo: “No hay manera de que pueda casarme”.
Por aquel entonces yo no sabía nada sobre el funcionamiento de estos servicios y me preguntaba cómo era posible que no hubiera obtenido ningún resultado. Fue entonces cuando empecé a investigar las distintas formas de buscar pareja para casarse.
El estrés relacionado con las aplicaciones para encontrar pareja
En primer lugar, investigué las aplicaciones de citas, que podrían considerarse el método estándar para la búsqueda de pareja con vistas al matrimonio. Aunque cada aplicación se dirige a públicos distintos —personas que buscan casarse, quienes desean relaciones más informales o quienes aspiran a volver a contraer matrimonio—, sus sistemas suelen ser muy similares. Tras registrar un perfil y una fotografía, los usuarios buscan posibles parejas según criterios como la edad, los ingresos o la profesión.
Si una persona marca el perfil de otra como de su interés y recibe la misma respuesta, ambas pueden comenzar a intercambiar mensajes.
Por lo general, los hombres pagan una cuota mensual de varios miles de yenes, mientras que las mujeres pueden participar gratuitamente. Basta con disponer de un teléfono inteligente para elegir entre decenas de miles de usuarios, aunque eso también implica tener que ser elegido entre una multitud de candidatos.
La combinación entre la sensación de que quizá exista alguien mejor y el temor a que una relación actual no prospere puede resultar estresante para muchas personas. Hay casos de usuarios que desembolsan grandes cantidades en servicios opcionales para aumentar sus posibilidades, que deben enfrentarse a depredadores sexuales o incluso que terminan siendo víctimas de estafas amorosas.
A pesar de la facilidad de uso de estas aplicaciones, cada vez más personas solteras se sienten disuadidas por esos riesgos y recurren a las agencias matrimoniales. Como para inscribirse es necesario presentar documentos como certificados académicos, justificantes de ingresos o pruebas de estado civil, estas agencias consolidadas pueden afirmar con un alto grado de fiabilidad que sus usuarios son quienes dicen ser. Muchas empresas destacan además el sólido apoyo que ofrecen sus asesores matrimoniales y el elevado porcentaje de clientes que logran casarse.
Sin embargo, no existe un criterio uniforme para calcular las tasas de éxito matrimonial de estas agencias. Más importante aún, la definición de “matrimonio” (seikon, en la terminología utilizada por las propias agencias) resulta muy engañosa.
Algunas consideran que una relación de tres meses desde el primer encuentro ya constituye un “matrimonio logrado”, mientras que otras estiman que basta con haber pasado una noche juntos. Esto difiere considerablemente de la imagen que la mayoría de los japoneses asocia con el término seikon, vinculado al registro oficial del matrimonio ante las autoridades y a la celebración de una boda. Aun así, las agencias cobran decenas de miles de yenes por lo que consideran una conclusión satisfactoria de sus servicios.
Las agencias matrimoniales imponen normas y sistemas de pago complejos a quienes optan por esta vía. Pero ¿cuántos de sus clientes llegan realmente a casarse?
En lugar de recurrir a las cifras que ellas mismas publican, me gustaría presentar algunos datos fiables. Aunque se trata de información de hace veinte años, una encuesta realizada en 2006 por el Ministerio de Economía, Comercio e Industria sobre el sector de los servicios matrimoniales reveló que el 8,4 % de los hombres y el 10,1 % de las mujeres se casaron durante el año siguiente a utilizar una agencia matrimonial. En otras palabras, nueve de cada diez no lo consiguieron. Incluso este informe gubernamental señalaba en una nota que las cifras incluían casos basados en opiniones o conjeturas cuando las empresas no sabían con certeza si sus clientes habían llegado a casarse.
Por otra parte, una encuesta privada reciente del Instituto de Investigación Nupcial de Recruit mostró que el 15,3 % de las personas que contrajeron matrimonio en 2023 había utilizado algún tipo de servicio de konkatsu. De ellas, solo el 2,4 % había recurrido a una agencia matrimonial, una cifra difícilmente presumible para el sector.
El amor y las administraciones locales
En los últimos años, los esfuerzos de emparejamiento impulsados por las administraciones locales han aumentado con rapidez. El Gobierno central comenzó a financiar este tipo de iniciativas en el ejercicio fiscal de 2013, al considerarlas una forma de hacer frente al descenso de la población. El presupuesto inicial, de 3.000 millones de yenes, se había más que triplicado hasta alcanzar los 9.300 millones de yenes en el ejercicio fiscal de 2025.
Las administraciones locales subvencionan los costes de las agencias matrimoniales para sus residentes solteros y, al mismo tiempo, desarrollan sus propios sistemas de emparejamiento. El Gobierno Metropolitano de Tokio, por ejemplo, ha adoptado un enfoque híbrido que pretende combinar la facilidad de uso de las aplicaciones de citas con el apoyo característico de las agencias matrimoniales.
Los residentes pueden registrarse durante dos años por 11.000 yenes y recibir propuestas de emparejamiento generadas mediante inteligencia artificial en función de la compatibilidad, además de acceder a consultas con personal especializado. El bajo coste es posible gracias al respaldo de los ingresos fiscales. En otras palabras, parte del dinero de los contribuyentes termina destinándose a las agencias matrimoniales privadas que colaboran con la iniciativa.
¿Está dando resultados? Pues bien, hasta noviembre de 2025, solo el 1,57 % de las 30.000 personas inscritas había pasado a una relación formal con una única pareja, mientras que el 0,4 % había llegado a casarse (en este caso, el porcentaje corresponde a quienes abandonaron el servicio alegando su intención de contraer matrimonio). Esta baja tasa de éxito plantea dudas sobre la eficacia de la iniciativa como herramienta para aumentar el número de nacimientos.
Solteros sin experiencia
Los distintos métodos de konkatsu facilitan el primer encuentro entre posibles parejas, pero conocerse es solo uno de los obstáculos en el camino hacia el matrimonio.
Muchas personas solteras pueden sentirse inseguras, y no solo por cuestiones relacionadas con la edad, los ingresos o la profesión. La falta de experiencia sentimental y sexual también puede generar dudas sobre uno mismo. Una encuesta realizada por la Oficina del Gabinete en 2022 reveló que uno de cada tres hombres y una de cada cuatro mujeres de entre 20 y 39 años nunca había mantenido una relación de pareja.
Del mismo modo, una encuesta de 2021 del Instituto Nacional de Investigación de Población y Seguridad Social mostró que cerca del 40 % de los hombres solteros y casi el 50 % de las mujeres solteras de entre 30 y 34 años no tenían experiencia sexual.
Aun contando con toda la variedad de herramientas existentes para encontrar cónyuge, a las personas sin experiencia les resulta difícil elegir a alguien o imaginar que puedan ser elegidas por otra persona. Además, buscar pareja requiere tiempo y dinero. Puede que deseen casarse, pero les cuesta encontrar un camino que les permita alcanzar ese objetivo.
En una encuesta realizada en 2025 por la Agencia para la Infancia y las Familias, el 53,5 % de los encuestados solteros afirmó que quería casarse, ya fuera lo antes posible o en algún momento del futuro. Sin embargo, una encuesta de la misma agencia realizada en 2024 mostró que, incluso entre quienes deseaban encontrar pareja para casarse, el 67 % no tenía una idea clara de cómo hacerlo y el 66 % no creía que fuera capaz de conseguirlo. Aunque exista el deseo, el grado de inseguridad y resignación es llamativamente alto.
Los padres pueden llegar a preguntarse si hubo algún problema en la forma en que educaron a sus hijos solteros. Y sus intentos de implicarse directamente en la búsqueda de una pareja matrimonial quizá tengan menos que ver con el egoísmo o con la realización de sus propios sueños que con su sentido de la responsabilidad parental: la idea de que ayudar a los hijos a casarse forma parte de las obligaciones de un padre o una madre.
Ante una transición vital tan importante como el matrimonio, tanto las personas solteras como sus padres se ven sumidos en la confusión y la agitación emocional. Mentiría si dijera que nunca me he preocupado por mi hijo soltero; no es tan fácil desprenderse del sentimiento de responsabilidad parental. Aun así, si mi hijo finalmente no se casa, pero elige una vida en la que encuentre su propia felicidad, quiero sentirme orgullosa de esa decisión.
(Publicado originalmente en japonés el 22 de mayo de 2026. Imagen del encabezado: © Pixta.)