Ali contra Inoki, 1976: una visión de aquel combate legendario medio siglo después
Deporte Historia- English
- 日本語
- 简体字
- 繁體字
- Français
- Español
- العربية
- Русский
“El más grande” transforma el boxeo en arte
Hace medio siglo, el 26 de junio de 1976, se hizo realidad un enfrentamiento de ensueño entre figuras de distintas disciplinas de combate. El escenario fue el Nippon Budōkan de Tokio, que por entonces era el mayor recinto cubierto de Japón, y los protagonistas, el campeón mundial de los pesos pesados de boxeo Muhammad Ali y la gran leyenda de la lucha libre profesional japonesa Antonio Inoki.
Fiel a su célebre máxima, “Soy el más grande”, Ali fue una figura verdaderamente histórica. No solo está considerado uno de los mejores boxeadores de todos los tiempos, sino también uno de los deportistas más extraordinarios que ha dado cualquier disciplina, una afirmación que difícilmente discutirían nombres tan ilustres como Mike Tyson, Michael Jordan, Carl Lewis, Tom Brady, Tiger Woods, Lionel Messi o Cristiano Ronaldo.
Otra de las frases que definieron el estilo de Ali se remonta a la época en que aún era conocido como Cassius Clay: “Flota como una mariposa, pica como una abeja”. Desplazándose por el cuadrilátero con una agilidad extraordinaria, castigaba a sus rivales con rápidos jabs (golpes cortos) mientras esquivaba con facilidad sus intentos de respuesta. Poco a poco iba minando la resistencia de sus adversarios hasta encontrar el momento preciso para derribarlos con un demoledor derechazo lanzado con una precisión quirúrgica.
Aunque los nocauts son habituales cuando se enfrentan púgiles de semejante envergadura, Cassius Clay aportó una velocidad natural que elevó el boxeo de los pesos pesados a la categoría de arte. Su dominio sobre los rivales, unido a una técnica excepcional y a una capacidad casi sobrenatural para evitar los golpes, cautivó a los aficionados de todo el mundo.
Del triunfo a la injusticia, y de nuevo al triunfo
Clay no solo acostumbraba a predecir el asalto en el que lograría el nocaut —y con frecuencia cumplía sus pronósticos—, sino que también provocaba deliberadamente a sus adversarios para aumentar la expectación en torno a los combates. Antes de enfrentarse en febrero de 1964 al campeón mundial unificado de la Asociación Mundial de Boxeo (AMB) y el Consejo Mundial de Boxeo (CMB), Sonny Liston, lanzó a los periodistas una de sus célebres rimas:
If you like to lose your money, be a fool and bet on Sonny. But if you wanna have a good day, then put it on Clay.
“Si quieres perder tu dinero, apuesta por Sonny y sé un ingenuo. Pero si quieres pasar un buen día, apuesta por Clay”.
Gracias a esta extraordinaria facilidad de palabra, el futuro Muhammad Ali ha sido considerado no solo un pionero del llamado trash talk deportivo, sino también una de las figuras precursoras de la música rap.
Poco después de conquistar sus primeros títulos mundiales al derrotar a Liston en apenas seis asaltos, Clay se convirtió al islam y adoptó el nombre de Muhammad Ali. Sin embargo, apenas dos años más tarde, en marzo de 1966, su negativa a incorporarse al ejército para combatir en la guerra de Vietnam le costó los cinturones mundiales y la licencia de boxeador. Además, fue condenado a cinco años de prisión y al pago de una multa de 10.000 dólares.
Lejos de doblegarse ante la presión del establishment blanco de la época, Ali llevó su caso ante los tribunales de apelación. Finalmente, en 1971, su condena fue anulada. Fue otra de las grandes victorias de “el más grande”, esta vez no sobre un rival entre las 16 cuerdas, sino frente al propio poder del Estado.

Clay (a la izquierda) se enfrenta a Liston en su primer combate, el 25 de febrero de 1964. (© Zuma Press Wire via Reuters Connect)
Para un deportista profesional, tres años alejado de la competición pueden equivaler a toda una vida. Cuando Ali regresó al ring en octubre de 1970 ya tenía 28 años. Había dejado atrás su mejor momento físico y sus reflejos comenzaban a perder parte de la extraordinaria rapidez que los había hecho legendarios, por lo que empezó a recibir golpes de una manera que habría parecido impensable en sus años de esplendor.
Paradójicamente, fueron esos durísimos intercambios de golpes con otras grandes figuras de los pesos pesados los que elevaron aún más su leyenda. Entre ellos destacan las tres extenuantes peleas que disputó contra Joe Frazier, así como la derrota sufrida ante Ken Norton, combate en el que además se fracturó la mandíbula.
La siguiente gran página de su carrera llegó en 1974 con el célebre Rumble in the Jungle (“La pelea en la selva”). Aquella noche sofocante en Kinshasa, capital del entonces Zaire, Ali protagonizó una espectacular remontada frente al temible George Foreman, un pegador de apenas 25 años, para recuperar el título mundial de los pesos pesados. Se calcula que el combate fue seguido por hasta mil millones de espectadores en todo el mundo, una cifra sin precedentes para la época.
Deportes de combate y entretenimiento
Agotado tras años de castigo sobre el cuadrilátero, Ali empezó a preguntarse si no existiría una forma más sencilla de ganarse la vida que boxeando. Con ese propósito, lanzó un desafío abierto a luchadores procedentes de otras disciplinas de combate. Finalmente, quien aceptó el reto fue la leyenda japonesa de la lucha libre profesional Antonio Inoki, respaldado por promotores que pusieron sobre la mesa una bolsa de 6,1 millones de dólares, una cifra astronómica para la época.
En la década de 1970, mientras que el boxeo gozaba de un reconocimiento incuestionable como deporte de competición, la lucha libre profesional era vista por muchos como un mero espectáculo. Sus combates seguían un esquema fácilmente reconocible, en el que los héroes carismáticos derrotaban a villanos provocadores en enfrentamientos concebidos para entretener al público más que para determinar quién era el mejor luchador.
Ali dio por hecho que su combate contra Inoki no sería una excepción. Todo indica que consideró aquella bolsa millonaria como una remuneración acorde con el prestigio de una superestrella de su talla y asumió que iba a participar en una exhibición más propia del mundo del espectáculo que de una competición deportiva en sentido estricto.

A su llegada al aeropuerto de Haneda, en Tokio, el 16 de junio de 1976, Ali prometió noquear a Inoki de un solo puñetazo. (© Jiji)
La posibilidad de organizar un combate entre un campeón mundial de boxeo en activo y una figura de la lucha libre profesional también despertó el interés de importantes promotores estadounidenses como el legendario promotor de boxeo Bob Arum y el entonces joven empresario de la lucha libre Vince McMahon, quien años después llegaría a dominar este sector como máximo responsable de la WWE. Ambos vieron en el enfrentamiento una extraordinaria oportunidad de negocio y confiaron en que las retransmisiones mediante circuito cerrado generarían enormes beneficios. Sin embargo, sus previsiones resultaron erróneas.
Inoki tenía otra idea en mente
Para Inoki, sin embargo, lo que la mayoría consideraba poco más que una cómoda oportunidad para ganar dinero representaba una ocasión única de demostrar su valía ante el mundo. “Quiero acabar con la vergonzosa imagen de que la lucha libre profesional no es más que una especie de teatro”, afirmaría más tarde. “Quiero derrotar a Ali por nocaut en el cuadrilátero y demostrar al mundo entero la verdadera fortaleza de los luchadores profesionales”.

Saltan chispas en la rueda de prensa celebrada el 18 de junio de 1976 en el Club de Corresponsales Extranjeros de Japón, en Chiyoda, Tokio. (© Jiji)
Ali llegó a Japón convencido de que iba a participar en una exhibición, por lo que quedó alarmado al descubrir cuáles eran las verdaderas intenciones de Inoki. Aun así, terminó aceptando disputar un combate real. Para ello fue necesario llevar a cabo largas negociaciones destinadas a establecer un reglamento especial adaptado a una confrontación tan singular.
Para los lectores actuales, familiarizados con el mundo de las artes marciales mixtas (MMA), aquellas normas pueden parecer relativamente sencillas. Ali combatiría de pie, con guantes y bajo unas reglas inspiradas en las del boxeo, tratando de derrotar a su rival mediante los puñetazos. Inoki, por su parte, podría recurrir a sus técnicas de agarre y derribo para llevar a su adversario al suelo e inmovilizarlo mediante llaves y otras técnicas de sometimiento.
¿El peor combate de la historia?
Sin embargo, lo que ocurrió la noche del combate dejó atónitos por igual a espectadores, comentaristas y miembros de ambos equipos: no se parecía en absoluto a una contienda convencional.
Inoki, pese a su dominio de las técnicas de lucha, fue incapaz de superar el alcance y la amenaza de los puños de Ali para intentar un derribo. Ante esa situación, optó por una estrategia tan insólita como desconcertante: permaneció gran parte del combate tendido sobre la lona, desplazándose sobre la espalda y lanzando violentas patadas dirigidas a las piernas del boxeador.

Inoki permanece en la lona mientras lanza una patada tras otra a las piernas de Ali, que se acerca. (© Jiji)
Mientras tanto, el mejor boxeador del mundo se encontró con un problema inesperado: carecía de la experiencia necesaria para castigar eficazmente a un rival que permanecía en el suelo. Incapaz de imponer su boxeo, terminó recurriendo a las provocaciones verbales, llamando cobarde a Inoki y gritándole que dejara de pelear tumbado sobre la lona y se levantara “como un hombre”.
Tras 15 asaltos de tres minutos, el combate concluyó sin un vencedor claro. Cuando se anunciaron las puntuaciones de los jueces, el público respondió con una sonora lluvia de abucheos e insultos: “¡Qué estafa! ¡Queremos que nos devuelvan el dinero!”. La prensa, tanto en Japón como en el extranjero, criticó duramente la falta de acción sobre la lona, y algunos medios llegaron incluso a calificar a Inoki de “vergüenza”. Un presentador de la cadena pública NHK resumió la sensación general con una observación cargada de ironía: “Tal y como estaba previsto, el combate terminó en empate”.
¿Una semilla del éxito futuro?
Sin embargo, en realidad no hubo nada “planeado” en aquel desenlace. Tanto Ali como Inoki hicieron todo lo posible por superar al otro dentro de las reglas acordadas, pero las limitaciones que estas imponían a ambos contendientes dieron lugar a un espectáculo decepcionante. Harían falta muchos años para que se reconociera el verdadero valor histórico de aquel singular enfrentamiento entre disciplinas.
De hecho, no sería hasta casi dos décadas después, en 1993, cuando surgió la UFC, una organización que popularizó los combates entre practicantes de distintos estilos y contribuyó decisivamente a la consolidación de las artes marciales mixtas, un deporte en el que tienen cabida golpes de puño y pierna, derribos, llaves de articulación y estrangulaciones. Posteriormente, en 2005, el programa de telerrealidad The Ultimate Fighter, centrado en la formación de luchadores de MMA, impulsó una nueva explosión de popularidad de este deporte a escala mundial.
Años más tarde, en abril de 2014, el propio Muhammad Ali, ya con 71 años, publicó en sus redes sociales una fotografía de su combate contra Inoki acompañada de un mensaje dirigido al director ejecutivo de la UFC, Dana White: “¿Qué te parece, @DanaWhite? Muhammad Ali, ¿el primer luchador de MMA?”. White respondió calificándolo como “el mejor tuit” que había recibido jamás y elogió a Ali como “el pionero de todo” y “la razón por la que los deportes de combate son hoy lo que son”.
Hoy, medio siglo después de que Ali e Inoki compartieran cuadrilátero, aquel histórico combate es considerado, con razón, uno de los hitos fundamentales en el nacimiento de las artes marciales mixtas modernas.

Antonio Inoki en una rueda de prensa celebrada en mayo de 2016 por la Asociación Japonesa de Aniversarios para declarar el 26 de junio “Día Mundial de los Deportes de Combate”. (© Jiji)
(Imagen del encabezado: un momento del combate entre Muhammad Ali y Antonio Inoki el 26 de junio de 1976, en el Nippon Budōkan de Tokio. © Jiji.)