El ‘kintsugi’, aceptar que todo lo material se rompe: el restaurador de laca Suezaki Hiroki
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La filosofía del kintsugi: aceptar las heridas
“El kintsugi es, en cierto modo, como retocarse el maquillaje. Todo aquello que posee forma está destinado a romperse algún día. Precisamente por eso, al adornar con oro una vasija rota la convertimos en algo especial, y seguimos utilizándola con cariño durante mucho más tiempo: esa es la filosofía del kintsugi”.

Suezaki también ha aplicado la técnica del kintsugi a un azucarero y una jarrita de leche que le regaló en su día su madre.
El kintsugi consiste en unir piezas de cerámica rotas o astilladas mediante un pegamento a base de laca, y decorar las junturas con polvo de oro, plata o platino. Esta técnica tradicional, que no busca restaurar la pieza ocultando las partes rotas, sino que considera las grietas y astillas como parte de la historia del objeto y las transforma en una nueva forma de belleza, está ganando fama en todo el mundo.
Una de las personas que más han contribuido a ese crecimiento es Suezaki Hiroki, restaurador de objetos de lacado.
Durante la pandemia de la COVID-19, que nos causó grandes heridas emocionales en todo el mundo, la cadena pública británica BBC visitó el taller de Suezaki y presentó el kintsugi como “algo que ayuda a encontrar la belleza en lo imperfecto y a aceptar los defectos”. En 2024 el término “kintsugi” se incluyó por primera vez en el Diccionario Oxford de Inglés, lo que pone de manifiesto el creciente interés internacional por esta técnica.
Transmitir la cultura artesanal a las próximas generaciones
Quizá este creciente interés por el kintsugi no se esté extendiendo de forma espontánea. Suezaki, al menos, lleva tiempo difundiendo sus técnicas con una voluntad clara y con un objetivo muy concreto. ¿De dónde surgió esa voluntad?
Nada más terminar el instituto, Suezaki comenzó su formación en el arte de la laca. Se especializó en el campo de la restauración con laca, y a los 28 años se estableció por su cuenta. Se ha dedicado principalmente a la restauración de bienes culturales, desde santuarios y templos hasta estatuas budistas, obras de arte y muebles antiguos.

Jarrones antiguos restaurados con las técnicas del kintsugi.
Mientras trabajaba en la vanguardia de la restauración Suezaki comenzó a dedicarse, a partir de 2014, al kintsugi, una de las técnicas con las que se reparan los objetos de lacado. Tras ese cambio había una firme voluntad de transmitir la cultura artesanal a la época actual.
“Me inicié en el arte del kintsugi como lo hubiera hecho de haber sido parte del movimiento Mingei (corriente artística que comenzó en la década de 1920, inspirada por el Arts & Crafts inglés) porque quería compartir el mundo de los artesanos con el pueblo, es decir, con la gente corriente. En la actualidad, en todo Japón, en diversos ámbitos como el tejido o la carpintería, se están agotando los materiales tradicionales, se van perdiendo las herramientas y cada vez hay menos artesanos”, explica Suezaki.
“La producción en masa permite hacer llegar a mucha gente el mismo producto a la vez y a un precio asequible. Eso, en sí mismo, es algo maravilloso. Sin embargo, también debemos conservar la tradición de cuidar y valorar esas piezas únicas que se hacen a mano. Un vestido con bordados, por ejemplo, de esos que no hay dos iguales, tiene un toque más personal y me crea una mejor impresión que otro con estampado impreso. Al fin y al cabo, las personas tenemos una cierta sensibilidad, la idea de que no resulta divertido ser igual que cualquier otro. Por eso creo que es importante dar a conocer las maravillas de la artesanía y legar a las generaciones futuras una cultura artesanal que se encuentra en vías de extinción. La sostenibilidad, yo creo, no consiste solo en utilizar las cosas durante mucho tiempo, sino también en transmitir la cultura y las técnicas a la siguiente generación. Quiero dejar la cultura artesanal como herencia para los niños del futuro”.

Suezaki ha colaborado con un texto en el que habla sobre “el espíritu del kintsugi” para un libro de texto de lengua japonesa de secundaria.
Al ir comprobando por sí mismo cómo se están perdiendo las habilidades artesanales, Suezaki se fue dando cuenta de que su misión era pasar el relevo a la siguiente generación.
Desde hace un tiempo, no obstante, dice haber empezado a sentir que, en el trabajo de restauración de bienes culturales, resulta difícil transmitir a la gente de la calle el valor del trabajo artesanal: los bienes culturales están en realidad alejados de la vida cotidiana, y además las técnicas y la filosofía que hay tras ellos resultan difíciles de apreciar desde fuera, porque los artesanos procuran que las huellas de la restauración pasen lo más desapercibidas posible.
“Quizá sea responsabilidad del Estado proteger la cultura de la artesanía tradicional. Sin embargo, si la gente no percibe su valor ni su necesidad, y no elige y sigue utilizando esa cultura en su día a día, no perdurará. Por eso me he volcado en el kintsugi, un trabajo que resulta más accesible para el público en general”.
Una forma de expresión que va más allá de la tradición
Suezaki quiere preservar la cultura artesanal a través del kintsugi, y ese deseo se manifiesta, en ocasiones, en formas de expresión muy impactantes.
Un ejemplo de esto es una jarra de decoración azul con motivos geométricos y vegetales estampados, que evoca el cuerpo de una lámpara de araña, y, como si de adornos que cuelgan de ella se tratara, está adornada con detalles dorados de vivos colores.

Jarra decorada con kintsugi a modo de lámpara de araña.
“La pieza original es de hace unos 250 años, por lo que la protagonista es, ante todo, la propia obra. Por eso no hay que ignorar su diseño. El kintsugi es, en cierto sentido, una colaboración con la pieza, así que siempre considero qué diseño darle, con la sensación de estar dialogando con el artesano que la creó”.
Este antiguo vaso de transparencia fluctuante refleja el paso del tiempo y representa de forma magistral el momento en que una gota está a punto de desbordarse, gracias a la restauración de la mella del borde, a la que se le ha dado forma de gota, y a la aplicación de un suave tono dorado.

Al reparar las grietas con las técnicas del kintsugi se crea un nuevo encanto.
“El kintsugi que se limita a reparar las partes rotas con líneas y superficies no llega a calar en la sociedad. Por eso siempre he pensado que es necesario crear kintsugi con alguna forma inédita de expresión, para darlo a conocer tanto a nivel nacional como internacional”.
Una obra que forma parte de la colección de los Museos Vaticanos
Las actividades de Suezaki, destinadas así a difundir el valor de la artesanía, están adquiriendo cada vez más relevancia gracias a su extraordinaria destreza y su gran capacidad expresiva.

Un cuenco que cuenta con un atrevido diseño en forma de relámpago en el punto en el que Suezaki reparó la grieta.
Un punto decisivo en este sentido fue la conferencia celebrada en 2022 en la Sala Benedicto XVI de la Ciudad del Vaticano. Como parte de los actos conmemorativos del 80.º aniversario del establecimiento de relaciones diplomáticas entre Japón y el Vaticano, Suezaki realizó una demostración de kintsugi, técnica que ya empezaba a despertar interés en la zona.
En dicha conferencia Suezaki habló sobre su deseo de recuperar las técnicas de cerámica lacada, que se hallan ya a punto de desaparecer, y sobre su importancia. La cerámica lacada, que consiste en aplicar laca sobre cerámica y decorarla con maki-e (la técnica con la que se dibujan patrones en laca y se rocían con metal en polvo) y raden (insertar nácar en la superficie), se creó para que conservara su durabilidad incluso en países con un clima diferente al de Japón, y se exportó a Europa hasta la época Meiji (1868-1912); sin embargo, es una técnica que fue desapareciendo con la popularización de nuevos materiales.
“La obra Umakōro, ‘incensario con forma de caballo’, realizada en colaboración con el ceramista Mori Reiji, que llevé conmigo a la conferencia, pasó a formar parte de la colección de los Museos Vaticanos al año siguiente. Siento que mi mensaje ha llegado a su destino y me siento muy agradecido por ello”.

Umakōro. (Una obra con la misma forma es parte ahora de la colección de los Museos Vaticanos)
A raíz de su conferencia en el Vaticano, Suezaki comenzó a impartir conferencias en museos e instituciones educativas de diversos países, como centros de Roma, Faenza y Venecia (Italia), Lugano (Suiza), o Londres y Oxford (Reino Unido).
Desde 2024, además, la escuela de formación de restauradores de Venecia imparte un curso especial sobre restauración de obras de lacado al que asisten expertos en restauración procedentes de toda Italia. Se ha comenzado a trabajar en serio en la conservación de las obras de lacado que se encuentran en el extranjero y en la formación de personal encargado de la transmisión de estas técnicas.
Más allá de una simple transmisión
En paralelo a sus actividades en el extranjero, Suezaki ha seguido difundiendo su trabajo también en Japón. Desde 2015 imparte clases de kintsugi clásico en Tokio y Kioto, y hasta la fecha ha enseñado a unos 250 estudiantes.
“Como resultado del curso 2025, casi 600 extranjeros han participado en talleres de kintsugi, y no solo en las aulas. Aprovecho así tanto mi capacidad de difusión como la de esas personas para dar a conocer al mundo el encanto del kintsugi”.
Las actividades de Suezaki, destinadas a difundir el kintsugi y la cultura artesanal, se han venido desarrollando de este modo, atrayendo cada vez a más personas. El eje central de su labor está pasando, en ese contexto, a una nueva fase. El restaurador afirma que, de ahora en adelante, además de la difusión, quiere dedicar más esfuerzo a la creación.

Estatua de Uchida Kinnori, actualmente en proceso de restauración. (Cortesía del tempio Myōkō-ji)
“Desde que empecé con el kintsugi cada vez más gente se pone en contacto conmigo. Si me hubiera dedicado exclusivamente a la restauración de bienes culturales, quizá nunca habría llegado a conectar con el mundo exterior. Sin embargo, hay muchas obras que esperan a que las restaure, como pasa con la estatua de Uchida Kinnori (que se conserva en el templo Myōkō-ji), así que debo asegurarme de dedicar algo de tiempo a la creación en sí misma. Al fin y al cabo, mis manos cada vez son menos ágiles, y mi vista también empieza a fallar”.
Al final de ese camino se vislumbra, sin duda, la presencia de un artesano.

Para elaborar el sabiurushi (laca oxidada), que sirve para rellenar las grietas, se mezclan kiurushi (laca “cruda”, sin tratar) y tonoko (polvo de piedra), añadiendo agua.
Texto: Sugihara Yūka, comité editorial de Power News.
Fotografías: Matsumura Shina.
(Artículo traducido al español del original en japonés.)