Cuando la “Beatlemanía” llegó a Japón

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Hace sesenta años, en el verano de 1966, Japón se preparaba para lo que algunos temían podría ser una crisis nacional. Ciertos activistas de derechas exigían que los Beatles se mantuvieran lejos del país, los periódicos denunciaban al grupo, y miles de policías estaban preparados para su aparición. Pero cuando el grupo llegó por fin, la “Beatlemanía” resultó imparable.

“Hoy hace sesenta años...”

Más de medio siglo después de su separación, los Beatles continúan disfrutando de un nivel extraordinario de popularidad por todo el mundo, y pocos son los países que los han acogido con más entusiasmo que Japón. La relación entre los Fab Four (“los fabulosos cuatro”) y sus fans japoneses llegó a un momento decisivo en el verano de 1966, cuando el grupo ofreció una serie de cinco conciertos en Tokio durante la que terminaría por ser la última gira de su carrera.

La “Beatlemanía” llegó a Japón relativamente tarde. Los discos del grupo aparecieron por primera vez en el mercado japonés en 1964 y, en menos de un año, su fama se había extendido por todo el país. En un principio muchos observadores japoneses veían a John, Paul, George y Ringo más como ídolos juveniles que como músicos. Su atractivo parecía residir en sus personalidades y su aspecto tanto como en sus canciones. Esta percepción se refleja en el título japonés de su película y álbum Help!, que se estrenó como Yonin wa aidoru (“Los cuatro son ídolos”). No todo el mundo quedó impresionado. Los comentaristas conservadores solían relacionar el pelo largo del grupo, sus enérgicas actuaciones y su público juvenil con lo que percibían como un creciente desorden social entre los adolescentes japoneses.

Para 1966 los propios Beatles se sentían cada vez más desilusionados con las giras. No obstante, Japón seguía siendo un destino intrigante; tanto John Lennon como George Harrison habían desarrollado un gran interés por las religiones y culturas de Asia, y la mezcla única de industria moderna y patrimonio tradicional del país fascinaba al grupo. Su representante, Brian Epstein, tenía razones más prácticas para querer visitarlo. Japón ya era uno de los mercados extranjeros más importantes del grupo y todo indicaba que iba a hacerse aún más rentable.

La propia agencia japonesa que se encargaba de la venta de las entradas creía que los aficionados más fieles estarían dispuestos a pagar hasta 10.000 yenes por las mejores localidades. Sin embargo, los organizadores optaron por precios mucho más bajos. Las entradas premium se fijaron en 2.100 yenes (más o menos el precio de un disco), mientras que las localidades más económicas se vendían a 1.800 y 1.500 yenes.

Una bienvenida no siempre cálida

A medida que avanzaban los preparativos se iba intensificando la oposición a la gira. Con la notable excepción del Yomiuri Shimbun, periódico de gran tirada que era uno de los patrocinadores del evento, gran parte de los medios de comunicación japoneses reaccionaron con abierta hostilidad. Los titulares instaban a los Beatles a abandonar el país, insultaban al grupo y, en algunos casos, incitaban a la violencia contra ellos. Los comentaristas de televisión menospreciaban su música y denunciaban el fenómeno que los rodeaba. El Yomiuri, sin embargo, defendió al grupo, haciendo hincapié tanto en sus logros artísticos como en el hecho de que la reina Isabel II los había nombrado recientemente miembros de la Orden del Imperio Británico en reconocimiento a su contribución a la cultura británica.

A pesar de estas críticas, el entusiasmo entre los fans alcanzó niveles extraordinarios. En Japón, la “Beatlemanía” pasó a conocerse como Bītoruzu-kyō jidai, literalmente “la era de la locura por los Beatles”. La demanda de entradas era enorme, pero las convenciones sociales limitaban quién podía asistir. A muchos estudiantes de secundaria, especialmente a las chicas, solo se les permitía ir si iban acompañados de un adulto. Algunos colegios fueron más allá y prohibieron explícitamente a los alumnos asistir a conciertos de música popular.

Los conciertos estaban programados del 30 de junio al 2 de julio, pero antes incluso de que se vendiera una sola entrada los organizadores se enfrentaron a un gran reto: encontrar un recinto adecuado. Epstein insistió en que fuera un recinto con capacidad para al menos 10.000 espectadores. Se descartaron los estadios al aire libre porque la gira tendría lugar durante la temporada de lluvias de Japón, lo que dejaba relativamente pocas opciones.

Finalmente, la atención se centró en el Nippon Budōkan. Construido para los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, el recinto tenía capacidad para unas 14.000 personas y parecía cumplir todos los requisitos prácticos. Y sin embargo, su elección desató de inmediato la polémica. El Budōkan se asociaba principalmente con las artes marciales y ocupaba un lugar simbólico especial en la mente de muchos conservadores y grupos nacionalistas. Para ellos, permitir que una banda de rock occidental actuara allí rayaba en el sacrilegio. No obstante, al final prevalecieron las consideraciones económicas y, el 26 de mayo los administradores del Budōkan aprobaron los conciertos.

Cuando los Beatles aterrizaron en el aeropuerto de Haneda, la policía controló sin dificultad a las multitudes enfervorizadas de fans. Más problemáticas resultaron varias organizaciones nacionalistas que habían prometido oponerse a la visita. Miembros de una organización de derechas intentaron desplazarse al aeropuerto para obstaculizar el recorrido de los Beatles hacia la ciudad, pero la policía los detuvo antes de que pudieran hacerlo. Por otra parte, activistas de otra organización de extrema derecha, el Partido Patriótico del Gran Japón, organizaron manifestaciones frente al Hotel Hilton de Tokio, repartiendo folletos y exhibiendo pancartas en las que exigían que los Beatles abandonaran el país.

Los Beatles llegaron al aeropuerto de Haneda el 29 de junio de 1966. (© Kyōdō)
Los Beatles llegaron al aeropuerto de Haneda el 29 de junio de 1966. (© Kyōdō)

Los “fabulosos cuatro” suben al escenario

El 30 de junio el grupo ofreció su primer concierto en el Nippon Budōkan. A pesar de la corta distancia entre el Hilton y el recinto, el trayecto requirió un importante dispositivo de seguridad. Se desplegaron unos 1.700 agentes de policía, entre unidades regulares y de antidisturbios, y se cerraron temporalmente las carreteras a lo largo del recorrido para garantizar un desplazamiento seguro.

La velada comenzó a las 18:35 horas con un cartel de actuaciones preliminares que reflejaba el carácter ecléctico del mundo del espectáculo japonés de mediados de la década de 1960. El programa incluía a varios cantantes pop, las populares bandas nacionales de “sonidos de grupo”, Blue Jeans y Blue Comets, e incluso el grupo cómico The Drifters. Sus actuaciones fueron recibidas con un entusiasmo cortés, aunque moderado. El público había acudido por una única razón.

A las 19:35, los Beatles subieron por fin al escenario.

Los aficionados enseguida notaron la nueva vestimenta para los conciertos. Habían desaparecido los atuendos extravagantes propios de muchos grupos de rock de la época. En su lugar, los Beatles aparecieron con trajes elegantes y sobrios, cuyo aspecto formal quizá tuviera como objetivo destacar la sofisticación por encima de la rebelión.

La actuación inaugural misma ha recibido a menudo críticas dispares. Algunos observadores de la época la tacharon de poco inspirada, aunque tales juicios pasan por alto lo difícil de las circunstancias. El concierto se vio plagado de problemas técnicos desde el principio. El sistema de sonido del Budōkan se había diseñado principalmente para anuncios durante los eventos deportivos, no para música rock amplificada, y la calidad del sonido resultante era deficiente. Dadas esas condiciones, incluso los artistas más experimentados habrían tenido dificultades.

Al cabo de unos treinta minutos los Beatles terminaron su actuación, hicieron una breve reverencia y abandonaron el escenario sin tocar ningún bis.

Los tan temidos brotes de histeria colectiva nunca llegaron a producirse. Las estrictas medidas de seguridad garantizaron que los espectadores permanecieran sentados durante toda la actuación, y cualquiera que intentara abalanzarse hacia el escenario era expulsado de inmediato. En cambio, miles de jóvenes aficionados expresaron su entusiasmo de una manera más contenida: agitaban pañuelos, gritaban y vitoreaban desde sus asientos... El personal médico solo atendió a cuatro asistentes por molestias leves, entre ellas dolores de cabeza. Teniendo en cuenta las nefastas predicciones que habían precedido a los conciertos, la velada careció de incidentes destacables.

Una ronda finalizada con éxito

Las actuaciones restantes resultaron más exitosas. Tanto el 1 como el 2 de julio los Beatles tocaron dos veces al día, ofreciendo conciertos por la tarde y por la noche. Para entonces los músicos parecían sentirse más cómodos, los problemas técnicos distraían menos y el público respondía con entusiasmo. Se estima que la asistencia a los cinco conciertos osciló, en general, entre las 43.000 y las 50.000 personas.

La breve aventura japonesa de los Beatles llegó a su fin el 3 de julio por la mañana. Salieron del Hilton de Tokio a las 9:40 de la mañana, se dirigieron al aeropuerto de Haneda y embarcaron en el vuelo 731 de Japan Airlines con destino a Manila, la siguiente parada de su gira.

Pese a unas medidas de seguridad sin precedentes, a las manifestaciones hostiles y los contratiempos técnicos que acompañaron a la visita, la experiencia dejó, al parecer, una impresión positiva en el grupo. George Harrison, en particular, conservó muy buenos recuerdos del viaje. Años más tarde, en sus escritos, describió Japón como “un lugar maravilloso” poblado por “gente maravillosa”, y dedicó un espacio considerable de su autobiografía a recordar aquella visita.

Y el cariño fue mutuo: sesenta años después Japón sigue siendo uno de los mercados extranjeros más fieles a los Beatles. Los antiguos miembros del grupo han seguido atrayendo a un público entusiasta cada vez que actúan en el país. Si el séquito de la banda aprendió una lección durante aquellos días extraordinarios en Tokio, fue que los aficionados japoneses no solo eran apasionados, sino también dotados de conocimientos excepcionales, y se encontraban entre los seguidores más fieles de los Beatles en todo el mundo.

(Artículo traducido al español del original en inglés. Imagen del encabezado: los Beatles aparecen en su primer concierto en Japón, en el Nippon Budōkan de Tokio, el 30 de junio de 1966 - © Kyōdō.)

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