Una inusual combinación: el fútbol universitario revitaliza una urbanización envejecida

Sociedad

Hace medio siglo, Japón construyó grandes complejos de apartamentos (danchi) para responder al crecimiento demográfico del milagro económico. Aunque hoy reflejan el rápido envejecimiento del país, algunos están revitalizándose: en el de Takeyama (Yokohama) se han instalado unos 60 jóvenes futbolistas de la Universidad de Kanagawa, dándole una segunda juventud al lugar.

¡Enhorabuena por la victoria!

El danchi de Takeyama está ubicado sobre una colina a 10 minutos en autobús de la estación de Kamoi (línea JR Yokohama). En medio del danchi se encuentra la instalación llamada Takeyama Central, un centro de entrenamiento donde los vecinos siguen programas de ejercicios orientados a fortalecer la salud y prevenir situaciones de dependencia. Se inauguró recientemente, en 2025, en un local que había quedado vacío al cerrar sus puertas cierta sucursal bancaria. Con sus amplias cristaleras, aporta el toque moderno al barrio.

Junto a instructores profesionales, trabajan en este centro miembros del equipo de fútbol de la Universidad de Kanagawa. La gente mayor se pone muy comunicativa cuando la atiende uno de estos jóvenes en la recepción.

“¡Enhorabuena por la victoria!”, dicen los usuarios. “¡Muchísimas gracias!”, responden gentilmente los jóvenes.

Días antes se había celebrado la jornada final de la liga universitaria de la región de Kantō. Varias decenas de vecinos del danchi animaron al equipo desde los graderíos.

“¡Vaya! Tú eres nuevo aquí, ¿no?, ¡qué moreno estás!”, le espeta un vecino a un novato en la recepción. En este divertido danchi nadie se libra.

Una vecina, socia del Takeyama Central, charla jovialmente con uno de los universitarios que atienden en la recepción.
Una vecina, socia del Takeyama Central, charla jovialmente con uno de los universitarios que atienden en la recepción.

Hoy se ha cubierto el cupo de 35 plazas para la sesión de gimnasia del programa de salud. Nueve de cada diez participantes son mujeres de edad avanzada. Los minutos previos al inicio de los ejercicios son de gran aminación. Formando corros, las participantes parecen tener mil cosas de las que hablar.

Se trata de poner en forma el sistema nervioso autónomo, para lo cual hay que ir estirando progresivamente los brazos, las piernas y los costados, mientras se practica la respiración abdominal. Este es un lugar para socializar, sin duda, pero también para motivarse midiendo con aparatos especializados diversos indicativos de salud, como el grado de rejuvenecimiento vascular o el aumento de la masa muscular. La aceptación es tal que ya empieza a hablarse de “sobreuso” por parte de algunos socios.

La cuota mensual es de 4.400 yenes. El centro está administrado por una entidad sin ánimo de lucro y eso explica que la tarifa sea una ganga en comparación con la de los clubes deportivos privados, aunque quizás “barata” no sea la palabra correcta para definirla, si pensamos que los socios son personas mayores que viven de una pensión. El éxito de asistencia que tiene este local entre personas que, por su edad y situación, tienden a encerrarse en sus casas, habría que atribuirlo, principalmente, a la presencia y empuje de los miembros del citado club de fútbol universitario. En un año y unos pocos meses de existencia, el centro deportivo ha conseguido captar más de 440 socios en una urbanización que cuenta con 6.200 vecinos.

Un momento de una clase del programa de gimnasia para la salud. El segundo capitán Umigai Shunsuke es el instructor que vemos a la izquierda.
Un momento de una clase del programa de gimnasia para la salud. El segundo capitán Umigai Shunsuke es el instructor que vemos a la izquierda.

Distribuidos de tres en tres por apartamentos que habían quedado vacíos, pagan su alquiler y viven en este danchi convertido en dormitorio universitario cerca de 60 miembros del club de fútbol. El centro de entrenamiento y el comedor son los dos principales puntos de contacto entre estos jóvenes y el resto de la gente del danchi, pero hay otros muchos aspectos de la vida en los que coinciden: los saludos cotidianos al encontrarse, el barrido de las escaleras exteriores de los bloques, la ayuda que prestan en la preparación de las fiestas del barrio y de otras actividades de la asociación de vecinos, las clases de utilización del smartphone o las clases privadas de apoyo en los estudios que imparten a los niños del danchi. Se han convertido en figuras familiares para los vecinos de todas las edades y de ambos sexos.

El proyecto desarrollado en el danchi de Takeyama ha recibido el Premio Yokohama: Gente, Comunidad y Diseño Urbano, convocado por el Ayuntamiento de Yokohama. Pero ¿qué razones llevaron a ponerlo en marcha?

Ayer y hoy del danchi de Takeyama

El danchi de Takeyama fue planificado y construido por la Corporación Pública de la Vivienda de la Prefectura Kanagawa entre 1968 y 1972. Era una época de crecimiento económico acelerado y la corporación construyó un gran número de urbanizaciones de apartamentos para quienes iban a trabajar a las oficinas de Tokio o a las fábricas de la prefectura de Kanagawa. Se formaron así grandes ciudades-dormitorio. El danchi de Takeyama era uno de los mayores, con un total de 121 bloques en un recinto de 45 hectáreas, con cinco paradas de autobús en su interior.

Vista completa del danchi de Takeyama. (Cortesía de la Corporación Pública de la Vivienda de la Prefectura de Kanagawa)
Vista completa del danchi de Takeyama. (Cortesía de la Corporación Pública de la Vivienda de la Prefectura de Kanagawa)

Pero desde su creación ha transcurrido más de medio siglo y ahora un 47 % de su población tiene más de 65 años. Los niños que crecieron y se hicieron adultos aquí se han marchado y la población total, que en 1995 alcanzó un máximo de 9.800 personas, se ha reducido un 37 %. Están aflorando problemas como el deterioro de la salud de los pobladores o el debilitamiento del tejido comunitario. Incluso se han dado ya varias muertes en soledad.

“Cuando vine a vivir aquí todos éramos jóvenes y teníamos la sensación de que estábamos construyendo nuestra propia ciudad, plantando árboles donde no había nada. Las fiestas anuales eran muy animadas, porque competíamos entre las diferentes partes del danchi”, dice Takahashi Akemi (64 años), secretaria general de la Federación de Asociaciones de vecinos del danchi de Takeyama. “Ahora, con este envejecimiento tan rápido que estamos sufriendo, se dan situaciones como que todo un bloque abandone la asociación, y en general vemos que las relaciones se están volviendo más distantes”.

Takahashi Akemi, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Takeyama. Señala la revitalización que ha supuesto para el danchi la llegada de los jóvenes atletas.
Takahashi Akemi, de la Federación de Asociaciones de Vecinos de Takeyama. Señala la revitalización que ha supuesto para el danchi la llegada de los jóvenes atletas.

Mizukami Kōji, de la Corporación Pública de la Vivienda de la Prefectura de Kanagawa.
Mizukami Kōji, de la Corporación Pública de la Vivienda de la Prefectura de Kanagawa.

Concienciados de la gravedad de la situación, un grupo de vecinos creó en 2018 el Takeyama Mirai Sakitori Kurabu (“Club Takeyama Adelantándose a su Futuro”), para poner en común sus ideas. Pero el club no llegó a cuajar.

También para la corporación pública los tiempos en que se construían viviendas sin interrupción, como aquella gloriosa época del “milagro japonés”, son ya parte del pasado. Y esto ha obligado a un replanteamiento profundo de su propia razón de ser. Mizukami Kōji (52 años), jefe de la sección de Planificación, entendía que los danchi estaban sirviendo como soporte vital para garantizar las condiciones mínimas de subsistencia de la gente mayor. Quería abordar cuestiones que la iniciativa privada no abordaba, pero que cualquier persona consideraba necesarias. Consciente de la necesidad de fijar nuevas metas, estaba valorando las posibilidades.

Favorecer la implicacion de los universitarios en la sociedad

Por aquella misma época, un educador se preguntaba cómo podría implicar a los universitarios en los desafíos que afrontaba la sociedad. Ōmori Yūzaburō (56 años) era director del club de fútbol de la Universidad de Kanagawa. En 2019 Ōmori conoció a Mizukami a través de un amigo común y enseguida sintonizaron. Las conversaciones avanzaron rápidamente y para el año siguiente, 2020, ya se había llegado a un acuerdo entre el Gobierno prefectural y la universidad. De esta forma se estableció el actual esquema, en el que los muchachos viven en el danchi y contactan con el resto de los vecinos en el centro de entrenamiento, el comedor y otros lugares.

“Ganar es importante, pero no lo es todo”, dice el director Ōmori Yūzaburō.
“Ganar es importante, pero no lo es todo”, dice el director Ōmori Yūzaburō.

“Hay pruebas de que con el fútbol no se pueden cultivar los valores humanos”. Son palabras sorprendentes en la boca de este hombre que prácticamente todos los años coloca a alguno de sus pupilos en los grandes clubes profesionales de la J-League.

“Si lo único que hay es un deseo de hacerse profesional, de llegar a ser un gran futbolista, se acaba descuidando la cooperación con los compañeros. Si solo piensas en ti mismo todo queda en pura competición, sin una verdadera formación de la personalidad. Ganar es importante, pero no lo es todo”. Insiste: lo que él quiere es que los universitarios se impliquen en la sociedad, porque obsesionarse con el deporte comporta incluso sus riesgos.

Su idea es que las actividades en el medio local permiten ejercitar la empatía, la comunicatividad y otras cualidades humanas que son necesarias para ser un buen atleta. Para él, los danchi, con su problemática de envejecimiento y vida solitaria, son inmejorables espacios para aprender a vivir colaborando y en comunidad. Está convencido de que la experiencia les será de utilidad a los universitarios cuando comiencen a trabajar.

Takeyama, nuestro hogar

Ingresan en el club de fútbol de la Universidad de Kanagawa jóvenes promesas procedentes de las escuelas más potentes del país. ¿Cómo entenderán estos muchachos la idea tan ardientemente defendida por su director técnico de que también hay que dedicar tiempo y esfuerzo a otras cosas que no son fútbol?

“Al principio se quejaban, no entendían por qué tenían que estar ahí, limpiando las escaleras”, dice Hoshikawa Takahiro (73 años), recordando 2020, el año en que los estudiantes comenzaron a vivir en el danchi. Hoshikawa forma parte de la Federación de Asociaciones de Vecinos del danchi.

Para que los recién llegados se integrasen en los círculos del danchi, Hoshikawa y el resto del personal de la federación los incluyeron en la organización de los actos del calendario anual. Fue el año de la pandemia, los muchachos no iban a la universidad y se quedaban encerrados ahí, en sus habitaciones. Pero poco a poco fueron integrándose. Hacia 2023, cuando comenzaron a vivir en Takeyama todos los alumnos pertenecientes al club de fútbol, del primero al cuarto curso, se había producido ya en la mente de la gente una identificación perfecta entre el danchi de Takeyama y la Universidad de Kanagawa.

Hoshikawa Takahiro, de la Federación de Asociaciones de Vecinos del danchi de Takeyama.
Hoshikawa Takahiro, de la Federación de Asociaciones de Vecinos del danchi de Takeyama.

El alumno de cuarto curso Umigai Shunsuke (21 años), que ingresó en la universidad precisamente ese año, afirma que una de las razones por las que eligió ese centro de estudio fue su interés por las actividades que se hacían en el danchi. Algunos miembros del club de fútbol no acaban de adaptarse. Siguen sin ver la relación entre la práctica de este deporte y el trato con los ancianos del danchi. Umigai lo tuvo claro desde el principio. Quería desarrollarse como ser humano, algo que le serviría tanto si finalmente se dedicaba al fútbol, como si no lo hacía.

Umigai, que colabora principalmente apoyando a los ancianos en el centro de entrenamiento, se sentía al principio en la parte que daba y no en la que recibía. Pero el tiempo le ha enseñado que eso no es totalmente cierto. Cada vez que hay partido los vecinos del danchi acuden a animar al equipo. “Cuando ganamos”, dice, “derraman lágrimas de alegría, se alegran cien veces más que nosotros. Puede ocurrir que uno de los vecinos le traiga arroz cocinado, diciendo que llenó la olla demasiado. Y hay otros muchos detalles que le hacen sentir que el danchi de Takeyama es su nuevo hogar.

Interactuar con los ancianos del danchi es una forma de ejercitar la capacidad de comunicar cosas y esto se puede aplicar perfectamente al fútbol. Ahora Umigai se plantea, además de seguir creciendo como persona, devolver a su barrio de alguna forma el favor recibido. Umigai y el resto de los muchachos que colaboran por convencimiento no sienten en absoluto que estén leyendo un guion escrito por otros. Y, precisamente por eso, los vecinos los han aceptado gustosos y la sintonía es perfecta.

El comedor comunitario Takeyama Kitchen. Aquí, los universitarios sirven a las mesas. Muchos platos contienen las verduras cultivadas por ellos mismos en las cercanías.
El comedor comunitario Takeyama Kitchen. Aquí, los universitarios sirven a las mesas. Muchos platos contienen las verduras cultivadas por ellos mismos en las cercanías.

“El ambiente en el danchi se ha hecho muy alegre”, dice el citado Takahashi, de la federación. “En esta época en la que ya no sabemos quién vive en la puerta de al lado, la presencia de los chicos nos da pie a hacer comentarios y así reforzamos también nuestra red de conocidos. No es una transformación violenta, pero es algo que va calando poco a poco”.

Fotografías: Nomura Kazuyuki (exceptuando las de cortesía).

Imagen del encabezado: Umigai Shunsuke, segundo capitán, siendo felicitado por la última victoria del equipo por una de las usuarias de la instalación deportiva.

(Traducido al español del original en japonés.)

universidad Viviendas envejecimiento demográfico