En memoria de Higashino Keigo, rey de la novela japonesa de misterio

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Higashino Keigo fue todo un gigante de la literatura japonesa de misterio. Hatori Yoshiyuki, editor jefe de la revista literaria donde se publicó por primera vez su clásico La devoción del sospechoso X, habla en este homenaje sobre el atractivo de esta obra mientras rememora la faceta más humana del autor.

Un autor superventas

(Advertencia: este artículo incluye detalles de la trama de ‘La devoción del sospechoso X’)

Se nos ha apagado una estrella. La expresión quizá suene anticuada, pero habiendo trabajado durante mucho tiempo en la industria de la edición no tengo otra manera de describir la muerte de Higashino Keigo. Escritor superventas y autor de más de cien títulos que alcanzan fácilmente los 100 millones de ejemplares vendidos en total, fue todo un faro en la literatura popular japonesa cuyas novelas cautivaron a infinidad de lectores no ya solo en Japón, sino en Estados Unidos, China, y tantos otros países.

Si bien yo nunca fui su editor principal ni tuve una relación especialmente cercana con él, como miembro de la editorial en la que se publicó su afamada serie sobre el genio científico apodado “Galileo”, sí que tuve el privilegio de conocerlo. Con una profunda gratitud hacia su persona y una sensación de pérdida enorme ante el fallecimiento de un excepcional autor, comparto por lo tanto aquí unas modestas líneas en su memoria.

El truco nunca visto

La devoción del sospechoso X, obra maestra de Higashino que se convertiría en todo un referente de la literatura de misterio japonesa, apareció por primera vez en la revista literaria Ōru Yomimono, de la editorial Bungeishunjū. Como editor jefe de la publicación en aquel entonces, cada mes esperaba con ganas la llegada de esas aproximadamente 30 páginas en las que consistían sus manuscritos. Al mismo tiempo, confieso que la absoluta impredecibilidad de la novela me tenía en ascuas. Siempre que coincidíamos en alguna fiesta o en algún bar de Ginza, le comentaba lo mucho que estaba disfrutando con la serie. Un día de esos, me contestó: “voy a usar un truco que nunca se le ha ocurrido a nadie, ni aquí ni en ninguna parte”. Su rostro era pura confianza y convicción.

Y es que este tipo de trucos son la esencia misma del género. La confianza del autor era, por lo tanto, reflejo de la ambición de urdir una estratagema que, de tan imprevisible, dejara boquiabiertos a los amantes del misterio de todo el mundo.

Me quedé entusiasmado. Tanto yo como su editor principal, así como todo el equipo de Bungeishunjū, estábamos deseando que Higashino lograra por fin ganar el premio Naoki con este libro. Para entonces era ya un autor de gran éxito, pero a pesar de haber sido nominado varias veces, nunca había llegado a obtener el prestigioso galardón.

La novela resultó ser magnífica. Un matemático solitario se enzarza en un feroz duelo de ingenio con el físico Galileo —su rival y antiguo compañero de la universidad— para encubrir un asesinato cometido por la madre y la hija que viven en la casa de al lado. La clave del encubrimiento consiste en perpetrar un segundo asesinato sin relación alguna con el primero. El giro era verdaderamente deslumbrante, y el nivel de perfección con el que Higashino había hilado aquel misterio me dejó maravillado.

Sin embargo, las virtudes de la novela iban más allá. El mayor enigma de la obra, donde también reside su tema central, se condensa en una pregunta: ¿Por qué el matemático asesina a una vecina a la que apenas conoce? La grandeza de este libro yace, precisamente, en cómo el autor utiliza su profunda comprensión de las personas para convencer al lector de que el mayor misterio —en palabras del propio Higashino— es el corazón humano.

Finalmente, La devoción del sospechoso X ganó el premio Naoki. Como maestro de ceremonias en la reunión del comité de selección, fui testigo de los halagos que le dedicaron algunos pesos pesados de la literatura que hasta entonces habían sido algo críticos con las obras de Higashino. Por su parte, la jueza Hiraiwa Yumie, que llevaba años reconociendo su talento, alabó la profundidad del universo narrativo de la obra. De la noche a la mañana el número de lectores de Higashino se multiplicó, y él pasó a ser uno de los autores más destacados del país. Y allí se mantuvo, en la cima, durante los siguientes veinte años. Nunca antes había pasado algo así.

Salto a la gran pantalla

Poco antes, la colección de historias cortas Tantei Galileo (“Detective Galileo”) había sido adaptada a la televisión en una exitosa serie protagonizada por Fukuyama Masaharu. Ahora con un premio a sus espaldas, esta vez era el turno de La devoción del sospechoso X de dar el salto a la gran pantalla. En un pase previo al estreno, me tocó sentarme junto al autor. El clímax de la película, en el que la desesperada “devoción” del matemático resulta no servir para nada y rompe a llorar entre gritos bestiales, me dejó totalmente destrozado. No solo no pude contener las lágrimas (a pesar de estar rodeado de colegas más jóvenes), sino que acabé sollozando en voz alta, dando un espectáculo lamentable. Presa de la emoción, le solté una pregunta absurda a Higashino: “¿Pero cómo puede ver esto tan tranquilamente?”

“Hombre, sería raro que yo me echara a llorar”, me respondió con una leve sonrisa.

La devoción del sospechoso X fue un éxito rotundo de taquilla y llegó a recaudar cerca de 5.000 millones de yenes. Creo que las ventas totales del libro, incluyendo ediciones de bolsillo, deben haber superado con creces los tres millones de ejemplares. Después saldrían más entregas de la serie “Galileo”, con sus consiguientes adaptaciones a la gran pantalla, convirtiéndose en un pilar fundamental de los ingresos de la editorial Bungeishunjū. Eien no kioku (“memoria infinita”), la más reciente de esta serie y, trágicamente, también la final, ha salido a la venta en japonés el 5 de agosto. Leeré esta última obra con la más profunda reverencia.

Frío en apariencia, cálido por dentro

Diría que, por lo general, la impresión que daba Higashino era la de ser una persona serena y elegante. Era, además, de muy buen ver. Incluso sentado en un bar de Ginza junto a alguien tan apuesto como Fukuyama Masaharu, los que estábamos alrededor lo solíamos comentar entre cuchicheos: “¡ni al lado de alguien tan guapo sale perdiendo!”

Y aun así, cuando se quedaba a solas con sus editores y gente más cercana bebiendo hasta altas horas de la noche, Higashino se entregaba a los demás, entreteniéndonos y haciéndonos reír mientras sacaba a relucir ese carácter tan auténtico de Osaka. Él le daba tragos a su whisky con hielo y nosotros nos embriagábamos con el ingenio y el alcance de su conversación, hasta tal punto que el tiempo parecía detenerse. Charlábamos hasta las dos, tres o a veces incluso las cuatro de la madrugada. Higashino parecía reservado, pero siempre trataba a los demás con atención y consideración.

Quizá por eso era un maestro de la oratoria.

Cuando falleció el gran escritor de novelas de viaje y misterio Nishimura Kyōtarō, se celebró un acto conmemorativo en Atami, ciudad donde este había vivido. Desde el escenario y ante numerosos representantes de la industria editorial, Higashino concluyó su discurso de la siguiente manera:

“Durante los primeros diez años de mi carrera, mis libros no vendían nada. Si pude seguir sacando libros es gracias a que Nishimura tenía tantos lectores que mantenía a flote las editoriales. Quizá suena presuntuoso, pero mi intención es asumir ese papel a partir de ahora. Entre tanto, por favor: apoyad a los autores que no venden”.

Mientras escribo esto, vuelven una tras otra a mi mente las memorables palabras de Higashino. En el homenaje a Bandō Masako, escritora de su misma generación, exprimió cada palabra para transmitir el extraordinario talento que poseía como escritora. La grandeza de su discurso y el profundo pesar que mostró por la muerte de una colega me llegó a lo más hondo.

Higashino tenía 68 años cuando falleció. Lamento de corazón esta muerte prematura, aunque considerando la energía que requiere crear tal cantidad de clásicos, me he llegado a preguntar en ocasiones si no vivió el doble de rápido que el común de los mortales. Hay incluso indicios que respaldan esta idea: entre sus editores era bien sabido que, cada vez que sufría una lesión practicando snowboard —un pasatiempo que amaba—, se recuperaba con asombrosa rapidez. El propio autor, desconcertado por ello, comentó alguna vez lo siguiente:

“Desde pequeño se me han curado enseguida las heridas. Creo que quizá mis células se dividen a una mayor velocidad que las del resto de la gente”.

Y así, este brillante escritor que puso sus conocimientos científicos al servicio de la literatura de misterio para acabar creando un monumental legado, se ha marchado como una brisa pasajera. El mundo editorial japonés está de luto.

  • Yōgisha X no kenshin está traducida al español por Francisco Barberán bajo el título “La devoción del sospechoso X”. Publica Ediciones B.

(Publicado originalmente en japonés el 29 de julio de 2026. Imagen del encabezado: Higashino Keigo el 17 de enero de 2006, tras recibir el Premio Naoki. A la izquierda, la edición japonesa de su obra más célebre, Yōgisha X no kenshinm, “La devoción del sospechoso X”. © Jiji.)

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