Sadako, ‘Ringu’ y vídeos malditos, el corazón del ‘J-horror’

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El cine de terror japonés está experimentando un resurgimiento. Hollywood hizo en su día un remake de la legendaria Ringu, película que se convirtió en la vanguardia internacional del fenómeno del J-horror. Analizamos el tipo de terror de esta obra, corazón del género, y sus diferencias con la novela original de Suzuki Kōji, fallecido en mayo de 2026.

La era Reiwa desata un nuevo auge del terror

En enero de 2026, un canal especializado en cine japonés gestionado por Nihon Eiga Hōsō (Japan Movie Broadcasting Co., Ltd.) emitió un especial titulado “El terror resurge: selección de J-horror”. En su página web, el canal clasifica las obras de los noventa como películas de la “primera generación del J-horror”, término muy extendido para referirse al cine de terror japonés, mientras que las de la década de 2020 se denominan “terror de nueva generación”. La obra más representativa de esa primera generación es Ringu, estrenada en 1998, dirigida por Nakata Hideo, con guion de Takahashi Hiroshi y basada en la novela original de Suzuki Kōji.

El cine japonés vio, tras Ringu, una sucesión de obras maestras del J-horror, como Ju-on (La maldición, con una versión inicial en vídeo lanzada en 2000 y otra cinematográfica estrenada en 2003; dirección y guion: Shimizu Takashi) y Chakushin ari (Llamada perdida, estrenada en 2004; con dirección de Miike Takashi y guion de Daira Miwako, basada en la novela original de Akimoto Yasushi). Dado que estas obras gozaron de gran éxito en el extranjero y dieron lugar a sucesivas adaptaciones, podríamos afirmar que desde finales de los noventa hasta principios de la década de 2000 se vivió un auténtico auge del J-horror.

A mediados de la década de 2000 el J-horror atravesó un bache en su popularidad, pero en la década de 2020 ha vuelto a cobrar impulso. Cabe destacar, ante todo, el gran éxito de la película Inunaki-mura (distribuida en inglés como Howling Village, dirigida en 2020 por Shimizu Takashi, con guion de Hosaka Daisuke y el propio Shimizu), basada en leyendas urbanas relacionadas con lugares embrujados. A pesar de su estreno en plena pandemia de la COVID-19, recaudó nada menos que 1.400 millones de yenes(*1). Desde entonces, las obras basadas en historias de terror de internet y en leyendas urbanas, así como las que adoptan un formato de falso documental, han acaparado la atención no solo en el cine, sino también en literatura, exposiciones y otros formatos; se trata de un verdadero boom del terror de la era Reiwa (2019-actualidad).

Sadako: “largo pelo negro, ropa blanca”

¿En qué consiste exactamente el terror de Ringu, artífice de ese primer auge del J-horror? Lo que más aterrorizó al público del momento fue, sin duda, la famosa escena en la que Sadako, el fantasma de la historia, sale de la pantalla de un televisor de la época y se materializa ante los ojos de Takayama Ryūji, uno de los protagonistas. Esta escena pertenece a la versión cinematográfica; no aparece en la novela original de Suzuki de 1991. En la novela Sadako también acude para matar a Takayama con su maldición, pero solo se aparece como presencia aterradora que se cierne sobre él; en ningún momento se muestra con ese aspecto de largo pelo negro y ropa blanca, que tan fuerte impresión causó al público de la película.

Ringu recibió una adaptación en Hollywood en 2002 bajo el título The Ring, con dirección de Gore Verbinski y guion de Arlen Kruger. Según la página de datos sobre recaudación de taquilla Box Office Mojo, el remake recaudó unos 249 millones de dólares a nivel mundial. En la novela el protagonista es un periodista, pero la versión de Hollywood se basa fundamentalmente en la película japonesa original y, al igual que en ella, la protagonista es una madre soltera con un hijo pequeño. La identidad de la mujer fantasma, origen de la maldición, es en la versión norteamericana una niña llamada Samara Morgan; aunque su origen y las circunstancias de su trágica muerte difieren de las de Sadako, su aspecto (el pelo largo y negro, la ropa blanca) sí es muy similar al de la Sadako de Ringu.

¿A qué se debe entonces que Sadako, la protagonista de la novela Ringu, cuya apariencia Suzuki dejó a la imaginación del lector, acabara adoptando esa imagen concreta de pelo largo y negro, y ropa blanca, que hereda incluso el personaje de Samara? El J-horror cuenta con dos obras audiovisuales que constituyen sin duda sus fuentes originales. Para entender a Sadako, veamos ante todo cómo se representa a las mujeres fantasma en esas obras.

De Jaganrei a Joyūrei

Empecemos por presentar a la mujer fantasma de la película en vídeo Jaganrei (“Espíritu de deseos malignos”, lanzada en 1988, dirigida por Ishii Teruyoshi y con guion de Konaka Chiaki), que podría considerarse la verdadera raíz del J-horror. Se trata de un falso documental cuyo argumento se centra en la reconstrucción de cierto material audiovisual de un programa que se dedicaba a seguir las actividades promocionales de una nueva idol, programa e imágenes que terminaron archivadas. En esta obra, la mirada de la mujer fantasma (que aparece como un simple detalle en las imágenes en las que se entrevista al productor) traspasa la pantalla de televisión para observar directamente a los espectadores masculinos que han alquilado la película. Según varios análisis de los ochenta, cuando se estrenó esta obra, el público principal del negocio de alquiler de vídeos en Japón eran cinéfilos masculinos(*2), y en Jaganrei aparecen por doquier imágenes, como desnudos femeninos, que indican que se trata de una obra dirigida a ese público masculino.

En lo que respecta a esa idea de un fantasma femenino que mira a los hombres directamente desde la pantalla, el fantasma de Jaganrei parece el prototipo de Sadako; en esta ocasión, sin embargo, la mujer lleva una media melena similar al “corte Seiko-chan”, símbolo de la idol Matsuda Seiko, tan representativa de los ochenta, un pelo que no llega a ser tan largo como el de Sadako. Sí lleva un vestido blanco, aunque incluso en las imágenes de baja calidad del vídeo da la impresión de ser más bien una prenda elegante.

La serie de vídeos originales Honto ni atta kowai hanashi (“Historias de miedo que realmente ocurrieron”, dirección: Tsuruta Norio, con guion del propio Tsuruta y Konaka Chiaki), adaptación de la revista de cómics de terror del mismo nombre publicada por Asahi Sonorama, contó con tres entregas que salieron a la venta entre 1991 y 1992. En ellas hay tres episodios en los que aparece un fantasma femenino: “El misterio del pendiente rojo”, “El gimnasio de verano” y “El pelo negro de la casa abandonada”. Sin embargo, aunque los fantasmas femeninos que aparecen en “El misterio del pendiente rojo” y “El gimnasio de verano” tienen pelo largo y negro, llevan ropa de colores vivos, como el verde o el rojo. La mujer que aparece en “El pelo negro de la casa abandonada” parece un fantasma femenino de pelo largo y negro ataviado con un kimono blanco, pero, dado que la escena en la que aparece dura solo un instante, no deja una imagen muy marcada. Así pues, en ninguna de las series que constituyen el origen del J-horror (Jaganrei y Honto ni atta kowai hanashi ) aparece ningún fantasma femenino de pelo largo y negro, con ropa blanca, que cause un gran impacto.

En las obras fruto de la colaboración entre Nakata Hideo y su coguionista, Takahashi Hiroshi, responsables de Ringu, se pueden distinguir, por otra parte, figuras de otras mujeres fantasma que sí parecen relacionadas con Sadako.

En el episodio “La posada donde habita un fantasma”, emitido en el programa de televisión Misuterī taiken zōn – hontō ni atta kowai hanashi (“Zona de experiencias misteriosas: historias de miedo que realmente ocurrieron”, 1992), en el que Nakata y Takahashi trabajaron juntos por primera vez, aparece el fantasma de una chica, hija de la familia propietaria del terreno donde transcurre la historia, que en su día vivió en la posada a la que acuden los protagonistas durante su viaje. Ella sí lleva el pelo largo y negro, y un vestido blanco.

Asimismo, el fantasma femenino que aparece en Joyūrei (estrenada en 1996 y distribuida en inglés como Don’t Look Up; también dirigida por Nakata y escrita por Takahashi) tiene como seña de identidad, de nuevo, una larga melena negra y ropa blanca. Esta mujer fantasma, que aparece en las grabaciones de una serie de televisión que nunca llegó a emitirse y que ríe con la boca muy abierta, a espaldas de la actriz protagonista, acaba apareciendo también en el plató de rodaje en el que trabaja Murai, director de cine novato y protagonista de la historia. A diferencia de Sadako, que mata con la mirada, el fantasma de Joyūrei mata con su boca. En el clímax de la historia se ríe a carcajadas, con la boca muy abierta, y como si lo absorbiera, se lleva a Murai a alguna parte.

El terror que genera el alquiler de vídeos, tan cotidiano en su época

Es bien sabido que tanto Tsuruta Norio, el director de Honto ni atta kowai hanashi, como Takahashi, el guionista de Joyūrei y Ringu, buscaban un tipo de terror distinto al de las películas gore que estaban de moda en los ochenta, y que su objetivo era llevar a la gran pantalla historias de fantasmas contadas como experiencias personales, es decir, relatos sobrenaturales basados en hechos reales. En los orígenes del J-horror se puede encontrar una faceta del terror que sirve de antítesis del cine gore, que se vende en base a escenas de crueldad extrema; quizá el núcleo del terror en el J-horror constituya precisamente eso: una sensación de terror cercana y familiar.

Tanto en la novela original como en la película Ringu, la maldición se propaga por medio de un vídeo de alquiler, otro elemento original del J-horror. Tampoco debemos pasar por alto que la propia cinta de vídeo, como medio de distribución y soporte audiovisual, se presenta como un motivo fundamental del terror que encierra.

En la novela original y en ambas películas, así como en la versión coreana The Ring Virus (estrenada en 1999 y dirigida por Kim Dong-bin, con guion de Gong Su-chang y Shim Hae-won), remake anterior a la versión de Hollywood, la cinta maldita se halla discretamente escondida entre las estanterías del servicio de alquiler de vídeos de una casa de vacaciones, sin etiqueta. En la época de las cintas de vídeo, cualquier hogar contaba con unas cuantas sin etiquetar, y nadie sabía o recordaba qué contenían.

“¿Y si una de estas cintas de vídeo que tengo en el estante de mi casa fuera un vídeo maldito?”, se preguntaba el espectador.

Todo aquello que forma parte de nuestra vida cotidiana, aquello a lo que estamos acostumbrados, puede convertirse de pronto en fuente de terror. El miedo que provocaba Ringu residía precisamente en hacer que esa idea se colara en la mente del espectador. Y podría decirse que Sadako, en la película, es la reencarnación de la clásica mujer fantasma, con el largo pelo negro y su ropa funeraria blanca, tal y como se representa en muchos cuadros de fantasmas o en el kabuki, pero transformada en un fantasma más moderno, en el que se proyecta el terror que se escondía en un medio tan cercano en aquella época: el vídeo.

(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Pixta.)

(*1) ^ Películas con una recaudación superior a 1.000 millones de yenes en 2020, Asociación General de Productores Cinematográficos de Japón.

(*2) ^ Mesa redonda: “El inicio de la era del alquiler de vídeos” (1984), Kinema Junpo, número de principios de julio de 1984, ed. Kinema Junpo, página 186.

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