De peces abisales y terremotos: entre la ciencia y la superstición

Ciencia Prevención de desastres

Un estudio desacredita supuesta relación entre aparición de fauna abisal y terremoto. Mediante una meticulosa recogida de datos y un riguroso análisis se ha podido arrojar luz sobre el comportamiento anómalo de los siluros.

“Cuando aparecen peces abisales, hay terremoto”

Es algo que se oye decir a menudo, desde hace mucho tiempo. La idea aparece, por ejemplo, en el Shokoku rijindan, un librillo fechado en 1743 (periodo Edo) que recoge historias curiosas. Pero, no existiendo estudios serios, nada podía decirse a ciencia cierta sobre su veracidad… hasta ahora.

Ha sido un equipo creado por el Instituto de Investigación y Desarrollo de los Océanos de la Universidad de Tokai y por la Universidad Prefectural de Shizuoka el que, el día 26 de junio, nos sacó de la duda. Ahora sabemos que se trataba de una superstición sin fundamento.

Fueron objeto de estudio ocho especies abisales tradicionalmente relacionadas con la ocurrencia de sismos, entre las que se encuentran el pez remo gigante (Regalecus glesne) y el conocido en Japón como sakegashira (Trachipterus ishikawae). El equipo repasó la bibliografía y recurrió a las hemerotecas de los periódicos regionales para examinar lo ocurrido cada una de las 336 veces en que se registraron avistamientos o capturas de ejemplares de dichas especies entre noviembre de 1928 y marzo de 2011.

El pez remo gigante, en fotografía publicada en Facebook por el Departamento de Agricultura, Silvicultura y Pesca del Gobierno prefectural de Niigata.
El pez remo gigante, en fotografía publicada en Facebook por el Departamento de Agricultura, Silvicultura y Pesca del Gobierno prefectural de Niigata.

El equipo contabilizó todos los movimientos sísmicos de magnitud igual o superior a los 6 grados Richter ocurridos en un radio de 100 kilómetros del lugar del descubrimiento durante los 30 días siguientes. Hallaron que el único caso fue el terremoto de la costa de Chūetsu (Niigata) del 16 de julio de 2007 y concluyeron que todo era una superstición, pues no puede establecerse ningún vínculo estadístico entre la aparación de peces abisales y la ocurrencia de temblores de tierra.

El resultado es francamente interesante pero, ¿cuál será la razón de que se haya realizado una investigación así y qué dificultades se habrán encontrado en el camino? Formulamos estas preguntas a Orihara Yoshiaki, profesor del citado instituto, que ha formado parte del equipo.

Discernir los comportamientos anómalos, más fácil en los peces abisales

-¿Qué lo impulsó a llevar a cabo este estudio?

Desde hace mucho tiempo hay tradiciones orales sobre animales que se muestran inquietos y sobre pozos cuyas aguas se enturbian antes de los terremotos.

El comportamiento anómalo de algunos animales, el enturbiamiento del agua de los pozos y otros cambios perceptibles por los humanos ocurridos antes de un terremoto son llamados en general “fenómenos anómalos ampliamente observados”.

La motivación subyacente bajo este estudio es dar respuesta a preguntas como la de si estos fenómenos son presagios fidedignos y aprovechables para la prevención de terremotos.

Por lo que respecta a los comportamientos anómalos de los animales, surgen algunas dificultades. Es difícil hacer una observación prolongada. Tampoco es fácil establecer criterios objetivos para determinar si un comportamiento animal es anómalo o no lo es.

La aparición de fauna abismal en la superficie marina suele clasificarse dentro de los comportamientos animales anómalos, pero en este caso formarnos un juicio es relativamente fácil, pues no es nada habitual ver estas especies que habitan los fondos marinos y que no suelen subir a la superficie.

Disponer de un criterio fiable ha sido una de las razones que nos ha llevado a escoger esta línea de investigación. Otra razón ha sido el deseo de saber si antes del Gran Terremoto del Este de Japón de marzo de 2011 había ocurrido algo reseñable. En ese caso, no bastaba solo con investigar el periodo previo a ese terremoto concreto. Para saber si antes del mismo ocurrió algo anormal, hay que comparar ese periodo previo con otros. En cualquier caso, necesitamos datos de un largo periodo de tiempo.

“En pocas palabras, nos llevamos un chasco”

-¿Con qué dificultades toparon?

Para verificar estadísticamente la existencia de alguna relación entre aparición de fauna abisal y ocurrencia de terremotos necesitamos algo así como una base de datos de lo primero. Los datos centralizados sobre los terremotos los tenemos a mano gracias a la Agencia Nacional de Meteorología, pero no hay bases de datos sobre la aparición de dichos peces, así que repasé los trabajos académicos publicados sobre el tema y encontré algunos que recogían datos sobre apariciones. Pero en todos los casos eran estudios limitados temporal y espacialmente, y ninguno cubría todas las regiones de Japón para un periodo suficientemente largo.

Pero la aparición de fauna abisal es un hecho insólito que suele ser tratado por la prensa, especialmente por la regional y por las ediciones regionales de los periódicos nacionales, así que se me ocurrió que podría ser una buena fuente de datos.

En concreto, seguí el método de buscar artículos en el archivo digital de la Biblioteca Nacional de la Dieta (Parlamento), lo cual puede hacerse desde cualquier ordenador. Actualmente, solo pueden verse gratis los periódicos nacionales, pero antes la gratuidad se extendía a los regionales. También busqué noticias sobre aparición de fauna abismal en internet, comprobando luego caso por caso en la prensa, fuera en papel o en microfilm. Estudié también los datos servidos en sus páginas web por los acuarios del país. Sobre las informaciones que me parecían dudosas, consulté a los propios acuarios. Entre todos los casos que conseguí reunir, utilicé solo aquellos en que podían comprobarse claramente la fecha y el lugar de aparición. De la Agencia de Meteorología tenemos datos de terremotos desde 1923, así que utilicé ese año como punto de partida para analizar los datos sobre apariciones. La aparición más antigua que encontré fue del 26 de noviembre de 1928. Y hasta el terremoto de 2011, sumé un total de 392 apariciones.

Para este estudio, me limité a las ocho especies marinas citadas en la prensa por su supuesta relación con los terremotos: el pez remo gigante, el sakegashira, el tengaihata (Trachipterus trachypterus), el tanabe shachiburi (Ateleopus japonicus Bleeker,1854) el shachiburi (Ateleopus japonicus), el akamanbō (Lampris guttatus), el yukifurisodeuo (Desmodema polystictum), y el tengunotachi (Eumecichthys fiski), que dieron un total de 336 apariciones.

Pez abismal (fotografía aparecida en Facebook del Departamento de Agricultura, Silvicultura y Pesca del Gobierno prefectural de Niigata).
Pez abismal (fotografía aparecida en Facebook del Departamento de Agricultura, Silvicultura y Pesca del Gobierno prefectural de Niigata).

-¿Cómo asumieron ustedes los resultados obtenidos en su estudio?

En pocas palabras, nos llevamos un chasco. Yo pensaba que encontraríamos datos que pudieran relacionarse de alguna manera, hallar una correlación, pero no pudimos llegar hasta ese punto. Eso sí, hay que decir que solo tuvimos en cuenta los casos en que podíamos determinar claramente el lugar y la fecha de aparición. Conforme vayamos teniendo más documentación, podremos ampliar nuestro catálogo y posiblemente los resultados varíen a la luz de los nuevos datos, aunque no creo que sea una variación demasiado grande.

Sin conclusiones sobre el caso del siluro

-Se dice también que cuando va a ocurrir un terremoto los siluros (bagres) se inquietan. ¿Qué piensa usted sobre esto?

Creo que en el momento actual no tenemos nada que se parezca a una conclusión al respecto. Pero lo que sí podemos decir es que no porque los siluros se inquieten va a ocurrir próximamente un gran terremoto en las inmediaciones. Entre 1976 y 1991, es decir, durante 16 años, el Centro de Experimentación Pesquera de Tokio crió siluros en peceras e investigó la relación entre su comportamiento y la actividad sísmica. El comportamiento de los peces fue reducido a datos cuantitativos, de forma que pudiera determinarse objetivamente en qué consistía un comportamiento anómalo. Se halló que, para un periodo de 10 días previos a la ocurrencia, los siluros se inquietaron en un 31 % de los casos de terremotos de tres o más grados en la escala japonesa de intensidad perceptible, ocurridos durante los 13 años que median entre 1978 y 1990.

Hay otro estudio sobre siluros y sismos, el realizado por el Centro de Experimentación en Reproducción de Peces de Agua Dulce de la prefectura de Kanagawa entre 1979 y 1984. Durante ese periodo, ocurrieron 24 sismos de intensidad 3 o superior con epicentro a menos de 100 kilómetros de la instalación y durante los días previos se encontraron 10 casos de comportamiento anómalo. Quiere esto decir que los peces se inquietaron en un 42 % de los casos en que hubo terremoto. Pero, dado que los peces mostraron comportamientos anómalos en un total de 150 ocasiones durante ese periodo, quedó comprobado que solo en un 6,7 % de los casos dicha anomalía vino acompañada de un posterior terremoto.

Los resultados del estudio de Kanagawa me traen a la mente aquel refrán japonés que viene a decir que hasta el más torpe da en el blanco si sigue disparando su escopeta. Pero todavía es pronto para sacar cualquier conclusión. Quién sabe si, por ejemplo, con una mejora en la metodología de los análisis no podría llegar a apreciarse alguna diferencia entre los 10 casos de comportamiento anómalo acompañado de terremoto y los otros 140 casos.

Según Orihara, aunque haya quedado desacreditada la idea de que la aparición de peces abismales en la superfecie marina está vinculada con la actividad sísmica, todavía es pronto para pronunciarse sobre la veracidad del resto de las ideas populares sobre este tema. Y él asegura que está dispuesto a seguir investigando para deslindar los verdaderos presagios de la mera superstición.

(Publicado en el sitio FNN Prime Online el 1 de julio de 2019.)

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