Matsumoto Leiji, autor de manga: los recuerdos de la guerra, en el papel

Manga

Matsumoto Leiji, hijo de un piloto del ejército, lleva más de medio siglo dibujando mangas en los que retrata los horrores de la guerra. Esas experiencias le han demostrado la necesidad de que los habitantes de este mundo nos ayudemos unos a otros.

Matsumoto Leiji, autor de obras maestras del manga

La ciudad de Kitakyūshū, en Fukuoka, veía un gran trasiego de gente y bienes en su calidad de puerta de entrada a la isla de Kyūshū durante la posguerra. Un joven, que soñaba con convertirse en dibujante tras graduarse en el instituto, se subió a un tren desde ese extremo norte de Kyūshū y cruzó el túnel Kanmon hacia Honshū. Se trataba de Matsumoto Leiji, quien llegaría a publicar obras maestras del manga como Ginga tetsudō 999 (Galaxy Express 999) o Uchū senkan Yamato (Space Battleship Yamato).

Matsumoto tiene ahora 82 años; lleva medio siglo dibujando mangas de temática bélica. En sus obras no aparecen héroes en el campo de batalla, sino soldados anónimos, de quienes la guerra misma se burla.

En 2019 Matsumoto, que se quejaba de un cierto malestar, fue hospitalizado temporalmente en Turín, Italia. Nueve meses después, en esta época en la que el nuevo coronavirus se expande por el mundo, el autor continúa dibujando, pese a haber limitado en buena medida el número de personas con las que mantiene el contacto directo. Deseábamos poder entrevistarlo en persona, como testigo directo de la Segunda Guerra Mundial que es, pero la entrevista debió realizarse mediante videoconferencia, con la colaboración de algunos de sus conocidos.

“Yo me encontraba sumido en un mundo en el que las balas volaban a mi alrededor, donde las ametralladoras lo barrían todo, y caían bombas del cielo. La realidad de la guerra no se puede entender de verdad sin escuchar a quien la ha experimentado. Lo recuerdo todo bien, así que me gustaría hablar de ello mientras todavía puedo”, explica.

Su padre, piloto de guerra: “Debo convertirme en un demonio, y disparar…”

Matsumoto Leiji nació en 1938 en Kurume, Fukuoka. A medida que la guerra iba recrudeciéndose se vio obligado a escapar varias veces del ataque de aviones enemigos.

“Cuando intentaba volver a casa a menudo veía de todo: ataques de ametralladoras de avión, bombas que caían... Yo era un niño, y como tal era aventurero y escapaba corriendo de aquí para allá. Pero toda aquella muerte era algo muy triste”.

El padre de Matsumoto, Tsuyoshi, era piloto del ejército. Un día tuvo que volar hacia el campo de batalla desde el aeródromo de Tachiarai, en la prefectura de Fukuoka, considerado el mejor de Oriente.

Matsumoto visitó por primera vez el Salón Conmemorativo de la Paz de Tachiarai, erigido en el sitio original del aeródromo, en octubre de 2019, antes de sus problemas de salud en Italia. El primer objeto que visitó fue el caza modelo 97 del antiguo ejército, el único ejemplar de ese modelo de avión existente en todo el mundo. Era el avión que su padre, Tsuyoshi, pilotó durante la guerra.

El autor recuerda: “Mi padre me contó muchas historias, siendo yo niño. Cuando derribaba a un enemigo, a veces sus miradas se cruzaban, y él se quedaba pensando que aquel hombre también debía de tener familia e hijos que sufrirían por su muerte. Decía que el soldado debía convertirse en un demonio y disparar. Por eso mi padre repetía sin cesar que nunca debíamos volver a pelear”.

Tras el fin de la guerra, Tsuyoshi permaneció detenido en una pequeña isla de la península de Malasia. Dos años y medio después regresó finalmente a Japón, pero quienes lo estaban esperando eran las madres de sus subordinados que habían muerto en la guerra.

“Varias mujeres lo visitaban y le preguntaban: ‘¿Por qué ha regresado usted con vida pero no nos ha traído a nuestros hijos?’ Mi padre hacía una profunda reverencia y les pedía perdón. Pero él me había contado la verdad. Cuando recibió instrucciones de ‘formar y enviar un grupo especial de ataque’, mi padre hizo una lista con un cierto número de personas, incluyéndose a sí mismo; pero al enviarla le dijeron que si el capitán (él) perecía, el mando tendría problemas, de modo que finalmente se envió un grupo compuesto de jóvenes soldados. Mi padre solía contarme todo tipo de ideas y recuerdos como esos”, nos cuenta.

El tiempo que le queda a la última generación que vivió la guerra

La obra de Matsumoto retrata la crueldad de las vidas de jóvenes llenos de sueños y esperanzas que se dirigen al campo de batalla como si se tratara de lo más natural del mundo. Al mismo tiempo habla del tesoro que representan los seres humanos, que pese a la locura de la guerra nunca llegan a perder su corazón.

“Perder una batalla es algo miserable y humillante, pero tanto a un lado del frente como al otro existen la alegría y la tristeza. También veíamos la muerte de pilotos de cazas y bombarderos estadounidenses que se estrellaban. Incluso siendo tan pequeño sentía que los familiares de esas personas que no iban a regresar a casa estarían muy tristes. Siempre he escrito la palabra ‘fin’ en mis obras después de expresar los sentimientos tanto de un lado como del otro. Esa era la idea que más me compelía, a la hora de dibujar sobre la guerra”.

“Han pasado 75 años desde que terminó la guerra; se acerca el final de la generación que la vivió en primera persona. Hoy día nos aflige el calentamiento global, y muchos otros problemas. Es algo que se entiende bien en 2020, ¿verdad? Los habitantes de todo el mundo debemos vivir ayudándonos unos a otros por igual. Ese es mi sentimiento sincero, que surgió de mi experiencia de la guerra”.

(Nishinippon TV)

(Artículo traducido al español del original en japonés, publicado en FNN Prime Online el 14 de agosto.)

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