El Gobierno de Japón se debate sobre cómo responder al ataque de EE. UU. sobre Venezuela

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Tokio, 4 de enero (Jiji Press)—El Gobierno japonés está hallando dificultades a la hora de definir su respuesta a la operación militar contra Venezuela llevada a cabo por la administración del presidente estadounidense Donald Trump.

La primera ministra Takaichi Sanae señaló el día 4 de enero en su cuenta de X (antes Twitter) su intención de trabajar por la estabilización de la situación, pero evitó pronunciarse sobre la detención del presidente Nicolás Maduro por parte de las fuerzas estadounidenses. Japón parece atrapado entre el principio del “imperio de la ley”, que ha defendido ante la comunidad internacional, y la necesidad de tener en cuenta a Estados Unidos, su aliado.

La primera ministra subrayó que “la máxima prioridad es garantizar la seguridad de los ciudadanos japoneses” y que el país está respondiendo en estrecha coordinación con las naciones implicadas. Asimismo, afirmó que Japón “ha respetado valores y principios fundamentales como la libertad, la democracia y el Estado de derecho”, aunque se limitó a señalar que continuará con los esfuerzos diplomáticos “para la recuperación de la democracia y la estabilización de la situación”.

El uso de la fuerza por parte de Estados Unidos y la destitución de un jefe de Estado extranjero podrían constituir una violación del derecho internacional. Frente a Rusia, que invadió Ucrania, y a China, que ha intensificado su presión militar sobre Taiwán y otras regiones, Japón ha actuado junto a Estados Unidos oponiéndose a cambios unilaterales del statu quo y apelando a la importancia del Estado de derecho. Si ahora aceptara la acción militar estadounidense, podría ponerse en entredicho la coherencia de dichas  posturas.

A Japón tampoco le resulta sencillo criticar a Estados Unidos si se tiene en cuenta la importancia de la alianza bilateral. En un contexto de enfriamiento de las relaciones entre Japón y China tras las declaraciones de la primera ministra sobre una posible contingencia en Taiwán, un deterioro de la relación con Trump podría llevar a China a intensificar aún más su presión sobre Japón. En particular, se prevé que Trump visite China en abril, y se considera que está manteniendo cierta distancia respecto a la confrontación sino-japonesa con la vista puesta en acuerdos económicos con Pekín.

Un funcionario del Gobierno japonés, al referirse al mensaje de la primera ministra Takaichi en X, reconoció la difícil situación al señalar que “se respondió con cautela, teniendo en cuenta la distancia con Estados Unidos y procurando no desviarse de lo que se ha venido defendiendo hasta ahora”.

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