Las “cortinas verdes”, la propuesta de una organización japonesa para combatir el calor extremo
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Tokio, 13 de julio (Jiji Press)—Ante las previsiones de un verano especialmente caluroso, está despertando un renovado interés en Japón el uso de las “cortinas verdes” o “cortinas vegetales”, una técnica que consiste en cultivar plantas trepadoras, como el melón amargo (goya) o las campanillas japonesas (asagao), frente a las ventanas para refrescar el interior de los edificios sin necesidad de utilizar electricidad.
La organización sin ánimo de lucro Midori no Kāten Ōendan (“Grupo de Apoyo a las Cortinas Verdes”) también ha instalado estas estructuras en viviendas provisionales para damnificados por desastres naturales. “Nos gustaría que las cortinas verdes llegaran a convertirse en una auténtica cultura”, afirma uno de sus responsables.
Las cortinas verdes aprovechan un proceso natural de las plantas: el agua absorbida por las raíces se libera a través del envés de las hojas mediante la transpiración, lo que ayuda a reducir la temperatura del entorno. En una medición realizada por una empresa inmobiliaria que impulsó esta iniciativa, un mediodía de agosto, la superficie de un balcón expuesto al sol superó los 50 grados, mientras que la zona protegida por la cortina vegetal registró temperaturas de entre 32 y 38 grados.
Según Suzuki Yūji, de 58 años, presidente de la citada inmobiliaria y de la organización, el proyecto nació en 2003 a propuesta de una escuela primaria pública del distrito de Itabashi, cuyos alumnos comenzaron a crear cortinas verdes con el apoyo de la empresa. La iniciativa se extendió posteriormente como parte de los programas de educación ambiental y, en 2007, dio lugar a la creación de la organización sin ánimo de lucro, dedicada desde entonces a promover este sistema.
Tras el Gran Terremoto del Este de Japón y el accidente de la central nuclear de Fukushima Dai-ichi en marzo de 2011, la preocupación por el ahorro energético se intensificó en todo el país, con medidas como los cortes programados de electricidad en Tokio. Al mismo tiempo, miles de personas tuvieron que trasladarse a viviendas provisionales, que suelen contar con un aislamiento térmico inferior al de las viviendas convencionales. “Si las personas afectadas sufrían golpes de calor, aquello habría supuesto una tragedia añadida. No podíamos permanecer indiferentes”, recuerda Suzuki.
La iniciativa despertó una gran respuesta ciudadana. Hasta diciembre de 2016, la organización recibió alrededor de 21 millones de yenes en donaciones y contó con la colaboración de unos 1.000 voluntarios. Gracias a este apoyo, se instalaron cortinas verdes en unas 20.000 viviendas provisionales de las prefecturas de Iwate, Miyagi y Fukushima. Además de proporcionar un ambiente más fresco, muchos residentes destacaron otro beneficio inesperado: “Salir a regar las plantas nos permitió conocer mejor a nuestros vecinos”, relataron algunos de ellos.
Tras el terremoto de la península de Noto del 1 de enero de 2024, la organización instaló cortinas verdes en 1.356 viviendas provisionales de cuatro municipios de la prefectura de Ishikawa antes de finales de 2025. Más recientemente, en mayo de este año, también llevó la iniciativa a las viviendas temporales construidas para los afectados por los incendios forestales de Ōfunato, en la prefectura de Iwate.
Además de aliviar el calor, la organización concede gran importancia a la creación de espacios de encuentro entre los damnificados, convencida de que compartir experiencias ayuda a expresar las emociones y favorece la recuperación. Aunque considera que el término “cortina verde” ya está ampliamente implantado en Japón, Suzuki asegura que su objetivo va aún más lejos: “Queremos que hacer cortinas verdes llegue a convertirse en una verdadera tradición cultural”.
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