“Life After Manzanar”: el legado de los campos de concentración de japoneses en Estados Unidos

James Singleton [Perfil]

[15.08.2018]

La premiada escritora Naomi Hirahara y la planificadora de exposiciones Heather C. Lindquist, en su obra recientemente publicada Life After Manzanar (La vida tras Manzanar), ofrecen una convincente descripción de las vidas de los japoneses y los estadounidenses de ascendencia japonesa encarcelados durante la Segunda Guerra Mundial. Apoyándose en registros de archivo y fotografías históricas, la pareja teje con maestría las narrativas personales de los prisioneros hasta formar una historia cohesiva que se extiende desde los años de la posguerra hasta los intentos de indemnización, desde los ochenta hasta el presente.

 Un encarcelamiento injusto

El soldado Ben Hatanaka, de permiso del ejército de Estados Unidos, se sienta bajo el cartel de entrada en Manzanar, durante una visita a familiares encarcelados allí. (Cortesía de la Universidad Estatal de California, Biblioteca de Sacramento, y Jill Hatanaka)

El ataque japonés a Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941 provocó temor a una crisis de seguridad nacional en Estados Unidos. Como respuesta, el presidente Franklin D. Roosevelt firmó, el 19 de febrero de 1942, la Orden Ejecutiva 9066, que llevó al internamiento de unas 120.000 personas de ascendencia japonesa en campos de concentración por todo el país.

Esas personas, dos tercios de las cuales habían nacido en Estados Unidos, fueron desarraigadas de sus hogares, de sus trabajos y comunidades, y encarcelados en lo que se llamó “centros de traslado de guerra”, pero que eran de hecho campos de concentración, con vallas de alambre de espino y guardias armados. El mayor de estos campos estaba en Manzanar, California, a unos 340 kilómetros al norte de Los Ángeles, y llegó a acoger a más de 10.000 prisioneros.

Algunas obras icónicas, como Farewell to Manzanar (Adiós a Manzanar), de James D. Houston y Jeanne Wakatsuki Houston, documentan el duro ambiente y las estrechas condiciones de vida, junto con el grave precio emocional y económico que el encarcelamiento les costó a los prisioneros. En Life After Manzanar, Hirahara y Lindquist continúan la narrativa, dirigiendo su atención a las luchas de la comunidad americano-japonesa a medida que trataban de reintegrarse en la sociedad, durante los años tras el cierre de los campos de concentración.

Reconstruir, curar, recordar

El libro comienza el 21 de noviembre de 1945, cuando las últimas 49 personas se preparan para abandonar el Centro de Traslado de Guerra de Manzanar. Desde ahí, guía suavemente al lector a lo largo de los caminos divergentes que los exprisioneros siguieron para reconstruir sus vidas.

En los dos primeros capítulos las autoras cuentan historias conmovedoras de triunfo y tragedia para representar la cruda realidad a la que los internados se enfrentaron en los primeros años de posguerra. Las personas de ascendencia japonesa no solo no pudieron mezclarse sin problema de vuelta en la sociedad, sino que a menudo tuvieron dificultades para subsistir. Escaseaban el trabajo y las viviendas adecuadas, y la gente luchaba contra el impacto de las comunidades rotas, los medios de vida perdidos, el racismo descarado.

Encarceladas en Manzanar siendo niñas, Natalie Hayashida, Jane Kitamoto y Susan Hayashida (de izquierda a derecha) llevan con orgullo uniformes de brownie (una sección de las girl scouts) de los años cincuenta. (Cortesía de Densho y la Colección de la Familia Hayashida)

Las autoras tejen una emocionante narrativa, que incluye la historia del monje budista Shinjo Nagatomi, encargado de las necesidades físicas y espirituales de los prisioneros y uno de los últimos encarcelados que abandonó Manzanar, y la historia del estudiante de medicina Chico Sakaguchi, quien murió trágicamente cuando lo atendían por asma, causada, según sus familiares, por la gran cantidad de polvo del campo de concentración. También hay historias perturbadoras, como la de Joe Kurihara, un veterano de la Primera Guerra Mundial que se sintió traicionado por su país, por verse tratado como un criminal pese a sus servicios, lo cual lo llevó a renunciar a su ciudadanía estadounidense y vivir el resto de su vida en Japón.

En la segunda parte de la obra Hirahara y Lindquist se concentran en la lucha de la comunidad americano-japonesa en las décadas siguientes por anular la legislación discriminatoria dirigida hacia los inmigrantes japoneses, así como en la evolución de los movimientos de reparación e indemnización que culminaron en la Ley de Libertades Civiles de 1988. Pasa entonces a detallar los esfuerzos y retos aún existentes a la hora de transmitir el legado de Manzanar a generaciones sucesivas.

Cientos de personas -tanto ciudadanos japoneses como estadounidenses que han renunciado a su ciudadanía estadounidense- embarcan hacia Japón desde Seattle en 1945. (Cortesía de la Administración Nacional de Archivos y Registros)

Comunidades trasladadas

Es especialmente notable la luz que Life After Manzanar arroja sobre el traslado sistemático de estadounidenses de ascendencia japonesa, un tema que ha recibido una atención académica relativamente escasa. A partir de 1942, decenas de miles de personas fueron metódicamente trasladadas desde comunidades en la costa oeste del país a ciudades del interior, como Chicago y Denver, e incluso tan lejos como Nueva York, en la costa este. El libro detalla la forma en que organizaciones tanto privadas como gubernamentales ayudaron a orquestar el traslado bajo pretextos escolares y laborales, e ilustra las duraderas repercusiones que esta deslocalización sistemática tuvo para familias, amigos y comunidades.

Hirahara y Lindquist han llenado el libro de fotografías históricas, ayudando a ponerles cara a las estremecedoras historias que narra. Con Life After Manzanar las autoras han creado una obra instructiva y conmovedora que documenta la resistencia de la comunidad americano-japonesa. Al mismo tiempo, proporcionan un poderoso recordatorio de las consecuencias de permanecer callados ante políticas movidas por el racismo y la xenofobia.

De izquierda a derecha: Bob Takamoto, Bruce Sansui y Mas Ooka regresan a Manzanar en julio de 2016. (© Toyo Miyatake Studio)

Traci Kato-Kiriyama, hija de un prisionero de Manzanar, durante el 48.º peregrinaje anual a Manzanar, en abril de 2017, conmemoración del 75 aniversario de la firma de la Orden Ejecutiva 9066. (© Matt Givot)

Life After Manzanar, escrito por Naomi Hirahara y Heather C. Lindquist, y publicado por Heyday Books en abril de 2018

(Traducido al español del original en inglés. Imagen del encabezado: de izquierda a derecha: Bob Takamoto, Bruce Sansui y Mas Ooka miran más allá de la valla de alambre de espino de Manzanar, en 1944. © Toyo Miyatake Studio.)

  • [15.08.2018]

Traductor y editor en nippon.com. Licenciado en Estudios Asiáticos por la Universidad de Oregón en 1996. Llegó a Japón ese mismo año y ha vivido aquí desde entonces, estudiando japonés y viajando en tren o a pie en busca de la historia local, la cultura y los dialectos. También ha trabajado durante un tiempo como profesor de un jardín de infancia y ha estado al cuidado de sus hijos en el hogar. Empezó traduciendo en 2008 y ha trabajado como freelance e interno en una de las grandes compañías de productos alimentarios y bebidas de Japón. Se incorporó al equipo de nippon.com en 2014.

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