El Kanji Kentei: el examen de caracteres japoneses

Richard Medhurst [Perfil]

[21.11.2014] Leer en otro idioma : ENGLISH | 简体字 | 繁體字 | العربية | Русский |

Desde que se produjo el auge por los exámenes en la primera década de este siglo, parece que no haya nada que guste más a los japoneses que responder a cuestionarios en salas abarrotadas de individuos con los mismos intereses. Desde el análisis de vistas nocturnas escénicas hasta la cultura y la historia del periodo Edo (1603-1868), existen exámenes para casi todo. Una de las pruebas más populares es el Kanji Kentei o “Kanken”, que acredita el conocimiento de los miles de caracteres existentes.

De 80 a 6.000 kanji

El Kanken se basa principalmente en la capacidad de leer y escribir caracteres. En la era de los ordenadores y la escritura con smartphones, la capacidad de escribir kanji a mano no resulta precisamente obvia. La prueba empieza gradualmente en el nivel 10, donde los participantes solo necesitan saber los ochenta caracteres que los niños aprenden en el primer curso de la enseñanza primaria. La dificultad aumenta hasta llegar al nivel 2, que exige el conocimiento de todos y cada uno de los 2.136 kanji que se aprenden al finalizar la enseñanza secundaria.

Y aquí ocurre un giro repentino. El salto a unos tres mil caracteres para el nivel pre-1 va seguido de otro salto más enorme si cabe, hasta unos seis mil caracteres para el nivel 1. Aunque un japonés formado puede llegar a familiarizarse con al menos tres mil kanji, el conocimiento que se exige para el nivel 1 va mucho más allá de una pericia normal, y requiere un estudio muy importante. Muchos de los kanji son tan poco conocidos que no se usan normalmente en las publicaciones actuales.

La prueba es más popular en los niveles medio-alto y el nivel 3 de post-enseñanza secundaria es el que atrae a más participantes. Cada vez es más frecuente que institutos, universidades e incluso empresas piensen en certificados de Kanken a la hora de seleccionar a sus candidatos. Hasta 250.000 personas se examinan del nivel 3 en el periodo de invierno (una de las tres convocatorias del año) y presuntamente muchos son alumnos de secundaria que esperan utilizar el resultado de la prueba para poder matricularse en el instituto de su elección.

Sin embargo, aunque los niveles medios tienen más adeptos, el nivel 1 sigue siendo el objetivo soñado que dota al Kanken de parte de su atractivo. Si sumamos los números de las tres convocatorias por tres separado, tan solo aproximadamente del 10 % al 15 % de los participantes aprueban este nivel cada año, lo que quiere decir entre unas 500 y 600 personas. Como cabría esperar, se trata casi exclusivamente de japoneses, pero en 2012, Bret Mayer, un hombre de 32 años residente en Hamamatsu y originario de Nueva Jersey, Estados Unidos, ingresó en el club del nivel 1.

Todo empezó con “Bola de dragón”

En una entrevista por correo electrónico, Mayer relata a Nippon.com que su amor por el kanji empezó en el instituto cuando vio la serie Bola de Dragón (Dragonball) en el club de dibujos animados. “Esa serie fue lo que inició toda mi carrera en japonés. Tomé un par de libros al azar de la librería y empecé a estudiar”. Sin embargo, como Mayer todavía no había desarrollado un método práctico “era un ciclo interminable de descubrir un carácter desconocido, buscar qué significaba y olvidarlo a los diez minutos”. 

En 2008 Mayer llegó a Japón y aquí tuvo conocimiento del Kanji Kentei. El Kanken le ayudó a organizar sus estudios porque divide el kanji en distintos niveles y fija una fecha de examen. “También me demostró la importancia de la práctica en la escritura”, explica. “Todos los libros [oficiales] de los primeros niveles tienen espacios para la práctica de la escritura”. Mayer empezó por el nivel 8 de la prueba, que requiere el conocimiento de 440 kanji, y lo aprobó a la primera.

Durante los años siguientes, Mayer fue subiendo de nivel ininterrumpidamente con una tasa de éxito del 100 %. Cuando afrontó los niveles similares pre-2 y 2, decidió realizar las pruebas el mismo día; y curiosamente aprobó el nivel 2 pero suspendió la prueba más fácil del nivel pre-2. Después del pre-1, que aprobó al segundo intento, con espíritu de explorador se presentó directamente al nivel más difícil aun estando poco preparado.

“Por fin había alcanzado la cima, por así decirlo, y quería saber en qué consistía la prueba del denominado nivel 1. Obtuve 7 siete puntos. En total”. Necesitó cinco intentos y cerca de un año y medio de estudio para acabar aprobando el nivel más alto. Mayer dice que un obstáculo importante es que no existen los mismos materiales de estudio que pueden encontrarse para los niveles más bajos, y por ello prácticamente tienes que diseñarte tu propio plan de estudio.

El suave crujido de una página repleta de kanji

Su método preferido sigue siendo la escritura. “Algunas personas son muy partidarias de las tarjetas didácticas o de las aplicaciones de repaso espaciado, pero a mí nunca me han convencido. Yo necestio métodos tangibles; lo más importante para mí es la práctica de la escritura. Llegué a rellenar más de cincuenta cuadernos con caracteres y problemas y lo codifiqué todo con colores por palabra, lectura y significado. Uno de mis sonidos favoritos es el suave crujido de una página repleta de kanji cuando la paso en mis cuadernos”.

Mayer recomienda el Kanken a otros estudiantes extranjeros como posible alternativa a la popular Prueba de aptitud en lengua japonesa (JLPT). “Una amiga mía se examinó del nivel 10 del Kanji Kentei tras haber estado en Japón tan solo seis meses y aprobó. Esto fue antes de examinarse de cualquier nivel de la JLPT. Eso le alegró mucho y le proporcionó un renovado nivel de confianza e ilusión por aprender”.

(Con agradecimiento a Bret Mayer, que en la actualidad está preparándose para la prueba de proverbios, el Kotowaza Kentei, y también para el idioma chino, y que ha proporcionado las fotografías de este artículo. Pueden encontrar más información sobre él en su sitio web busensei.com)

  • [21.11.2014]

Traductor y editor en nippon.com. Realizó un Máster en poesía moderna y contemporánea en la Universidad de Bristol en 2002. Vino por primera vez a Japón ese mismo año, donde impartió inglés durante tres años en la prefectura de Chiba. Ha vivido también en China y Corea del Sur. Ha trabajado en el ayuntamiento de Imizu en la prefectura de Toyama durante cinco años hasta 2013, año en el que se traslada a Tokio y comienza a trabajar a jornada completa como traductor. Se une a nippon.com en 2014.

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