“Hatsumōde”: los primeros rezos del año

Cultura

Podríamos decir que hay dos cosas que caracterizan los días festivos en Japón: las multitudes y las colas. Ya sea en las alargadas y lentas filas para las atracciones más populares de Disneyland durante los días festivos de verano, o las multitudes que abarrotan cada parque durante la época del hanami en primavera, siempre se verá una extraordinaria muchedumbre.

El día de Año Nuevo no es una excepción. En contraste con el aspecto de lugar abandonado de muchas ciudades del mundo en la mañana después de los festejos de la víspera del Año Nuevo, hay sitios donde está garantizado un enorme ajetreo, entre ellos los lugares sagrados.

El hatsumōde es la primera visita del año al santuario. Entre el 1 y el 3 de enero los japoneses aprovechan los días festivos nacionales que dan la bienvenida al nuevo año para dirigirse a un templo budista o un santuario sintoísta para rezar por un año de buena suerte. Los sitios sagrados más populares atraen a inmensas multitudes. Entre la espera y el breve momento de comunión con los dioses, los peregrinos también aprovechan la visita para comprar un nuevo amuleto mamori y quemar el del pasado año en una pira especialmente preparada, escribir sus deseos en una tablilla de madera ema o, para los que se sienten más afortunados, mirar su suerte en el mikuji para ver si serán felices en los próximos doce meses.

Escena de un hatsumōde más tranquilo en el Konnō Hachimangū en Shibuya, Tokio. La gente lleva los amuletos del año anterior para quemarlos en una hoguera.

Rituales y reformas

Aunque los ritos asociados con el hatsumōde tienen orígenes ancestrales, en un interesante paralelismo con las tradiciones de Navidad en Occidente, algunas costumbres que son claramente reconocibles hoy no aparecieron realmente hasta finales del siglo XIX. En el caso de Japón, esto quiere decir la era Meiji (1868-1912), un período de rápida modernización, avances tecnológicos y reformas que siguieron al fin del dominio feudal.

Uno de los grandes cambios fue la fecha. El calendario gregoriano fue introducido en Japón en 1873 como parte de las reformas de la era Meiji cuyo objetivo era mejorar las interacciones con otros países. Antes de eso, de acuerdo con varios calendarios solares utilizados a lo largo del pasado en Japón, el Año Nuevo tenía lugar entre tres y siete semanas más tarde de la fecha actual.

Lugares de veneración

Los orígenes del hatsumōde se remontan a la práctica del toshigomori durante el período Heian (794-1185), un ritual en el que el cabeza de familia se recluía en un santuario para rezar durante la noche del último día del año (ōmisoka), hasta la mañana del ganjitsu, el primer día del Año Nuevo. Hasta finales del período Edo (1603-1868) la costumbre era visitar el santuario dedicado al dios protector de la familia o el santuario o templo más cercano al hogar según el ehō, una dirección cardinal considerada de buen augurio que cambia cada año basándose en cálculos astrológicos. La dirección propicia de cada año puede ser consultada en este enlace.

Antes de las reformas del período Meiji para controlar el poder y las riquezas de los templos budistas con más poder, y para aumentar el sentido del patriotismo otorgando más prominencia al sintoísmo, las dos principales religiones de Japón se desarrollaron en armonía mutua durante siglos hasta el punto de que había pocas diferencias entre las dos. Pero pese a esta posterior separación, los japoneses siguieron eligiendo el santuario o el templo para el hatsumōde de forma indiscriminada. Sin embargo otro gran cambio respecto a las antiguas tradiciones estaba en el horizonte, en este caso provocado, según apuntan algunos expertos, por el desarrollo industrial.

El tren de las almas

El primer ferrocarril de Japón entró en funcionamiento en octubre de 1872 cubriendo el recorrido entre el distrito de Shinbashi en Tokio y la cercana ciudad portuaria de Yokohama. Desde entonces la red de transporte se desarrolló rápidamente, haciendo más fácil que nunca a los ciudadanos recorrer grandes distancias. Fue alrededor de esta misma época en la que la gente empezó a abandonar sus peregrinajes de Año Nuevo a lugares cercanos y a acudir a los santuarios y templos más grandes, sagrados y famosos. Hoy en día el santuario de Meiji y el Sensōji (el templo de Asakusa) en Tokio, el templo de Daishi en Kawasaki, el santuario de Atsuta en Nagoya y otros lugares sagrados famosos a lo largo de todo el país ven cada año llegar a millones de visitantes en los primeros días del año.

Es aquí donde entra en juego el cambio en la fecha. En la antigüedad el Año Nuevo señalaba la llegada de la primavera y la marcha firme hacia una época de temperaturas más agradables. Debemos agradecer a los burócratas de la era Meiji las reformas en el calendario que hoy nos tienen formando una fila durante horas en las gélidas temperaturas de invierno. Si están en Japón y planean experimentar el hatsumōde, es mejor que vayan bien abrigados.

(Fotografía del encabezado: una multitud hace la tradicional visita de Año Nuevo al santuario de Meiji en Tokio. Alrededor de tres millones de personas visitan este lugar sagrado durante los tres primeros días de enero cada año.)

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