Cómo los medios moldearon las tradiciones modernas del sumō

James Singleton [Perfil]

[16.01.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | FRANÇAIS | Русский |

Algunas fuentes aseguran que el sumō tiene la friolera de 2.000 años de historia. Casi todos los aspectos de este deporte—desde la vestimenta hasta las normas de los luchadores o los complicados rituales que ejecutan en los torneos—se retrotraen aparentemente a la antigüedad.

No obstante, muchos aspectos del sumō que son familiares para los aficionados de hoy surgieron en tiempos modernos. Durante una charla en la Casa Internacional de Japón en Tokio, el profesor de la Universidad de Waseda Lee Thompson arrojó luz sobre algunos de ellos incluyendo el actual sistema de campeonatos—en los que el rikishi, o luchador, con la mejor marca se lleva los máximos honores del torneo—y otros aspectos de la imagen tradicional de este deporte.

El enfoque de los logros

Thompson, especialista en sociología del deporte y coautor de la obra Japanese Sports: A History (Historia de los deportes de Japón), afirma que estos cambios comenzaron a mediados de la era Meiji (1868-1912) y los atribuye mayormente a la influencia de los periódicos.

El profesor de la Universidad de Waseda Lee Thompson habla en la Casa Internacional de Japón. (Cortesía de la Casa Internacional de Japón.)

Una de las invenciones modernas que revolucionaron la estructura del sumō fue el desarrollo de un sistema de campeonatos basado en los logros individuales. Thompson apunta que los torneos, o basho, no tuvieron campeones absolutos durante la mayor parte de la historia del sumō, ni se ofrecían premios a los mejores luchadores. Las marcas de un rikishi en un torneo apenas tenían repercusión, y la promoción a distintas categorías estaba más estrechamente relacionada con la popularidad que con la maestría en la arena.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, no obstante, los periódicos orientaron paulatinamente el interés del público hacia las marcas de los luchadores. Una muestra temprana de esto fue la llegada de las hojas de marcas conocidas como hoshitori-hyō, tablas que contaban literalmente las “estrellas” acumuladas por los rikishi durante sus combates. Aparecieron por primera vez en las páginas del Yomiuri Shimbun en 1884 como resúmenes simples de los resultados publicados al final de cada basho. Para 1900, las hojas de marcas evolucionaron hasta convertirse en una parte importante de la información diaria de los periódicos sobre los torneos. Más de un siglo después, se han convertido en resúmenes completos y compactos de los líderes del torneo en la división superior makunouchi.

Las hoshitori-hyō fueron sostenidas por la introducción de los premios para los mejores luchadores que centraban así más la atención de los aficionados sobre los vencedores y los vencidos. El periódico Jiji Shinpō fue pionero al ofrecer un premio en un basho en 1889, decidiendo entregarlo a cualquier luchador que terminase sin haber sido derrotado ni una vez. Por aquel entonces, sin embargo, las reglas aceptaban toda una serie de resultados más allá de las victorias y derrotas claras. Por ejemplo, un combate entre luchadores del mismo nivel podía terminar en empate, y las ausencias y abandonos eran registrados como tales y no eran por tanto una derrota. Bajo este sistema, un rikishi podía terminar un torneo imbatido, pero sin haber ganado tampoco, teóricamente, ninguno de sus combates.

Un rudo luchador de la división superior makuonuchi conocido como Konishiki se llevó el premio inaugural, pero Thompson apunta que lo hizo sin haber ganado todos sus combates, terminando con una marca de siete victorias, un empate, y un resultado indeciso. Se otorgaron trofeos también a dos rikishi de divisiones inferiores después de que la pareja invicta combatiese y terminase en empate el último día del basho.

Otros periódicos imitaron rápidamente esto al ofrecer sus propios premios a los luchadores invictos. Sin embargo, como no existía una forma de decidir al vencedor definitivo, los premios quedaban desiertos si ningún rikishi lograba terminar un torneo sin ser derrotado. Conscientes de este problema, diarios como el Osaka Mainichi Shimbun comenzaron alrededor del 1900 a galardonar a los luchadores con las mejores marcas. Se adoptaron nuevos criterios como otorgar premios al rikishi con el menor número de derrotas o al luchador en lo alto de la clasificación en caso de un empate para hacer frente a la ambigüedad de los resultados y garantizar que había un solo ganador. Más adelante, los periódicos limitaron los premios a las divisiones superiores y comenzaron a entregar trofeos corrientes en lugar de honores excepcionales.

A medida que el interés del público en los resultados creció, los periódicos tuvieron que desarrollar una terminología específica para referirse a la ambigüedad de las marcas. Thompson mencionó expresiones como zenshō o tsuchi tsukazu (literalmente, “sin haberse manchado de arena”), que en el argot del sumō en la actualidad significan “invicto”, pero que en el momento de ser acuñados incluían también los empates y los combates no disputados. La palabra yūshō, o campeonato, apareció por primera vez para señalar a un luchador con unas marcas excelentes, no al vencedor del basho como hoy en día. Thompson asegura que aunque el establecimiento del sistema de campeonatos ha ayudado a afianzar buena parte del léxico del sumō, este continúa evolucionando.

El vencedor se lo lleva todo

Motivada por la creciente popularidad, la Nihon Sumō Kyōkai, la asociación que gestiona este deporte, comenzó a tomar medidas para asegurar un flujo constante de espectadores al institucionalizar algunos aspectos del sumō. En 1909 abrió el Kokugikan, un estadio cubierto dedicado a este deporte en Tokio; en 1926 adoptó oficialmente el sistema de campeonatos; y en 1928 introdujo reglas como hacer que los combates no disputados fueran abandonos para garantizar que los torneos terminaban con un vencedor indiscutible. Uno de los últimos pasos en la creación del sistema moderno de campeonatos se dio en 1947, cuando la asociación inauguró una estructura de desempates para decidir a los campeones en caso de haber un empate en las marcas.

Una imagen en transformación

Thompson también señala que esta popularidad del sumō avivada por los medios impulsó asimismo cambios que tenían como objetivo otorgar al deporte una imagen más tradicional. En 1909 la Asociación de Sumō cambió los uniformes de los gyōji, los árbitros de los combates, de los kamishimo, un atuendo ceremonial del período Edo (1603-1868), al más elaborado hitatare que se remonta al medievo. Más tarde, en 1931, eliminó el tejado rústico irimoya que había sobre la arena, cambiándolo por el estilo shinmei-zukuri utilizado normalmente en los santuarios sintoístas.

La radio y la televisión también influyeron en la transformación del sumō y de cómo se disfruta en la actualidad. En 1928, el shikiri, un largo ritual en el que los luchadores se preparan para los combates mirándose a la cara en cuclillas y lanzando puñados de sal repetidamente, se limitó a 10 minutos—antes no existía un tiempo límite—para beneficio de las retransmisiones de radio. Y por la influencia de las retransmisiones en televisión, este tiempo se redujo hasta los cuatro minutos para los principales luchadores, con tiempos más cortos para los rikishi de menor categoría.

Thompson también explica que el desarrollo del sistema de campeonatos y la tradicionalización del sumō han influenciado en gran medida la forma en la que los aficionados ven este deporte y a sus participantes. Mientras que históricamente los rikishi no debían ser adalides de la moralidad, hoy se espera de ellos que sean símbolos de la dignidad o hinkaku. No obstante, los rikishi son humanos y a veces no respetan una ética, como ha quedado demostrado con los escándalos de los amaños de combates o con la violencia fuera de la arena en los últimos años, hechos que han causado revuelo en los medios de comunicación.

(Traducido al español del original en inglés. Fotografía del encabezado: Kisenosato en expulsado de la arena por Tamawashi durante el torneo de Kyūshū el 12 de noviembre de 2017. © Jiji.)

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  • [16.01.2018]

Traductor y editor en nippon.com. Licenciado en Estudios Asiáticos por la Universidad de Oregón en 1996. Llegó a Japón ese mismo año y ha vivido aquí desde entonces, estudiando japonés y viajando en tren o a pie en busca de la historia local, la cultura y los dialectos. También ha trabajado durante un tiempo como profesor de un jardín de infancia y ha estado al cuidado de sus hijos en el hogar. Empezó traduciendo en 2008 y ha trabajado como freelance e interno en una de las grandes compañías de productos alimentarios y bebidas de Japón. Se incorporó al equipo de nippon.com en 2014.

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