Un Japón más seguro en el marco de una alianza sólida: conversación con Michael Green
[05.12.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH |

La escena internacional en el Este Asiático sigue siendo cambiante, pero el nuevo gobierno en Tokio está mostrando una activa estrategia en política económica y una mano más firme sobre el timón de la diplomacia. Hablamos con el experto en relaciones internacionales Michael Green sobre su visión de la política japonesa y el lugar del país en los mapas regional y global.

Michael Green

Michael GreenPrimer vicepresidente para Asia y Japón del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CEEI); profesor asociado de la Universidad de Georgetown. Master y doctorado por la Escuela de Estudios Internacionales Avanzados de la Universidad Johns Hopkins, además de tesinas en el Instituto de Tecnología de Massachusetts y la Universidad de Tokio. Fue miembro del Consejo de Seguridad Nacional (CSN) de 2001 a 2005, donde llegó hasta el puesto de primer director para Asia. También ha sido miembro no residente del Instituto Lowy de Australia y académico distinguido de la Fundación Iniciativa Reconstruir Japón.

Llega un gobierno más estable

ENTREVISTADOR  Como observador durante mucho tiempo de los cambios acaecidos en Japón a través de los años, ¿cuáles son sus impresiones sobre el primer ministro Abe Shinzō y su gobierno de coalición, que arrasó en las elecciones del pasado mes de julio?

MICHAEL GREEN  Desde que Abe es primer ministro y ha instaurado las primeras dos “flechas” del llamado Abenomics (relajación monetaria y aplicación flexible de estímulos fiscales) el gobierno y el empresariado se sienten claramente más seguros. Pero cuando visito pequeñas ciudades, constato que la gente todavía no ha notado el Abenomics completamente. Y el mercado no ha reaccionado tan positivamente al anuncio del gobierno sobre su estrategia de crecimiento económico. Ahora que las elecciones las han ganado el Partido Liberal Democrático (PLD) y el Nuevo Kōmeitō, es importante dedicar nuevas energías a la tercera flecha, una estrategia de crecimiento que estimule la inversión privada.

Aunque la participación fue baja, el resultado de las elecciones dio paso al gobierno más estable de los últimos siete años. Y esto da a Japón una voz más fuerte en su política exterior y económica fuera de sus fronteras. La segunda administración de Abe dejaba algunas cuestiones en el aire: si el primer ministro utilizaría su segunda oportunidad para presentar un programa que abordase temas problemáticos de cariz histórico, arriesgándose a una reacción negativa por parte de Corea o incluso de los Estados Unidos de América, lo que distraería su atención del crecimiento económico positivo y de las políticas de seguridad. Pero desde las elecciones, el gobierno de Abe se ha concentrado de manera clara en temas como el crecimiento económico y el fortalecimiento de la alianza Japón-Estados Unidos. Es muy buena señal. En cuanto a política de seguridad, tiene un programa muy bueno que va a convertir a Japón en un jugador mucho más sólido, no solamente como socio de EE. UU., sino también respecto a Asia.

ENTREVISTADOR  En cuanto a la profundización de las relaciones entre Japón y Estados Unidos, el tema de la seguridad resulta crucial. Abe ha hablado de crear una versión japonesa del Consejo de Seguridad Nacional y revisar la actual interpretación limitada del derecho a la autodefensa colectiva como parte de una revisión general de la política de defensa de Japón. ¿Qué opinión le merecen estas iniciativas?

GREEN  Creo que la ruta de la política de defensa japonesa de los últimos años hace necesario que el país refuerce la disuasión de varios modos. Estados Unidos no tiene planes de contingencia militar con Japón como sí los tiene con Corea del Sur o con la OTAN. Por ello, si se produce una crisis, estaremos menos preparados. Tal vez el mayor obstáculo es que Japón no puede ejercer la autodefensa colectiva. Esto provoca muchos interrogantes sobre lo que Japón puede realmente hacer y hasta qué punto puede EE. UU. contar con Japón.

Si se aclara el tema de la autodefensa colectiva, la alianza bilateral será un activo disuasorio mucho más eficaz contra cualquier intento de intimidar a Japón en el futuro. El aumento del gasto en defensa, aunque sea modesto, es una señal importante de que Japón defenderá su territorio. Creo que desarrollar prestaciones similares a los Marines en las Fuerzas de Autodefensa Terrestres (FAT) será un paso necesario para la defensa de islas, y el Cuerpo de Marines de los Estados Unidos y las FAT están colaborando estrechamente para este fin. Estas acciones fortalecerán las prestaciones disuasorias de Japón y sus lazos con otras democracias marítimas.  

La alianza sigue siendo fiable

ENTREVISTADOR  El presidente Barack Obama ha hablado de fortalecer la posición de EE. UU. como potencia en la región Asia Pacífico, pero en Japón algunos dudan de que EE. UU. vayan a seguir realmente ese camino. Se pone en duda que el país vaya a cumplir realmente el Artículo 5 del tratado de seguridad con Japón(*1) y salga en su ayuda si se produce un conflicto en la región.

GREEN  No le quepa la menor duda de que los estadounidenses cumplirán el tratado, incluido el Artículo 5, en caso de crisis o de un hipotético conflicto con las islas Senkaku. En tiempo de paz, como ahora, algunos funcionarios estadounidenses dicen que no deberíamos hablar del Artículo 5 ni organizar maniobras militares conjuntas entre Japón y EE. UU., porque eso provoca a China. Otros dicen que debemos aumentar las acciones que disuadan a China de cualquier intento de expansión marítima.

Es decir, si es posible evitar una crisis aumentando la disuasión o aplacando a China. Pero en el caso de una crisis real, EE. UU. cumplirá el Artículo 5.

Otro punto que cabe remarcar se refiere a si EE. UU. hará gala de un fuerte liderazgo en la región Asia Pacífico. El denominado “giro hacia Asia” vino rodeado de mucha retórica y teatralidad. De hecho, nunca hemos abandonado a Asia. Lo que estamos haciendo en este reequilibrio es revisar nuestras prestaciones militares en Oriente Medio y Europa. Vamos a tener una mayor capacidad relativa en Asia, pero no la estamos incrementando significativamente.

Libre comercio para implicar a China

ENTREVISTADOR  ¿Cuál es su opinión sobre las relaciones económicas entre Japón y EE. UU., en especial con respecto a las actuales negociaciones sobre el Acuerdo Estratégico Transpacífico para el Libre Comercio (TPP por sus siglas en inglés)?

GREEN  Yo creo que en el TPP, Japón y EE.UU. estarán en el mismo lado en aproximadamente el 95% de los temas. Las principales áreas de fricción serán los automóviles y la agricultura.

Los fabricantes de automóviles estadounidenses intentarán bloquear la participación de Japón en el TPP para conseguir cuantas más concesiones posibles, no porque crean que tendrán un gran éxito en el mercado japonés (ya lo abandonaron hace mucho tiempo) sino porque les inquieta que se reduzcan los aranceles sobre camiones ligeros, lo que comportaría mucha más competencia de Japón. A la postre, aceptarán el TPP, pero tendrá que haber algún acuerdo simbólico, como por ejemplo conceder a los fabricantes un mejor acceso a Japón.

En el tema de los aranceles siempre hay muchos conflictos, y son siempre aspectos que no se solucionan hasta el final. Por ello, no sé qué pasará con los “santuarios” de Japón. Como postura inicial, los negociadores estadounidenses deberán comunicar al Congreso que todo está por decidir todavía. Pero hasta ahora, en todos los tratados de libre comercio (TLC), ha habido siempre algunas cosas que al final no se han tocado.

ENTREVISTADOR  ¿Así que continuará habiendo ciertos “santuarios”?

GREEN  Desde un punto de vista económico, y desde el punto de vista de los consumidores, lo mejor que puede pasar es que se abran todos los mercados. Pero algunos temas son demasiado difíciles políticamente. Las negociaciones serán duras, pero creo que EE. UU. y Japón llegarán a un acuerdo junto con los demás socios del TPP. Y entonces China se verá más presionada para acercarse a los estándares internacionales.

No se trata de excluir a China, sino de crear las condiciones en las que China pueda utilizar el TPP para reformar su economía, cumplir las normas del siglo XXI, e integrarse. Los acuerdos comerciales no son como los acuerdos sobre seguridad. La intención es no excluir a ningún país, sino presionar para que otros países rebajen sus barreras. Y creo que el TPP tendrá ese efecto sobre China.

Superación de la cuestión histórica

ENTREVISTADOR  A menudo usted ha recalcado la necesidad de que Japón y Corea del Sur construyan una sólida relación de cooperación. Pero la reciente disputa territorial alrededor de Takeshima junto con otras varias cuestiones históricas han ensombrecido esa relación.

GREEN  Japón y Corea del Sur tienen una historia difícil y políticas internas complicadas, pero son también democracias que valoran los mismos principios de democracia, economía de mercado y estado de derecho, y que valoran su alianza con los Estados Unidos. La resolución de las complicadas cuestiones históricas no va a suceder de la noche a la mañana, pero los líderes políticos japoneses deben, por lo menos, minimizar la fricción que surja de estas cuestiones. Por lo que yo sé, la administración Abe está obrando de esta manera, aunque hacen falta más iniciativas en este sentido. Corea debe también desempeñar su papel para desencallar el estancamiento actual.

El problema es que durante la campaña de las elecciones se realizaron algunas declaraciones sobre las “mujeres de confort” o sobre lo que se considera “guerra agresiva”, y todos los medios informativos coreanos se hicieron amplio eco de ello. Tendrá que pasar algún tiempo para poder convencer a la presidenta Park Geun-hye de que la administración Abe da prioridad a las relaciones con Corea del Sur. Pero con la victoria del PLD en las elecciones a la cámara alta, y con un programa muy sensato del primer ministro Abe, creo que el lado surcoreano empezará a implicarse más positivamente.

No creo que el gobierno japonés haga bien en criticar al gobierno surcoreano. Si las relaciones entre ambos países se enfrían, la cooperación trilateral EE. UU.-Japón-Corea del Sur será mucho más difícil. Y si eso ocurre, la disuasión contra Corea del Norte será más débil y China tendrá la tentación de provocar un alejamiento entre Corea del Sur y Japón.

Unas relaciones saludables entre Japón y Corea dejarían a China sin poder decir que las dificultades que existen en Asia son por el pasado. Obligará a nuestros amigos de Pekín a reflexionar sobre el futuro y sobre qué tipo de reglas y normas deberían gobernar esta región. No queremos que el debate se centre en la Segunda Guerra Mundial, sino en las reglas y normas para el siglo XXI.

Demasiado a menudo, los políticos japoneses siguen el juego a los chinos, y les dan exactamente lo que ellos necesitan para aislar a Japón. Creo que el gobierno de Abe es muy consciente de ello y adoptará acciones prudentes para mejorar las relaciones con Corea del Sur.

Y le diré un motivo más por el que esto es importante: China rebatirá que la autodefensa colectiva de Japón es un peligroso militarismo, mientras que Japón la describirá como una política necesaria y normal para fortalecer su alianza con EE. UU. y mejorar la estabilidad en Asia. La postura de Corea del Sur en todo esto resultará fundamental. Si los coreanos declaran que esa autodefensa resulta peligrosa, será una mala situación para Japón. Sería mucho mejor que Japón pudiese comunicar la idea de que ejercer la autodefensa colectiva es algo normal para cualquier país, y que la alianza Japón-EE.UU. es también necesaria para la defensa de Corea. Esta argumentación hará aumentar la fuerza disuasoria de la alianza y mejorará el poder diplomático de Japón en la región.

El interés por Asia sigue siendo grande

ENTREVISTADOR  Parece ser que el “hilo conductor” entre Japón y EE. UU. es cada vez más delgado, porque en EE. UU. existen muchos menos observadores bien informados sobre Japón como usted.

GREEN  Pues mire, no estoy de acuerdo. Creo que ese hilo conductor es bastante grueso. En sondeos de opinión, por ejemplo, los estadounidenses y los japoneses muestran una confianza mutua como nunca se había producido antes en toda la historia.

Hay miles de alumnos estadounidenses en el programa JET (Intercambio y Educación con Japón). Casualmente, yo he sido MEF, es decir Miembro de Monbushō Eikaiwa, que fue el programa predecesor del JET. Cuando estuve en la Casa Blanca, me pidieron que crease un grupo para estudiar las políticas del primer ministro Koizumi Jun’ichirō y hacer recomendaciones al presidente George W. Bush sobre nuestra política hacia Japón. Ese grupo estuvo formado por una docena de personas de varias agencias, como el Departamento de estado, la CIA, el Departamento de defensa y el Departamento del tesoro. Cuando nos sentamos alrededor de la mesa, nos dimos cuenta de que prácticamente todos éramos antiguos participantes del programa JET o Miembros de Mansfield, y que  todos hablábamos japonés. Hay muchos estadounidenses con amplios conocimientos sobre Japón gracias a aquellos programas.

Cuando dejé el CSN y vine al CEEI en 2006, fui el único miembro o delegado con conocimientos sobre Japón entre todos aquellos expertos de Washington. Brookings no tenía a ninguna persona para Japón, ni Carnegie; ese puesto no existía. En cambio, hoy, existen al menos diez personas de estas características. Todos los comités de expertos de Washington tienen un miembro o un delegado dedicado especialmente a Japón. Y en cambio, el número de miembros o delegados especiales para Europa se ha reducido a la mitad.  

Pero hay dos problemas. En primer lugar, el número de japoneses que estudian en EE. UU. se ha reducido a la mitad durante los últimos ocho años. Y el segundo problema es que en los niveles más altos del gobierno de EE. UU., ninguno de los principales dirigentes militares ni representantes gubernamentales son expertos en Asia. Nuestros principales generales y almirantes ascendieron durante los últimos diez años durante las guerras de Irak y Afganistán. Todos ellos son expertos en África o Europa o el Medio Oriente. Lo mismo puede decirse de los viceconsejeros.

Es un poco extraño que mientras EE. UU. está dando un giro hacia Asia tengamos tan pocos expertos en Asia en los principales órganos del gobierno o del ejército. Pero creo que es una circunstancia pasajera. Casi unánimemente, entre el personal de nivel medio y los más jóvenes, el interés está dirigiéndose hacia Asia. Personas que fueron capitanes del ejército en Irak están ahora todos estudiando chino, japonés y coreano. Todos están estudiando Asia. Esto es así a raíz del giro de EE. UU. y a raíz de la creciente importancia de esta región.  

Pero a los periodistas japoneses les encanta hablar de cómo se ignora a Japón, y por eso raramente mencionan este aumento de expertos sobre Japón en los Estados Unidos.

No es el inglés, sino la política

ENTREVISTADOR  Los japoneses suelen considerarse bastante ineptos cuando se trata de interactuar con personas de otras culturas. En parte por una falta de confianza en su dominio del idioma inglés.

GREEN  Sí, bueno, dentro de las naciones del G-7, los que peor hablan inglés son los japoneses, y dentro del G-20, no son los peores pero casi. La mitad del gabinete surcoreano se ha doctorado en universidades estadounidenses, y prácticamente todas las principales figuras políticas surcoreanas han estudiado en los Estados Unidos. ¿Cuántos integrantes del gabinete japonés han estudiado en los EE. UU.? Abe y su viceprimer ministro, Asō Tarō, un poco, supongo.

Otros países del G-20, como India y Sudáfrica, hablan inglés. Cientos de miles de estudiantes chinos están presentando su solicitud de ingreso en universidades estadounidenses y australianas. En nuestro programa en Georgetown, donde yo imparto clases, tenemos un título de postgrado sobre estudios asiáticos. Sólo aceptamos de quince a veinte alumnos. Normalmente recibimos cerca de doscientas solicitudes, la mayoría de China. Lo normal es que tengamos de ochenta a cien aspirantes de China y tan solo unos cuantos de Japón. Es decir, que Japón no está valorando el aprendizaje del inglés tanto como la sociedad o los padres obsesionados por la educación en países como Corea o China.

A raíz de ello, la capacidad de Japón de expresar su postura en inglés para así influir en la sociedad internacional se resiente, de eso no hay duda. Sin embargo, el problema principal de Japón respecto a su influencia en el G-7 o en la alianza EE. UU.-Japón no es su capacidad de hablar inglés, y no es cultural. El problema principal es la política japonesa. Si se cambia de primer ministro cada año, no se forjan sólidas relaciones con los demás líderes. Los burócratas no saben lo que es la política, porque cambia constantemente. Con el Partido Democrático de Japón, los viceministros y los miembros del partido en el gobierno apartaron a los burócratas e intentaron hacer la diplomacia por sí mismos, y no funcionó.

Estos factores políticos (la naturaleza cambiante de la política japonesa y las iniciativas de los políticos para dominar a los burócratas que hablan inglés bien) son, para mí, el mayor problema que impide a Japón influir en la alianza EE. UU.-Japón, en el G-20, en el G-7 y en las Naciones Unidas.

(Basado en una entrevista realizada el 27 de julio de 2013. El entrevistador Harano Jōji es director representante de la Fundación Nippon Communications. Las fotografías de la entrevista son de Kimura Junko)

(*1) ^ Una parte del Artículo V del Tratado de Seguridad y Cooperación Mutua entre EE.UU. y Japón estipula: “Ambas partes aceptan que un ataque armado contra cualquiera de ellas en los territorios bajo la administración japonesa resultaría peligroso para su propia paz y seguridad, y declaran que se actuaría para dar respuesta a ese peligro común de acuerdo con sus disposiciones y procesos constitucionales”. – Ed.

  • [05.12.2013]
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