Panorama Seguir viviendo en Fukushima - Visita a Fukushima un año después del desastre
Réquiem de Fukushima
[23.04.2012] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

El folk min’yō, género tradicional de la música japonesa, siempre ha estado ligado a la cultura y a la vida de los pueblos de las provincias; entre ellas, Fukushima es conocida por sus muchas y excelentes canciones. Una grabación realizada allí nos ha permitido escuchar los sonidos del shakuhachi, y los de unas voces capaces de cicatrizar las heridas tras el terremoto y el tsunami.

“Lo ocurrido el 14 de marzo ha supuesto un golpe tremendo; ha cambiado nuestra vida completamente. Eso sí, ha sido un año que nos ha permitido sentir los vínculos que tenemos con familiares y amigos”, cuenta Matsumoto Kazuharu, vicepresidente de la Asociación de Amantes de la Escuela de Música Folk Min’yō Kominato-ryū.

En Fukushima, al hacer referencia al Gran Terremoto del Este de Japón, ocurrido el 11 de marzo de 2011, se habla con frecuencia sobre los días 14 y 15 de ese mismo mes, ambas fechas significativas en la serie de terribles daños que se sucedieron en la central nuclear Fukushima Daiichi con la llegada del tsunami generado por el seísmo: un día después del maremoto, se produjo una explosión de hidrógeno en el reactor uno debido a una pérdida completa del suministro eléctrico; a ésta le siguió otra en el reactor tres el día 14, la cual hizo que se derrumbara el techo del edificio. En el reactor dos quedó al descubierto el combustible nuclear tras filtrarse al exterior el agua de refrigeración que éste albergaba, lo que permitió darse cuenta de la gravedad del accidente nuclear. El día 15, el reactor dos explotó también, se produjo un incendio en la piscina del reactor cuatro donde se almacenaba el combustible usado y se pidió a las personas que se encontraban en el área de entre veinte y treinta kilómetros alrededor de la planta que se encerraran en sus casas.

Ésos son los días en los que el temor de la invisible radioactividad comenzó a irrumpir en nuestras vidas. Por ello, para muchas personas de Fukushima se trata de fechas grabadas en la memoria mucho más que la del propio terremoto.

El folk min’yō fortalece los vínculos locales

Kominato Akihisa, intérprete de shakuhachi a quien ya hemos entrevistado anteriormente en nippon.com, es natural de la ciudad de Sukagawa, en Fukushima. Su padre, Kominato Hōshō, pertenece a la segunda generación de la familia que ejerce como maestra de la escuela de música folk Min’yō Kominato-ryū. Su madre, la cantante de folk Kominato Mitsuru, centran su actividad musical en las prefecturas de Fukushima e Ibaraki. Toda la familia se ha unido a varios de sus discípulos para realizar una grabación de música tradicional de su provincia en el templo sintoísta de Iwatsutsukowake, en el distrito de Ishikawa, considerado el mayor santuario de este tipo en la antigua provincia de Mutsu, que corresponde a las actuales prefecturas de Fukushima, Miyagi, Iwate y Aomori, y a una parte de la de Akita.

Kominato Akihisa (izq.) y Kominato Hōshō (dcha.)

“Un mes después de la tragedia me puse en contacto con todos porque quería que retomáramos las clases de folk. Por aquel entonces, los mayores se quedaban encerrados en casa sin nada que hacer; no podía permitir que nos hundiéramos de esta manera”, cuenta Kominato Hōshō, que, además de músico, ha ejercido como presidente de la sede de la prefectura de Fukushima de la Asociación Japonesa de Música Folk.

“La música folk es un género tradicional que se transmite en esa tierra. Al ser escuchada, permite acordarse en un abrir y cerrar de ojos del lugar donde uno nació y se crió, incluso a los que llevan mucho tiempo alejados de él. Me parecía una obligación interpretar estas canciones precisamente ahora que se está extendiendo una mala imagen de Fukushima a causa de la radioactividad. Esto es necesario para reconfirmar que se trata de un lugar importante, el sitio donde nosotros nacimos y crecimos, y no de una zona contaminada”, añade.

“Cuando el profesor me llamó, había fuertes réplicas casi todos los días; sinceramente, no me parecía que fuera un momento adecuado para la música folk. De hecho, el día que retomamos las clases, ocurrió un terremoto… Sin embargo, reunirme con los compañeros y hablar de lo que estaba sucediendo me animó mucho. Al cantar todos juntos, recordé lo bien que lo pasábamos antes del 11 de marzo”, explica Mizuno Isao, presidente de la Asociación de Amantes de la Escuela de Música Folk Min’yō Kominato-ryū. A él, como al resto de sus compañeros, le sorprendió que Kominato los llamara repentinamente.

Música transmitida de generación en generación

De izq. a dcha., Mizuno Isao, Matsumoto Kazuharu, Yabe Fujiko y Kominato Mitsuru.

Una gran parte de la música folk min’yō se ha venido transmitiendo durante siglos de manera oral. Surgió de los sentimientos que afloraban en la vida diaria del pueblo y se creó a partir de los poemas, las voces y los ritmos que hacían sentir el espíritu de cada lugar.

En Fukushima, todas las regiones tienen su propio folk (el tema Aizu Bandai-san, “el Monte Bandai”, en Aizu, es el más representativo). Entre ellas, destaca la de Sōma, denominada tierra natal del folk por sus numerosas canciones famosas.

“En mi ciudad, Sukagawa, y en el distrito de Ishikawa, donde se sitúa este santuario, los efectos de la radioactividad son escasos por encontrarse ambos al suroeste de la central; de ahí que podamos continuar viviendo aquí. Sin embargo, en la región de Sōma los daños causados por el tsunami han sido enormes, y en lugares como Minami-sōma y Namie-machi, cercanos a la planta, muchas personas se han visto obligadas a abandonar sus casas. Por eso, hemos decidido interpretar la canción Sōma Nagareyama, pieza originaria del folk de esta región”, explica Kominato.

Sōma Nagareyama se canta en la ceremonia de inicio del Sōma nomaoi (“persecución de caballos salvajes de Sōma”), uno de los seis mayores festivales de la región de Tōhoku; de ahí que sea una pieza con la que están muy familiarizados. Se dice que esta canción comenzó a cantarse a raíz de que le pusieran melodía a las palabras de nostalgia de Sōma Shigetane, fundador del clan Sōma, que gobernaba en el dominio de Sōma-nakamura, durante su viaje a Tōhoku en 1323; añoraba su tierra natal, Nagareyama, en la actual prefectura de Chiba.

Nagareyama es una canción que despierta nostalgia por la tierra natal de uno. Sin embargo, la hemos cantado como siempre, sin esforzarnos excesivamente para ligarla al desastre, ya que la música folk es algo de la vida cotidiana. Precisamente al interpretarla así, como siempre, me da la impresión de que la gente que ha tenido que abandonar sus casas puede acordarse de su pueblo y de la vida que llevaban antes de lo ocurrido”, afirma Kominato Mitsuru.

Continuar viviendo en Fukushima

El lugar elegido para la grabación, el templo sintoísta de Iwatsutsukowake, tiene más de mil años de historia; los megalitos de tiempos antiguos colocados en el camino que conduce hasta él lo dotan de un atractivo original. Antes del desastre, muchas personas lo visitaban por estar considerado como uno de los 106 principales santuarios de todo el país, una costumbre denominada Ichinomiyamairi. La tierra en Ishikawa es firme, así que no sufrió muchos daños cuando ocurrió el terremoto, ni se vio muy afectada por la radioactividad. Con todo, el número de visitantes ha disminuido drásticamente. Aunque ha ido aumentando, la situación está muy lejos de volver a la normalidad.

“El daño causado por la desinformación también es profundo: el número de turistas ha descendido y los productos agrícolas de Fukushima no se venden. No obstante, pienso que los edificios y todo lo demás que se ha destruido podrá arreglarse algún día, y que los rumores dañinos se irán disipando poco a poco. Lo que sí me da miedo es la radioactividad, que es invisible. Además, no sabemos cuándo desaparecerá”, explica Mizuno.

Los habitantes de la prefectura de Fukushima han aguantado las consecuencias de la desinformación y van recobrando el ánimo paulatinamente.

“Esta catástrofe ha servido para que tengamos consciencia de la posibilidad de morir a consecuencia de un terremoto y de que vamos a seguir viviendo aquí”, añade Kominato Mitsuru.

Seguir viviendo en el mismo lugar. En circunstancias normales, a uno no se le suele exigir ser consciente de esto. Sin embargo, la amenaza de la radiactividad ha hecho que muchos habitantes de la prefectura tengan que hacer frente a dicha exigencia. Continúan viviendo en Fukushima por diversos factores: porque piensan en sus hijos o su trabajo, o porque es la tierra que quieren. Entre ellos también hay quienes no pueden irse a otro lugar aunque lo deseen. Sea como fuere, todos tienen alguna determinación que los mueve a quedarse.

“Pensaba que había poco que pudiéramos hacer a título personal en cuanto a la radioactividad. No obstante, se me ocurrió algo mientras interpretaba esta música folk que se ha ido transmitiendo durante siglos. Durante ese tiempo, han ocurrido desastres naturales, guerras, conflictos y otros problemas; aun así, el folk ha echado raíces en la tierra y la gente ha protegido la música. No se sabe cuándo cesarán los efectos de la radioactividad, ni cuándo podrán regresar a sus casas los que todavía se encuentran en refugios, pero lo que sí es seguro es que se seguirán cantando estas canciones, y que la gente de Fukushima continuará teniendo ese sentimiento hacia su tierra. Por eso, nosotros queremos seguir interpretándolas para la gente de aquí y del resto del mundo”, sostiene Kominato Akihisa.

Este joven intérprete le ha realizado arreglos a la canción, a la venta desde el 11 de marzo de este año bajo el título Réquiem. Donará parte de los beneficios obtenidos de su venta para ayudar en la recuperación tras el desastre.


Para descargarse Réquiem en Amazon

Fotografía: Matsuda Tadao

(Traducción al español del original en japonés)

 

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