Panorama Reportaje: Paisajes con nostalgia
Chucherías para nostálgicos
Un placer de adultos
[16.01.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية |

Antiguamente, los niños japoneses se dirigían al salir de la escuela, calderilla en mano, a las tiendas de chucherías. En ellas, estaban expuestos casi sin orden alguno montones de juguetes y golosinas que despertaban la emoción de sus pequeños clientes. A día de hoy, son muchos los que recuerdan este sentimiento con nostalgia. Hemos visitado uno de estos comercios que todavía continúa abierto en un rincón de Tokio y recordado lo que es sentir añoranza y emoción.

El edificio que alberga la tienda de chucherías Kamikawaguchi-ya data de la primera mitad del siglo XIX y ha sobrevivido al Gran Terremoto de Kanto (1923) y a la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). Tienda de chucherías Kamikawaguchi-ya, Tokyo-to Toshima-ku Zoshigaya 3-15-20 (Cerrada los días de lluvia.)

Es probable que a muchos japoneses de más de 40 años se les ilumine el rostro y no puedan evitar gritar natsukashii! (“¡qué nostalgia!”), cuando ven una tienda de chucherías. Durante el período de crecimiento económico acelerado que vivió Japón desde 1954 hasta 1973, se encontraban en cualquier parte; en su interior, se apilaban juguetes y golosinas, algunas con premio, en un reducido espacio. Los niños, sorprendidos por la gran variedad de productos que ofrecían y atraídos por el precio asequible de los mismos, las frecuentaban a diario. Se podría decir que las consideraban como una “pequeña sociedad” fuera de su escuela.

Aunque a día de hoy hay muchas menos tiendas de chucherías que en su época de mayor apogeo, todavía hay comercios en las esquinas de algunas calles que venden golosinas. Además, comprarlas se ha vuelto más fácil porque su mercado se ha ampliado: los mayoristas de estos productos los han puesto a la venta en Internet o por correo.

Visitando la tienda de chucherías más antigua de Tokio

La tienda de chucherías Kamikawaguchi-ya lleva funcionando más de 230 años, desde su apertura en 1781. Se encuentra en el recinto del templo de Kishibojin-dō, en Tokio, a 3 minutos a pie de la estación Kishibojin-mae de la línea Toden Arakawa. La actual propietaria, Uchiyama Masayo, pertenece a la decimotercera generación que se dedica al negocio familiar. La abrieron como una tienda de caramelos de cidra. Sin embargo, en la década de los 50 se convirtió en la actual tienda de golosinas porque no podían conseguir los ingredientes necesarios para fabricar sus caramelos. Dicen que Studio Ghibli se inspiró en ella para crear la tienda que sale en su película de dibujos animados Omoide poro poro (Recuerdos del ayer).

En la foto, tomada en 1954, posan Uchiyama Masayo (izq.), y Yasui Chiyo (centro), decimosegunda generación al frente del negocio.

Uchiyama Masayo de hoy.

Chucherías (productos elaborados con calamar y bacalao)

En la tienda se pueden encontrar chucherías para nostálgicos. “Lo más popular es el calamar ahumado. No obstante, su precio de produccióm es alto, así que irremediablemente hay que venderlo caro. Por eso, abundan los que están hechos con bacalao al que le han puesto sabor a calamar, para que lo puedan comprar los niños. Estos se venden a 10 yenes la unidad. También tienen éxito los caramelos de harina de soja, que a veces vienen con premio. Las tiendas de chucherías son el lugar donde los más pequeños realizan sus primeras compras por voluntad propia; seguro que también se lo pasan bien allí cuando dudan sobre qué comprar, se ilusionan… “, cuenta Uchiyama.

Una niña compra un caramelo de harina de soja con su abuela. La pequeña rebosa de alegría tras descubrir que le ha tocado otro.

“Las chucherías que se venden en la tienda también han ido cambiando con el paso del tiempo. Por ejemplo, cuando nosotros éramos niños, el chocolate era un artículo de lujo poco accesible, pero ahora se puede conseguir incluso por 10 yenes. En total, contamos con aproximadamente una centena de golosinas diferentes. Por mucho que éstas cambien, la sonrisa de un niño cuando elige lo que va a comprar es siempre la misma”, explica. “Sin embargo, en los últimos años el número de niños ha disminuido. Además, entre semana los escolares están tan ocupados que no pueden jugar con sus amigos”, añade un tanto apenada. Aunque los sábados y domingos se ve en la tienda a padres con sus hijos, parece que hay más adultos que niños a los que les brillan los ojos al recordar su pasado cuando ven las chucherías.

Los dulces en la actualidad

Según Inokuchi Nobukatsu, presidente del mayorista de chucherías Inokuchi-shōten, actualmente cuentan con unos 500 tipos de golosinas, cuyo precio suele oscilar entre los 10 y 100 yenes.

Aunque las chucherías fueron menospreciadas durante la época de bonanza económica como algo pasado de moda y cayeron en decadencia rápidamente, ahora vuelven a gozar de popularidad. En una época en la que el futuro es incierto, los adultos y ancianos tienden a revivir épocas pasadas y se sienten ávidos de nostalgia.

No obstante, en los últimos tiempos las chucherías están también desarrollándose en nuevos campos: existen museos de historia, cultura y sociedad del Japón moderno que cuentan con tiendas de chucherías, hay bares y restaurantes cuyo concepto innovador incluye servir menús basados en los del comedor de la escuela y golosinas, y se venden en los puestos de los festivales universitarios y en las tiendas de 24 horas; también está aumentando la demanda de estos productos como regalo en bodas y fiestas.

“Al parecer, algunos japoneses que residen en otros países enseñan a sus amigos extranjeros chucherías y juguetes antiguos como una parte de la cultura nipona. Además, recibimos pedidos de fuera de Japón”, explica Inokuchi, que trabaja activamente para ampliar el mercado exterior a través de su página de Facebook.

Aunque actualmente hay menos tiendas que sólo se dedican a la venta de chucherías, Tokio cuenta con unas 50 todavía. ¿Qué tal si nos ponemos a buscar los comercios de este tipo que aún permanecen abiertos aprovechando un paseo sin rumbo fijo por la ciudad?

Ciruela en almíbar. La lengua se pone roja al comerla.

Barritas de maíz Umaibō.

Caramelos de harina de soja, populares hoy y ayer. Si la punta del palillo es roja, viene con premio: se puede recibir otro.

Aprendiendo un poco más: ¿cómo son las chucherías japonesas?

Durante el período Edo (1603-1867), se denominaba “dulces de alta calidad”, jōgashi en japonés, a aquellos elaborados con azúcar blanco, que por aquel entonces era un artículo de lujo, mientras que se usaba el término dagashi, chucherías, para referirse a los que habían sido preparados empleando almíbar de fécula sacarificada y cereales varios, que eran los que consumía la clase popular. Estos últimos se convirtieron en las golosinas que se hicieron realmente populares actualmente después de la Segunda Guerra Mundial. Dado que estos artículos están enfocados principalmente a los niños, hay muchos baratos y que también se pueden comprar por unidades, además de ser productos elaborados con un mayor grado de conservación. Las tiendas de chucherías gozaban de una gran popularidad entre los más pequeños por contar con una amplia gama de golosinas baratas de todos los colores, y porque en ellas se vendían algunas que incluían premio (podía tocarte otra de regalo), u ofrecían la oportunidad de participar en sorteos. Hasta el año 1980 aproximadamente se podía encontrar este tipo de establecimiento en prácticamente cualquier lugar de Japón; sin embargo, a día de hoy, la competencia que suponen los grandes fabricantes y las tiendas de 24 horas ha propiciado que cada vez haya menos. 

 

Imágenes: Yamada Shinji

(Traducción al español del original en japonés)

  • [16.01.2013]
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