Panorama Tradiciones “cool”, modernidad y belleza tradicional
Karl Bengs y la nueva vida de las casas tradicionales ‘kominka’
[07.02.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

Un diseñador de arquitectura alemán consiguió salvar a una aldea oculta en las montañas de la prefectura de Niigata que se encontraba en peligro de extinción. A través de la restauración de casas envejecidas, recordó a los habitantes de esa aldea los placeres de vivir en el campo. En poco tiempo el lugar pasó a ser conocido como “el pueblo de las casas kominka”, y su número de residentes aumentó. Hemos visitado a Karl Bengs en su apartado hogar de Taketokoro para conocer más sobre su historia.

Karl Bengs

Karl BengsDiseñador de arquitectura. Nace en Berlín en 1942. En 1966 viene por primera vez a Japón como aprendiz de karate y queda maravillado por la arquitectura en madera. En 1993, mientras desarrolla su negocio de restauración y traslado de casas kominka, compra y restaura una de estas casas tradicionales en una aldea en peligro de extinción de la prefectura de Niigata: Taketokoro, en la ciudad de Tōkamachi. Este es su hogar actual. Ha restaurado unas 50 casas kominka en todo Japón. Su oficina la colocó en la primera planta de un antiguo ryokan que reformó, y desde ahí muestra a todo el país los encantos del estilo de vida satoyama a través de la restauración de este tipo de casas. En 2017 recibió junto a su esposa el Gran Premio del Primer Ministro al Desarrollo de los Pueblos. Su sitio web es: http://www.k-bengs.com/

Las casas kominka, un diamante en bruto

Tardamos unos cuarenta minutos en llegar en un tren local que parte desde la estación de Echigo-Yuzawa en la prefectura de Niigata. Bajamos en Matsudai, una estación desierta, y caminamos durante diez minutos por una calle comercial tranquila hasta que ante nuestros ojos aparece la imponente oficina de Karl Bengs. Es un antiguo ryokan abandonado que él mismo reformó, donde ahora una cafetería y un espacio cultural ocupa la planta baja, y una oficina la planta superior.

Bengs ha restaurado este edificio de más de 100 años para convertirlo en su oficina y en un espacio multiusos.

Desde ahí Karl Bengs nos lleva en su auto por un camino de montaña durante unos 20 minutos. “Esta es la entrada a Taketokoro”, nos dice señalando un cartel con un mapa de la aldea que ha dibujado él mismo. Es una aldea tan pequeña, que si no la conoces puedes pasar de largo sin darte cuenta. A lo largo de un camino estrecho y sinuoso se dispersan coloridas casas de madera que ha reformado con sus propias manos. Continuamos avanzando hasta el fondo hasta encontrarnos, con el bosque de fondo, la propia casa del matrimonio Bengs que cuenta con un majestuoso tejado de chamiza.

Podríamos decir que su casa de Taketokoro, en Niigata, es representativa del paisaje tradicional japonés.

“Las casas kominka son un diamante en bruto. Si las pules, las verás brillar”. Tal como afirma Bengs, la que hace 24 años era una casucha casi en ruinas a punto de ser derribada, ahora tiene un aspecto majestuoso. Pintaron la pared exterior de rosa pálido, y para protegerse del frío extremo pusieron en las ventanas un doble acristalamiento de estilo alemán. Al abrir la gruesa y pesada puerta del genkan, se abre ante nosotros un espacioso atrio sin separadores, con gruesas vigas y columnas rústicas.

La estructura de la casa está preparada para soportar las intensas nevadas invernales. “Desmontamos la estructura y la volvimos a montar tal como estaba en su origen”. Este esqueleto de madera se ha dejado al descubierto como elemento decorativo. En el interior de la casa conviven de forma armoniosa muebles japoneses hechos con materiales antiguos y otros fabricados en el extranjero.

En el techo de la oficina se han dejado los pilares y vigas gruesas de madera. Las paredes han sido reformadas colocando materiales de aislamiento térmico y pintadas de rosa pálido.

“En la antigüedad, las casas en Japón no se construían para que duraran una generación, sino para que perdurasen durante varias. Creo que las técnicas de carpintería de este país son las mejores del mundo. Es una pena destruirlas y echarlas a perder. Pero, aunque se reparasen las casas kominka tal como estaban antes, la gente no viviría en ellas, y por otra parte las casas que solo utilizan materiales modernos no son casas saludables. La biología y la ecología se entremezclan. También podemos decir que la fusión de lo japonés con lo occidental es inevitable.”, explica Bengs.

La esposa de Karl, Cristina, que en el pasado fue auxiliar de vuelo de Lufthansa, nos dice desde la cocina, donde han instalado un fregadero de estilo alemán colocado en una posición más alta de lo habitual: “No creía que pudiera dormir de forma tan plácida debajo de un tejado de chamiza”, afirma resaltando las bondades de vivir en un lugar así.

Cristina, aficionada a la jardinería, posa junto a su marido en el jardín que tienen delante de su hogar.

Contribuyendo a la revitalización de la aldea

Bengs ha restaurado ocho casas kominka en la aldea de Taketokoro. Después de restaurar la casa kominka que se ha convertido en su hogar, pensó que, como él, habría más personas interesadas en esta aldea, y comenzó a restaurar otras casas antes incluso de encontrarles propietario. No tardó mucho tiempo en hallar compradores. Algunos incluso se trasladaron desde grandes ciudades para vivir ahí. Y no solo eso, ahora no dejan de llegar personas de todo Japón para ver estas casas kominka restauradas.

“Antes de que llegara Bengs, nadie pensaba que las casas kominka pudieran tener algún valor”, asegura Igarashi Tomio, un vecino nacido y criado en esta aldea. Hasta el año pasado fue alcalde de esta aldea, y en la actualidad ayuda los fines de semana en la cafetería que hay en la segunda casa que fue restaurada, conocida como la Yellow House, transmitiéndoles la filosofía que hay detrás de la obra de Bengs a las personas que se acercan al lugar.

“Bengs pone mucha atención en las cosas antiguas. Por ejemplo, llegó a negarse a cegar un pozo de una profundidad de ocho metros, y en su lugar bajó hasta el fondo para limpiarlo. Colocó un cristal sobre la boca del pozo y lo iluminó, y ahora desde el suelo de la Yellow House se puede ver correr un agua cristalina.”

Inspirado por Bengs, Igarashi pensó que el hecho de que los propios habitantes del pueblo no hiciesen nada le ponía en una situación delicada, y por eso decidió ponerse manos a la obra para hacer realidad el plan “El Sueño de Taketokoro” que el diseñador de arquitectura alemán le había propuesto desde hace años.

Por ejemplo, bajo el auspicio de la Fundación Housing & Community, pintó de un agradable color naranja las paredes exteriores de un establo ruinoso e instaló pilastras, insuflándole una nueva vida con el “estilo Bengs”. Cada año, antes de que llegue el invierno, ayuda a Bengs a colocar láminas aislantes en tejados de chamiza para proteger de la nieve el hogar del arquitecto y a preparar la celebración de tradiciones de toda la aldea, así como pequeñas rutas turísticas, y acepta también aprendices.

Estos esfuerzos han dado sus frutos, y la población de la aldea de Taketokoro, que llegó a caer hasta tan solo nueve hogares y un total de 19 personas, cuenta hoy con 11 hogares y 34 personas. Se ha convertido en un pueblo inusual, en el que hay más personas llegadas de fuera que gente nacida en el propio lugar. Hay no menos de cinco niños menores de ocho años. En abril de 2017 se inauguró una casa compartida que restauró Bengs en la que viven seis jóvenes que han acudido a la aldea a ayudar en las tareas del campo.

El Gobierno también reconoció el trabajo del matrimonio Bengs en 2017 con el Gran Premio del Primer Ministro al Desarrollo de los Pueblos, valorando su labor “preservando la tradición arquitectónica de Japón y la revitalización de las localidades en declive a causa de la despoblación”. Los Bengs aseguran que este galardón ha sido un gran estímulo, y esperan que más personas vayan a vivir a Taketokoro.

Bengs ha utilizado una reja de una ventana que encontró en una tienda de antigüedades como pasamanos para la escalera (a la derecha), y ha combinado espacios con un estilo japonés como un toko no ma (en el centro), con ventanas de doble acristalamiento y una cocina fabricada en Alemania (izquierda).

El kárate le descubrió Japón

Después de visitar la casa de los Bengs, volvemos a su oficina en la ciudad de Matsudai. En una estantería del café situado en la planta baja encontramos dentro de un marco en un lugar destacado un libro de Bruno Taut, un arquitecto alemán conocido por tener en alta estima la belleza de la arquitectura nipona. Se trata de uno de los libros que Bengs conserva de su padre, un artesano restaurador de pinturas al fresco que falleció durante la Segunda Guerra Mundial. Un mes después de su muerte, Bengs nació en Berlín Oriental. Durante su infancia vivió rodeado de lo que había heredado de su padre: libros, una espada japonesa, una xilografía ukiyo-e… Y así fue creciendo su admiración por Japón.

Bengs heredó de su padre, que falleció antes de que él naciera, este libro de Bruno Taut, La casa y la vida en Japón. Este libro tiene para él una gran importancia ya que es el que le empujó a conocer Japón. Ahora lo exhibe en la cafetería situada en la planta baja.

Bengs vino por primera vez a Japón en 1966. El encuentro con un antiguo estudiante del club de kárate de la Universidad Nihon mientras trabajaba como diseñador de interiores en París le animó a matricularse en esa universidad para aprender el arte marcial. Una vez en Japón quedó prendado de los edificios de madera del país tras contemplar la belleza de la arquitectura tradicional japonesa. Tras esta experiencia comenzó a dirigir un negocio especializado en el traslado de casas japonesas a la ciudad alemana de Düsseldorf. También trabajó como consejero de diseño arquitectónico en la oficina del reputado arquitecto Antonin Raymond en Tokio, y construyó un tejado de chamiza para un campo de golf en Kantō.

Su encuentro con Taketokoro tuvo lugar en el otoño de 1993, cuando visitó Japón para trasladar una casa kominka para un cliente alemán. Bengs quedó maravillado con Taketokoro a primera vista durante una visita a un pueblo cercano junto a un carpintero japonés amigo suyo que iba a comprar arroz. Sin ni siquiera consultarlo con su esposa, se apresuró a comprar una casa vacía y se puso manos a la obra para restaurarla.

Poco después se trasladó a vivir a Taketokoro, donde fue reconocido como un maestro de la restauración de casas kominka y se le concedió el “honor” de reformar una antigua casa en la prefectura de Niigata que casualmente se encuentra junto a la Iglesia Católica de Shibata diseñada por Antonin Raymond. También recibió encargos de regiones fuera de esta prefectura, como Tokio, Nagano, Saitama, Tochigi y Yamanashi, donde ha restaurado alrededor de cincuenta casas.

“Un pueblo sin casas antiguas es como una persona sin memoria”. Estas palabras de Higashiyama Kaii, un pintor japonés al que Bengs conoció en Alemania, se han convertido en su lema. Podemos decir que Bengs es un arquitecto nacido en Alemania que ha llegado a comprender la estética de la arquitectura japonesa tradicional mejor que los japoneses. Trabajando desde Taketokoro, Bengs afirma: “Preservando el mejor diseño tradicional en madera e incorporando elementos de la arquitectura moderna, espero dejar como legado muchas otras casas que serán utilizadas y cuidadas por las próximas generaciones”.

Texto: Kawakatsu Miki
Fotografías: Hatori Hiroshi

(Traducido al español del original en japonés. Fotografía del encabezado: Bengs bajo un altar sintoísta kamidana hecho de madera de ciprés japonés en la entrada de su oficina.)

  • [07.02.2018]
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