Panorama Iniciativas tras el Gran Terremoto del Este de Japón
El mensaje de los “hogares para todos” de Itō Toyoo
[03.06.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

¿Qué puede hacerse desde la arquitectura para la recuperación de las zonas azotadas por el Gran Terremoto del Este de Japón? El proyecto de los “hogares para todos” desarrollado en torno a la figura internacional de Itō Toyoo (Toyo Ito), responde a este radical cuestionamiento y nos da una oportunidad para reflexionar sobre la arquitectura de nuestro siglo.

Itō Toyoo

Itō ToyooArquitecto. Nacido en 1941. En 1965 se graduó por el Departamento de Arquitectura de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Tokio. Entre sus principales obras destacan la Sendai Mediatheque, el edificio de TOD´S en Omotesando (Tokio), la biblioteca de la Universidad de Arte de Tama (campus de Hachiōji), el Estadio Nacional de Kaohsiung (Taiwán), completado para los Juegos Mundiales de 2009, o el Museo Arquitectónico Itō Toyoo de Imabari (Ehime). Actualmente trabaja en la Metropolitan Opera House de Taichung (Taiwán) y en el Minna-no-mori Gifu Media Cosmos (prefectura de Gifu). Ha recibido, entre otros galardones, el Premio del Instituto de Arquitectura de Japón (mejor obra), dos veces el León de Oro de la Bienal de Arquitectura de Venecia, la Medalla de Oro del RIBA (Reino Unido), el Premio Asahi y el Praemium Imperiale de Arquitectura. Como coronación de su carrera, en 2013 se ha hecho acreedor al Premio Pritzker, conocido como “el Nobel de la arquitectura”.

Un proyecto que invita a pensar en el sentido de la arquitectura

Han pasado ya dos años desde el Gran Terremoto del Este de Japón. En las zonas costeras, donde el tsunami hizo estragos, se está avanzando en las labores de desescombro. Sin embargo, las personas que tuvieron que mudarse a una vivienda provisional siguen arrastrando una dura carga psicológica y física, mientras se agrava el problema del aislamiento que sufren aquellos cuyas comunidades de procedencia han resultado destruidas.

Ante esta devastación sin precedentes, ¿qué puede hacer un arquitecto?

Aspecto de la ciudad de Rikuzentakata (prefectura de Iwate), que quedó devastada por el tsunami. 

En respuesta a esta inquietud, el arquitecto Itō Toyoo (conocido internacionalmente como Toyo Ito) puso manos a la obra inmediatamente después del desastre. La labor que ha desarrollado durante estos dos años gira en torno a dos proyectos: su participación como asesor en los planes de revitalización de la ciudad de Kamaishi (prefectura de Iwate), y la puesta en marcha del grupo Kishin no kai, al que invitó a participar a los también arquitectos Kuma Kengo, Sejima Kazuyo, Naitō Hiroshi y Yamamoto Riken, con quienes ha construido las minna no ie (“hogares para todos” o “casas de todos”).     

Las minna no ie son, como su nombre indica, lugares de reunión para la gente. Testigo de la soledad en que se vive el día a día en las viviendas provisionales habilitadas para los desplazados, Itō se preguntó si no sería posible construir un espacio donde quienes habían perdido sus casas pudieran departir mientras comían y bebían, un lugar donde se sintiera el calor humano. Y concibió estas minna no ie a modo de bases donde estas personas pudieran intercambiar ideas sobre cómo encarar el futuro de sus ciudades y pueblos.

El Gran Terremoto del Este de Japón ocasionó la destrucción de ciudades y edificios elevados sobre las bases del racionalismo moderno y de los valores de la economía de mercado, haciendo temblar los cimientos de los sistemas sociales. Ante una situación tan terrible, Itō se vio abocado a una honda reflexión, a un cuestionamiento sobre qué es la arquitectura, para quién y para qué se construye. Se dijo que a partir de entonces la arquitectura tendría que cambiar. Ese sentimiento, similar a una determinación personal, es lo que Itō ha vertido en sus minna no ie.

Hasta el momento se han elevado seis casas, tres en la prefectura de Iwate y otras tres en la de Miyagi, y algunas más están en construcción. Cada una muestra un estilo propio, pero todas tienen en común estar hechas sobre un diálogo entre quienes las construyen y quienes serán sus usuarios. Los arquitectos encargados han llevado a cabo sus proyectos escuchando en primer lugar las demandas de los habitantes de las viviendas provisionales y contando después con la colaboración de diseñadores, estudiantes, constructores y vecinos que simpatizaron con la idea. Las minna no ie son, pues, casas construidas “por todos y para todos”.

León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia

Sala del pabellón japonés en la Bienal de Arquitectura de Venecia que acogió la exposición. (Fotografía de Hatakeyama Naoya, cortesía de la Fundación Japón)

El arquitecto Itō Toyoo.

En 2012 la “casa de todos” de Rikuzentakata fue expuesta en el pabellón que representó a Japón en la XIII Bienal de Arquitectura de Venecia. La exposición, presentada bajo el lema “Koko ni, kenchiku wa, kanō ka”, que fue traducido al inglés como “Architecture. Possible here? House-for-all”, documentó, a través de una serie de maquetas de estudio, el proceso de elaboración del edificio, que duró cerca de un año, y los debates que surgieron. Las cerca de doscientas maquetas permitieron captar la forma en que las diversas ideas habían ido convergiendo en un resultado final. Se valoró la forma en que presentaba la arquitectura como algo situado en una dimensión superior a la de la mera construcción de edificios, y la exposición japonesa recibió el León de Oro, máximo galardón que se otorga en la Bienal. 

Antes de la Bienal, Itō, que fue comisario del pabellón de Japón, había dado instrucciones a un equipo de jóvenes figuras de la arquitectura para que llevase a cabo la construcción de la casa de Rikuzentakata. Conformaban el equipo Inui Kumiko, Fujimoto Sōsuke (Sou Fujimoto) y Hirata Akihisa. Itō implicó también a Hatakeyama Naoya, fotógrafo nacido en la ciudad.

Es extremadamente inusual que un edificio sea diseñado conjuntamente por varios arquitectos sin asignar previamente una función determinada a cada uno de ellos. Esto es así porque, cuando los arquitectos, que como tales suelen rivalizar en originalidad, acometen juntos una única construcción, es muy probable que el concepto quede desdibujado y que el resultado sea producto de transacciones o concesiones mutuas. A sabiendas de ello, Itō transmitió a las jóvenes figuras que esperaba de ellos un debate a fondo y se limitó a observar el intercambio de ideas.

Contemplando la impresionante cantidad de maquetas de estudio que se elaboraron y los comentarios que llevaba cada una de ellas, podemos hacernos una idea de la forma en que los jóvenes arquitectos sufrieron el proceso. Se proponían ideas una tras otra, ideas que no eran aprovechadas, y se volvía una y otra vez al punto de partida. “Era como si al principio cada cual defendiera su propia idea original, tratando de hacer algo arquitectónicamente nuevo, pero no se llegara a ninguna conclusión”, recuerda Itō. “Se echaba en falta mirar un poco más las cosas desde la perspectiva de cómo iba a ser recibido ese edificio en aquella zona que había sufrido el desastre”, añade. 

Maquetas de estudio construidas por Hirata Akihisa. A la izquierda, la primera propuesta. A la derecha, el paso previo a la solución final. En el centro, una de las propuestas formuladas entre ambas. (Fotografía cortesía de Akihisa Hirata Architecture Office)

Una arquitectura más allá del ego

El punto de inflexión llegó cuando el grupo conoció a Sugawara Mikiko, una mujer que puede ser vista como líder de los ocupantes de las viviendas provisionales. En un principio el edificio iba a elevarse en uno de los emplazamientos de estas viviendas, pero Sugawara dijo haber encontrado un lugar mejor y guió allí al grupo. El lugar estaba justo entre la zona que había sido completamente arrasada por el tsunami y una pequeña colina que había frenado la embestida. Subiendo a la parte alta se podía otear el mar. Sugawara deseaba para aquel lugar un edificio simbólico, que volviera a reunir a los miembros de la comunidad local que habían quedado dispersados por distintos puntos de la ciudad.

“Yo sentí que el inicio de la obra era al mismo tiempo el inicio de esa sociedad que iba a nacer cuando la gente se reuniera allí”, recuerda Hirata. “Desde el momento en que fuimos conscientes de cuál era la función que la gente reclamaba para la arquitectura y de los objetivos comunes que nos unían, todo fue sobre ruedas hasta la propuesta final, pues se terminaron los enfrentamientos en los debates”, explica.

 Una vez terminado, el edificio tenía el aspecto de una atalaya o torre vigía encajonada entre troncos verticales de unos 60 centímetros de diámetro. Los 19 troncos, que son visibles desde muy lejos y estaban destinados a convertirse en símbolos de la resurreción de la ciudad tras el desastre, procedían de cedros de la variedad autóctona kesensugi, que se habían secado como consecuencia de la salinización del terreno causada por el tsunami. La planta baja del edificio está ocupada por un zaguán de tierra batida dotado de cocina y estufa de leña, y de un pequeño espacio más elevado. En la primera planta solo hay una pequeña habitación tradicional, con esteras de tatami. La escalera exterior inicia en esta primera planta un tramo en espiral, que comunica con el mirador de la atalaya.

Exteriores e interior de la minna no ie de Rikuzentakata. 

La estructura, una serie de pequeños espacios que parecen enredarse con las columnas sin definir claramente qué queda dentro y qué queda fuera, no es fácil de captar para quien solo ha visto sus planos o alguna fotografía. Pero la sensación que recibe quien la visita es extrañamente placentera. Y es que es un edificio nacido de una cuidadosa observación, desde dentro, de los procesos de reunión y de las actividades humanas.

Itō reconoce que no supo hasta el final cómo iba a resultar todo, pero valora el hecho de que, a lo largo de un proceso de construcción basado en el diálogo, los tres integrantes del equipo fueran capaces de ir superando su propio ego como arquitectos. Sin dejar de ser la obra de profesionales de gran originalidad, se consiguió alcanzar una meta más alta porque cada uno de ellos renunció a aferrarse a esa originalidad propia. Un proceso que recuerda a la forma en que se crean los poemas clásicos de estrofas encadenadas llamados renga.

De izquierda a derecha, los arquitectos expositores Inui Kumiko, Itō Toyoo, Hirata Akihisa, y Fujimoto Sōsuke (Sou Fujimoto). A la derecha, el fotógrafo Hatakeyama Naoya. (Fotografía de Hatakeyama Naoya, cortesía de la Fundación Japón)

Las minna no ie no habrían sido posibles fuera de un marco tan especial como el ofrecido por las actividades de reconstrucción tras el gran terremoto. Sin embargo, puede decirse que a lo largo de su proceso de creación se han convertido en un foco de difusión de ideas sobre un tema tan universal como el de para quién es la arquitectura, para qué construimos edificios.  

“En 2002 recibí el León de Oro a título individual, pero el premio que hemos recibido en esta edición ha sido para mí una alegría mil veces mayor”, comenta Itō.

 Tras el desastre del 11 de marzo de 2011, se está empezando a notar en la mentalidad de los japoneses un cambio hacia una mayor valoración de los vínculos personales. Precisamente por ello, esta muestra de lo que puede hacer la arquitectura en este momento tiene una gran significación.

El lugar elegido para la minna no ie de Rikuzentakata ofrece amplias vistas del mar y de la montaña.

Texto: Jun Katō (crítico de arquitectura).
Imágenes: Kodera Kei.

  • [03.06.2013]
Artículos relacionados

Últimos vídeos

Últimas series

バナーエリア2
  • Opinión
  • Detrás de la noticia