La caligrafía japonesa

Kanazawa Shōko, una calígrafa prodigiosa con síndrome de Down

Cultura

Esta calígrafa, que padece síndrome de Down y aprendió el arte de la escritura con el que ha conseguido fama mundial de su progenitora, está desarrollando su actividad artística en diferentes esferas. Se crió rodeada del cariño de su madre y de su padre, quien falleció cuando esta tenía 14 años; su vida ha pasado de las lágrimas al resplandor.

Kanazawa Shōko KANAZAWA Shōko

Calígrafa –su pseudónimo es Shōran– nacida en Tokio en 1985. A los cinco años comienza a aprender caligrafía con su madre. En 2005 realiza su primera exposición individual, titulada Shōko, Sho no Sekai (Shōko, el mundo de la caligrafía). Posteriormente, también ha mostrado sus trabajos en exhibiciones exclusivas en enclaves como el templo Hase, en Kamakura, el Kennin, en Kioto, y el Tōdai, en Nara. Su primera exposición en el extranjero fue en Nueva York en 2015, a la que siguieron sendas muestras en Pilsen y Praga, en la República Checa, en septiembre y noviembre, respectivamente. Entre sus obras, de las que su madre es coautora, destacan Tamashii no Sho: Kanazawa Shōko Sakuhinshū (Caligrafía del espíritu: recopilación de las obras de Kanazawa Shōko) y Umi no uta, Yama no Koe: Shoka Kanazawa Shōko Inori no Tabi (La canción del mar y la voz de la montaña: viaje de oración de la calígrafa Kanazawa Shōko).

"Quiero animar a la gente y hacerla feliz". Así concluyó su discurso la calígrafa Kanazawa Shōko durante los actos que albergó la sede de las Naciones Unidas en Nueva York con motivo del Día Mundial del Síndrome de Down, el 20 de marzo de 2015.

Pinceladas a los cinco años

Kanazawa nació en Tokio en junio de 1985. Su madre, que en aquel entonces tenía 42 años y no había dado a luz nunca, no cabía en sí de gozo. Sin embargo, sus esperanzas se vieron truncadas cuando el médico le comunicó que su hija padecía síndrome de Down. Sumida en las dudas y la tristeza, cuando le daba el pecho entre lágrimas a la pequeña, esta alzó su pequeña mano para limpiar las lágrimas de su progenitora con una sonrisa. "La determinación de vivir, la amabilidad y la inteligencia de Shōko me salvaron", cuenta su madre, Yasuko. Ambas quedaron unidas por un fuerte vínculo madre-hija.

Cuando la niña tenía cinco años, su madre, que había aprendido caligrafía, decidió impartir clases de esta disciplina en su casa con el objetivo de facilitar que su hija hiciera amigos. Eran cuatro los alumnos, pero la única capaz de agarrar el pincel correctamente al principio era Kanazawa. Fue entonces cuando la maestra intuyó que su hija quizás tenía potencial para la caligrafía.

Kanazawa ingresó en la escuela primaria, donde hizo muchos amigos y llevaba una vida apacible. Sin embargo, cuando estaba en cuarto curso, su tutor le dijo que se  trasladara a un colegio con educación especial. No había nada que se pudiera hacer a pesar de su oposición a la medida –"¿Por qué [ocurría esto] si la vida escolar era tan divertida?"–, por lo que dejó la escuela. Su madre no sabía cómo soportaría su hija unos momentos tan duros; entonces se le ocurrió que podría hacer que esta escribiera el Sutra del Corazón, que resume la esencia del budismo en 276 caracteres. Para una niña de tan solo diez años que vivía con una discapacidad, trazar los ideogramas ininteligibles de las escrituras budistas era una osadía. Kanazawa escribía día y noche, y lo hacía entre lágrimas mientras su madre le daba sus estrictas instrucciones. Así fue como se gestó Sutra del corazón entre lágrimas, una obra que a día de hoy sigue conmoviendo a un gran número de personas.

Sutra del corazón entre lágrimas, 1995. Cada lámina mide 137 x 35 cm.

El milagro obrado por el amor de un padre

El ensimismamiento de esta época podría haber supuesto un gran salto para la calígrafa si pensamos en sus obras. No cabe duda alguna de su total comprensión de la complicada composición y el orden de los trazos de los ideogramas chinos. Los esfuerzos de Kanazawa dieron frutos seis años después, en 2001, cuando fue premiada con el máximo galardón de la Exposición de la Federación de Estudiantes de Caligrafía de Japón.

Sin embargo, madre e hija se vieron sumidas en una gran tristeza en esos años. Cuando Kanazawa tenía 14 años, su padre, que tanto la había querido, falleció repentinamente de un ataque cardíaco; tan solo tenía 52 años. El fallecimiento de su progenitor no impidió que ese amor de padre iluminara la vida de la calígrafa posteriormente. En 2005, año en que esta cumplió 20 años, su madre, preocupada por su futuro, recordó que el padre de la joven, Hiroshi, quería que a esa edad hiciera una exposición individual; decidió organizar la exhibición y transmitir así la voluntad de su esposo. Shōko, Sho no Sekai (Shōko, el mundo de la caligrafía) se realizó en diciembre de ese mismo año en una galería del barrio tokiota de Ginza y atrajo a una gran cantidad de público, que lloró de la emoción. La vida de Kanazawa cambió completamente cuando la prensa, la televisión y otros medios de comunicación en Internet dieron cobertura a esta imagen e hicieron que acaparara la atención como un prodigio de la caligrafía con síndrome de Down. El amor de su padre obró un milagro.

Kanazawa posa sonriente delante de su obra Arte.

Viviendo sola

Claro de luna, 2004. 101 x 35 cm.

Sorprende el alcance de su actividad posterior: ha celebrado exposiciones y realizado obras delante de la audiencia en templos y santuarios representativos de todo el país ­–los templos Kenchō, Tōdai, Kennin y Chūson, en Kamakura, Nara, Kioto e Iwate, respectivamente, y el santuario Itsukushima, en Hiroshima–, así como en museos de arte o literatura, entre otros establecimientos culturales. La agenda de la madre y la hija es apretadísima. Además, la calígrafa ha acaparado la atención del público por haber sido la autora de las letras del título de la serie Taira no Kiyomori, emitida por NHK en 2011, y por haber escrito el ideograma de la palabra "sueño" en un papel de 5 metros de largo por 5 de ancho para la ceremonia de inauguración de la Competición Nacional de Deporte, celebrada en Tokio en 2013. Por otro lado, el discurso que pronunció en la ONU sorprendió y conmovió enormemente al mundo.

En el otoño de 2015, Kanazawa, que superó los 30, abandonó el hogar materno y comenzó a vivir sola. Hasta ese momento, el dinero no le interesaba en absoluto, pero ahora se la puede ver prácticamente cada día con un billete de mil yenes en la mano realizando compras en la calle comercial de su barrio. Su cara risueña se puede asociar con la actividad del lugar. Además, se prepara sus propios platos, que acostumbra a comer sola.

A su madre le preocupa no poder comer con ella, una preocupación que puede considerarse también un motivo de gran felicidad. Que su hija con síndrome de Down se haya independizado es un acontecimiento similar a un sueño, algo que no se podía ni imaginar. No cabe duda alguna de que esto da una gran esperanza y valor a los niños de todo el mundo que tienen la enfermedad, así como a sus familiares. Posiblemente haya podido independizarse gracias a la fuerza de la caligrafía que experimentó.

Ampliando su esfera de actividad

Puerta, 2014. 140 x 100 cm.

La escritura de imprenta es la base de la caligrafía de Kanazawa. En este método, cada trazo se realiza por separado; es un estilo caligráfico similar a un cuadrado en el que se emplean muchas líneas rectas. Se cree que la belleza de la letra de imprenta de la caligrafía china se consolidó durante la dinastía Tang (618-907). Sin ser un experto en la materia, el estilo de Kanazawa recuerda a las letras del calígrafo Yan Zhenqing (709-785), de la citada época. Su caligrafía se caracterizaría por unas letras que transmitirían una elasticidad semejante a la de un muelle escondido entre líneas inquebrantables junto con una plasticidad de gran grosor y solidez. En el caso de Kanazawa, además de estas peculiaridades, el ritmo y la fluctuación de las líneas que representarían tal cual el latido de la vida cautivan a quien observa las letras. Aunque sigue la forma auténtica de escribir los kanji, parece que deja correr el pincel abstraídamente y con libertad. "Shōko no piensa en que hay que escribir bien y sin salirse del papel. Siempre se propone hacer feliz a la gente y animarla", cuenta su madre.

En la actualidad, los ideogramas de Kanazawa no son solo de imprenta, sino que esta se sirve libremente de diversas representaciones de la caligrafía, como la semicursiva y la cursiva, más curvas y que transmiten una sensación de velocidad, e incluso las letras del kana, el alfabeto japonés. Mostrando esa fuerza crea obras de diversas esferas: además de ideogramas aislados, modismos, sutras budistas y palabras varias, abarca desde poemas chinos y wakas y haikus del Japón antiguo hasta poesía contemporánea. Las obras de Kanazawa rebosan el resplandor de su vida; no cabe duda de que serán valoradas muy positivamente como muestras artísticas vivas de esta época que llegan directamente al corazón de quien las observa y sobrepasan la categoría de caligrafía de maestro de esta disciplina.

Vuelo, 2006. 70 x 135 cm.

Hasta el momento, Kanazawa ha expuesto de forma individual en el extranjero en Nueva York y Praga, entre otros lugares. En octubre de 2016 habrá una exhibición en Singapur, y en Dubái y San Petersburgo en abril y mayo de 2017, respectivamente; estas son solo algunas de las múltiples citas individuales que se celebrarán fuera de Japón. De ahora en adelante, la belleza de la caligrafía de Kanazawa se irá extendiendo por todo el mundo desde Japón, un país insular del extremo oriente. El ideograma que utiliza para escribir el shō de su nombre de pila incluye un kanji que significa "volar", quizás en referencia a su despliegue por el mundo.

Imagen de la cabecera: Kanazawa posa sonriente junto a la audiencia de su obra Plegaria por la paz en el Museo de Arte de Yamagata el 13 de agosto de 2016 (imagen cortesía del periódico Yamagata).

(Traducción al español del original en japonés)

caligrafia Shodō Personas con discapacidad