Panorama Grandes figuras de la historia de Japón
Okakura Tenshin: superando las barreras entre Oriente y Occidente

Shimizu Emiko [Perfil]

[25.10.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية |

Okakura Tenshin consiguió grandes logros en el desarrollo del arte japonés moderno en el contexto de las furiosas olas de occidentalización que ocurrieron en la era Meiji (1868-1912). Tenshin, quien también se desempeñó como conservador a cargo del departamento de arte chino y japonés en el Museo de Bellas Artes de Boston, fue un peculiar pensador que pretendía armonizar la espiritualidad de Occidente y Oriente.

Más que una simple introducción de la cultura japonesa

La convivencia entre múltiples culturas es un problema apremiante en las sociedades contemporáneas; y es necesario señalar que los conflictos entre naciones y etnias son cada vez más intensos. Hace más de un siglo, un japonés comparó la lucha internacional por la supremacía y los intereses a unos dragones peleando por una joya en medio de un mar encrespado. Su nombre era Okakura Kakuzō (Tenshin, 1863-1913). En 1904, el mismo año en que estalló la guerra entre Japón y Rusia, se mudó a los Estados Unidos, donde se convirtió en el primer conservador japonés del departamento de arte chino y japonés en el Museo de Bellas Artes de Boston. Escribió en inglés tres libros en los que comunicó sus ideas sobre el arte, la historia y la filosofía estética de Japón y el resto de Asia: (The Ideals of the East with Special Reference to the Art of Japan, The Awakening of Japan y The Book of Tea). En estos libros aparecen dos dragones que representan el conflicto entre “Occidente” y “Oriente”.

Una primera edición de The Book of Tea, publicada por Fox Duffield en 1906. (Fotografía de la Universidad Ibaraki).

En The Book of Tea, publicado en Estados Unidos en 1906, Okakura sugirió que para restaurar este mundo desgarrado por los dragones en guerra lo único que podíamos hacer era esperar la llegada de la mítica diosa china Nüwa y la de algún avatar encarnación de los dioses de la India. Y tras un discurso desesperado como si abandonara los medios para explorar la solución, se dirige a los lectores de esta manera: “Bueno, ¿y si nos tomáramos una taza de té? El resplandor de la tarde ilumina los bambúes, el manantial brota alegre y se oye el rumor de los pinos sobre nuestra tetera. Contemplemos la evanescencia de este sueño y dejemos vagar nuestros pensamientos en asuntos insignificantes pero hermosos”.

Las palabras de Okakura son una invitación para dejar atrás los mares de oscuridad y salir a la luz para compartir una taza de té. El “té” bebido en “Occidente” es “té negro” y las hojas del té negro son nativas de “Oriente”. El té es una bebida indispensable para la “vida occidental”, pero disfrutar de una taza de té en la vida cotidiana es un acto universal que se puede ver en todos los países y grupos étnicos. Las interacciones entre una anfitriona y sus invitados en un té de la tarde implican prácticas de cortesía, hospitalidad y conversación muy similares a las observadas en la etiqueta de la ceremonia del té japonesa. Existe un culto por el té que supera la distinción entre Oriente y Occidente, por eso Okakura pensó que la humanidad de orientales y occidentales ya se había encontrado en la taza de té.

The Book of Tea se entiende como un trabajo que busca introducir la cultura japonesa en el extranjero a través del tema de la ceremonia del té. Pero contiene un mensaje mayor. Aunque reconoce las diferencias culturales entre Oriente y Occidente, argumenta que ambos son iguales y enfatiza que si ambas partes reconocen la diversidad de valores y la validez de las diferencias culturales, y aprenden a mostrar interés y respeto mutuo, entonces la paz y armonía entre ambos es posible. Okakura utilizó hábilmente la ceremonia del té para argumentar y explicar a nivel mundial los intercambios sinceros de corazón a corazón que propicia un humilde acto diario como tomar un té. Creo que, justamente, es ésta la razón por la que el libro continúa siendo leído y valorado por personas de todo el mundo hoy en día.

Yokoyama Taikan, Sōryū sōju (Dos dragones luchando por una joya), tinta monocromática sobre seda, 1905. El cuadro representa los pinos como dos dragones y la luna como una joya. (Fotografía de Pabellón Conmemorativo Yokoyama Taikan)

Una combinación del academicismo occidental y las ciencias y artes tradicionales japonesas

¿Qué tipo de persona era el hombre que escribió estos libros?

En los libros de texto de historia japonesa, Okakura es citado normalmente por sus esfuerzos en la fundación de la Escuela de Bellas Artes de Tokio (la actual Universidad de Artes de Tokio), de la que se graduaron Yokoyama Taikan (1868–1958) y otros pintores de nihonga (pintura de estilo japonés), y por el establecimiento del Nihon Bijutsuin (El Instituto de Arte de Japón). Su contribución al desarrollo del arte japonés moderno fue esencial. Promovió activamente la creación del arte de la nueva era basado en la tradición de Japón, y trabajó arduamente para preservar y restaurar las obras de arte tradicionales que fueron dañadas en la ola de iconoclastia y violencia anti-budista (haibutsu kishaku). Sus actividades más tarde lo llevaron al extranjero, y pasó la última década de su vida en los Estados Unidos como curador a cargo del departamento de arte chino y japonés en el Museo de Bellas Artes de Boston, donde ayudó a convertir el museo en un importante centro de arte oriental en los Estados Unidos y capacitó a una nueva generación de curadores estadounidenses en arte asiático.

La vida y los logros de Okakura hacen de él una figura internacional. Su naturaleza cosmopolita se cultivó en el entorno culturalmente heterogéneo de la época de la Restauración Meiji (1868–1912), cuando Okakura tenía un pie en varios mundos a la vez: Yokohama, Fukui y Nihonbashi; comerciante y samurái; la civilización occidental y el mundo de las ciencias y artes tradicionales japonesas. Su padre era un samurái de bajo rango del clan Fukui que fue enviado a Yokohama como mercader cuando el puerto se abrió al comercio internacional, donde mostró su talento para los negocios. Después de la Restauración Meiji, se mudó a la zona de Nihonbashi en Tokio y abrió una posada y una casa de comercio donde se vendían sedas y otros productos de Echizen (ahora prefectura de Fukui). Okakura estudió inglés en Yokohama y absorbió las disciplinas académicas occidentales de profesores extranjeros en la Universidad de Tokio, mientras que al mismo tiempo se ejercitaba en las artes tradicionales japonesas en Nihonbashi: poesía china, pintura de nangakoto y ceremonia del té. Absorbió la modernidad occidental y la cultura tradicional oriental anterior a la era Meiji al mismo tiempo, fusionando las dos dentro de él sin ninguna contradicción.

Después de graduarse de la Universidad de Tokio, Okakura se unió al Ministerio de Educación, Ciencia y Cultura (actual Ministerio de Educación, Cultura, Deportes, Ciencia y Tecnología), donde desempeñó un papel destacado en la introducción de políticas de arte en el período de construcción nacional y se convirtió en el segundo rector de la Escuela de Bellas Artes de Tokio. Aunque parecía que iba a tener una vida feliz, una historia de amor con Hatsuko, la esposa de su superior en el ministerio, Kuki Ryūichi, ensombreció su vida familiar y surgieron tensiones con el líder que intentaba introducir la educación de estilo occidental. Finalmente, perdió su puesto como rector de la Escuela de Bellas Artes de Tokio, lo que provocó la “revuelta de la Escuela de Bellas Artes”, ya que muchos de los profesores renunciaron en protesta por su trato. Okakura pasó a fundar el Nihon Bijutsuin (El Instituto de Arte de Japón) con los pintores, escultores y artesanos que habían renunciado en su apoyo. A pesar de que propuso un nuevo ideal y Yokoyama Taikan y Hishida Shunsō (1874 -1911) junto a otros artistas probaron el nuevo estilo expresivo Bossen byō hō (estilo que eliminó las líneas fuertes de la pintura tradicional en favor de un enfoque más suave) fue mal recibido y criticado como “vago” y “borroso” (mōrōtai), lo que provocó que el instituto cayese en una grave situación económica.

El Rokkakudō, que Okakura construyó en la costa de Izura en el norte de la prefectura de Ibaraki en 1905 como un lugar para el retiro y la reflexión. El edificio fue arrastrado por el tsunami del Gran Terremoto del Este de Japón de 11 de marzo de 2011, pero fue reconstruido en 2012. (Fotografía del Instituto de Cultura Artística de Izura de la Universidad de Ibaraki)

Un pensador digno de ser reconsiderado en el siglo XXI

Buscando qué camino tomar en el futuro Okakura visitó la India. Uno de sus objetivos era visitar a Swami Vivekananda (1863–1902), el monje hindú que había ganado numerosos seguidores con su apasionada petición de armonía religiosa en el Parlamento Mundial de las Religiones celebrado en Chicago en 1893. Vivekananda presentó las verdades de las distintas religiones de la antigua India a Occidente, reconociendo los elementos universales tanto en la filosofía occidental como en la oriental, y pidiendo mayores intercambios entre las dos. Este ideal de armonía debió haber fascinado a Okakura, quien estaba comprometido en vincular las tradiciones del arte japonés con la técnica del arte europeo para crear un arte nuevo. En The Book of Tea, Okakura escribió: “En el líquido ambarino que alberga la taza de porcelana de color marfil, aquellos que ya están iniciados en la vía pueden percibir la dulzura afrutada de Confucio, la penetrante ironía de Lao Tse y la fragancia celestial del propio Sakyamuni”. La esencia del culto al té fue una combinación armoniosa de confucianismo, taoísmo y budismo: una diversidad que abarcaba los mejores elementos de muchas filosofías diferentes, sin estar confinada a una sola religión o tradición.

Durante su estancia en la India, Okakura también entabló una estrecha amistad con Rabindranath Tagore (1861–1941). Tagore nació en Calcuta (Kolkata) y recibió el Premio Nobel de Literatura en 1913 por su rica producción de poesía, obras de teatro y novelas en bengalí. En el momento de la visita de Okakura, era una de las figuras más famosas de la cultura india contemporánea. Tagore viajó por el mundo introduciendo a las audiencias internacionales la cultura y el pensamiento de la India, y pidiendo la paz mundial y la cooperación internacional. Okakura pasó un tiempo con los artistas que se reunieron alrededor de Tagore y simpatizó con los nacionalistas indios que buscaban liberar al país del dominio colonial británico.

Rabindranath Tagore. (Fotografía del Instituto de Cultura Artística de Izura de la Universidad de Ibaraki)

Okakura, Vivekananda y Tagore, como intelectuales que representaban a Asia en una era cuando la civilización occidental contaba con una ventaja abrumadora, trabajaron para lograr una mejor comprensión de las culturas tradicionales de sus países de origen en Occidente: arte, religión, historia y la cultura de la vida cotidiana. Todos ellos tenían en común el deseo por logar un intercambio sano y armonioso a través del arte y la religión abogando por los elementos universales entre “Occidente” y “Oriente”.

En la India, Okakura posicionó a “Asia” como el origen del “arte japonés”. Basándose en esta idea divulgó la cultura y el pensamiento japoneses en el mundo desde Boston. Al comienzo de su desempeño en el Museo de Bellas Artes de Boston, comparó los Estados Unidos a una “casa intermediaria” entre Occidente y Oriente, y argumentó que la construcción de una colección excepcional y el aprendizaje para apreciar las obras de arte de otra cultura podrían desempeñar un papel importante para ayudar a Occidente y Oriente a entenderse mejor. Ser una “casa intermediaria” entre Occidente y Oriente no solo tenía un significado geográfico para Okakura, sino que también representaba un lugar donde Occidente y Oriente se podían entender mutuamente y esa fue su filosofía central para gestionar el Museo de Arte de Boston. Con una plantilla de ayudantes japoneses y estadounidenses, sentó las bases de una de las colecciones de arte más destacadas de Asia oriental en los Estados Unidos. Los conservadores que formó más tarde tomaron trabajos en museos de todo el país y se dedicaron a intercambios culturales entre los dos países hasta el estallido de la Guerra del Pacífico.

El libreto de opera de The White Fox (El zorro blanco), redactado en Boston en 1913. (Fotografía del Instituto de Cultura Artística de Izura de la Universidad de Ibaraki)

La última obra escrita de Okakura fue The White Fox, un libreto de ópera. Está basada en la leyenda de Shinodazuma(*1) y Okakura usa la forma de la ópera occidental para crear una obra con un tema universal: el amor de una madre por su hijo y el dolor de la separación. El niño nacido de la unión entre la zorra Koruha y el humano Yasuna es un ser milagroso que une dos mundos irreconciliables. Koruha deja a su hijo una bola mágica que predice un futuro que traerá armonía entre los dos mundos. Esta bola tiene resonancias de aquella joya por la cual luchan los dragones en The Book of Tea.

Transcurrido más de un siglo desde la muerte de Okakura, incontables dragones continúan luchando por la supremacía y los intereses en un mar turbulento. El mundo se hunde cada vez más en el caos y la confusión, y la humanidad aún sigue de pie inmóvil sin poder remediar la devastación. Ahora, más que nunca, debemos repensar las ideas de Okakura Kakuzō; en nuestra sociedad moderna donde los conflictos entre las naciones y las etnias se han intensificado su sabiduría se vuelve aún más importante.

Fotografía del encabezado: Okakura Kakuzō (también conocido como Okakura Tenshin), tomada en el Museo de Bellas Artes de Boston, alrededor de 1904 (Fotografía del Instituto de Cultura Artística de Izura de la Universidad de Ibaraki).

(*1) ^ Es la leyenda de una zorra blanca del bosque de Shinoda que toma la forma de una mujer Kuzunoha que se casa con un hombre llamado Abeno Yasuna y tiene un hijo con él. Cuando se descubre su verdadera identidad, regresa a su bosque natal.

  • [25.10.2018]

Profesora asociada en la Universidad de Ibaraki y miembro del Instituto de Cultura Artística de Izura de la misma universidad. Nacida en la prefectura de Ibaraki. Anteriormente trabajó como conservadora en el Museo de los Niños de Boston. Completó sus estudios de doctorado en la Universidad de Ochanomizu en 2008. Obtuvo el título de doctora en 2015. Está especializada en literatura y culturas comparadas y en historia del arte moderno japonés. Ha publicado numerosos estudios sobre Okakura Tenshin y el círculo de artistas a su alrededor entre los que destacan: Un estudio histórico comparativo cultural de Okakura Tenshin - Actividad y pensamiento artístico en Boston (Ed. Shinbunkaku Publishing, 2012), El Okakura Tenshin de Izura y el Instituto de Arte Japonés (Ed. Iwata Shoin, 2013), El futuro infinito - Okakura Tenshin, Kakuzō y Yoshisaburō (Ed. Ribun Shuppan, 2017). Recibió el Premio del Ministro de Educación y Cultura del fomento de artes para nuevos artistas (Crítica) en 2012 (63.ª edición).

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