Panorama Los cerezos y Japón
¡Vamos a ver los cerezos! Los sabios consejos de un experto
[10.04.2018] Leer en otro idioma : FRANÇAIS |

No bien comienzan a florecer los cerezos (sakura), en Japón no se habla de otra cosa. ¿Qué tendrán estas flores para cautivar así a la gente? Asada Nobuyuki, uno de los responsables de la Asociación Japonesa del Sakura, nos habla de cómo disfrutar mejor de estas encantadoras escenas primaverales.

El “frente del sakura” anuncia la llegada de la primavera

Al acercarse la primavera, el florecimiento de los cerezos despierta una gran expectación entre los japoneses. Es un fenómeno natural que trae un regocijo muy especial, porque hace sentir claramente que el invierno se ha ido y que la primavera ya está aquí.

Cerezos de las márgenes del río Megurogawa, en Tokio. Se considera uno de los mejores lugares para disfrutar del bello efecto que causan los pétalos desprendidos cuando se extienden sobre la superficie del agua.

“La variedad someiyoshino presenta tonalidades relativamente intensas en los capullos, pero ese color va haciéndose más tenue conforme el árbol completa su floración, y yo creo que disfrutar de ese proceso es parte de la gracia que tiene el sakura. Ver cómo el viento hace corretear por el suelo los pétalos caídos produce también un deleite difícil de expresar en palabras. Y no es menos bonita la escena de los pétalos caídos cuando forman una capa sobre la superficie del agua. La floración del cerezo dura apenas 10 días, así que hay que paladearla no solo cuando está en su apogeo, sino prestando atención también a todas estas otras escenas”.

Estas propuestas para disfrutar más y mejor del sakura parten de Asada Nobuyuki, secretario general de la Asociación Japonesa del Sakura, una entidad cuya principal actividad es hacer donaciones de sakura, pero que se afana también en proteger y difundir este bello árbol. En Japón, la asociación es conocida sobre todo por su Sakura no meisho hyaku-sen (“Selección de los 100 mejores lugares del sakura”), una publicación que se ha convertido en un instrumento imprescindible cuando se trata de fijar el itinerario de una excursión.

Asada es un dendrólogo que se encarga de controlar y estudiar los árboles que van a ser donados y de comprobar las condiciones ambientales del lugar al que serán trasplantados, dando también instrucciones sobre la mejor forma de mantenerlos.

Asada Nobuyuki, secretario general de la Asociación Japonesa del Sakura.

Chidori-ga-fuchi, uno de los fosos que rodean el Palacio Imperial, en Tokio, es un magnífico lugar para disfrutar de la belleza de los cerezos desde el agua, a bordo de una barca.

Una diversidad nacida del profundo amor a los cerezos

El sakura es un árbol que puede encontrarse a todo lo ancho y largo de Japón. La línea de floración de la variedad someiyoshino, llamada “frente del sakura” en alusión a los frentes de los que nos informa el parte meteorológico, va avanzando de sur a norte y recorre el archipiélago japonés en cosa de un mes. Es un avance tan lento o tan rápido como uno quiera verlo. Como las isóbaras, la línea del sakura une los puntos del país donde la floración se inicia en el mismo momento. A partir de ese momento, hay que calcular entre cinco y 10 días para que se alcance la plena floración. Para finales de marzo, la línea de la floración abarca Kyūshū, Shikoku y otros lugares como Tokio; a finales de abril, atraviesa el estrecho de Tsugaru, que separa Honshū de Hokkaidō. Pero hay que tener en cuenta que hay otras especies, y en la isla meridional de Kyūshū, con un clima más cálido, los yamazakura (“sakura de montaña”) florecen ya para finales de febrero. Es una primavera muy madrugadora, que no espera al inicio de marzo.

Cerezo de la variedad someiyoshino.

El someiyoshino es una variedad creada en Japón, pero otras semejantes han sido desarrolladas en otros países como Nepal, China o Estados Unidos, donde los cerezos se dan en estado natural.

“Las especies vegetales pueden dividirse en dos grandes grupos: las naturales y las de jardinería. En Japón existen variedades naturales como el yamazakura, el ōshimazakura, el edohigan, etcétera. Si les sumamos el kanhizakura que crece en las islas de Okinawa (sur), suman un total de 10. Se dice que en China existen unas 30 variedades naturales. Creo que si Japón concita tanto interés internacional en el tema de los cerezos es por las muchas y muy diversas variedades que se han producido, y por la forma en que se han conservado a lo largo de la historia. Y si se ha alcanzado toda esa diversidad es sin duda por el profundo amor que profesamos los japoneses a estas flores, en las que sentimos lo bello o lo encantador, pero también lo efímero”, explica Asada.

En Japón, la del sakura es la flor por antonomasia. Pero no siempre fue así. En el periodo Nara (710-794), cuando la cultura aportada por los linajes llegados del continente ocupaba una posición central, la “flor” que aparece en los poemas waka no denotaba la del cerezo, sino la del ciruelo. Entrado ya en el periodo Heian (794-1185), la espléndida belleza del sakura obtuvo su debido reconocimiento y con él un puesto de honor tanto en la poesía como en la narrativa, así como en las pinturas en rollo. De los árboles que engalanan el jardín del Shishinden o pabellón principal del antiguo Palacio Imperial de Kioto (Gosho), un sakura llamado Sakon-no-sakura y un tachibana (Citrus tachibana) llamado Ukon-no-tachibana, el primero era originariamente un ciruelo. Cuando se secó, fue sustituido por un cerezo. Posteriormente, entre los siglos XIV y XVI (periodos Muromachi y Sengoku), el sakura se consolidó como flor por antonomasia. Durante el periodo Edo (1603-1868) las variedades fueron mejoradas y fue a finales de este periodo cuando nació el someiyoshino. Pronto se comprobó que los árboles de esta variedad eran robustos, grandes y de magnífica floración, por lo que se plantaron por todo el país. Se cree que fue la gran extensión que alcanzó esta variedad lo que forjó la imagen del sakura como flor más emblemática de Japón.

Cerezo de la variedad shidarezakura en el Parque Maruyama de Kioto. El shidarezakura pertenece al grupo de los edohigan.

Encuentra ese sakura que florece solo para ti

En caso de duda al elegir un buen lugar para disfrutar de la belleza del sakura, puede echarse mano del citado Sakura no meisho hyaku-sen, una selección que data de 1990. En Tokio, por ejemplo, hay muchos parques entre los que elegir: el Ueno Onshi (Taitō-ku), el famoso Sumida, que existía ya en el periodo Edo, o el Koganei, que reúne cerca de 1.700 ejemplares de 50 variedades diferentes.

“Hacemos nuestras recomendaciones con la intención de que la gente se dé cuenta de que tiene sitios estupendos muy cerca de donde vive”, comenta Asada. Entre los criterios de selección está el de que los árboles se integren bien en el entorno y contribuyan a crear paisajes más naturales, que se disponga de una organización para proteger y gestionar el lugar, etcétera. Así pues, no es un simple ranking de sitios bonitos.

Escena de hanami (contemplación de la flor del cerezo) en el parque Sumida (Tokio).

Ahora hay incluso personas que llegan del extranjero para contemplar las flores del sakura. Preguntamos a Asada por la forma de aprovechar al máximo ese tiempo limitado del que se dispone.

“La cultura japonesa del hanami (contemplación de la flor del cerezo) no consiste solo en el espectáculo visual. Se trata de disfrutar esa atmósfera entre todos, animadamente. No se pueden perder de vista todas las implicaciones que tiene el disfrute de la belleza del sakura con la forma de vida de los japoneses. Me gustaría que la gente percibiera todo eso. Y que no se fijara solo en los lugares famosos, sino en esos árboles individuales que quizás se alcen muy cerca de donde se está alojando. Los árboles adquieren un aspecto diferente según se miren de madrugada, al mediodía o por la noche. Me gustaría que alguno de esos árboles se grabara en la mente del visitante, y que se llevara esa imagen como souvenir de vuelta a su país”.

Cerezos en Gion-Shirakawa (Kioto).

Texto: Abe Manami
Fotografías: Kodera Kei

Fotografía del encabezado: cerezos en los márgenes del río Megurogawa, en Tokio.

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  • [10.04.2018]
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