Panorama Maestros de la pintura contemporánea redecoran el templo de Ikkyū
El “Proyecto Fusuma-e”: “Flores del cielo” de Yamaguchi Kazuya

Tsunoda Ryūichi [Perfil]

[22.10.2018]

En el pabellón Shinjuan de Daitokuji (distrito Norte, Kioto), templo conocido por su vinculación con Ikkyū, se están creando fusuma-e por primera vez en 400 años. Un camarógrafo novel que reside en Shinjuan nos presentará las obras y el proceso creativo de los 6 maestros de la pintura contemporánea que encaran el desafío que supone este proyecto histórico. Esta quinta entrega trata sobre el artista Yamaguchi Kazuya.

Un rayo de luz en la oscuridad

Cuando el cielo empieza a clarear, Yamaguchi Kazuya todavía está sentado meditando solo en el salón principal de Shinjuan envuelto aún por la penumbra. Su postura con los párpados entornados me recuerda a una estatua del Buda. Destierra todos los pensamientos mundanos de su mente poniendo su atención en respirar con calma una y otra vez. Me contó que en uno de esos momentos, vio “partículas de oscuridad”. Esa experiencia es el punto de partida de su obra.

Su creación comienza elaborando el papel a mano. Para buscar el ganpi (silene coronaria), un arbusto referido en el Wakan Sansai Zue (una enciclopedia ilustrada chino-japonesa de mediados del período Edo) como el “rey de papel”, Yamaguchi se abrió paso por las montañas de la región de Minami- Kaga en la prefectura de Ishikawa. Allí, con técnicas primitivas, golpeó las fibras, hizo pulpa de papel con el agua de manantial de montaña y con la pulpa resultante hizo láminas de papel ganpi.

De izquierda a derecha: el artista cosechando ganpi en la ladera de una montaña, golpeando las fibras con un mazo y formando papel con agua de manantial. (Fotos cortesía de Yamaguchi Kazuya)

Yamaguchi cubre este papel ganpi soplando la tinta shōenzumi hecha de hollín de pino y nikawa (cola hecha con huesos de animales y peces, piel, etc.) sobre el papel hasta que se vuelve de un negro azabache. Tras presionar hojas de plata de una en una sobre el papel ennegrecido, se aplica otra capa de tinta encima. Repetir muchas veces este trabajo provoca la aparición de tenues partículas de luz que se reflejan en las láminas de plata que aún se ven, inversamente a la oscuridad cada vez mayor, lo que sugiere que la luz nos llega desde estrellas a decenas de miles de años luz de distancia. Como toque final, el artista enciende fuegos artificiales hechos a medida que incluyen compuestos de tintes y pigmentos, enviando destellos a través de la superficie. Si uno fuerza los ojos, puede ver en la negrura toques de azul y rojo incrustados aquí y allá. El tema del trabajo es “la eternidad que está más allá de un instante”.

La hoja de plata se aplica al papel ganpi ennegrecido con tinta de hollín de pino. (Fotografía de Yamaguchi Kazuya)

“Aunque este cuadro se separará de mí y quedará instalado en Shinjuan”, dice Yamaguchi, “seguirá cambiando para siempre”. La hoja de plata que aparece como la luz de las estrellas puede cambiar de color con el tiempo y las estrellas ahora ocultas bajo la shōenzumi podrían salir a la superficie algún día. Es por eso que la oscuridad de la pintura fusuma va ganando en profundidad.

La pintura fusuma de Yamaguchi está instalada en el butsuma, una habitación al norte del salón principal donde se guarda el altar budista del edificio. Se trata del cuarto oscuro consagrado a la estatua de madera de Ikkyū, por lo que rara vez pasan a él los visitantes. Por lo general solo pueden entrar los monjes, empezando por el abad. Cuando le pregunto a Yamaguchi si le molesta que casi nadie vea su trabajo, me responde serenamente: “No, eso me gusta. Me siento muy honrado de haber podido pintar en el terreno sagrado más cercano a Ikkyū”. Para Yamaguchi, este proyecto bien podría haber sido una expresión por su predilección por el “agujero negro” del butsuma, normalmente desconocido para todos.

Un fragmento de la pintura fusuma. Los colores podrían cambiar con el tiempo haciendo que estas estrellas muestren diferentes aspectos. (Fotografía de Yamaguchi Kazuya.)

Transformar un instante en algo eterno

Fue un boxeador profesional llamado Komatsu Noriyuki, ahora fallecido, quien inició a Yamaguchi en su eventual camino hacia Shinjuan.

Hace tiempo, Yamaguchi quedó pasmado ante un combate de un boxeador llamado Tatsuyoshi Jōichirō que vio por casualidad en un televisor en el vestuario de un baño público. Fijamente decididas a no perderse ni un instante, aquellas figuras cinceladas en aquel espacio tenso y confinado, cada una determinada a dejar a la otra noqueada. Yamaguchi dice que aquel combate fue algo bello y lo sumió en un éxtasis, como si estuviese viendo a bestias bailar. Cuando se quiso dar cuenta, las lágrimas corrían por sus mejillas.

Más tarde, Yamaguchi conoció a Komatsu en un gimnasio de boxeo en Osaka, y pasaría los siguientes seis años fotografiándolo. En abril de 2009, un mes antes de un combate con el boxeador Kameda Daiki, Komatsu participó en varios días de meditación zen en Shinjuan para aumentar su concentración. Ese mismo mes, en una visita a las cataratas en Ōtsu en la prefectura de Shiga, cayó accidentalmente en la base de las cataratas y murió.

En un intento por capturar a ese magnífico ser que había muerto tan inesperadamente, Yamaguchi publicó un libro de sus fotos de Komatsu: KOMATSU NORIYUKI YAMAGUCHI KAZUYA. Al ver el libro, Yamada Sōjō, el abad de Shinjuan, le ofreció a Yamaguchi la elaboración de una pintura para las fusuma.

Yamaguchi y Yamada, el abad de Shinjuan, de pie ante una de las creaciones del artista. (Foto de Tsunoda Ryūichi)

En la inmensidad del universo, los seres humanos son presencias infinitesimales. Aún así, habiendo visto el intenso destello que una de esas personas desató brevemente, Yamaguchi intentó capturar el brillo de ese instante en el universo más pequeño de su pintura fusuma. Busca expresar los pares opuestos de conceptos coexistentes: la eternidad y un instante, la oscuridad y la luz, en un espacio-tiempo cambiante, durante siglos. Este es solo el comienzo de este magnífico intento.

Encendiendo los fuegos artificiales a medida para completar la creación. Representado es una ceremonia de dedicación en Echizen para la iluminación de la imagen. (Fotografía de Yamaguchi Kazuya)

Exposición especial de Daitokuji Shinjuan

  • Fechas: del 1 de septiembre al 16 de diciembre de 2018 (cerrado del 19 al 21 de octubre)
  • Horario: 9:30 a.m. a 4:00 p.m. (última entrada)
  • Tarifa: Adultos 1.200 yenes, estudiantes de secundaria e institutos 600 yenes, menores de 12 años gratis (si van acompañados de un adulto). Nota: los niños en edad preescolar no serán admitidos en el estudio Tsūsen’in o en la sala de ceremonia del té Teigyokuken.
  • Acceso: desde la estación de Kioto, tomar la línea Karasuma del metro municipal de Kioto hacia Kitaōji. Hacer transbordo allí a las rutas de autobús 1, 101, 102, 204, 205 o 206 de la ciudad de Kioto y bajar en Daitokuji-mae. Desde allí, 7 minutos a pie (tiempo de viaje total: unos 35 minutos).
  • Sitio web especial de visita de Daitokuji Shinjuan
  • Sitio web de Crowdfunding para Kyoto Shinjuan (solo en japonés)

Fotografías de Yamaguchi Kazuya, Kyoto Shunjū, Asahi Shimbun y Tsunoda Ryūichi.

(Fotografía del encabezado: “Flores del cielo”, instalada a ambos lados del ídolo de madera de Ikkyū en el fondo de la sala del altar budista.)

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  • [22.10.2018]

Nacido en 1993 en Yanji, en la prefectura autónoma coreana de Yanbián en China. Se trasladó a Japón a la edad de 10 años. Licenciado en la Universidad de la Prefectura de Niigata y especializado en cultura comparada. Aprovechando un largo descanso durante sus estudios, viajó a China para filmar Pitjul/Indelible, una película en la que explora sus raíces como persona étnica coreana en China. Actualmente es aprendiz interno en el Daitokuji, donde ayuda con el proyecto de creación de fusuma mientras desarrolla ideas para su próximo proyecto cinematográfico.

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