Enfoques Retrato de un matrimonio internacional
Un nuevo comienzo para Corey y Ryō
[08.12.2016] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | العربية | Русский |

En la primera entrega de esta serie, hablamos con Corey y Ryō, una pareja en la veintena que este otoño ha dado un nuevo paso en su vida en familia en Toronto, Canadá. Les hemos pedido que nos cuenten algunas anécdotas de su relación, así como sus perspectivas de futuro y cómo es el cuidado de los hijos.

Corey y Ryō Procopio

Corey y Ryō ProcopioCorey nació en julio de 1987 en Toronto, Canadá. Sus padres –ella, canadiense de origen japonés, de la segunda generación; él, italiano– regentan una pastelería con cafetería. Tiene dos hermanas menores y tres hermanos menores y trabaja en la Oficina de Compensaciones por Accidentes Laborales de la provincia de Ontario. Ryō, cuyo apellido de soltera es Katō, nació en noviembre de 1992 en Tokio, aunque sus padres son naturales de Hokkaidō –él, quiropráctico; ella, enfermera–. Tiene un hermano menor. La pareja se conoció en 2015 en el país de él, cuando ella trabajaba como peluquera con un visado del tipo working holiday (trabajo y vacaciones) en Toronto. En la actualidad, Ryō está pendiente de que le concedan la residencia permanente en Canadá. Salieron juntos por primera vez el 7 de julio de 2015; la pedida fue en octubre, mientras que la boda se celebró el 16 de marzo de 2016 en Tokio. El matrimonio civil se realizó ante las autoridades japonesas, por lo que presentaron ante las canadienses una traducción al inglés del certificado de matrimonio para su reconocimiento por parte de estas últimas. Su primer hijo, Daisuke, nació en un hospital de la capital nipona el 24 de junio.

Corey y Ryō Procopio se conocieron en junio de 2015. Se casaron y tuvieron su primer hijo cuando aún no había pasado un año de su encuentro, un desarrollo de los acontecimientos un tanto rápido. En el otoño de 2016 comenzaron en Toronto una nueva vida junto con el pequeño.

Un comienzo sin pena ni gloria

Corey y Ryō se conocieron por mediación de la amistad que mantenía él con alguien con quien ella, que trabajaba en una peluquería de Toronto, había compartido casa. La japonesa cuenta que un día en que había quedado con esta persona por primera vez en mucho tiempo, la acompañaba un extranjero al que no conocía. Al parecer, este encuentro pasó sin pena ni gloria para ella. Sin embargo, el canadiense se enamoró a primera vista de Ryō, a quien consideraba una belleza. Ella prácticamente lo ignoró, de ahí que Corey pensara que se trataba simplemente de una chica tímida. Sin embargo, pasado un tiempo desde que empezaron a salir juntos, le sorprendió que de repente le preguntara si era gay. El canadiense lo achacó a las diferencias culturales con Japón, ya que en Toronto no se suele preguntar sobre algo tan personal.

Según Ryō, se supo que su anterior novio era homosexual después de que se acabara la relación, de ahí que ella quisiera asegurarse por si acaso. Con el trascurso de sus salidas juntos, la japonesa quedó pronto conquistada por Corey, que era amable y comprensivo a pesar de la barrera lingüística.

Otro matrimonio de penalti en la familia

Nos preguntamos si las familias de ambos no intentaron frenar este matrimonio internacional.

“Mis padres se pusieron muy contentos. Hasta entonces, solo me dedicaba al trabajo. Además, Ryō era mi primera novia”, confiesa Corey. El canadiense tiene tres hermanos menores y dos hermanas más jóvenes que él. Según nos cuenta, al principio parece que a estas dos últimas no les gustaba la japonesa, posiblemente porque estaban un poco celosas. Aunque Corey se había criado en Toronto y solo había viajado por Canadá y a Estados Unidos, tenía vínculos con Japón: su madre tiene ascendencia japonesa –es de la segunda generación– y habría visitado en varias ocasiones la ciudad de Hikone (prefectura de Shiga), donde tiene parientes. Su padre es italiano y tiene un permiso de residencia en Canadá.

“Un amigo que se había casado con una chica coreana me había preguntado una vez acerca de mi infancia. Él es blanco, así que si tenían hijos, estos serían mestizos, de ahí que tuviera ciertas dudas sobre convertirse en padre. No obstante, en Toronto viven personas de culturas diferentes que se entienden gracias al inglés. No hay problema alguno por tener varios orígenes; es posible que en Japón la situación difiera”, prosigue.

Ryō, por su parte, informó de su boda con el canadiense a su madre, que se encontraba en Japón, cuando se enteró de que estaba embarazada, en torno a noviembre; se lo comunicó por la aplicación de mensajería Line. Al parecer, la reacción de su progenitora fue bastante neutral. “Mi madre también se casó de penalti”, explica Ryō como si nada.

Daisuke tiene nacionalidad canadiense. A Corey le gustaría tener tres niños, pero Ryō preferiría una niña.

¿Toronto o Tokio?

Cuando entrevistamos a la pareja en septiembre, en la casa de los padres de ella, Corey se encontraba de baja por paternidad tras el nacimiento de su primer hijo en junio, por lo que podía disfrutar de momentos de intimidad con su esposa y el bebé. Al parecer, comparten las tareas domésticas y de la crianza del pequeño, incluido el cambio de pañales, a partes iguales. “Ahora le doy el pecho cada tres horas. Cuando toca por la noche, Corey también se levanta conmigo”, cuenta Ryō.

El matrimonio eligió vivir en Canadá por las prestaciones sociales y el trato ideales del trabajo de él. Su jornada laboral comienza a las 8:30 a. m. y termina a las 4:30 p. m.; apenas tiene horas extra. “Si quisiera dinero, haría horas extra, pero ahora no nos hace tanta falta. Parece que esta práctica es normal en Japón; sin embargo, en Canadá la situación es más holgada”, explica Corey.

Corey y Ryō posan con su bebé y la familia de ella en Tokio. En el hogar de los Katō es tradición independizarse en los dos años transcurridos tras finalizar los estudios. A la izquierda, el hermano pequeño de Ryō, que ya no vive en la casa. Al lado de él, su padre, que trabaja como quiropráctico. A la derecha, su madre, que es enfermera. Ambos proceden de Hokkaidō.

Para poder asistir al parto de su esposa, Corey tomó cuatro semanas de vacaciones pagadas, además de solicitar otras 15 para la crianza. En total, estaría sin trabajar unos cinco meses y regresaría a su puesto a finales de octubre. Durante el tiempo de baja por crianza, posterior al de la baja por maternidad o paternidad, las empresas abonan un 75 % del sueldo. “Hablé con Ryō sobre la posibilidad de vivir en Japón, pero me resultaría difícil encontrar allí un trabajo mejor que el que tengo en Toronto”, afirma el canadiense.

“Accedí a vivir en Canadá, pero algún día me gustaría regresar a Japón. Toronto es una buena ciudad, pero Tokio está más limpio, además de que las duchas son mejores. Siempre había vivido en Japón, por lo que la vida en Tokio es más relajada para mí”, confiesa la japonesa.

Si Ryō realmente quiere vivir en Japón en el futuro, Corey está dispuesto a pensarlo seriamente. “Son muchos los angloparlantes que se ganan la vida enseñando inglés en Japón, así que al principio yo también podría hacerlo. Sin embargo, tengo que estudiar más japonés si quiero llegar a un puesto de trabajo estable y con un buen sueldo”, afirma.

Una familia que se lleva demasiado bien

Un aspecto de la vida en Canadá que tiene a la japonesa un tanto preocupada es la familia de su marido; afirma que se llevan demasiado bien. La vivienda en la que reside ahora la pareja está a unos diez minutos a pie de la casa de los padres de Corey. Al parecer, para Ryō resulta una cuestión delicada que su marido quiera ver a sus padres y sus hermanos incluso a diario.

La hermana menor de Corey, de 27 años, dio a luz a un niño un mes antes que Ryō. Puede que el embarazo tuviera a la canadiense un tanto irritada, ya que su actitud hacia su cuñada era áspera. No obstante, ahora ambas son madres de un bebé y podrán aconsejarse mutuamente cuando tengan dudas sobre la crianza. La otra hermana menor de Corey tiene 24 años, la misma edad que Ryō. Corey espera que si la relación de sus hermanas con su esposa mejora, estas se convertirán en su apoyo más fuerte para la vida en Toronto.

En abril, la japonesa solicitó la residencia permanente en Canadá. Son muchos los extranjeros que la piden, por lo que se estima que tardan más de un año en concederla. Hasta que no obtenga este permiso, no podrá trabajar en Toronto.

“Mi suegra me dice que tengo que trabajar, pero para ser peluquera tengo que pasar un examen de la provincia de Ontario…”, explica Ryō.

Queda, por supuesto, la opción de ayudar en la pastelería con cafetería que los padres de Corey regentan desde hace 30 años. Todos los hijos de la familia han trabajado allí desde que eran pequeños. Sin embargo, el canadiense confiesa que sus padres son unos jefes implacables; piensa que quizás es mejor que su esposa no trabaje allí. “Si Ryō decide hacer el examen para peluquera, la ayudaré a estudiar; si busca trabajo, tiene otras opciones que no sean ni la cafetería ni una peluquería”, afirma Corey.

“Me gustaría que mejorara su japonés. Creo que ahora habla mejor el italiano”, afirma Ryō. “Se ofrece a enseñarme japonés, pero soy un mal estudiante y ella, una mala profesora”, dice Corey.

Muchas opciones para su hijo

Al bebé lo llamaron Daisuke por el exjugador de las Grandes Ligas de béisbol Matsuzaka Daisuke. Este deporte es muy importante en la familia Procopio: Corey lo empezó a practicar de niño; de hecho, a la universidad entró con una beca para jugar al béisbol, pero tuvo que dejarlo por una lesión. Su hermano de 18 años tiene tal potencial que los Mets de Nueva York se han interesado en él.

Sin duda alguna, a Corey le gustaría que su hijo jugara al béisbol también desde pequeño. No obstante, parece que, en la medida de lo posible, quiere que tenga muchas opciones a su disposición. “Lamento no haber estudiado más japonés, así que quiero educar a Daisuke en un entorno bilingüe; deseo que aprenda más de la cultura japonesa. Por supuesto que quiero que juguemos juntos al béisbol, pero también podría dedicarse al fútbol y tocar algún instrumento musical, el piano, por ejemplo. Que haga lo que le guste”, explica el canadiense.

Canadá reconoce la doble nacionalidad. Sin embargo, la ley japonesa estipula que a los 22 años se debe elegir una de las dos. En el caso de Daisuke, Corey cree que debe ser su hijo el que escoja si quiere vivir en Japón o en Canadá. “Cualquiera de los dos países estará bien siempre y cuando Daisuke sea feliz”, sentencia.

Imágenes: Yamada Shinji

(Traducción al español del original en japonés)

  • [08.12.2016]
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