Hacia una verdadera democracia en Myanmar: la apuesta de Sasakawa Yōhei

Política

Uno de los problemas que quedan por solucionar en Myanmar, cuyo rápido viraje hacia la democracia ha atraído la atención internacional, es el de la persistencia de los enfrentamientos armados entre el gobierno central y las organizaciones de las etnias minoritarias. El presidente de la Fundación Nippon, Sasakawa Yōhei, nombrado por Japón embajador para la mejora de las condiciones de vida de las minorías étnicas de Myanmar, se muestra en esta entrevista decidido a contribuir a la resolución del problema.

Sasakawa Yōhei SASAKAWA Yohei

Presidente de la Fundación Nippon, ha sido nombrado recientemente embajador de Japón para la mejora de las condiciones de vida de las minorías étnicas de Myanmar. Nació en Tokio en 1939. Licenciado en Economía y Política por la Universidad Meiji. Ha estado comprometido durante más de cuarenta años en la lucha contra la lepra, un objetivo cuya consecución a nivel mundial no parece lejana. Trabaja también como embajador de buena voluntad de la Organización Mundial de la Salud para la eliminación de la lepra y como embajador de buena voluntad del gobierno de Japón para difundir los derechos humanos de las personas afectadas por ese mal. Con una preocupación constante por los derechos humanos, que combina con su interés por los problemas de la sanidad pública, ha dedicado sus mejores esfuerzos a la erradicación de las diversas formas de discriminación.

Acercar a las regiones apartadas los efectos de la democratización

ENTREVISTADOR ¿En qué consiste el trabajo del embajador para la mejora de las condiciones de vida de las minorías étnicas de Myanmar?

SASAKAWA YŌHEI Tras la toma de posesión de Thein Sein como presidente de Myanmar, el mundo tiene los ojos puestos en este país, donde la democratización está haciendo avances. El interés de los países se dirige fundamentalmente hacia su expansión económica, pero el problema más grave al que se enfrenta es el de las minorías étnicas. Estas etnias, que pueblan los montañosos estados fronterizos, están aún armadas y siguen luchando. Mientras no se llegue a un acuerdo de paz entre el gobierno central, que tiene su sede en la capital, Naypyidaw (Naypyidó) y estas minorías, la verdadera democracia no llegará a Myanmar. Porque, aunque el capital extranjero fluya hacia el país en abundancia con la democratización, si esto no se traduce en una elevación del nivel de vida de estas minorías, las diferencias económicas aumentarán todavía más y los enfrentamientos se agravarán.

En abril de este año, dirigentes de tres organizaciones antigubernamentales refugiados en Tailandia(*1) visitaron Japón y comunicaron al Ministerio de Asuntos Exteriores su confianza en nuestro país, solicitándole que actuase como mediador para conseguir la paz con el gobierno de Naypyidaw. El gobierno de Japón, durante muchos años, ha secundado la política norteamericana de imponer sanciones económicas a Myanmar, pero ahora que le ha llegado esta petición, Japón parece estar por fin en condiciones de mejorar sus relaciones con este país y movilizarse en pro de una verdadera democratización.

Creo que mi nombramiento es consecuencia de la alta valoración que han merecido las originales actividades de ayuda que viene realizando la Fundación Nippon (Nippon Foundation) en favor de las minorías étnicas de Myanmar, como la construcción de escuelas primarias o la introducción del sistema del “botiquín comunitario”, oriundo de Japón, con medicamentos tradicionales de Myanmar para uso infantil. Especialmente la construcción de escuelas es una forma de hacer que la democratización promovida por el gobierno central se sienta en las regiones montañosas donde viven estas minorías. Ya hemos construido doscientas escuelas en el estado de Shan.

Febrero de 2002, participación en la ceremonia de inauguración de una escuela en el estado Shan, en el norte de Myanmar.

Esto era algo que ya habíamos hecho en el pasado, cuando, con ocasión de la pacificación de Camboya, construimos escuelas primarias en zonas del país donde seguían existiendo fuerzas partidarias de Pol Pot, enfrentadas al gobierno. Entonces se primó ante todo la rapidez. Podemos jactarnos de que la percepción que tuvieron los habitantes de esas zonas de que el gobierno de Phnom Pehn les estaba tendiendo una mano, y además de una forma inmediata, contribuyó en alguna medida a la pacificación de las etnias del país. Creo que este método puede ser útil también al tratar el problema de las minorías étnicas de Myanmar.

Voy a empezar por escuchar atentamente lo que tengan que decirme los dirigentes de los grupos armados de las minorías étnicas, que se han expatriado a Tailandia. Comenzaré por abordar el problema de la etnia Karen, que vive en una zona del sur del país fronteriza con Tailandia. Existen otras muchas minorías, como los Kachin, los PaO o los Shan, pero el pueblo Karen es especialmente importante, ya que tiene una larga historia de lucha y muchos de sus integrantes viven como refugiados en Tailandia. Me gustaría reunirme con ellos cuanto antes, para que juzguen si, como persona, merezco su confianza. Trataré de ir a Tailandia en julio. Fomentar la confianza es la base de todo.

Encuentro con Aung San Suu Kyi

ENTREVISTADOR Tengo entendido que en diciembre de 2011 usted visitó Tailandia y se entrevistó con el presidente Thein Sein y con Aung San Suu Kyi.

SASAKAWA Debo de ser el único japonés capaz de entrevistarse a la vez con esas dos personas (risas).

He tenido contactos con el Presidente de China y con el de Taiwán. Siempre actúo a título particular, de modo que a mi interlocutor, sea quien sea, puedo hablarle con toda franqueza, sin preocuparme por mi posición política. En los últimos diez años, me he reunido con veintinueve jefes de estado y quince jefes de gobierno. El otro día, cuando recibí la misión de ser embajador para las minorías, le comenté al ministro de Asuntos Exteriores, Genba Kōichirō, que mi palmarés probablemente superase al suyo. Se mostró muy sorprendido.

Supongo que en el caso de un primer ministro o de un titular de Asuntos Exteriores, que ejercen la diplomacia cargando sobre sus hombros el prestigio de un país, los encuentros adquieren siempre un tono serio y formal, pero en mi caso yo actúo siempre a título personal y puedo tratar de obtener respuestas en un ambiente relajado. Es una ventaja de actuar desde una posición no oficial.

Diciembre de 2011, entrevista con Aung San Suu Kyi.

Durante mi encuentro con Aung Sa Suu Kyi salió a relucir el hecho de que Japón se ha retrasado con respecto a China o Corea del Sur en ofrecer ayuda a Myanmar. Le dije que Japón tiene un arranque lento, pero que una vez puesto en marcha no corre mal, que acaba tomando la delantera a sus rivales como lo hace en el maratón, a lo que ella me respondió con agilidad que en el maratón los que destacan son los etíopes (risas).

Por otra parte, cuando le comuniqué la labor que veníamos realizando, construyendo escuelas primarias y repartiendo botiquines en las zonas pobladas por las etnias minoritarias, mostró un gran interés. Me dijo que tanto ella misma como su padre, el general Aung San, que es aclamado como fundador del moderno estado de Birmania (Myanmar), han tenido que vérselas durante largos años con el poblema de las etnias minoritarias. A mí me gustaría comprometerme en la resolución de este problema.

La impecable retirada de un dictador

ENTREVISTADOR ¿Cúales son sus impresiones sobre Myanmar como país?

SASAKAWA Mi impresión es que Myanmar es el estado más projaponés de Asia. Se dice que Indonesia es muy projaponesa, pero a mí me parece que Myanmar la iguala e incluso la supera. Hay razones de tipo histórico, como el hecho de que, para conseguir la independencia, Aung San luchara junto a aquella unidad del Ejército Japonés que estuvo activa en los años cuarenta llamada Minami Kikan. Cuando visité Myanmar por primera vez en 1999, me sorprendió comprobar que en los entrenamientos del ejército se seguía usando la expresión japonesa hofuku zenshin (avanzar reptando, arrastrándose). Por otra parte, yo pertenezco a la generación que se benefició de los envíos de arroz de Birmania durante la época de escasez de la posguerra y siempre llevaré en mi corazón un gran agradecimiento hacia ese país.

El pueblo de Myanmar es pacífico por naturaleza, entre ellos hay muchos budistas muy devotos y creo que, en general, sintoniza bien con el pueblo japonés.

También me llevé un gran recuerdo de mi entrevista con Than Shwe, quien fue jefe de estado durante los años del gobierno militar. Fue en 2003 y en aquella ocasión visité Myanmar acompañando al entonces primer ministro de Japón, Mori Yoshirō. Nos informaron de que las entrevistas con Than Shwe solían durar un máximo de cuarenta minutos, pero con nosotros departió durante tres horas y media. Mori prefirió no sacar a colación los posibles aciertos y desaciertos del gobierno militar, pero Than Shwe manifestó que en realidad él no creía que los gobiernos militares fueran buenos, que él era partidario de democratizar el país en cuanto se presentase la ocasión, pero que la realidad de su país era que todavía no se había conseguido la pacificación con las minorías étnicas y que no había más remedio que continuar con el gobierno militar mientras no se diesen las condiciones de estabilidad.

Yo pensé que eran puras palabras, pero vista la forma en que las llevó a la práctica en 2011 con el traspaso de poderes al gobierno civil, parece que hablaba con sinceridad. Creo que es muy poco común que alguien como él, que ha sido tachado de dictador, sepa salir de escena de una forma tan completa. Según me han dicho, tras repartir sus atribuciones entre el presidente de la república, el comandante de las fuerzas armadas y el secretario general del partido en el gobierno, Than Shwe se ha retirado a la vida monástica en un templo budista.

El fracaso del alforfón y la apuesta por las hierbas medicinales

ENTREVISTADOR Además de la reconciliación para poner fin a los enfrentamientos armados, ¿tiene usted otras ideas sobre cómo llevar a cabo la ayuda a las minorías étnicas?

SASAKAWA Myanmar ha sido siempre un gran productor de arroz, pero en las zonas montañosas creo que lo que da buenos resultados es la variedad NERICA, un tipo de arroz de secano que ha sido ampliamente usado en la ayuda a África. Creo que hay que prestar atención también a la promoción de otros productos agrícolas con alto valor añadido.

La región fronteriza entre Myanmar, Tailandia y Laos, llamada el “Triángulo de Oro”, ha sido siempre conocida como zona de producción y tráfico de drogas. Japón ha tratado de introducir el alforfón (trigo sarraceno) en esas regiones, para frenar la ampliación de los cultivos de amapola, pero su intento ha terminado en un gran fracaso. Quienes quieren comprar droga llegan a cualquier lugar, aunque no haya carreteras. Pero el alforfón hay que ir a venderlo, de lo contrario nadie lo compra. En regiones apartadas donde apenas hay carreteras, el alforfón podrá cultivarse, pero nunca venderse. Ahora hay que encontrar otros productos agrícolas que permitan asegurar un aumento de los ingresos de las etnias minoritarias incluso en zonas de montaña. Yo propongo el cultivo de hierbas medicinales.

Como he dicho previamente, la Fundación Nippon está distribuyendo botiquines que contienen medicinas tradicionales y necesita en grandes cantidades las hierbas que constituyen la materia prima de esas medicinas. Para nosotros, sería de gran ayuda que ellos mismos pudieran cultivarlas en las zonas de montaña, y para ellos esto supondrían elevar sus ingresos y, al mismo tiempo, poder cuidar de su salud gracias a esas medicinas. Los beneficios serían, pues, mutuos. Luego, también me gustaría organizar a los 14.000 médicos que hay en el país para poner en marcha un servicio de atención médica ambulante en las zonas habitadas por las minorías étnicas.

Febrero de 2009, llegan medicinas a una aldea de la región de Naypyidaw.

 

Arriesgando la vida por la paz entre gentes armadas

ENTREVISTADOR Para terminar, ¿podría decirnos con qué actitud encara estas difíciles tareas?

SASAKAWA Arriesgando la vida.

Cuando, hace años, nos adentramos en las selvas de África para desarrollar nuestras actividades de erradicación de la lepra, vivíamos continuamente expuestos al riesgo del contagio. Ahora tenemos que tratar con personas que realmente llevan armas en las manos. Es un peligro literalmente mortal.

Sin embargo, como dice el refrán japonés, “quien no se adentre en la madriguera del tigre nunca conseguirá el cachorro”. No creo que sea posible solucionar el problema sin adentrarse en la zona de peligro. Vamos a tener que desplazarnos a esas zonas muchas veces.

Creo que, en este momento, el hecho de que la reconciliación entre el gobierno de Myanmar y las etnias minoritarias se lleve adelante bajo la iniciativa de Japón tiene una enorme significación. En el pasado, tenemos los casos de Noruega y Finlandia, que han mediado, respectivamente, en los conflictos de Sri Lanka y Aceh (Indonesia). Japón, pese a ser un país asiático, se limitó a ser un mero espectador. Desde los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático se alzaban voces de descontento, se preguntaban por qué Japón no se comprometía.

No creo que el camino hacia la pacificación entre el gobierno de Naypyidaw y las minorías étnicas sea un camino fácil. Pero creo que todo resultará más creíble si no nos limitamos a dialogar, si paralelamente al diálogo desarrollamos actividades de ayuda que supongan un beneficio real para ellos. Mi deseo es poder coronar con el éxito la negociación y sentar un precedente que demuestre que la fórmula japonesa de reconciliación nacional funciona y lo hace muy bien.

Entrevistador: Harano Jōji, director de la Nippon Communications Foundation
Imágenes de la entrevista: Yamada Shinji
Colaboración para las fotografías: Fundación Nippon

(Traducido al español del original en japonés.)

(*1) ^ Se trata de la Unión Nacional Karen, la Organización para la Liberación del Pueblo PaO y la Organización para la Independencia de Kachin.

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