Panorama Un viaje a lo cotidiano a través del ‘sentō’
La cultura de las casas de baño en Japón

Machida Shinobu [Perfil]

[23.05.2017] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

¿Desde cuándo existen los sentō en el archipiélago nipón? ¿Eran muchos los hombres y las mujeres que, en sus inicios, se bañaban juntos? Respondemos a esta y otras preguntas sobre la cultura de las casas de baño de Japón.

¿Desde cuándo existen los sentō en Japón? Para responder a esta pregunta, podemos buscar si ha quedado constancia, en los escritos antiguos, de estos lugares públicos donde las clases populares podían tomar un baño previo pago.

Konjakumonogatari, la colección de relatos de mayor antigüedad de todo Japón y cuya escritura se completó entre finales del siglo XI y el siglo XII, incluye un pasaje que apuntaría a la existencia de casas de baño ya en el Kioto del período Heian (794-1185). Además, otras obras de la literatura de la época contienen el vocablo “yusen“, empleado para referirse a la tarifa de baño, motivo por el cual se cree que los sentō se establecieron en el período Kamakura (1185-1333).

Con anterioridad, los grandes templos budistas ya contaban con unos baños públicos, denominados yuya, en los que las clases populares podían bañarse gratuitamente. El fin último de estos baños de vapor era servir de enclave donde propagar las enseñanzas religiosas. No obstante, se considera que el período Edo (1603-1868) fue la época de mayor explotación de los sentō, que se convirtieron en lugares de gran popularidad en los que hombres y mujeres se bañaban a diario, separados o juntos.

En cuanto a los orígenes de las casas de baño en Edo –la actual Tokio–, la literatura de la época presenta un enclave construido en 1591 por un comerciante de nombre Ise Yoichi; este sentō, ubicado en las inmediaciones de un puente que se encontraba cerca del actual Banco de Japón (distrito de Chiyoda), tuvo tal aceptación que este tipo de lugares comenzó a proliferar rápidamente. Una década después, todos los barrios de la ciudad contaban con uno.

Según documentos de 1810, existían en Edo 523 sentō, lo cual prueba lo mucho que los habitantes de la urbe gustaban de ellos. Aunque las casas de baño de la época fueron cambiando con el paso del tiempo, se puede hacer una distinción general entre dos tipos: aquellas en las que los hombres y las mujeres compartían espacio y las que contaban con lugares separados por sexo. En la región de Kansai abundaban las primeras, mientras que en Edo, aunque también eran populares, se prefería la separación. Desde el punto de vista de la gestión, el coste de contar con dos zonas de baño separadas era mayor; además, en los baños masculinos surgió la figura de las yuna, unas féminas encargadas de bañar a los hombres. La existencia del baño compartido y de estas mujeres corrompía la moral pública, por lo que el shogunato de Tokugawa decidió prohibir los sentō sin separación por sexo y limitar el número de yuna. Sin embargo, tal y como reza la expresión “Mikkahatto“–ley de tres días–, en Edo apenas se respeta la norma establecida.

En cuanto a la construcción, a principios del período Edo, existían dos tipos de sentō: los furoya, que eran baños de vapor, y los yuya, que albergaban bañeras de agua caliente. No obstante, los segundos cobraron mayor popularidad que los primeros, de ahí que estos acabaran desapareciendo casi por completo, si bien el vocablo con el que se hacía referencia a ellos perduró.

Un lugar abierto

Con el objetivo de que el vapor no saliera al exterior, se trataba de lugares oscuros que apenas tenían ventanas y a los que se accedía desde una entrada baja. Con el término del shogunato y la llegada del Gobierno de Meiji, las críticas de los occidentales hacia el baño compartido motivaron la prohibición de los sentō sin división y se ordenó que se convirtieran en lugares abiertos. En 1877, se inauguró en Kanda, en Tokio, una casa de baños con el techo alto y, por lo tanto, sin ese vapor característico de los espacios cerrados de antaño, en la que la zona de bañeras y los vestuarios se concentraban en un mismo lugar. Los llamaban kairyōburo (“kairyō” significa “renovado”). Estos son, pues, los predecesores de los sentō de la actualidad. Posteriormente, comenzaron a aparecer elementos como el azulejado y la grifería. En 1908, Tokio contaba ya con 1.217 casas de baño. Según datos del gremio, la época de mayor apogeo en todo Japón fue 1968, año en que había 18.325 establecimientos.

Las peculiaridades de los sentō de Tokio

El diseño típico de los sentō se asemeja al de los santuarios sintoístas y los templos budistas. Sin embargo, esta clase de casas de baño se limita, por norma general, a Tokio y sus alrededores. Esto se debe a que durante los esfuerzos de reconstrucción tras el Gran Terremoto de Kantō, ocurrido en 1923, un carpintero especializado en la construcción de edificios dedicados al culto decidió modificar el diseño de las casas de baño con el objetivo de dar aliento a la población. Hasta entonces, estos establecimientos eran de aspecto simple, pero el maestro optó por dar un toque de elegancia a las fachadas rematándolas con un hastial propio de la arquitectura religiosa. La acogida de su idea fue tal que a partir de entonces proliferó este tipo de diseño, un estilo que pasó a denominarse “de Tokio”. En las provincias, por el contrario, el aspecto de los sentō no está definido.

El museo Meiji-mura, en la localidad de Inuyama (prefectura de Aichi), alberga Handaazumayu, un sentō de finales de la era Meiji –en torno a 1910– que fue trasladado desde su ubicación original para su conservación. Se aprecia un estilo de construcción simple.

Un sentō de 1955 construido siguiendo el estilo característico de los santuarios sintoístas y los templos budistas. Se cree que las obras se terminaron en unos tres meses (imagen cortesía de la firma de arquitectura Iidaka).

Las casas de baño construidas siguiendo el estilo tradicional de Tokio destacan, en primer lugar, por su fachada, a imagen y semejanza de las que podemos encontrar en construcciones religiosas. En segundo lugar, el techo de la zona de vestuarios es alto y con rejillas; tienen, además, un jardín interior y la pared frontal de la sala de baño está decorada con una escena paisajística de gran envergadura.

Myōjinyu, un sentō del distrito tokiota de Ōta. En esta imagen se aprecia una tarima, denominada bandai en japonés, situada en la zona de vestuarios y desde la cual se recaudaba la tarifa de baño de los clientes y se les vendía jabón, entre otros artículos. Además, servía para controlar si alguien se ponía indispuesto durante el baño. Las plataformas de mayor altura se encuentran en Tokio, donde la media suele situarse cerca de 1,3 metros.

Entre los paisajes decorativos abundan las vistas del monte Fuji. El origen de estos murales de pintura al aceite lo encontramos en Kikaiyu, un sentō de 1912 ubicado en Sarugaku-chō (Kanda, Tokio). El dueño de esta casa de baño quería hacer felices a los niños que acudían con sus padres, por lo que le pidió a Kawagoe Kōshirō, un pintor especializado en arte occidental, que decorara la pared. El artista, natural de la prefectura de Shizuoka, eligió un símbolo de su tierra, el monte Fuji. Su elección fue muy aplaudida, por lo que se extendió a otros establecimientos de Tokio y alrededores. En los sentō de la capital nipona y zonas aledañas, las bañeras se colocan justo debajo de este mural, por lo que el agua del mar, río o lago de la pintura comparte espacio con la bañera. Además, limpiarse el cuerpo con un agua purificada por el monte Fuji podría tener su explicación en la ablución, una práctica muy arraigada en Japón desde tiempos antiguos. La ausencia de murales de pintura al aceite en las casas de baño de las provincias explica que en ellas se tienda a colocar las bañeras en el centro de la sala.

El primer mural del monte Fuji en un sentō, obra de Kawagoe Kōshirō (perteneciente a la colección de Machida Shinobu).

En muchos establecimientos, el jardín interior alberga un estanque con carpas, un símbolo de buena suerte. Por otra parte, la decoración de las paredes incluye pintura en azulejo en algunos lugares; en este caso, abunda la porcelana de Kutani.

La pintura en azulejo constituye uno de los atractivos visuales de los sentō. Abundan los motivos de carpas, un símbolo de buena suerte en Japón. La fotografía corresponde a Ninjin’yu, una casa de baño de Kanazawa, en la prefectura de Ishikawa, cerrada en la actualidad.

Todas estas peculiaridades de los sentō de Tokio son prescindibles a la hora de disfrutar de un buen baño, pero es posible que su presencia se deba a la vanidad y el gusto por la ostentosidad que siempre han caracterizado a los habitantes de Edo. Su función es, pues, ayudar a relajar la mente creando un espacio fuera de lo cotidiano que permita abstraerse gracias al entretenimiento visual.

Esta hipótesis tiene su base también en el hastial que, como hemos mencionado anteriormente, decora la fachada frontal. Este elemento marca la entrada al paraíso, motivo por el cual se emplea no solo en templos budistas y santuarios sintoístas, sino también en coches fúnebres o distritos rojos.

Daikokuyu, en el distrito tokiota de Adachi, es considerado el rey de los sentō. La entrada principal no se emplea en la actualidad, sino que se accede a él por una puerta lateral que no se aprecia en la imagen.

Decoración de la fachada principal de Akebonoyu, un sentō de Asakusa, en el distrito tokiota de Taitō. En su entrada hay varias glicinas cuyas flores de color lila cuelgan al unísono en mayo.

Los nuevos sentō, tradición y modernidad

En la actualidad, el número de casas de baño ha descendido hasta las 4.000, menos de un cuarto de la cifra de la época de mayor auge que hemos mencionado con anterioridad. Uno de los principales motivos de esta caída es la llegada de la bañera a los hogares japoneses durante la posguerra.

No obstante, se está produciendo un aumento de un nuevo tipo de establecimiento, los llamados super sentō. La principal diferencia entre estas casas de baño y las tradicionales es su precio. En el caso de las segundas, las autoridades locales o regionales fijan límites, mientras que en los nuevos sentō la tarifa se establece libremente, de ahí la libre competencia. Además, el espacio para comer o el aparcamiento es mayor que en las casas de baño ordinarias. Se trata de lugares en los que se puede pasar las horas en familia.

Entre tanto, en los últimos tiempos son cada vez más los sentō tradicionales que deciden renovarse. El cambio los convierte en establecimientos similares a los super sentō con una gran afluencia de clientes a diario. Estas casas de baño, denominadas “de diseño”, presentan un aspecto exterior moderno que difiere de la arquitectura propia de los lugares religiosos que antaño se extendió a los sentō; por ejemplo, no tienen tarima, sino una recepción, que les da un toque moderno que suele contentar a los clientes jóvenes. Eliminar el bandai es motivo suficiente para que aumente el número de mujeres que acuden. La peculiaridad de estas casas de baño de diseño reside en preservar los elementos tradicionales al tiempo que se buscan formas de presentar un aspecto exterior e interior original partiendo de un concepto novedoso.

En muchos casos, cuentan también con baños al aire libre o sauna; en el vestíbulo, por ejemplo, se puede tomar cerveza. Los clientes se sentirán más frescos si toman un café, una cerveza o un vaso de leche al salir del baño.

Los super sentō suelen verse obligados a cerrar si no consiguen incrementar sus ingresos, pero las casas de baño al uso son lugares públicos que reciben ayudas gubernamentales, de ahí que aúnen esfuerzos y busquen maneras ingeniosas de continuar abiertas el mayor tiempo posible.

Posiblemente no haya pueblo alguno que guste tanto de bañarse como el japonés. Esto no se debe solo a que Japón es una tierra de altas temperaturas y humedad con importantes recursos acuíferos, sino también quizás al hecho de que la cultura del baño en el país, que incluye los sentō, tiene, por un lado, el objetivo de desprenderse de la suciedad del cuerpo y, por el otro, de eliminar las impurezas de la vida.

Imagen del encabezado: Suehiroyu, un sentō del distrito tokiota de Katsushika. La zona masculina de baño está decorada con una pintura de azulejo de una xilografía ukiyo-e (fotografía de Machida Shinobu)

(Traducción al español del original en japonés)

  • [23.05.2017]

Investigador especializado en cultura popular y director de la Asociación Japonesa por la Cultura de los Sentō. Nacido en 1950, cursa estudios en la Facultad de Humanidades de la Universidad Wakō. Desde niño, colecciona, entre otros, envoltorios de distintos productos, una afición que da pie a su interés por el trasfondo de los artículos y que se traduce en su amplia investigación de la historia de la cultura popular desde la era Meiji hasta la posguerra. En la década de 1980 comienza a visitar casas de baño por todo Japón. Entre sus obras, destacan Shōwa Retro Hakubutsukan (Museo retro de Shōwa; editorial Kadokawa Gakugei, 2006) y Sentō no Nazo (El misterio de los sentō; editorial Fusōsha, 2001).

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