Preparémonos: la tensión entre China y Japón podría estallar en el mar de China Oriental

Jeffrey Hornung [Perfil]

[09.10.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH |

China lleva tiempo haciendo subir la presión sanguínea con sus acciones en el Mar del Sur de China. Partiendo de su agresiva política de reclamaciones territoriales y jurisdiccionales hasta sus extensas actividades de reclamación de territorios, existen “serios interrogantes sobre las intenciones de China”, como ha afirmado el almirante Harry Harris, Jefe del Mando del Pacífico de Estados Unidos.

No obstante, la atención que se presta a los acontecimientos del mar de la China Meridional podría virar hacia el norte, a medida que China y Japón intensifican su presión mutua en el mar de China Oriental. Tres acontecimientos recientes tienen el potencial de hacer escalar tensiones entre estas potencias asiáticas y también los Estados Unidos, debido a los compromisos de su alianza con Japón.

Nuevos buques guardacostas y bases navales

La disputa territorial entre Pekín y Tokio por las Islas Senkaku (Islas Diaoyu en chino) no es nada nuevo. China niega la tesis nipona de que en los últimos días de la guerra sino-japonesa (1894-1895), las islas eran terra nullius –tierra de nadie- y que Tokio tenía derecho a incorporarlas. La tensión por las islas ha ido creciendo estos últimos años, después de que un arrastrero chino embistiera intencionadamente a dos barcos de la Guardia Costera Japonesa en 2010, y de que Tokio adquiriera algunas de las islas a sus propietarios privados en 2012. A estos sucesos le siguió una proliferación de provocativas actividades de los militares y los guardacostas chinos en los cielos y las aguas que circundan estas islas. Unas actividades que desde entonces son frecuentes. Dicho de otro modo, se ha creado una nueva y tensa normalidad, con tres acciones que la han acentuado cada cada vez más.

La primera fue la construcción por parte de China de dos enormes buques guardacostas. La Guardia Costera China fue creada en 2013, y desde entonces ha crecido hasta convertirse en una herramienta clave para invocar las reclamaciones marítimas de ese país. Con este fin, China encargó la construcción de una serie de nuevos barcos, entre los que destacan dos buques de vigilancia de alta resistencia. Cada uno tendrá un desplazamiento supuesto de diez mil toneladas, cerca de quince mil a plena carga, lo que les convierte en los buques de guardia costera más grandes del mundo.

Hasta la fecha, los buques de vigilancia más grandes era los de la clase Shikishima de Japón, con un desplazamiento de 6.500 toneladas, y unas 9.000 a plena carga. Y un importante dato a destacar es que, a diferencia de la mayoría de buques de la Guardia Costera China que normalmente navegan desarmados, los nuevos buques chinos estarán equipados con potencia de fuego (un cañón de 76 milímetros y dos baterías de 30 milímetros) y serán capaces de transportar dos helicópteros multifunción. Uno de los buques, el Zhongguo Haijing 2901, ya está acabado, mientras que el segundo se encuentra en la última fase de construcción.

La segunda acción es que, supuestamente, China planea construir dos bases cerca de las disputadas Islas Senkaku. El rotativo japonés Yomiuri Shimbun informó recientemente que la Guardia Costera China está considerando la construcción de una gran base operativa en la ciudad portuaria china de Wenzhou para mejorar la vigilancia de las islas. La base, a unos 350 kilómetros de las islas, tendrá supuestamente unos 500.000 metros cuadrados, y estará equipada con un gran hangar para aviones y helicópteros, instalaciones de entrenamiento y un muelle de más de 1,2 kilómetros de largo, apto para el amarre de seis barcos, incluso el Zhongguo Haijing 2901.

Las noticias sobre este proyecto surgen de informes relativos a que el ejército chino está construyendo una gran base en la Isla de Nanji, a tan solo 300 kilómetros de las Senkaku. Las fotografías muestran aerogeneradores, varias instalaciones de radares y un helipuerto con diez zonas aterrizaje, muy probablemente para ser utilizadas por helicópteros que sirvan en buques de guerra o pertenezcan a la Guardia Costera China. Aunque no se están construyendo pistas de aterrizaje, el ejército ya dispone de un aeródromo en la ciudad de Luqiao, a unos 380 kilómetros de las islas en disputa.

Los problemas de la extracción de recursos

En tercer lugar, por si grandes buques y nuevas bases no fuesen suficientes, tan solo a 180 kilómetros al noreste de las Islas Senkaku existen yacimientos de petróleo y gas. Pero la cuestión no es la existencia de estos yacimientos, sino las acciones realizadas para extraer recursos de ellos.

En la actualidad hay 16 estructuras chinas instaladas en el mar de China Oriental para la extracción de petróleo y gas. De estas, 12 han sido construidas desde 2012. En 2008, Pekín y Tokio acordaron cooperar en el desarrollo conjunto de los recursos del Mar del Este de China, pero Tokio se queja porque cree que esas plataformas de extracción demuestran las actividades unilaterales de China.

Pekín no está de acuerdo. Aunque ambos países tienen distintas reclamaciones sobre zonas económicas exclusivas (EEZ), estas estructuras están situadas en el lado chino de la línea divisoria propuesta por Japón, con lo que las actividades chinas permanecen dentro de las aguas no discutidas de su EEZ. Pero Japón muestra su inquietud porque China está extrayendo recursos bajo la EEZ de Tokio, porque estas estructuras están cerca de la línea divisoria.

Para hacer ostensible su preocupación, el Gobierno japonés hizo públicas fotos aéreas de estos proyectos y un mapa detallado de su ubicación, exhortando a China a reconsiderar estas actividades. Como respuesta, China lamentó que las acciones de Japón no son constructivas para la gestión de los problemas del Mar del Este de China, sobre todo porque estas estructuras llevan ahí dos años.

Un dilema para Washington

Estas tres acciones pueden llegar a modificar la dinámica bilateral. Los nuevos buques mejoran la fuerza marítima de la Guardia Costera China, y permiten a ese país llevar a cabo operaciones de “protección de derechos” lejos de sus costas y llevar barcos más pequeños a esa zona. Y es más, el armamento es una señal de que la Guardia Costera China tiene la intención de acercarse a otros barcos de forma agresiva. A su vez, esto sitúa a la Guardia Costera Japonesa en un aprieto. Si topa con el 2901, ¿aceptará la Guardia Costera Japonesa sus movimientos y retrocederá, o se mantendrá firme con el riesgo de una escalada? Lo primero fija un precedente potencialmente negativo para Japón, y lo último supone el riesgo de un conflicto que podría implicar a los Estados Unidos debido al compromiso de su alianza con Japón.

De modo similar, las nuevas bases refuerzan la capacidad china de realizar vigilancia en las disputadas Senkaku de forma continuada. De especial importancia es el hecho de que ambas bases se encuentran más cerca de las islas que las fuerzas de los Estados Unidos y Japón en Okinawa, estacionadas a 400 kilómetros al norte. Pekín esta posicionándose para poder verificar el control administrativo japonés a través de su ejército y guardia costera. Si Japón intenta igualar la mayor presencia china, aumentan los riesgos de una colisión accidental o conflicto. Si Japón continúa operando en los niveles actuales, se arriesga a que parezca que cede terreno a China. O peor. La posición de Japón para demostrar un control administrativo sobre las islas corre peligro.

Por último, las estructuras petrolíferas y de gas chinas del made de China Oriental abren un nuevo frente en la disputas marítimas que se ha centrado principalmente en la propiedad de las islas. Aunque es improbable que China detenga sus actividades en el lado de la línea divisoria propuesta por Japón, las relaciones podrían deteriorarse si Japón responde colocando equipo de extracción en su lado. A su vez, estas acciones podrían obligar a ambos países a desplegar sus ejércitos o guardias costeras, extendiendo así los juegos marítimos y aéreos de gato y ratón, tan predominantes alrededor de las Senkaku, más al norte. Igualmente desestabilizador sería que China comenzase a ignorar por completo la línea divisoria e intentase aplicar su reclamación de EEZ hasta la Depresión de Okinawa, basándose en la extensión natural de su plataforma continental. Al igual que el mar de la China Medirional, el mar de China Oriental acabaría por convertirse en aguas chinas, cosa que Japón nunca aceptaría.

Todo esto vaticina una seguridad regional precaria. Y lo que es peor, deja a los Estados Unidos en un aprieto. Si se produjese alguno de estos escenarios, Washington tendría un problema muy difícil. ¿Está dispuesto Estados Unidos a utilizar recursos militares para proteger a un puñado de islas deshabitadas y arriesgarse a una guerra a gran escala con China? ¿O está dispuesto a sacrificar su alianza con Japón y, con ello, poner en cuestión sus compromisos en todo el mundo para evitar un conflicto con China?

No hay respuestas fáciles. Pero el problema subraya una cuestión crucial. Aunque el mundo sigue con especial atención lo que sucede en el mar de la China Meridional, los acontecimientos del mar de China Oriental requerirán atención más pronto que tarde. Por desgracia, la nueva normalidad puede ser ya una cosa del pasado.

Escrito originalmente en inglés el 12 de agosto de 2015. Foto principal: Uotsuri, una de las islas Senkaku en disputa. © Jiji

  • [09.10.2015]

Miembro del Programa de Seguridad y Relaciones Exteriores en Sasakawa USA. Ha escrito sobre la seguridad japonesa y sobre temas de política exterior para numerosas publicaciones como Asian Security, The Washington Quarterly, Foreign Affairs, The Wall Street Journal, CNN y The Diplomat. Previamente trabajó como profesor asociado en el Centro de Asia-Pacífico Daniel K. Inouye de Estudios de Seguridad en Honolulu, Hawaii.

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