El viejo ‘minshuku’, una fórmula que funciona también en los nuevos tiempos

Himeda Konatsu [Perfil]

[08.02.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS | Русский |

Es innegable que los minshuku, pequeñas pensiones de ambiente casero esparcidas por todo el país, están perdiendo clientela entre los japoneses. Pero algunos de ellos están ganando popularidad entre los turistas extranjeros. La autora del artículo sostiene que la flexibilidad y la calidez que caracterizan a los minshuku pueden hacer un estupendo papel en este momento en que tanto se habla de cómo atraer a Japón a un mayor número de turistas extranjeros.

Todo está explicado en “Tora-san”

Otoko wa tsurai yo! fue una serie tremendamente popular que mostraba, junto a los amoríos que salpicaban las andanzas de su protagonista, el viajante Tora-san, un buen repertorio de paisajes del Japón de siempre. Dirigida por Yamada Yōji y compuesta por 48 capítulos, los encuentros amorosos se escenificaban, por lo general, en los minshuku.

En el capítulo 31 (“Otoko wa tsurai yo!: Tabi to onna to Torajirō”), emitido en 1983, Tora-san se aloja en un minshuku de la isla de Sado (Sadogashima), en la prefectura de Niigata. Regenta el negocio una anciana de encorvada espalda, que coloca a Tora-san en el primer piso de su casa y le da de cenar en su cocina, de lo que allí se prepara. Cuando Tora-san reclama su presencia, ella le da conversación. Entre una mujer que trabaja para ganarse la vida y un viajante de comercio no hay nada que se interponga, y ahí es donde encontramos la esencia del minshuku tal como era en aquella época ya pasada, la era Shōwa (1926-1989), que miramos con nostalgia.

A veces se define el minshuku como un hogar abierto al visitante. Se trata del tipo de hospedaje más sencillo entre los que deben cumplir la legislación hotelera y esto los distingue de los minpaku, casas particulares que alojan a viajeros, que quedan exentos. Los minshuku prestan por un día una habitación que no está siendo utilizada por la familia. Antiguamente, dicha habitación ni siquiera tenía llave y en casos no era una pared, sino una serie de paneles correderos lo que la separaba de la habitación contigua, con lo cual de un lado al otro podía oírse incluso la respiración. Esta falta de intimidad no era exclusiva de los minshuku durante la era Shōwa, pues también muchos ryokan (hoteles tradicionales) ofrecían habitaciones sin llave.

Ahora, cuando la era Heisei, que comenzó en 1989, está próxima a su fin, los minshuku siguen cubriendo todo el mapa nacional. Ya no hay que preocuparse por el asunto de la llave, pero también es cierto que los espacios que se ponen a disposición del invitado dentro de la casa se han reducido. Aun así, en muchos minshuku, anfitriones y huéspedes comparten el excusado y el furo (bañera y ducha), y esto aleja de estos establecimientos a muchos jóvenes, para quienes tener privacidad y disfrutar de unas instalaciones tan nuevas como sea posible son cuestiones importantes. En estas circunstancias, los minshuku más anquilosados van desapareciendo por ley natural.

Parecía, pues, que las nuevas tendencias de nuestra era iban a ir arrinconando a los minshuku. Pero hay indicios de que se está creando una nueva demanda. Y es que, aunque los japoneses tienden a alejarse de los minshuku, algunos están funcionando muy bien atrayendo a turistas extranjeros.

¿Cómo son los establecimientos elegidos por los extranjeros?

El minshuku Suzukaze, que abrió hace 10 años en el poblado de Ariake-chō, dentro del término municipal de Shibushi (prefectura de Kagoshima), está operado por Masuda Sadaaki (71 años), un mochilero que ha probado alojamientos de muchos países. Ahora es él quien recibe en esta casa de estructura de madera y una sola altura.

La península de Ōsumi, donde se encuentra Ariake, ha sido tradicionalmente menos turística que la otra gran península de Kagoshima, la de Satsuma, que ofrece muchos atractivos. Pero el Suzukaze ha gozado del favor de los extranjeros desde su apertura, según explica Masuda. El edificio es relativamente nuevo y en su interior se respira limpieza. Todas las habitaciones están reservadas hasta la primavera.

El minshuku Suzukaze, en el municipio de Shibushi (prefectura de Kagoshima) es popular por su atmósfera familiar. Es una casa de madera de una única altura y solo dispone de dos habitaciones, ambas de estilo japonés.

Pero también hay minshuku de los del viejo estilo que están encontrando aceptación entre los turistas extranjeros. A Takayama (prefectura de Gifu), una ciudad con una interesante parte antigua muy apta para pasear, se acercan todos los años más de 400.000 turistas extranjeros. En sus calles hay grandes hoteles y espectaculares ryokan, pero también modestos minshuku de arquitectura tradicional.

Uno de los que más nostalgia despierta es el Sōsuke, que ocupa una preciosa casa rural que fue desmontada y reconstruida en su actual emplazamiento hace ahora 45 años, cuando tenía ya 135 años de antigüedad. El edificio es tan vetusto como cabe imaginar, hay que compartir excusado y baño, y los suelos crujen bajo los pies. Para colmo, los tabiques son muy finos. Solo tiene 13 habitaciones y todas suelen estar ocupadas los días laborables por turistas extranjeros, con muchos repetidores entre ellos. Tamai Keiko (53 años), okami (regenta, máxima responsable) del Sōsuke, refiere el caso de una familia sueca. “La primera vez vino solo el matrimonio. Luego volvió a venir pero esta vez con un hijo. Y la tercera vez vino este, ya universitario, acompañado de su novia”. Cuenta también que un joven australiano le dijo que ya había estado una vez en el Sōsuke, lo cual probó señalándose en una fotografía que adornaba la recepción, en la que aparecía junto a sus compañeros de colegio. La primera vez había venido en viaje de estudios.

Por supuesto, no es que los extranjeros se hayan adaptado siempre al estilo del minshuku. “En la era Showa”, cuenta Tamai, “algunos se nos metían con el calzado de calle, diciendo que era un incordio tener que descalzarse cada vez. Incluso tuvimos una señora que se puso a llorar al saber que tendría que poner su colchón directamente sobre el suelo de tatami”. Aun así, para el primer año de la era Heisei (1989) entre los clientes del Sōsuke los extranjeros eran ya mayoría.

El minshuku Sōsuke, en la ciudad de Takayama (prefectura de Gifu) goza de gran popularidad entre los extranjeros.

Cómo ejercer la virtud de la flexibilidad

Una vez tuve una experiencia no demasiado agradable en un establecimiento de Takayama. Cuando me presenté en la recepción, nadie salió a recibirme. Tampoco saludando en voz alta conseguí que vinieran. Se limitaron a contestar desde la distancia. El problema era, según supe después, que yo había llegado antes de la hora a la que debía registrarme. Quizás sea un caso extremo, pero hay que reconocer que, en general, los establecimientos japoneses siguen unos patrones bastante rígidos. El Sōsuke, por el contrario, ha hecho de la flexibilidad su bandera.

“El check-in [registro] se hace a partir de las 3.00 de la tarde, pero unos clientes de Hong Kong se presentaron a las 9.30 de la mañana”, recuerda Tamai. “Todavía estábamos limpiando la habitación que habían reservado, así que no pudimos hacerlos pasar, pero les guardamos el equipaje. También tuvimos unos británicos que llegaron dos horas antes del check-in. En aquel caso sí que pudimos conducirlos hasta su habitación”. Es muy probable que la flexibilidad tenga mucho que ver con el gran número de viajeros que atrae este minshuku. Dentro de un sector, el hotelero, muy apegado a normas y manuales, la comprensión y el trato humano que caracteriza al Sōsuke ponen un toque de flexibilidad.

Aunque su establecimiento no es un minshuku, hablé también con el taiwanés Xue Sentang, propietario del hotel Fujinobō Kaen, en el distrito rural de Suntō-gun (prefectura de Shizuoka), que está teniendo un gran éxito entre los turistas extranjeros.

Según Xue, los ryokan japoneses son también muy considerados con su propio personal y, por eso, hacen cumplir estrictamente los horarios de comidas. Pero, aunque para los japoneses moverse con horarios rígidos sea algo muy normal, no siempre es así para los extranjeros. “Especialmente en los grupos de chinos y tailandeses”, explica Xue, “es habitual que se incumplan los horarios establecidos. Y nuestro fuerte es precisamente saber adaptarnos a esa realidad”.

En el hotel de Xue, que ofrece el valor añadido de un servicio no atado a manuales ni a normas generales, los clientes nunca se quedarán sin comer caliente por mucho que se retrase su autobús. Aunque entre los extranjeros que visitan Japón cada vez son menos los que llegan en viajes organizados, si el nivel de ocupación de este hotel no baja es precisamente porque sigue esas directrices.

El calor humano, lo más bonito del minshuku

También el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca se está volcando para atraer a los turistas extranjeros. Y últimamente está potenciando los minshuku en casas de familias dedicadas a las actividades primarias bajo su jurisdicción. Canalizando el flujo de turistas hacia estas zonas de campos, bosques y puertos pesqueros, está tratando de reactivar su economía.

El profesor Nakao Seiji, de la Universidad Pública de Fukuchiyama, está considerado la máxima autoridad en materia de minshuku. Según Nakao, son estos minshuku rurales los que mejor conservan la nostálgica atmósfera de la era Showa. Es decir, que lo más genuino de este tipo de establecimiento lo encontramos en pequeños alojamientos en los que, como era el caso del minshuku de Sado al que me he referido más arriba, familias dedicadas a estas actividades abren sus hogares a los visitantes.

Poder disfrutar, en aldeas de montaña y pueblos pesqueros, de las delicias de la gastronomía local es parte del encanto de estos alojamientos. “Lo mejor de los minshuku de pequeño tamaño”, precisa Nakao, “es que el tiempo no vas a pasarlo con tu familia o amigos de siempre, sino charlando con la familia dueña de la casa”.

Ciertamente, en los grandes hoteles y ryokan, a los atareados responsables no les queda tiempo para departir con sus clientes. De hecho, cuando trato de entablar conversación con el personal de los muchos establecimientos en los que me alojo, rara vez consigo algo más que estereotipadas respuestas de manual.

También es cierto que entre los japoneses abundan los tipos tímidos a quienes eso de ponerse a hablar con desconocidos se les hace muy cuesta arriba. Y el ahogo es todavía mayor cuando el contertulio es un extranjero. Pero entre los minshuku, hay algunos que prestan especial atención a la comunicación con sus invitados.

Un buen ejemplo es el Kokuriko, situado en el municipio de Uchiko (prefectura de Ehime). Merece la pena, para extraerle todo el jugo a este minshuku, probar a bañarse en el goemonburo (tina metálica calentada desde debajo, con asiento incorporado) a la que puede llegarse atravesando el jardín. Pero todavía es más interesante oír todas las cosas que su dueño, Morinaga Teruhiro, cuenta sobre esta aldea de montaña.

El minshuku Farm Inn Raum Kokuriko está situado en medio del verdor de las montañas de Ehime. En su jardín hay un baño de estilo goemonburo (fotografía inferior).

Morinaga, muy locuaz, tan pronto nos habla de algún raro fruto que puede encontrarse por aquellos bosques, como nos invita a utilizar una hoja de árbol para escribir una carta. Los viajeros nunca se aburrirán con él. Me invita a visitar el piso alto. Descubro una pequeña exposición de artesanía local. Reiko, la regenta, es igualmente comunicativa con los que se alojan en su casa.

“Cuando me parece que alguien tiene ganas de charlar, lo invito a tomar un té. Mi inglés es de andar por casa, así que con los extranjeros no puedo abordar temas difíciles, pero la intención es lo que cuenta, ¿verdad?”, dice Reiko.

Estos pequeños gestos de simpatía son el arma secreta del Kokuriko.

La verdadera fuerza está en las personas

Hay que decir, en cualquier caso, que la industria hotelera en lugares como Takayama, donde se encuentra el Sōsuke, vive tiempos difíciles. Desde 2015 el número de minshuku, guest houses y otros establecimientos hoteleros sencillos ha crecido vertiginosamente y en 2016 se situaba en los 489, 92 más que el año anterior. Entran también en competencia muchos minpaku, de cuyo número es difícil tener una idea exacta, y el pastel no da para tantos comensales. Muchos establecimientos se quejan de que están perdiendo gran parte de su clientela. Entre las dificultades para encontrar relevo generacional, propias de una época de envejecimiento y escasos nacimientos, y la barrera que representa el inglés a la hora de captar clientes extranjeros, algunos negocios se ven obligados a cerrar sus puertas sin haber podido beneficiarse del buen momento que atraviesa la industria.

Para salir vencedor en la competencia, renovarse y publicitarse son sin duda medidas efectivas, pero para muchos establecimientos en dificultades financieras decidirse a hacer una nueva inversión para renovar sus viejos equipos e instalaciones es un paso muy comprometido.

Una salida podría ser pensar menos en el hardware y un poco más en el software. Kunishima Michihiro, alcalde de Takayama, está convencido de que es la fuerza de la gente lo único capaz de atraer al turista extranjero. Su idea es que la capacidad de comunicación de la gente es incluso más importante que los paisajes bonitos o las fuentes termales.

Cuando se habla en Japón del turismo extranjero, la atención se dirige siempre hacia cuánto dinero van a dejar estos turistas en el país. Es triste decirlo, pero cuestiones como la comunicación o el contacto entre las personas están siendo relegadas a un segundo plano.

En este sector en el que cada día nuevos negocios entran en encarnizada competencia, la única posibilidad de supervivencia para los modestos minshuku es hacer valer la simpatía y el calor humano. Si aquella vieja serie cinematográfica del viajante Tora-san sigue gozando de una gran popularidad es porque en ella encontramos esas virtudes, que poco a poco están siendo olvidadas. Si no se descuida ese aspecto fundamental, la estrella de los minshuku no se apagará tan fácilmente. Aunque la timidez de algunos, las dificultades expresivas de otros y el escaso dominio del inglés de muchos puedan ser obstáculos, promover estos ambientes en los que se les otorga un lugar preferencial a la calidez y al buen trato al viajero puede ser el camino más corto para hacer de Japón un país turísticamente desarrollado, en el verdadero sentido de la palabra.

Fotografía del encabezado: el minshuku Sōsuke, en Takayama (prefectura de Gifu).

(Traducido al español del original escrito en japonés el 4 de enero de 2018. Texto y fotografías de Himeda Konatsu)

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  • [08.02.2018]

Periodista. Afincada en Shanghái desde 1997. En 1998 lanzó en Shanghái una revista informativa en japonés que seguía los movimientos empresariales de las firmas japonesas frente al mercado chino. En verano de 2008 abandonó la dirección de la revista y pasó a presidir Asia biz Forum, una organización que facilita información sobre negocios en China y el resto de Asia. Tras una estancia en China para estudiar el idioma, en 2014 se graduó en la Escuela de Posgrado Economía Pública de la Universidad de Finanzas y Economía de Shanghái. Entre sus publicaciones cuenta con Chūgoku de kateru chūshōkigyō no jinzai senryaku (Estrategias de recursos humanos para triunfar con las pymes en China; Ten-Books, 2012).

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