Ser ‘hāfu’ en Japón (2): elocuentes testimonios de la vida cotidiana

Shimoji Lawrence Yoshitaka [Perfil]

[11.12.2018] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS | العربية | Русский |

Las personas cuyos padres tienen orígenes raciales diversos, solo por tener un aspecto físico diferente, pueden ser objeto de discriminación a la hora de encontrar empleo o durante el desempeño de su trabajo. Y aunque no lo sean, en su día a día siempre hay elementos que perturban y dificultan sus vidas. A través de una serie de entrevistas, el autor del artículo nos da una perspectiva del presente de estas personas.

Mi madre, una mujer que ha vivido como mestiza o hāfu

Mi madre, cuyo nombre de soltera era Kinjō Midori, nació en 1950 de una mujer okinawense y del soldado norteamericano Clarence Lawrence, que estaba destinado en la base aérea de Naha (Okinawa). Habían pasado cinco años de la batalla de Okinawa, en la que tantas personas perdieron la vida.

Mi abuelo era cocinero en el comedor de la base. Él y mi abuela se conocieron cuando ella comenzó a trabajar como asistenta en una de las viviendas para militares. Según la explicación que se me dio, poco después de conocerse que mi abuela estaba embarazada, mi abuelo fue desmovilizado de la base y regresó a Estados Unidos sin siquiera haber visto al bebé.

Mis abuelos se intercambiaron cartas durante algún tiempo, pero luego unieron sus vidas a otras personas y pusieron fin a su correspondencia. Después, cuando mi madre trató de contactar con su padre biológico, comprobó que había cambiado de domicilio. Pudo dar con él a través de las Fuerzas Aéreas norteamericanas, pero para entonces mi abuelo frisaba ya en los 50 años. A partir de entonces, lo que tenían que decirse se lo dijeron por carta.

Cartas de mi abuelo dirigidas a mi madre.

Mi abuelo deseaba vivamente que mi madre lo visitara y así se lo hizo saber, añadiendo que él se ocuparía de los gastos del viaje. Pero después le llegó una carta que llevaba una nota de la esposa de mi abuelo, en la que le pedía que mantuvieran todo en secreto. La mujer explicaba que para poder enviarle algo, su marido hablaba de dejar el trabajo solo para recibir el pago del retiro y que incluso podría recurrir al juego para costear la estancia de mi madre en Estados Unidos. Y le pedía a mi madre que fuera comprensiva y pensase en la difícil situación en que quedarían ellos dos si su marido dejaba el trabajo.

Al parecer, esta nota tuvo su efecto, pues mi madre fue perdiendo el deseo de ir a Estados Unidos. Al final, mi abuelo murió sin que aquel encuentro hubiera tenido lugar. Cuando le pregunté a mi madre por sus sentimientos hacia mi abuelo, me dijo entre lágrimas que habría querido conocerlo.

Un trato discriminatorio que continúa hoy en día

La figura de mi madre ha tenido mucha importancia en mi decisión de elegir la cuestión de los konketsu(-ji) (mestizos), hāfu (inglés: half) o amerasian como tema de investigación. En la posguerra había muchas personas en la misma situación que mi madre. Los medios de comunicación difundieron el problema de los “niños mestizos” y se despertó un cierto interés entre la gente.

Artículo sobre el tema de los niños mestizos en el número del 9 de mayo de 1962 del periódico okinawense Okinawa Times.

Mi madre dice que en la escuela había otros niños en su misma situación, pero que cada cual se tomaba el problema a su manera. Personalmente, ella nunca sintió complejo y nadie le dijo a la cara nada feo por cuestión de los americanos o de las bases. Pero en la época de su juventud había muchos prejuicios y ella misma sufrió tratos discriminatorios. Por ejemplo, una vez que fue a una tienda con artículos de marca, notó que, en cuanto se dio cuenta de su presencia, la dependienta metía rápidamente en el expositor las joyas que tenía colocadas fuera. Mi madre también sintió una especie de odio o rencor hacia ella por parte de algunas personas, y cada vez que experimentaba esto renacía en ella la conciencia de ser distinta. Incluso ahora que pasa de los 60 años, cada vez que conoce a alguien tiene que seguir aguantando que elogien su nivel de japonés o que le pregunten cuántos años lleva en Japón.

Mi madre en sus años jóvenes. Su aspecto “diferente” le ganó no pocas miradas discriminatorias.

En los últimos años, sobre todo si miramos los medios de comunicación, nos llevaremos la impresión de que los hāfu se han convertido en objeto de admiración. Pero a lo largo de las entrevistas que he hecho entre personas de los más variados orígenes, he visto que las cosas no han cambiado tanto desde los años de posguerra hasta nuestros días, pues a los hāfu se les siguen lanzando las mismas miradas discriminatorias que ha soportado mi madre y las mismas palabras de incomprensión.

A continuación, expondré algunas de las experiencias que me han narrado los hāfu a los que he entrevistado. Los nombres son supuestos.

Nagata Takashi (50-59 años, trabaja en una empresa de instalaciones eléctricas, padre estadounidense). “En mi trabajo, que consiste en instalar líneas eléctricas o acondicionadores de aire y se desarrolla normalmente en las casas de los clientes, me preguntan si soy extranjero cada dos por tres. Digo el nombre de la empresa, me presento y veo caras de sorpresa. En el mejor de los casos, me preguntan si soy hāfu. Muchos, de qué país soy. Si les digo que soy hāfu, me dicen ‘ah, ya decía yo que este hablaba muy bien en japonés’. También hay gente xenófoba, que se queja de que le hayan mandado a un “extranjero”. Aunque se les explique que no era extranjero, sino japonés, no hay modo de entenderse con ellos.

Nelson Lewis Akira (20-29 años, trabaja en una cadena de restaurantes de sushi, padre ghanés). “Los managers de la cadena, que van de una tienda a otra comprobando cómo van las cosas, me preguntan cada vez si sé hablar inglés. Todos los días hay algún cliente que me pregunta de dónde soy. También me dicen que hablo muy bien el japonés, o me preguntan cuánto tiempo llevo en Japón. Los que me preguntan si soy hāfu no son tantos. Deben pensar de mí que soy completamente extranjero. No me ven cara de japonés.

En la cuestión laboral, un asunto de gravedad es la discriminación que sufren muchos hāfu a la hora de colocarse.

Seki Ethan Miller (20-29 años, padre estadounidense). “Me dijeron que me presentase con mi currículum vitae a una hora determinada. Fui y vi en ellos una reacción extraña, como si yo no encajase con lo que ellos esperaban. Sería porque les había dicho que mi apellido es Seki. Me despacharon a la primera, diciendo que ya podía volverme porque, además, había otros candidatos esperando. Sentí algo muy negativo. Cuando me despedí, me di cuenta de que se me había soltado el cordón del zapato, así que me agaché en el pasillo para hacerme el nudo y entonces oí que ellos comentaban, pensando que yo ya me había ido, algo así como: ‘El tipo ese era extranjero, ¿verdad?’, ‘no, no podemos (contratarlo)’. Abrí la puerta sin hacer ruido y me fui”.

Tanaka Thomas (30-39 años, madre ghanesa). “Voy a la entrevista y me dicen: ‘¿Eh?, ¿tú eres Tanaka?’. El entrevistador estaba muy sorprendido, así que le expliqué que era hāfu, que me había criado en Japón, que quizás por mi aspecto fuese más negro que japonés y a ver si aquello era algún problema. Me dijo que esperase un momento. Estuvo un par de minutos hablando con su jefe y luego me dijo que no. No me aceptaron en ninguna de las empresas a las que me presenté para puestos de vigilante. Me decían que no podían contratar a negros como guardias, que lo comprendiese, pero que no había manera, porque los clientes no entenderían que su empresa les enviase a un extranjero. Los entrevistadores creen que la presencia de guardias negros puede estropear la imagen de una empresa.

Palabras y miradas que hieren

Además, los hāfu son víctimas de los prejuicios no solo en espacios determinados como escuelas o lugares de trabajo, sino en el resto de las escenas que componen la vida diaria: cuando andan por la calle, cuando toman un tren o un autobús, cuando hacen compras…

Tanaka Thomas (el arriba citado). “Cuando tenía unos siete años, una vez, iba andando por la calle y un niño también de primaria que iba en bici se paró junto a mí y me dijo “¡ay va, un extranjero!”. Otro día, cuando volvía a casa del entrenamiento de fútbol un coche estuvo a punto de atropellarme, me di un susto de muerte y cuando miré, el conductor abrió la ventana y me dijo: ‘¡Extranjero, vuélvete a tu país!’”.

Suzuki Hanna (20-29 años, padre estadounidense). “Una vez que iba sola en el tren, oí que murmuraban sobre mí, a ver si era hafu o extranjera. Dan por sentado que una no habla japonés. En otras situaciones, como cuando voy a un onsen [aguas termales], nadie imagina que yo hablo japonés y a veces se ponen a hablar sobre mí”.

Harris Amelia Sachi (20-29 años, padre estadounidense). “Cuando ando por la calle, a veces me saludan en inglés desde los coches, o se ponen a hablar conmigo. En los trenes, noto que me miran. A mí, igual que a mi hermana menor, eso nos fastidia muchísimo. Lo que más odiaba era tener que salir con mi padre. Porque entonces todos se me quedaban mirando. Pero mi padre siempre quería acompañarnos y de pequeñas le solíamos decir que no queríamos que viniera con nosotras (risas). Fuimos acostumbrándonos poco a poco”.

Muchas pequeñas cosas que hacen más dura la vida

He expuesto casos de tratamientos injustos causados por ciertas ideas preconcebidas que se tienen sobre los hāfu. Especialmente en el sector de los servicios, en el que trabajan Akira y Takashi, hemos visto que es muy habitual que estas personas sean tratadas como extranjeros y que, además, no es raro que su sola apariencia sea causa de una reclamación a la empresa.

En otros casos, vemos cómo estas personas experimentan una especie de “hostigamiento” o “acoso racial” en forma de insistentes comentarios o preguntas sobre su aspecto extranjero o sobre la supuesta “japonidad” de sus modales o comportamiento en el trabajo. Aunque no exista mala intención, cuando esto se repite a diario, en el trabajo representa una pesada carga psicológica. Últimamente se habla mucho de la armonización de la vida profesional y la vida privada, o de la gubernamental “reforma del estilo de trabajo”, y cada vez son más las empresas que emiten directrices sobre acoso sexual y otras formas de acoso relacionadas con la orientación o identidad sexual. Sin embargo, no se le está prestando la suficiente atención al tema de la necesaria delicadeza que se requiere en empresas donde los empleados tienen diversos orígenes raciales. Hoy en día, a nuestro alrededor tenemos cada vez más extranjeros y también más personas con diversos orígenes raciales. Urge, por tanto, preparar esas directrices para evitar casos de acoso racial.

En las actividades de búsqueda de empleo, no todos los casos son como los que hemos visto de Ethan o Thomas. También hay personas que han dado el primer paso, declarando su origen “internacional”, y han obtenido buenos resultados. Sin embargo, debido a los arraigados prejuicios que existen sobre la apariencia de las personas, lo cierto es que en el acceso al empleo sigue habiendo claras desigualdades.

Por otra parte, muchas personas que tienen parte de sus raíces en otros países de Asia Oriental y que físicamente podrían pasar por japoneses, tienen que acostumbrarse a convivir con el nerviosismo de no saber si es mejor declarar esos orígenes o no hacerlo, para evitar ser discriminados en la búsqueda de empleo.

En la vida diaria, el aspecto físico también puede convertirse en un factor perturbador. Ser tratado por gente desconocida como si fueran extranjeros, como alguien que no sabe hablar japonés, ser objeto de ataques verbales en su círculo vital más próximo, o tener que soportar miradas insistentes, son para ellos experiencias habituales.

El conocimiento que se tiene sobre la realidad que ha rodeado a los hāfu después de la Segunda Guerra Mundial, sobre las diversas identidades y sobre otras situaciones personales en la sociedad es todavía insuficiente. Da la impresión de que ese insuficiente conocimiento está impidiendo aceptar a estas personas tal y como son, y está siendo causa de que se repita una historia de intentos de asimilación o eliminación, que nos ha llevado a una situación en la que sigue predominando una imagen estereotipada e injusta de ellos.

Como dije en la primera parte de este artículo, hoy en día, los propios hāfu, poco a poco, están empezando a difundir sus propias visiones. Es importante que nos replanteemos algunas cosas sobre la forma en que nos hemos venido comunicando en la sociedad japonesa, una sociedad que es cada vez más multicultural, y sepamos escuchar estas nuevas voces.

Fotografía del encabezado: en el álbum celosamente guardado por la madre del autor del artículo pueden verse las fotografías de ella misma, de niña, con su madre, y la de su padre, ambas en la misma página.

  • [11.12.2018]

Nacido en 1987. Doctor por la Escuela de Sociología de la Universidad de Hitotsubashi. Especializado en sociología y sociología internacional. Actualmente, coordina las clases que se ofrecen en el Centro de Igualdad de Género (Libra) del municipio de Minato, en el centro de Tokio. Es autor de Konketsu to nihonjin: hāfu, daburu, mikkusu no shakaishi (“Mestizos y japoneses: historia social de los hāfu, daburu y mikkusu”; Seidosha, 2018). Opera, junto con otras personas, HAFU-TALK, un sitio web que ofrece información sobre los hāfu y personas de raíces extranjeras.

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