Leyendas de Japón

Moriyama Daidō, el fotógrafo con ojos de perro callejero

Cultura

Moriyama Daidō es, junto a Araki Nobuyoshi, uno de los fotógrafos japoneses más reconocidos. Sus instantáneas, arrancadas a la ciudad desde una perspectiva de perro callejero, causan una viva impresión en el espectador.

Moriyama Daidō© Daido Moriyama Photo Foundation

Fue a partir de los años 90 cuando los fotógrafos japoneses comenzaron a exponer habitualmente en los museos y galerías de arte del mundo. Uno de los de mayor popularidad, al mismo nivel que Araki Nobuyoshi, fue Moriyama Daidō, que ha seguido protagonizando grandes exposiciones en los últimos años, como la de 2012 en la galería Tate Modern de Londres con William Klein, o la individual, titulada “Daido Tokyo” de 2016 en la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo de París.

La influencia de Moriyama, un vagabundo de las calles que adopta la perspectiva de un “perro callejero” y que capta la realidad mediante instantáneas en blanco y negro, se ha hecho sentir en las jóvenes generaciones de fotógrafos de Japón, pero también en las de otras partes del mundo, como Asia o Europa. Es, pues, uno de los fotógrafos contemporáneos más destacados que ha producido Japón.

Sus comienzos como diseñador gráfico

Moriyama nació en la actual ciudad de Ikeda (a la sazón, un pueblo de la prefectura de Osaka) en 1938. Su padre, que trabajaba en una compañía de seguros, recibió destinos en Takuno (prefectura de Shimane), Chiba (Chiba), Maruoka (Fukui), Toyonaka (Osaka) y otros lugares, por lo que Moriyama tuvo una infancia itinerante. Siendo un eterno “nuevo” en la escuela, no pudo integrarse nunca en el grupo y después de las clases solía pasar el tiempo vagando por el barrio. Estas experiencias de sus primeros años podrían explicar la preferencia que ha mostrado siempre por las instantáneas tomadas al azar por las calles.

Tras dejar sin terminar sus estudios en una escuela de artes y oficios de Osaka, en 1955 probó suerte como diseñador independiente. La experiencia acumulada durante este periodo también ha tenido un reflejo en su trabajo fotográfico. Sus instantáneas podrían parecer, a simple vista, de composición un tanto ruda e inestable, pero en realidad están tomadas e impresas con un esmerado tratamiento en todos sus detalles, algo que es posible gracias al exquisito sentido del equilibrio que proviene de su experiencia como diseñador.

Pero al Moriyama de aquella época las largas horas sentado a su mesa de trabajo diseñando cajetillas de fósforos o calendarios se le hacían insoportables. A través de sus contactos profesionales con fotógrafos, comenzó a interesarse vivamente por la fotografía y en 1960 ingresó como asistente en el estudio que tenía en Osaka el fotógrafo Iwamiya Takeji. Fue en esa época cuando descubrió la obra del estadounidense William Klein, cuyo álbum New York (1956) le causó un fuerte impacto, y cuando aprendió también el arte de las instantáneas de calle del veterano fotógrafo Inoue Seiryū, conocido por sus documentales sobre Kamagasaki, el barrio de los jornaleros. Y así fue como fue creciendo en él el ansia de abordar nuevos campos en su labor fotográfica.

Moriyama se trasladó a Tokio en 1961. Al llegar, abrigaba la esperanza de poder integrarse o participar, de alguna manera, en el grupo VIVO, que habían formado dos años antes fotógrafos como Tōmatsu Shōmei, Narahara Ikkō y Kawada Kikuji. Para aquel entonces el grupo estaba ya disuelto, pero Moriyama consiguió ser aceptado como asistente por Hosoe Eikō, exintegrante de VIVO. Justo entonces Hosoe trabajaba en su álbum Ba Ra Kei (“Ordalía de rosas”, 1963), una colección de fotos sobre el escritor Mishima Yukio, lo que le permitió a Moriyama aprender mucho en aspectos como tomas y revelado. En 1964, con motivo de su matrimonio, Moriyama decidió probar suerte como fotógrafo independiente. No hará falta decir que al principio los encargos brillaron por su ausencia.

Inu no machi, 1971© Daido Moriyama Photo Foundation.

Fotografías que denuncian una época

Desde su domicilio en Zushi (prefectura de Kanagawa), Moriyama se desplazaba asiduamente a la vecina Yokosuka, sede de una importante base naval norteamericana. Las instantáneas que captaba por los alrededores de la base, una zona envuelta en un ambiente muy peculiar, las llevó a la revista mensual Kamera Mainichi, donde obtuvieron el favor del ya legendario redactor y fotógrafo Yamagishi Shōji. En el número de agosto de 1965 apareció un reportaje titulado “Yokosuka”, que ocupó nueve páginas de la revista.

Este reportaje, que significó su debut como autor fotográfico, tuvo una gran resonancia. Moriyama fue obteniendo rápidamente espacios en esta y en otras revistas similares, como Asahi Graph. En 1967 obtuvo el Premio de la Asociación de Críticos Fotográficos de Japón por una serie de fotografías publicadas en la revista Kamera Mainichi, que destacaban los rasgos más étnicos de los japoneses. Un año después, la editorial Muromachi Shobō publicó su primer álbum, Nippon Gekijō Shashinchō (“Japón: Teatro fotográfico”). Ese mismo año se sumó desde su segundo número a la redacción de PROVOKE, una revista de tirada limitada orientada a aportar “materiales provocativos para el pensamiento”, que había sido creada por Nakahira Takuma, Taki Kōji y Takanashi Yutaka.

Portadas del álbum Nippon Gekijō Shashinchō y del segundo número de la revista PROVOKE.

Portada del álbum Shashin yo, sayōnara.

La meteórica carrera de Moriyama no terminó allí. En 1969 publicó en la revista Asahi Kamera su colección “Accident”, un experimento que mezclaba reproducciones de carteles y de fotografías aparecidas en pliegos publicitarios con instantáneas captadas en la calle. Durante 1970, publicó desnudos femeninos en el semanario Shūkan Playboy, en un proyecto que alternaba trabajos suyos y del también fotógrafo Shinoyama Kishin. En 1971 vivió en Nueva York con el diseñador Yokoo Tadanori y publicó la serie de reportajes “Nani ka e no tabi” (“Viaje hacia algo”) en Asahi Kamera. Su obra más representativa de este periodo fue el álbum Shashin yo, sayōnara (“¡Adiós, fotografía!”, Shashin Hyōronsha, 1972), una sucesión de fotografías “bastas, movidas y borrosas” en las que apenas es posible reconocer nada.

Un paisaje de luz y sombras entrecruzadas

Sin embargo, el arte de fotógrafos como Moriyama o Nakahira, un arte de carácter radical que cobraba sentido en una época de creciente exaltación política que tuvo su culmen en las protestas contra la renovación de la alianza militar entre Japón y Estados Unidos del año 1970, comenzó a desencajar a partir de los años 70, al remitir bruscamente la marea política. Todos sus intentos se contaban por fracasos y, entre grandes sufrimientos, Moriyama entró en una etapa de depresión. La situación le afectó tanto que a finales de los 70 se había encerrado en su casa y apenas salía a trabajar. Lo que le permitió superar esa etapa de debilidad mental y física fue una serie de colaboraciones que la revista Shashin Jidai, fundada en 1982 en torno a Araki Nobuyoshi, publicó bajo el título de “Hikari to kage” (“Luz y sombra”).

“Hikari to kage, 1”. 1981. © Daido Moriyama Photo Foundation.

Portada del álbum fotográfico Hikari to Kage.

Recogidas en el álbum homónimo publicado por la editorial Tōjusha en 1982, las fotografías muestran “lugares donde se cruzan la luz y las sombras” que se abren a los ojos del artista, como puede ser una peonía accidentalmente encontrada en los alrededores de su casa. Mediante un retorno al punto de partida -captar sin artificios esas vistas primitivas de los lugares que podríamos considerar que dieron origen al arte fotográfico-, Moriyama pudo recuperar la confianza en sí mismo para reiniciar su andadura como fotógrafo. Luego, en referencia a aquella época, escribió: “Así, sin pensar en nada, tomé la cámara y me planté ante la luz. Debajo de mí descubrí mi propia sombra. Con eso era suficiente[…]Y me puse en marcha, hacia un tiempo que nunca más volvería a detenerse” (Moriyama Daidō: Inu no kioku, Asahi Shimbunsha, 1984).

En la revista Shashin jidai, a la serie de “Hikari to Kage” sucedieron las tituladas “Tōkyō” (1982-1984), “Nakaji e no tabi” (“Viaje a Nakaji”, 1984-1985), “Documentary” (1985-1986) y “Utsukushii shashin no tsukurikata” (“Cómo hacer bellas fotografías”, 1986-1988), todas ellas llenas de ambición creativa y de carácter experimental, que posteriormente pasaron a formar parte de sendos álbumes. Durante los años 1988 y 1989 vivió en París. Aunque finalmente no pudo hacer realidad su sueño de abrir una galería en la Ciudad de la Luz, su estancia rindió muchos frutos, como sus fotografías de la histórica ciudad marroquí de Marrakech.

Ampliación del campo de la instantánea

La actividad de Moriyama se aceleró y amplió durante los años 90. Entre los años 1993 y 1997 y a través de la casa HYSTERIC GLAMOUR, organizada por el diseñador de moda Kitamura Nobuhiko, publicó tres álbumes bajo el título genérico de Daido hysteric. El primero de ellos, Daido hysteric no.4 1993, tuvo por tema casos y cosas de la calle; el segundo, Daido hysteric no.6 1994, la gente de la ciudad, y el tercero, OSAKA Daido hysteric no.8, los paisajes de su ciudad natal, Osaka. Los tres fueron tomos gruesos, de más de 300 páginas, y en ellos vertió Moriyama toda la experiencia que había acumulado como autor de instantáneas callejeras, así que puede decirse que esta serie da la medida de su talento como fotógrafo.

Portadas de dos de los álbumes de la serie Daido hysteric.

Otro trabajo reseñable fue el álbum Shinjuku, publicado por Getsuyōsha en 2002. Como indica el título, Moriyama siguió mostrando preferencia por dicho barrio de Tokio y fotografiándolo desde su llegada a la capital en 1961. Sumiéndose en el ajetreo de Shinjuku, trabando conocimiento con sus variopintas gentes, Moriyama conseguía la energía necesaria para su labor. Y a lo largo de las 600 páginas y 524 fotografías que contiene el volumen, logró retratar este barrio de “rincones marginales y antros rebeldes”. Por otra parte, entre 1990 y 2000 prodigó sus salidas al extranjero, fruto de las cuales son Buenos Aires (Kōdansha, 2005), Hawaii (Getsuyōsha, 2007) y Sao Paulo (Kōdansha, 2009). Son álbumes que transmiten el convencimiento del artista de ser ya capaz de enfrentarse con sus propias armas a cualquier escenario del mundo.

Portadas de los álbumes Shinjuku, Buenos Aires y Hawaii.

La del perro callejero, una perspectiva que nos une

Como he dicho al principio, la ambición creativa de Moriyama sigue siendo la misma ahora que ha superado los 80 años de edad. Y en cuanto al interés que despierta en el extranjero, puede decirse que ha crecido. En la exposición “Daido Tokyo”, que, como se ha dicho más arriba, fue celebrada en 2016 en la Fundación Cartier para el Arte Contemporáneo de París, los dos géneros de fotografía expuestos –uno, digital en color, bajo el título de TOKYO COLOR, y otro de trabajadas fotografías monocromáticas, bajo el de Inu to amitaitsu (“Perros y medias de rejilla”), lograron impactar profundamente en el público.

TOKYO COLOR, 2008-2015© Daido Moriyama Photo Foundation.

Habría que preguntarse por qué el arte fotográfico de Moriyama se cotiza cada vez más. Y la respuesta parece estar en que esas fotografías que ha venido tomando desde los años 60, durante ya más de medio siglo, condensan en sí lo que cada uno de nosotros viene experimentando en nuestros recorridos callejeros. Porque la fotografía de Moriyama ha logrado captar cabalmente la luz y las sombras de la ciudad con todo su misterio, con la intriga de no saber qué nos aguarda, pero también con toda su difusa nostalgia. Y es posible que todo eso lo estemos compartiendo cada vez más, como una memoria visual, con personas de diferentes países y generaciones.

Fotografía del encabezado: Moriyama Daidō (derecha) durante una sesión, en Kiroku No.19, de 2011. © Daido Moriyama Photo Foundation.

Con la colaboración de la Taka Ishii Gallery y de Shashin Shokudō Megutama.

Fotografía