Donde habitan los dioses: El valle de Gangala, un espacio de oración rodeado de naturaleza mística
Guíade Japón
Naturaleza Arte Cultura- English
- 日本語
- 简体字
- 繁體字
- Français
- Español
- العربية
- Русский
Culto a unas estalactitas de simbología sexual
La cuenca del Yūhi, río que atraviesa la okinawense ciudad de Nanjō, está salpicada de numerosas cuevas de piedra caliza. El lento colapso durante cientos de miles de años de una de estas cavidades dio forma al valle de Gangala, hogar de un extenso bosque ancestral de unos 48.000 metros cuadrados. Una enorme cueva hace las veces de entrada al valle: la cueva de Sakitari, un yacimiento arqueológico cuyas excavaciones continúan en la actualidad. Los artefactos hallados aquí hablan de una actividad humana que abarca decenas de milenios, e incluyen fragmentos de cerámica, huesos humanos e incluso el anzuelo más antiguo del mundo, datado de hace unos 23.000 años.
Saliendo de esta cueva y tras adentrarnos en el bosque subtropical junto al río Yūhi, nos damos cuenta de que el valle es más que un mero espacio donde se han conservado vestigios de lo que fueran sus habitantes. También es, y ha sido de manera ininterrumpida, un lugar de oración. Ejemplo de ello son dos cuevas que flanquean el río, ambos sitios sagrados desde la antigüedad. La cueva de Inagu, de cuyo techo cuelgan estalactitas con forma de senos, es un lugar de culto donde se reza por la suerte en las relaciones y por un parto seguro, mientras que la cueva de Ikiga, con sus hileras de estalactitas que se asemejan a los genitales masculinos, está dedicada al nacimiento y crecimiento de la vida. No hay ningún santuario o construcción similar en ellas, siendo al valle sagrado en sí al que se le siguen ofreciendo plegarias aún a día de hoy.
El árbol que reina sobre el valle
Adentrándose aún más en el bosque, se llega a un espacio abierto que conserva todavía huellas visibles del derrumbe de la cueva. En la pared del desnivel se alza un árbol gigantesco del que cuelgan innumerables raíces aéreas, brotando directamente desde el tronco y las ramas para absorber la humedad y el oxígeno del aire. Es el llamado Ufushu Gajumaru, también conocido como Señor del Valle. Con aproximadamente 150 años de antigüedad y una altura que alcanza los 20 metros, observado de cerca su presencia resulta sobrecogedora.
Las raíces aéreas crecen con tal fuerza que pueden llegar a atravesar asfalto u hormigón; cuando se aferran a la tierra y se convierten en raíces de soporte, alcanzan un grosor indistinguible del tronco. Enfrentado al majestuoso aspecto de un árbol que rebosa tal vitalidad, uno comprende que debió de ser inevitable para la gente de otrora doblegarse en plegarias ante este espectáculo de la naturaleza que escapa a la comprensión humana.

Un espacio espiritual resguardado por un árbol gigante que crece sobre la roca. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)
Valle de Gangala
- Dirección: 202 Maekawa, Tamagusuku (ciudad de Nanjō). Prefectura de Okinawa.
Para más información sobre reservas y precios consultar el sitio web oficial de Gangala Valley (en inglés)
Nacido del derrumbamiento de una red de cuevas de piedra caliza, el valle de Gangala ofrece un espacio geológico único en el que aprender sobre la historia de la humanidad y la cultura de las creencias. El acceso está limitado a visitas guiadas y requiere reserva previa. El itinerario se puede completar con una visita al adyacente parque temático Okinawa World, haciendo posible disfrutar en un solo día de la historia, la cultura y la rica naturaleza de Okinawa.
El punto de partida es una cueva que incluye una cafetería: la cueva de Sakitari, un yacimiento donde se han encontrado huesos humanos del Paleolítico entre otros hallazgos. La mística atmósfera que permea el lugar hace crecer la expectación del viajero ante la visita guiada. El recorrido dura aproximadamente 1 hora y 20 minutos. Mientras el visitante pasea por el antiguo bosque, los guías ofrecen explicaciones sobre los resultados de la excavación y las investigaciones que se están llevando a cabo, creando la sensación de estar explorando en persona estas ruinas ancestrales.
Con sus dinámicas formaciones naturales creadas por estalactitas, una historia que se remonta a los tiempos prehistóricos y el arraigo de su cultura espiritual, el valle de Gangala es un verdadero museo al aire libre lleno de paz y maravillas por descubrir.

En la cueva junto a la entrada del yacimiento de Sakitari hay una cafetería para quienes participen en la visita guiada. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)

El sendero por el que se visita el valle está cubierto de árboles tropicales que recuerdan a un bosque primigenio. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)

La cueva Inagu, cuyo nombre significa “mujer” en el idioma local, debe su nombre a las estalactitas con forma de senos que hay en su interior. Actualmente no se puede entrar debido al riesgo de derrumbe. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)

En la cueva Ikiga, que significa “hombre” en la lengua de Okinawa, se puede caminar bajo una serie de estalactitas de forma fálica que añaden un toque de aventura a la visita. (Fotografía: Ōsaka Hiroshi.)
Entrevista, texto y edición: Kitazaki Jirō.
Imagen del encabezado: El gigantesco árbol de gajumaru (ficus microcarpa) que se alza dominante en el valle de Gangala. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
(Traducido al español del original en japonés.)