Peregrinaje monocromático

Donde habitan los dioses: Onigajō, el espectacular ‘castillo del ogro’ en la ruta de peregrinación de Kumano

Naturaleza Arte Cultura

En la decimonovena entrega de esta serie visitamos una zona de singulares formaciones rocosas que han infundido terror durante siglos a los peregrinos de Kumano, tierra santa consagrada al culto a la naturaleza.

La guarida de un pirata tan temido como un ogro

Situado en la ciudad de Kumano, Onigajō —“el castillo del ogro”— se encuentra en el extremo sur del litoral repleto de rías que comienza en la región de Ise-Shima, en la prefectura de Mie. Se trata de un gigantesco acantilado de toba volcánica repleto de cuevas marinas de diverso tamaño, formadas por la erosión del agitado oleaje del mar de Kumano. El lugar era conocido antiguamente como Oni no Iwaya, o “cueva del ogro”. Con su aire amenazante, esta imponente formación esculpida por la naturaleza parece ciertamente la madriguera de algún monstruo; no es de extrañar que la gente de antaño se diera al rezo ante tal lugar.

En la entrada de las cuevas marinas, la roca es especialmente afilada en el borde superior. El techo y las paredes están cubiertas de hendiduras similares a las de un panal de abejas, mientras que el suelo es llano. La más grande y espectacular de estas cuevas es Senjōjiki, con una estructura dividida en dos: una sección superior y otra inferior.

Onigajō es también el escenario de la leyenda de un ogro y su derrota. Durante el reinado del emperador Kanmu (781–806), el pirata Tagamaru se dedicaba a sembrar el caos en los mares de Kumano; temido como si de un ogro se tratase, hizo de este lugar su bastión. El guerrero Sakanoue no Tamuramaro recibió del emperador la orden de someter al pirata, y tras duras batallas en el mar embravecido, se le apareció una deidad en forma de niño, gracias a la cual consiguió derrotar al pirata usando arco y flechas. Se cuenta que la cabeza cercenada de Tagamaru está enterrada en el santuario de Ōma, en el distrito Ido-chō de la ciudad de Kumano.

Bajando un poco al sur desde Onigajō, sobre la playa de Shichiri Mihama, se alza una inusual formación rocosa de unos 25 metros conocida como Shishi Iwa: la roca del león. El nombre se debe a su aspecto de bestia felina que pareciera estar rugiendo hacia el mar. Shishi Iwa se considera además el komainu o león guardián del cercano santuario de Ōma; con la mirada fija en el océano, da la impresión de estar amenazando a los vengativos espíritus de los piratas. Desde mediados de mayo a finales de junio, el lugar atrae a numerosos visitantes desde primera hora de la mañana ya que, justo tras el amanecer, el león parece sostener el sol entre sus fauces.

Onijgajō y Shishi Iwa están designados en conjunto como enclave de belleza paisajística y monumento natural nacional; también constan como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO como parte de los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los montes Kii.

La gigantesca pared rocosa es fruto de la erosión de las olas. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

La gigantesca pared rocosa es fruto de la erosión de las olas. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

Onigajō

  • Dirección:1835-7 Kimoto-chō, ciudad de Kumano, prefectura de Mie.

Zona de singulares formaciones rocosas en un saliente de la costa de Kumano. La toba volcánica del litoral, repetidamente levantada por terremotos y erosionada por el viento y el oleaje desde tiempos remotos, ha acabado por formar incontables cuevas marinas escalonadas entre sí. Con sus aproximadamente 1.500 metros cuadrados, se dice que la cueva de Senjōjiki, también llamada “cueva del ogro”, fue la guarida de unos piratas a los que derrotó el guerrero Sakanoue no Tamuramaro a principios del periodo Heian. En la cima, rodeada de acantilados, se pueden ver los restos de una fortaleza del período Sengoku, de la cual proviene el nombre de Onigajō: “el castillo del ogro”. A kilómetro y medio en dirección oeste-suroeste se alza además la gigantesca roca de Shishi Iwa, formación pétrea que recuerda a un león guardián con las fauces abiertas.

Situados en la ruta que conecta Ise y Kumano, Onigajō y Shishi Iwa ya eran mencionadas por su belleza paisajística en las guías de peregrinación del periodo Edo. En 2004 fueron nombrados Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO, como parte de los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los montes Kii. Aunque no hay documentos que indiquen con certeza que esta inusual zona natural fue objeto de culto, su portentoso aspecto sigue a día de hoy cautivando los corazones de los peregrinos.

Senjōjiki, la cueva en la que se dice que moraba el ogro. Desde su entrada observaba el extenso mar de Kumano. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
Senjōjiki, la cueva en la que se dice que moraba el ogro. Desde su entrada observaba el extenso mar de Kumano. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

El sendero que sigue la costa desde Senjōjiki hacia el oeste es angosto y escarpado. Las olas rompen sin cesar contra el acantilado. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
El sendero que sigue la costa desde Senjōjiki hacia el oeste es angosto y escarpado. Las olas rompen sin cesar contra el acantilado. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

Shishi Iwa con Onigajō al fondo. Su aspecto recuerda al de un león rugiendo hacia el mar. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
Shishi Iwa con Onigajō al fondo. Su aspecto recuerda al de un león rugiendo hacia el mar. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

Reportaje, texto y edición: Kitazaki Jirō

(Imagen del encabezado: Senjōjiki, la cueva más grande de Onigajō. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.)

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