Donde habitan los dioses: Kōnouchi, el santuario donde una pared rocosa hace las veces de repositorio divino
Guíade Japón
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Una roca divina en un tranquilo bosque
El santuario de Kōnouchi se encuentra en una aldea de montaña en el municipio de Kihō, en el extremo meridional de la prefectura de Mie. Es una zona donde apenas hay rastro de gente y en la que reina el silencio incluso durante el día.
Junto al arroyo de aguas cristalinas que baja desde los montes se alza el torii del santuario; a su izquierda, un enorme árbol de horutonoki (Elaeocarpus zollingeri) extiende sus ramas sobre el río. La manera en la que sus raíces sujetan una gran roca de formación natural evoca la figura de una madre abrazando a su retoño. Conocido también como Koyasu-no-miya, el santuario de Kōnouchi ha sido objeto de ferviente devoción desde la antigüedad por ser un lugar en el que rezar por un parto seguro, y este árbol recibe igualmente el nombre de Anzan-ju: el árbol del buen parto.
A medida que se avanza por la senda del santuario el silencio se vuelve más profundo, llenándose el ambiente de la solemnidad del recinto sagrado. Enormes cedros japoneses y alcanforeros se alzan por doquier, y sobre las rocas y troncos extienden sus raíces todo tipo de exuberantes plantas epífitas. El terreno del santuario es hogar de unas 300 especies de plantas; no en vano, sus aproximadamente siete hectáreas están designadas monumento natural de la prefectura de Mie bajo el nombre de “Bosque del Santuario de Kōnouchi”.
En lo más profundo del bosque se eleva, imponente, una gran pared de piedra. El santuario carece de honden o edificio principal, y es a esta sagrada pared de roca silícea, en la que la erosión del agua durante largos períodos ha formado una cavidad, a la que se ofrecen los rezos. Antiguamente en toda la región de Kumano se veneraban árboles y rocas gigantes por considerarse yorishiro o repositorios de los dioses en un primitivo culto a la naturaleza que llega de esta forma hasta nuestros días.
Además, el santuario está profundamente ligado a las raíces de la mitología japonesa, y en sus terrenos incluye una capilla dedicada al emperador Jimmu, erigida de manera que queda protegida por una enorme roca. Es posible que el legendario emperador, tras desembarcar en Kumano para dirigirse a Yamato, rezara ante este gran peñasco sagrado por el éxito de su viaje.
Un majestuoso bosque rodea el recinto sagrado, desprovisto de cualquier decoración ostentosa. Solo se oye el viento que mece las hojas de los árboles. Las oraciones dirigidas a los dioses y la naturaleza, ininterrumpidas desde tiempos atávicos, respiran aquí en soledad.

La roca sagrada considerada repositorio de los dioses. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
Santuario de Kōnouchi
- Deidades consagradas: Amaterasu Ōmikami, Ame-no-oshihomimi-no-mikoto, Ninigi-no-mikoto, Hikohodemi-no-mikoto, Ugayafukiaezu-no-mikoto
- Dirección: 958 Kōnouchi, Kihō-chō, Prefectura de Mie
Santuario donde se conservan las formas de un ancestral del culto a la naturaleza, en el que se venera una gigantesca pared rocosa así como la cueva que se encuentra en ella. Aunque se desconoce su origen, se cree que el bosque de la zona fue el lugar donde descendieron los dioses creadores de Japón, Izanagi e Izanami. Debido a la forma uterina de la roca y las leyendas que hablan del paraje como una tierra sagrada de dioses creadores de vida, ha sido desde la antigüedad un lugar donde rezar por la fertilidad y el parto seguro.
El acantilado de piedra está rodeado por un denso bosque. Además de los musgos, líquenes y demás plantas epífitas que crecen sobre la roca, se alzan por doquier gigantescos árboles que parecen superponerse unos sobre otros, conservando cierto aspecto de bosque primigenio.
El santuario de Kōnouchi también es conocido como el santuario de Koyasu, nombre que hace referencia al parto seguro. Además de para pedir protección para las parturientas, los lugareños rezan aquí por una pesca abundante. Fotografía de Kitazaki Jirō.
Un árbol de horutonoki (Elaeocarpus zollingeri) de más de 700 años de antigüedad. Desde el período Kamakura ha gozado de la protección de los feligreses debido a la creencia de que concede partos seguros. Fotografía de Kitazaki Jirō.
En una cueva protegida por una enorme roca cubierta de musgos y helechos se encuentra consagrado el emperador Jimmu. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
Con numerosos árboles de imponente tamaño, una fuerza vital que parece remontarse a tiempos remotos permea el recinto del santuario. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
Reportaje, texto y edición: Kitazaki Jirō
Imagen del encabezado: el santuario de Kōnouchi, lugar donde se venera una sagrada pared rocosa. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
(Traducido al español del original en japonés.)



