Donde habitan los dioses: Hana no Iwaya, lugar de reposo de la madre creadora del país
Guíade Japón
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Frente a la pared de roca donde moran los dioses
Situado en la costa de Shichiri Mihama, Hana no Iwaya está considerado uno de los santuarios más antiguos de Japón. Sin embargo, a diferencia de los santuarios típicos, en este no hay edificio o pabellón de rezo alguno. Tras atravesar el torii y avanzar por el camino de acceso, se alza ante el visitante una colosal pared de roca de unos 45 metros de altura; esta pared es en sí misma el shintai u objeto de culto en el que moran los dioses del santuario. Una valla rodea la zona desde la que se le ofrecen las oraciones.
La deidad venerada en Hana no Iwaya es Izanami, la diosa madre que junto con su esposo Izanagi creó la tierra de Japón y dio a luz a la miríada de dioses que pueblan el país. La crónica del Nihon Shoki cuenta que la diosa murió por las quemaduras sufridas al dar a luz a Kagutsuchi, el dios del fuego, tras lo cual fue enterrada en este lugar. Por ello el santuario se ha considerado siempre una frontera con el Yomi, la tierra del más allá.
Ante la gigantesca pared, uno siente la imponente presencia de la roca y cierta serenidad espiritual que permea el ambiente. De cara al lugar de rezo se encuentra Ōji no Iwaya, lugar consagrado a Kagutsuchi, dispuesto de modo que madre e hijo puedan permanecer juntos.
Alzando la vista a lo alto de la pared se observa una gruesa cuerda que cuelga desde lo alto extendiéndose hacia el recinto del santuario. Esta soga de aproximadamente 170 metros se tiende cada febrero y octubre en el ritual conocido como Otsunakake, conectando la cima de la roca divina con un árbol sagrado que se encuentra en el santuario. De la cuerda se suelen colgar tres pendones ornamentales hechos de cordón trenzado llamados minagare no hata, cada uno decorado en sus extremos con flores y abanicos. Se dice que antiguamente la corte imperial donaba estandartes de brocado en ofrenda al santuario, pero la práctica cesó, por lo que los lugareños comenzaron a crear estos ornamentos en su lugar. Los pendones siguen ahí después del festival, mecidos suavemente por la brisa marina en un agradable vaivén.
Una pared de roca viva y el ruido de las olas del mar de Kumano resonando en el recinto. Hana no Iwaya carece de decoraciones ostentosas, pero el sencillo y poderoso paraje sacro, llegado hasta nuestros días desde tiempos remotos, evoca en el visitante el origen mismo de la fe de los japoneses.

El área de rezo frente a la pared de roca, con su suelo cubierto de piedras blancas, tiene aspecto de antiguo lugar ritual. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)
Santuario Hana-no-Iwaya
- Dirección: 130 Arima-chō, ciudad de Kumano. Prefectura de Mie
- Deidades consagradas: Izanami-no-mikoto, Kagutsuchi-no-mikoto
Antiguo santuario situado frente a una carretera costera al sur de la prefectura de Mie, está registrado como Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO como parte de los sitios sagrados y rutas de peregrinación de los montes Kii. Al igual que el santuario de Kamikura, en Kumano, se trata de un lugar sacro en el que se reza ante una enorme formación rocosa que hace de repositorio de los dioses, reflejando así un antiguo culto a la naturaleza que llega hasta nuestros días.
La deidad consagrada es la diosa que creó tanto la tierra de Japón como sus dioses, y que desde su muerte gobierna el Yomi o inframundo. Según la tradición este es su mausoleo real, al que se le rendía culto con ofrendas de flores y estandartes.
Desde la antigüedad, la región de Kumano ha sido venerada por ser un lugar donde renacen las almas de los peregrinos. Hana no Iwaya, repleto de mitología y místicas formaciones naturales, es un paraje cargado de energía espiritual que encarna a la perfección esta tierra sacra del renacimiento.

Una atmósfera sencilla y poderosa reina en el recinto del santuario. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

Desde la antigüedad se cree que las piedras redondas son hogar de espíritus divinos. Se dice que esta piedra redonda es la más grande de la región de Nanki-Kumano. (Fotografía de Ōsaka Hiroshi)

Tres pendones ornamentales o minagare no hata cuelgan de una cuerda que va desde la parte superior de la pared sagrada hasta un pino en los terrenos del santuario. (Fotografía de Kitazaki Jirō)
Reportaje, texto y edición: Kitazaki Jirō
Imagen del encabezado: Hana no Iwaya, donde la pared de roca es objeto de culto. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
(Traducido al español del original en japonés.)