Donde habitan los dioses: Hashigui-iwa, los pilares rocosos de un legendario puente construido en una noche
Guíade Japón
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Pilares de roca alineados sobre el mar
En la costa del municipio de Kushimoto, en la prefectura de Wakayama, hay un conjunto de escollos conocidos como Hashigui-iwa. Cerca de cuarenta enormes rocas de tamaño dispar forman una línea recta en dirección a Kii-Ōshima, la isla que se ve flotar más allá en el mar, trazando una distancia total de unos 850 metros. El nombre de Hashigui —“pilares del puente”— se debe a las alargadas rocas que se yerguen aquí y allá como si de pilares de un puente derrumbado se tratasen. Además de ser parte del Parque Nacional Yoshino Kumano, la zona está declarada enclave de belleza paisajística y monumento natural nacional.
Este singular paisaje fue formado por la actividad volcánica de hace unos 15 millones de años seguida de una prolongada erosión marina. El magma, ascendiendo desde el subsuelo, penetró en una grieta rectilínea de la capa de fangolita que la cubría, tras lo cual se solidificó; las olas erosionaron después aquella blanda fangolita, dejando solamente una fila de dura roca ígnea.
Muchas de estas enormes rocas de aspecto extraordinario acabaron por convertirse en objeto de culto desde la antigüedad. La gente vio algo divino en aquellas imponentes creaciones de la naturaleza, y comenzó a venerarlas por considerarlas receptáculos de los dioses. Los hombres de antaño seguramente rezaran aquí a estas mismas rocas para pedir protección durante las travesías marinas y una pesca abundante. Con el tiempo las formas de practicar la fe fueron cambiando, y hacia mitad de la fila de escollos, en el islote de Benten, se levantó un torii y un pequeño altar, mientras que en Motojima, un promontorio rocoso que linda con la costa, se alza hoy en día un santuario dedicado al dios Inari.
Existen varios cuentos populares que han llegado a nuestros días en torno a este místico paisaje. Uno de ellos es la historia de una apuesta entre el legendario monje Kūkai (774-835) y un malvado demonio, el amanojaku, quien retó al monje a construir en una sola noche un puente que llegara hasta la isla de Ōshima. Gracias a sus poderes espirituales, Kūkai fue levantando los pilares del puente en rápida sucesión; el demonio, alarmado por su velocidad, imitó entonces el canto del gallo para hacerle creer que ya amanecía. Fue así como Kūkai dejó el trabajo a medias, dejando únicamente los pilares.
Hashigui-iwa muestra un aspecto diferente según la hora del día, el tiempo que haga o el nivel de la marea. La belleza de este peculiar paraje es tal que el visitante, abrumado, acaba por creer en las grandiosas leyendas que se cuentan sobre él.

Rocas de forma inusual se alzan por doquier, alcanzando los diez metros de altura. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
Hashigui-iwa
- Dirección: Kujinokawa, Kushimoto-chō, Prefectura de Wakayama
Ubicado en la localidad de Kushimoto, en el extremo meridional de la isla de Honshū, Hashigui-iwa es un paraje famoso por sus pilares rocosos de diversos tamaños que se suceden en línea recta desde la costa hacia el mar. Los aproximadamente cuarenta escollos están compuestos de piedra ígnea y son producto de la actividad volcánica de tiempos remotos: originalmente constituían una sola placa rocosa, que con la erosión marina fue desgastándose hasta adquirir su aspecto actual. Dispersos en la zona intermareal de la costa hay más de mil fragmentos de roca desprendida que, según se cree, fueron arrastrados por un gigantesco tsunami.
El paisaje cambia de apariencia por momentos, y con la marea baja se puede caminar hasta la isla de Benten, situada más o menos a medio camino de la hilera de rocas. Contemplar estas espléndidas formaciones hace que el visitante quede cautivado por el dinamismo de la naturaleza. El lugar es especialmente conocido por su belleza al amanecer, cuando el sol recorta desde atrás la singular silueta de las rocas. También tiene fama por las noches de otoño en las que, durante varios días, se realiza un espectáculo de iluminación tras el atardecer que envuelve el paisaje en una mágica atmósfera. Se trata por tanto de un sitio de interés geológico excepcional cuya inusual belleza atrae a un flujo constante de visitantes.

Siguiendo la fila de rocas se halla Benten-jima, un islote cubierto de vegetación con un torii y un pequeño altar. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.

El promontorio de Motojima, donde se encuentran tres pequeños oratorios dedicados a los dioses Inari, Ebisu y el bodhisattva Jizō. Es un lugar perfecto para ver desde lo más alto las vistas espectaculares de Hashigui-iwa. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.

En los alrededores de Hashigui-iwa se encuentra la gran roca de Kozagawa, un enorme peñasco monolítico formado también por la actividad volcánica de hace aproximadamente 15 millones de años. Con 100 metros de altura y 500 de ancho, está designada monumento natural nacional. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.

Botan-iwa o roca de las peonías, en la localidad de Kozagawa. En una parte de esta pared de unos 10 metros, la erosión eólica ha creado agujeros de distintos tamaños similares a las flores que le dan nombre. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
Reportaje, texto y edición: Kitazaki Jirō
Imagen del encabezado: Hashigui-iwa, enclave de belleza paisajística en el extremo sur de la península de Kii. Fotografía de Ōsaka Hiroshi.
(Traducido al español del original en japonés.)