En profundidad 11 de marzo: segundo aniversario
Una primavera tardía en Tōhoku (segunda parte)

Kikuchi Masanori [Perfil]

[20.09.2013] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | 简体字 | 繁體字 | FRANÇAIS |

En la costa pacífica de la región de Tōhoku, arrasada por el tsunami de marzo de 2011, continúa la ardua tarea de reconstrucción de viviendas e infraestructuras. El periodista Kikuchi Masanori visita las zonas afectadas para informar sobre el proceso de reconstrucción.

Rikuzentakata perdió hasta su “pino milagroso”

En Rikuzentakata, ciudad de la prefectura de Iwate, me acerco a una de las zonas en reconstrucción para hablar con un joven del pueblo que trabaja en las obras. Con el sol bañando su tostado rostro, el muchacho me explica suspirando: “Si vas hacia el norte por la calle comercial que hay en frente de la estación, llegas a un pequeño monte con un templo y las ruinas del antiguo castillo. Antes la zona de costa que se ve al sur desde el monte estaba cubierta por un extenso pinar.” Aunque el aspecto actual del lugar no permite intuirlo, lo cierto es que me encuentro en lo que solía ser la céntrica plaza de enfrente de la estación de tren JR de Rikuzentakata. No queda ni rastro del edificio de la estación ni de las vías; solo se distinguen los restos del esqueleto del andén.

La extensión de playa de arena blanca y verdísimo pinar, conocida como Takata Matsubara, era un famoso enclave turístico que albergaba árboles tricentenarios dentro del parque nacional de Rikuchū Kaigan. Sin embargo, el gigantesco tsunami que tuvo lugar el 11 de marzo de 2011 tras el Gran Terremoto del Este de Japón, un fenómeno que solo se observa una vez cada mil años, dejó la zona devastada.

El municipio de Rikuzentakata sufrió 1.700 víctimas mortales en el tsunami y muchos de los supervivientes se han ido a vivir a otros lugares, por lo que la población actual ronda las 20.000 personas, unas 4.000 menos que antes del desastre.

Dos años después de la tragedia, la zona que un día fue el centro del municipio es un descampado de malas hierbas donde solo se alzan unos pocos edificios en proceso de derribo. No queda ni un alma. Del frondoso pinar que antaño recorría kilómetros de costa solo queda el esqueleto de un árbol. Hasta el pino solitario que aguantó en pie “milagrosamente” tras el tsunami se secó y tuvieron que cortarlo. Actualmente se está construyendo un monumento conmemorativo en el lugar del célebre pino.

Tal como me comentaba el joven trabajador de la obra, los mapas indican la existencia de un pequeño monte de unos cincuenta metros de altura situado a un kilómetro de la estación, unos dos kilómetros tierra adentro. Antiguamente allí se erguía el castillo de Takata, del período Sengoku (período de los estados en guerra, 1467–1568). En marzo de 2011, los que subieron al monte de este histórico castillo que antaño dominaba las tierras circundantes lograron salvarse del tsunami de 15 metros de altura que asoló el pueblo.

Prácticamente no queda ni rastro de las montañas de escombros que dejó a su paso el tsunami, pero el aspecto desolador de la zona, ausente de cualquier edificio nuevo, tampoco muestra ningún indicio de la esperada “reconstrucción”.

Recorro los alrededores del antiguo castillo hasta llegar al “Hogar para Todos”, un centro de reunión social inaugurado en la zona de Ōishi en noviembre del año pasado. Se trata de uno de los seis edificios construidos en las prefecturas de Iwate y Miyagi como parte del proyecto diseñado por el arquitecto Itō Toyoo para ayudar a las víctimas del desastre. Este edificio en concreto se inauguró el noviembre del año pasado en la zona de Ōishi y está construido con cedros que se secaron tras el paso del tsunami.

Todos los días el centro acoge a víctimas del pueblo y visitantes de otras localidades que se reúnen a tomar una taza de té y charlar. Sugawara Mikiko, una de las víctimas del pueblo y encargada de la gestión del centro, comenta: “Este centro se ha convertido en un importante lugar de reunión gracias a la tarea de los voluntarios. Sin embargo, últimamente cada vez vienen más visitantes de fuera y no tenemos suficiente personal ni presupuesto para atenderlos a todos”.

Tras retirar los escombros, la zona que albergaba el centro de Rikuzentakata se ha convertido en un vasto descampado. El monte que se ve a lo lejos en el centro de la imagen es el emplazamiento del antiguo castillo de Takata. La estructura roja que se observa en el plano central son los restos del monumento que se alzaba en la rotonda que había enfrente de la estación de JR de Rikuzentakata.

El incierto futuro de las viviendas prefabricadas

Uno de los "hogares para todos" que forman parte del proyecto diseñado por el mundialmente célebre Itō Toyoo y un grupo de jóvenes arquitectos. La exposición del proyecto obtuvo el León de Oro en la Bienal de Arquitectura de Venecia celebrada en agosto de 2012.

Iwai Akira, de 69 años, es uno de los ciudadanos que visitan asiduamente el Hogar para Todos. “Perdí a 13 de mis antiguos compañeros de la escuela en el tsunami. Vengo aquí porque siempre hay alguien con quien hablar y me siento menos solo. Hoy he venido para ayudar”. Iwai perdió la casa donde vivía en la zona de Ōishi, a un kilómetro y medio del mar, y se vio obligado a trasladarse a una de las minúsculas viviendas provisionales de dos estancias que se construyeron para las víctimas en un terreno elevado. “Yo, que vivo solo, aún me apaño, pero para los que viven en familia estas casas son demasiado pequeñas. En invierno hace mucho frío. Estamos muy preocupados por el futuro, porque no podemos vivir aquí para siempre”.

Según la Ley de asistencia en caso de desastre, las viviendas provisionales pueden ocuparse durante un período máximo de dos años. Aunque es muy probable que el gobierno permita prolongar ese período, muchos de los ocupantes de las viviendas siguen preocupados por dónde vivirán cuando tengan que abandonar su alojamiento actual. Iwai ha pensado en invertir sus ahorros y la ayuda financiera del gobierno para construirse una casa en un terreno elevado de la zona, pero tiene serias dudas: “No sé si vale la pena hacerme una casa nueva si cuando muera tal vez ninguna de mis dos hijas querrá venir a vivir aquí”.

Construir tierra adentro no es tarea fácil

La mayoría de las administraciones locales de las zonas afectadas coinciden en que el problema principal al que se enfrentan son las viviendas. Y es que las víctimas no podrán retomar sus vidas con normalidad hasta que no dispongan de viviendas permanentes en una zona segura. Según los análisis de la Agencia para la Reconstrucción, el 7 de febrero de este año 315.000 víctimas del tsunami seguían en viviendas provisionales u otros tipos de alojamiento. Cuando visité Rikuzentakata para recopilar información para el reportaje en marzo, el pueblo tenía a 5.500 ciudadanos alojados en 2.200 viviendas provisionales ubicadas dentro del término municipal. La administración local tiene que gestionar el traslado colectivo de los ciudadanos a la vez que reconstruye el centro de la ciudad, ayuntamiento incluido, varios cientos de metros tierra adentro. Además, el plan de reconstrucción prevé la elevación del terreno en unos siete u ocho metros y la reconversión del antiguo centro municipal en un parque.

Kubota Takashi, de 36 años y natural de la prefectura de Shizuoka, abandonó su carrera burocrática la oficina del Gabinete del gobierno para convertirse en teniente de alcalde de Rikuzentakata en agosto de 2012, motivado por su experiencia como voluntario en el pueblo tras el desastre. Kubota hace hincapié en la gravedad de los problemas de las viviendas en Rikuzentakata: “Terminamos de trasladar a las últimas víctimas sin casa a las viviendas provisionales en agosto del año pasado, pero el siguiente paso nos tomará más tiempo. Estamos desarrollando un plan para construir vivienda pública en terrenos elevados a cierta distancia de la línea de costa pero, además de que el espacio edificable es muy limitado, los terrenos donde queremos construirla pertenecen a distintos propietarios, algunos de los cuales viven fuera de la ciudad. Las negociaciones para la cesión de los terrenos están demorando mucho el proceso”.

Kubota Takashi, teniente de alcalde de Rikuzentakata (prefectura de Iwate)

A diferencia del caso del Gran Terremoto de Hanshin de 1995, en que la mayoría de las viviendas pudieron reconstruirse en el lugar original, muchas de las zonas afectadas por el tsunami de 2011 han sido declaradas zonas peligrosas y por ello están sujetas a estrictas limitaciones para la edificación. Algunos de los ciudadanos han empezado a contratar proyectos con constructores privados para reconstruir sus casas con sus propios recursos.

“Sea como sea, tenemos que acelerar el proceso.” —afirma Kubota. “El gobierno central ha simplificado la batería de procedimientos que frenaban la acción de las administraciones locales. Si logramos reunir la mano de obra necesaria y redistribuimos el presupuesto para afrontar las acciones prioritarias, esperamos poder trasladar a los primeros ocupantes a las viviendas permanentes a finales del año que viene, como muy tarde. Esperamos que el gobierno central relaje las regulaciones relativas a los presupuestos para que podamos agilizar el proceso y, al mismo tiempo, tenemos que centrar esfuerzos en la captación de empresas para crear empleo”.

Onagawachō: la reconstrucción del puerto despega al fin

El siguiente destino de mi viaje fue Onagawachō, un pueblo de la parte oriental de la prefectura de Miyagi. El centro de esta localidad también sufrió la devastación del tsunami de casi 20 metros de altura. Entre las víctimas mortales y los supervivientes que se marcharon tras el desastre, la población de diez mil habitantes se ha visto reducida a la mitad. Las carreteras funcionan en todas partes, pero el paisaje en general es una enorme explanada ornada solo por las ruinas de unos cuantos edificios.

En el puerto de Onagawa, donde la tierra se hundió más de un metro tras el tsunami, la prefectura de Miyagi justo acaba de iniciar las obras para alzar el suelo y reconstruir la infraestructura portuaria. Abe Yoshihiko, capitán del ferry Shimanagi que conecta Onagawa con las islas circundantes, pudo retomar el servicio en agosto de 2011 tras la construcción de un muelle provisional. “La reconstrucción avanza a un ritmo muy lento. Creíamos que el muelle estaría terminado en cosa de un año, pero éramos demasiado optimistas.” —comenta mientras se prepara para fletar su barco. “Los usuarios se han reducido a la décima parte tras el terremoto”.

La última vez que visité la zona en julio de 2011, el entonces alcalde Azumi Nobutaka afirmaba que el mayor problema al que se enfrentaba el pueblo era la eliminación de las 440.000 toneladas de escombros que había dejado el tsunami. En mi visita del pasado marzo el actual alcalde Suda Yoshiaki, que relevó a Azumi en noviembre de 2011, me explicó que, con la ayuda del gobierno metropolitano de Tokio, esperaban deshacerse de los últimos escombros combustibles a finales de ese mismo marzo y acabar con los no combustibles a finales de junio.

En el puerto de Onagawa, uno de los edificios que arrastró el tsunami sigue tumbado junto a una pasarela

Licitaciones fracasadas por el precio de los materiales

El alcalde Suda señala que la prioridad actual es la reconstrucción del puerto, las carreteras y otras infraestructuras. Sin embargo, el grave problema de la escasez de mano de obra y los altos costes del cemento y otros materiales necesarios se interponen en la concesión de la licitación de los proyectos. “El plan era completar la reconstrucción del puerto de Onagawa en el año fiscal 2014, pero es posible que tengamos que aplazarlo hasta 2015. Contamos con la colaboración de 21 trabajadores enviados por el Ministerio de Asuntos Internos y Comunicaciones, pero no es suficiente. Necesitamos más ayuda tanto del gobierno prefectural como del central, incluyendo más presupuesto”.

Suda Yoshiaki, alcalde de Onagawa (prefectura de Miyagi)

En relación con las viviendas, Suda calcula que tardarán entre cinco y seis años en construir los edificios necesarios para alojar a las 1.900 familias que actualmente ocupan las viviendas provisionales, y al menos un año hasta que las primeras familias puedan empezar a trasladarse a las viviendas permanentes.

El presupuesto general que se calculó inicialmente para el año fiscal 2012 en Onagawachō era de 23.000 millones de yenes, casi el cuádruple de los 6.000 millones anuales anteriores al terremoto. Onagawachō gozaba de una situación financiera más que saludable gracias a los subsidios públicos que recibía por la planta nuclear que mantenía en funcionamiento desde 1984. Sin embargo, la planta se cerró tras el tsunami y por el momento no se ha definido la fecha para su reactivación. Entre tanto, el superávit impositivo va disminuyendo con el tiempo a causa de la depreciación.

Los problemas les rodean por todos los frentes, pero no les queda más remedio que afrontarlos uno a uno. El alcalde Suda tiene una clara determinación: “Como natural de este pueblo, me preocupa pensar cómo estará todo dentro de veinte años, cuando yo cumpla los sesenta. Me convertí en alcalde para velar por el futuro del pueblo. Por más difícil que sea la situación ahora, tenemos que transmitir la cultura y la riqueza del pueblo a las generaciones futuras”.

Shiogama: la esperanza en la pesca local

Llega el cuarto y último día de mi periplo por las prefecturas damnificadas de Iwate y Miyagi. En el camino de regreso a Tokio desde la prefectura de Miyagi, hago un alto en Shiogama para acercarme al Mercado Mayorista de Productos Marinos del puerto, uno de los mayores mercados de pescado de Tōhoku y eje de comercialización de productos marinos de la región de Sanriku.

El pescadero Suzuki Kiyotaka me explica que el negocio se ha recuperado considerablemente desde la dura temporada que siguió al terremoto, cuando la llegada de mercancías se redujo casi a cero. “En verano de 2011 los envíos se recuperaron en un 30 o 40%, mientras que ahora ya llegan al 90% del nivel anterior al tsunami. Los rumores relacionados con el accidente nuclear de Fukushima tienen menos resonancia que antes, y los clientes particulares, tanto turistas como establecimientos de comida, han vuelto”.

Aun así, el mercado casi no puede ofrecer productos de pesca locales debido a que la reconstrucción de los puertos de Sanriku y Fukushima apenas avanza, y los pescadores no cuentan con la financiación necesaria para reparar los barcos que el tsunami destrozó. Esta carencia productiva se suple con el envío de productos de otras zonas pesqueras. A las puertas de la temporada de pesca que culmina en abril, los pescadores y comerciantes esperan con ansia que la industria pesquera local empiece a recuperarse.

Ya que la pesca era sin duda la principal industria de las zonas afectadas por el tsunami, el estado de la actividad pesquera y de la infraestructura portuaria es un indicador clave del proceso de recuperación en general. Superar los estragos causados por el mar y recuperar sus favores requerirá una buena dosis de esfuerzo y persistencia, no solo por parte de los habitantes de las zonas afectadas, sino por parte de todos los japoneses.

Pescado del Mercado Mayorista de Productos Marinos de Shiogama. Aunque los envíos de mercancía se han recuperado en un 90% respecto al nivel anterior al terremoto, todavía se ofrecen pocos productos de la región de Sanriku.

(Traducido al español del original japonés redactado el 13 de marzo de 2013. Fotografías de Kodera Kei.)

  • [20.09.2013]

Periodista nacido en Hokkaidō en 1965. Tras trabajar como reportero de plantilla en el Hokkaidō Shimbun, se estableció por cuenta propia. Actualmente su trabajo se centra en entrevistas y artículos de sociedad para revistas como AERA, Chūō Kōron, Shinchō 45 y President. Autor del libro Sokkishatachi no kokkai hiroku (Apuntes de los taquígrafos de la Dieta; Shinchō Shinsho, 2010).

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