En profundidad Construyendo el futuro de las regiones de Japón
Ama: una remota comunidad insular demuestra que puede ganar la lucha contra el declive

Uno Shigeki [Perfil]

[19.02.2015] Leer en otro idioma : ENGLISH | 日本語 | FRANÇAIS |

Un pequeño municipio insular de apenas 2.300 habitantes en la costa de Shimane es frecuentemente mencionado como ejemplo destacado de la revitalización de las regiones. Este artículo describe cómo la comunidad de Ama ha logrado salir de una situación de despoblación y bancarrota para construir una comunidad vibrante que atrae a los jóvenes de las áreas urbanas.

Los encantos de una isla remota

Últimamente se habla mucho de un pueblo llamado Amachō, en la prefectura de Shimane. Esta municipalidad que ha atraído de pronto la atención de todos se encuentra a unos sesenta kilómetros de Honshū en la isla de Nakanoshima, que forma parte de las islas Oki, un grupo de islas aisladas en el Mar de Japón. Se conoce también como el pueblo del I-turn (un término que designa a quienes emigran a una zona con la que no tienen ningún vínculo), y se ha visto revitalizado sobre todo por gente joven. Uno tras otro, los productos de la isla se han visto comercializados con éxito, e incluso el primer ministro Abe Shinzō hizo mención de Amachō como modelo de revitalización regional, durante la reunión de la Dieta el 29 de septiembre de 2014. Y lo que es más, la isla es un lugar único también por contar con una comunidad que ha elaborado un plan de promoción regional denominado “La felicidad de la isla”, con el que ha movilizado a los habitantes de la zona.

Ninguna de esas iniciativas ha sido fortuita. Me gustaría ir presentando su historia en este artículo, pero lo fundamental del asunto es darse cuenta de que todos esos elementos forman parte de un único proyecto, y buscar las razones por las que un proyecto así ha sido posible en esta isla. El efecto I-turn, la revitalización regional, el autogobierno… nada de eso resulta sorprendente de por sí; pero sí lo resulta el hecho de que las tres cosas se hayan dado en una isla remota del Mar de Japón.

La fuerza y la creatividad del lema “Lo que no hay, no hay”

Amachō es una isla a tres horas en ferry de la isla principal, con una periferia de 89 km. Tiene una naturaleza y una historia ricas. En la época en la que Oki era destino desginado para el exilio, a Amachō llegaban muchos prisioneros políticos y aristócratas, entre los cuales se cuenta al emperador Gotoba, exiliado durante la Guerra Jōkyū, en el periodo Kamakura; el emperador pasó 19 años en la isla y escribió un gran número de poemas.

Desde un punto de vista objetivo no se puede decir que Amachō sea un lugar privilegiado. El principal medio de transporte que la conecta con la isla principal es el ferry, que tarda cerca de tres horas en hacer la travesía (aunque actualmente ya existe también un barco de alta velocidad). Si uno quiere moverse entre las islas solo puede usar el barco, y como consecuencia todo transporte implica un día entero. Eso cuando los barcos funcionan; cuando las olas son demasiado altas los trayectos se cancelan, y en la temporada de los tifones uno se puede quedar completamente aislado en una isla varios días. En invierno el mar también está revuelto. En cuanto a los vuelos, existen, pero solo uno al día, de ida y vuelta, y solo a Osaka e Izumo.

La falta de obstetras también es un asunto grave. En Dōgo, la mayor de las islas Oki, hay un hospital general, en el cual también hay especialidad de obstetricia y ginecología. Y sin embargo, aunque anteriormente venían médicos del Hospital Universitario, hoy día hay una gran escasez de obstetras, y resulta muy difícil asegurar la presencia de médicos residentes. Como resultado, la mayoría de las embarazadas deben ir a la isla principal para dar a luz. En los casos de emergencias se hace necesario el uso de un helicóptero.

Esto se aplica a todas las islas del archipiélago Oki, pero de entre todas ellas Amachō se encuentra en la peor situación. El archipiélago de Oki está compuesto principalmente de las islas Dōzen y Dōgo; Amachō está situado en una de las islas de Dōzen con menor población, y tampoco es una de las de mayor tamaño. No cuenta con aeropuerto ni servicio de obstetricia, claro, pero tampoco tiene ni una sola tienda de veinticuatro horas. Lo primero que ven los visitantes de la isla es el Kin’nyamonya Center (cuyo nombre deriva de la canción popular más famosa de Amachō) junto al puerto, unas instalaciones turísticas en las que hay colgados unos carteles con el lema nai mono wa nai (“lo que no hay, no hay”) inscrito en el logotipo de la isla. El lema es muy cierto; si uno se pone a contar las cosas que faltan en la isla, puede hacer una lista larga.

Vista nocturna del Kin’nyamonya Center, y sus trabajadores en plena faena, en el interior

Y no obstante, el lema “Lo que no hay, no hay”, se puede interpretar en japonés también como “No hay nada que no haya”. Esta isla, rodeada por el mar y bendecida con ricos productos marinos, cuenta con manantiales de agua de gran calidad, y es autosuficiente en lo que al cultivo de arroz se refiere. Buenos productos marinos, agua de calidad, productos agrícolas. En lugar de quejarse por lo que les falta, los habitantes de la isla disfrutan de lo que sí tienen. Y no solo eso: el lema de la isla puede interpretarse paradójicamente como “Tenemos de todo”. O dicho de otro modo, dependiendo de sus conocimientos puede significar que, cuando les falta algo, pueden producirlo ellos mismos. Sirva como ejemplo el hecho de que antes no había biblioteca en la isla, pero sus habitantes reunieron todos los libros que había en el lugar y crearon una. El lema de la isla, parece, nos muestra el orgullo que poseen sus habitantes.

Es una isla pequeña, pero rica en recursos turísticos. Arriba: Amanbō, el primer barco semisumergible para observación marítima de Japón, a su paso cerca de Saburōiwa (izquierda): la playa de Akiyakaigan se llena de turistas que van a bañarse y a acampar en verano. / Centro: peregrinaje hasta el santuario de Oki, donde se venera al emperador Gotoba; el santuario es un buen lugar para ver cerezos en flor (derecha). La imagen de la izquierda muestra el festival de verano del santuario Utsukamikoto, en el que se venera al dios local del mismo nombre. / Abajo: el festival Kin’nyamonya, en agosto, es un evento en el que tanto niños como adultos bailan por las calles con el shamoji (la cuchara para servir arroz) en la mano, al ritmo de la canción popular “Kin’nyamonya”. El alcalde, Yamauchi Michio (a la izquierda), sirve mochi, pasta de arroz, con billetes de lotería.

Quemar los puentes: la única salida es la victoria

Amachō siempre se ha encontrado en una situación precaria. Al igual que otras regiones de Japón, se trata de una isla aquejada por el problema del envejecimiento de la población, en la que durante mucho tiempo las obras públicas eran la forma de sustentar la economía. Sin embargo, por culpa de esta costumbre, la deuda pública del municipio se infló cada vez más, y en 2003 los pagos anuales llegaron a representar un tercio de su presupuesto. Las finanzas públicas de la isla se vieron fuertemente sacudidas. Debido a la gran reducción de las ayudas locales, la isla estaba a punto de caer en bancarrota.

De eso surgió la posibilidad de una fusión de entidades autónomas geográficamente próximas. Y no obstante un lugar como Amachō, que en términos administrativos es una única isla y una única localidad, no puede esperar mucha eficiencia fiscal de la fusión con una municipalidad separada por el mar. En ese punto Yamaguchi Michio, el alcalde, organizó un encuentro con los residentes. Los 14 distritos de la isla mantuvieron reuniones, y se planteó la idea de si debían fusionarse o no. Como resultado, Amachō decidió permanecer independiente. Esto no era, por supuesto, una elección fácil. Sin embargo podríamos decir que los residentes, al optar por el camino más difícil, quemaron los puentes tras de sí.

La administración fue la primera en ponerse en movimiento. Dados los planes de recuperación financiera para las autoridades autónomas era indispensable llevar a cabo una reforma drástica. El propio alcalde se redujo el sueldo, y su actitud pronto se contagió entre los otros funcionarios y los trabajadores de a pie. Sin embargo, solo con una reducción del presupuesto no se puede crear nada; era primordial decidir qué hacer con lo que quedaría de ese presupuesto. Amachō dedicó ese remanente, primero, a introducir la tecnología del sistema de células vivas (CAS, por sus siglas en inglés) en su cadena de producción, sistema con el que los productos marítimos se congelan sin que sus células se destruyan. Para ese pequeño pueblo suponía toda una aventura poner en funcionamiento las instalaciones necesarias, pero gracias a ello los productos de la isla, envasados al vacío, se distribuyen a todo el país.

Procesado de calamares blancos frescos usando la tecnología CAS (foto superior) y envasándolos al vacío. Los encurtidos cocinados con calamar congelado con la tecnología CAS gozan de popularidad incluso en lugares como el restaurante Ritō Kitchen, de Asakusa.

  • [19.02.2015]

Profesor del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Tokio. Nace en Tokio en 1967. Se gradúa en la Facultad de Derecho de la Universidad de Tokio en 1991, y obtiene el título de Doctor en la escuela de Derecho y Política de la misma institución en 1996. Entre sus áreas de especialización están la historia de las ideas políticas y la filosofía política. Recibe el Premio Suntory de Ciencias Sociales y Humanidades en 2007 por su obra Tokuviru: Byōdō to fubyōdō no rironka (Tocqueville: un teórico de la igualdad y la desigualdad). Es autor de muchas otras obras, entre las que se incluyen Watakushi jidai no demokurashī (Democracia en la era del individualismo) y Minshu-shugi no tsukurikata (Cómo construir una democracia).

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