Al encuentro de las imágenes budistas

La estatua del Ashura del Kōfukuji

Cultura Arte

Es uno de los efebos más bellos de la historia de la escultura japonesa y una de las estrellas indiscutibles de la imaginería budista. En 2009, cuando fue mostrada en el Museo Nacional de Tokio y en el de Kyūshū, 1.650.000 personas desfilaron ante este admirado tesoro nacional.

Con ese ceño fruncido, diríase que deplorase algún recóndito hecho. Aunque, según como se mire, también puede descubrirse en su semblante la firme determinación de quien no rehúye su destino. Es la estatua del Ashura del templo de Kōfukuji (ciudad de Nara), obra maestra del periodo Tenpyō (729-749).

Los orígenes del Kōfukuji hay que buscarlos en el Yamashinadera, un templo votivo erigido en Kioto en el siglo VII para rogar por la sanación de Fujiwara no Kamatari. Posteriormente hubo dos traslados: primero se mudó a Asuka, de donde Fuhito, hijo de Kamatari, lo pasó a Heijōkyō (Nara) al trasladarse a esta ciudad la capitalidad. Fue allí donde tomó su actual nombre. En el año 734, la emperatriz Kōmyō, esposa del emperador Shōmu e hija de Fuhito, hizo construir el Saikondō (“Salón Dorado del Oeste”) por el eterno descanso de su madre. En este salón se quiso representar la escena en la que los discípulos de Shaka (Shakyamuni, buda histórico) escuchan atentamente el sermón de su maestro, para lo cual, además de una estatua de Shaka, se colocaron también estatuas de sus diez discípulos principales y de otras deidades menores alrededor, entre ellas protectores o guardianes del dharma (ley).

Esta estatua era una de las integrantes del grupo de los hachibushū u ocho legiones de guardianes. Ashura es la versión japonesa de la palabra sánscrita asura. Los asura eran seres sobrenaturales de carácter belicoso, con tres caras y seis brazos, que aparecían en la mitología india. Enfrentados al dios Indra, que se integró en el panteón budista y es conocido en Japón como Taishakuten, eran de naturaleza diabólica. Un eco de este significado negativo ha quedado en la palabra japonesa shuraba, que significa algo así como “infierno” o “calvario”, una situación que implica un gran sufrimiento. Pero los ashura no pudieron sustraerse al influjo de Shaka al oír su sermón y se convirtieron, abandonando sus hábitos belicosos. Así, se transformaron en deidades benignas que defienden el dharma, siempre al servicio de Shaka.

La figura muestra una anatomía esbelta y bien proporcionada. Especialmente elegantes resultan sus sinuosos y finos brazos extendidos. Su expresión transmite suavemente angustias y padecimientos muy humanos, y una gran espiritualidad. Esta estatua fue hecha con la técnica del dakkatsu kanshitsuzukuri, que se transmitió desde China durante el periodo Nara (710-794). Primero se moldeaba una imagen en arcilla y sobre ella se ponían sucesivas capas de tela impregnada de laca. Una vez seca la laca, se extraía la arcilla. Después la superficie se cubría con una masa hecha de laca y serrín. La introducción de esta técnica supuso un salto cualitativo en el detallismo de las figuras y permitió dotar a las imágenes de movimientos y expresiones muy reales.

La historia del Saikondō ha sido una sucesión de incendios y reconstrucciones. Pero cuando en 1717 volvió a quedar calcinado, el linaje de los Fujiwara estaba en su ocaso y la reconstrucción fue imposible. Sin embargo, siempre fue posible salvar del fuego las figuras de los 10 discípulos y de las deidades menores, que hoy en día reciben culto en el Kokuhōkan o Salón de los Tesoros Nacionales, ubicado dentro del recinto del templo. Las figuras elaboradas con la referida técnica son más ligeras que las de bronce o arcilla. La del Ashura, por ejemplo, pesa solo 15 kilogramos y esta característica explica en buena parte que haya podido ser rescatada de las llamas en tantas ocasiones.

Cara izquierda (vista desde la posición del visitante) de las tres que presenta la figura. Por la forma en que se muerde el labio inferior, esta cara nos habla de introspección y conflictos mentales.
Cara izquierda (vista desde la posición del visitante) de las tres que presenta la figura. Por la forma en que se muerde el labio inferior, esta cara nos habla de introspección y conflictos mentales.

Calza sandalias con correas, algo que no se ve en muchas estatuas budistas, y que contribuye a darle un toque todavía más humano.
Calza sandalias con correas, algo que no se ve en muchas estatuas budistas, y que contribuye a darle un toque todavía más humano.

“De la expresión del rostro central suele decirse que es la de un joven melancólico”, comenta el fotógrafo Muda Tomohiro, “pero el semblante que se me reveló durante la sesión fotográfica me sorprendió por lo que tenía de intelectual”.

“Los ojos transmitían la determinación de quien ha logrado poner bajo control todas las debilidades y todos los sentimientos y emociones más violentos de su alma. Sentí que toda esa energía rebosante se irradiaba a través de sus seis brazos”.

Estatua del Ashura

  • Nombre en japonés: Ashura zō
  • Altura: 153,4 cm
  • Época: Periodo Tenpyō (Nara)
  • Colección: Templo de Kōfukuji
  • Grado de protección: Tesoro nacional (catalogado como Kanshitsu hachibushū ryūzō)

Otras figuras del templo de Kōfukuji tratadas en esta serie:

Fotografías: Muda Tomohiro

Imagen del encabezado: Estatua del Ashura, colección del templo de Kōfukuji.

(Traducido al español del original en japonés.)

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