Un paseo por la línea Yamanote

De Nippori a Tabata: explorar un lado más áspero y real de Tokio

Turismo

Desde las desaparecidas callejuelas de dulces de Nippori hasta las calles de neón y pachinkos de Nishi-Nippori y las zonas más altas de Tabata, este breve paseo revela una ciudad en constante cambio, que nunca se detiene, un lugar donde el pulso urbano late tan fuerte como siempre.

El descarnado encanto del noreste de la Yamanote

El paseo de hoy comienza en el extremo norte de la estación de Nippori, en el puente Shimo-Goinden, más conocido entre los aficionados al ferrocarril como el “museo viviente del tren”, ya que se extiende como un balcón sobre las inquietas venas de la ciudad. Si te esperas unos minutos sobre él, verás casi todos los tipos de trenes circulando por una docena o más de vías, incluidas las líneas Yamanote y Keihin-Tōhoku, junto con la línea Takasaki que se dirige al norte hacia el campo abierto, el elegante Keisei Skyliner que pasa a toda velocidad de camino a Narita, y, lo más emocionante de todo, el Shinkansen que pasa a toda velocidad bajo tus pies. Dicen que este es el único lugar de Tokio donde se puede ver desde arriba un tren bala.

Los fines de semana el puente se llena de fanáticos de los trenes con sus cámaras, familias con niños y paseantes ocasionales. Cada día pasan por aquí unos 2.500 trenes, en una coreografía continua de acero y velocidad.

Las estaciones del bucle de la línea Yamanote. (© Pixta)
Las estaciones del bucle de la línea Yamanote. (© Pixta)

Cierro los ojos e intento olvidar las vías del tren y los edificios, alejar el ruido e imaginar cómo era este lugar durante el periodo Edo (1603-1868). Más allá de Nippori y Nishi-Nippori, el terreno se abría a las marismas bajas de lo que hoy es el distrito de Arakawa, un paisaje de cañaverales, arrozales y las caprichosas aguas del Arakawa, el principal río que atraviesa esta llanura. Hace tres o cuatro siglos esta zona rebosaba de vida natural y era el hogar de grullas de corona roja y cuello blanco que vadeaban las poco profundas aguas. Estas elegantes aves, símbolos de longevidad y buena fortuna, eran a veces cazadas para las mesas de la élite, y aparecían en banquetes kaiseki o fiestas ceremoniales. Pese a que los humedales se han recuperado ya hace mucho, gracias a proyectos de control de inundaciones y a la expansión urbana, los vestigios de ese mundo acuático sobreviven en antiguos topónimos, en historias locales y quizá en el recuerdo difuso de las grullas que antaño se alzaban sobre los campos.

“Pueblo del atardecer” o “Pueblo del vivir día a día”: ambas son posibles traducciones de Nippori, nombres suaves que evocan lentitud y calma. De pie, aquí ahora, entre las torres y las vías, cuesta imaginar que tal pueblo haya existido alguna vez. El lado este de Nippori es todo superficies duras, grises y negros de los edificios y el asfalto en el que están incrustados. La sensación general es la de un entorno implacable, inflexible e impersonal, que solo se rompe por la noche, cuando la oscuridad desciende sobre Tokio y la ciudad se ilumina con los anuncios publicitarios que, con su intrusión, han llegado a configurar el aspecto de la ciudad moderna.

Situada sobre la terminal de autobuses y las paradas de taxi, la estación Nippori-Toneri Liner, construida en cristal y hormigón, aporta un ligero toque futurista al paisaje suburbano. Este sistema de transporte automatizado, que utiliza el mismo tipo de vehículos rodantes que la línea Yurikamome, que vimos en Shinbashi, fue diseñado para mejorar el acceso a la zona noreste de Tokio, que antes carecía de servicio ferroviario.

En la renovada Nippori, los rascacielos se alzan detrás de la estación Nippori-Toneri Liner. (© Gianni Simone)
En la renovada Nippori, los rascacielos se alzan detrás de la estación Nippori-Toneri Liner. (© Gianni Simone)

Como parte de la remodelación de la zona de la estación se construyeron tres grandes rascacielos para dar nueva forma al perfil urbano del barrio: la Station Garden Tower, de 40 plantas, terminada en 2008 al tiempo que la línea de tren, y otras dos torres que juntas forman un núcleo urbano unificado. Estos edificios marcaron un cambio en el carácter arquitectónico de la zona, haciéndose eco de la fórmula de uso mixto (en parte residencial, en parte comercial y en parte centro de transporte) que ha proliferado como la mala hierba por todo Tokio. En medio de todo esto, se ha perdido gran parte del paisaje de la era Shōwa.

Dulces sabores perdidos en el tiempo

Hasta hace poco, Nippori no solo parecía, sino que incluso se sentía como un auténtico shitamachi, un barrio popular. En el corazón del barrio se encontraba Dagashiya Yokochō, el callejón de las tiendas de golosinas, un bullicioso laberinto de callejuelas estrechas repletas de mayoristas de golosinas y juguetes. Comenzó como un próspero mercado en los primeros años de la posguerra, tomando forma a medida que la economía japonesa se recuperaba. Ambos lados de los pasajes se hallaban flanqueados por casas adosadas de madera, y en 1954 estos callejones albergaban más de un centenar de tiendas.

La conveniente ubicación de Nippori lo convertía en un lugar ideal para el comercio: los productos podían llegar fácilmente desde Chiba e Ibaraki, y la propia estación servía como cruce natural. En aquellos duros años de la posguerra, los niños acudían en masa, moneda en mano, atraídos por los envoltorios de colores vivos y el olor azucarado de los dagashi, dulces baratos que ofrecían un pequeño sabor de alegría en medio de la escasez.

Productos dagashi. (© Pixta)
Productos dagashi. (© Pixta)

Pero a medida que Japón se fue haciendo más próspero los gustos fueron cambiando hacia los dulces de estilo occidental. Las tiendas de veinticuatro horas y las salas de videojuegos sustituyeron gradualmente a las callejuelas de dulces como santuarios de los niños. El número de mayoristas disminuyó rápidamente, especialmente en 2004, cuando se despejó la zona para su remodelación. Cuando visito la zona, solo queda uno de estos locales: Ōya Shōten, ahora ubicado dentro de Station Garden Tower. No importa; salgo de la tienda con una bolsa llena de Baby Star Ramen (un aperitivo crujiente de ramen seco con sabor a pollo), Morocco Fruit Yogul (manteca azucarada con un ligero sabor a yogur, servida en pequeños envases de plástico) y Fushigi na Gumi, la gominola “misteriosa” que cambia de sabor cuando se combinan los colores.

Nippori y Nishi-Nippori están separadas por solo 500 metros, la distancia más corta entre estaciones de la línea Yamanote. Se tarda unos siete minutos a pie, a menos que uno sienta curiosidad y empiece a explorar las anónimas callejuelas cercanas al viaducto. Mientras que Nippori tiene el brillo de su reciente remodelación, el paisaje cambia gradualmente a medida que me dirijo hacia el noroeste, hacia Nishi-Nippori: snack (sunakku, como se les llama en Japón), pubs y edificios antiguos y oxidados. Una esquina en particular incluso parece un trozo del Muro de Berlín, pero tal vez sea solo mi retorcida imaginación.

Entre Nippori y Nishi-Nippori no es de extrañar que uno recuerde el Berlín de la época de la Guerra Fría. (© Gianni Simone)
Entre Nippori y Nishi-Nippori no es de extrañar que uno recuerde el Berlín de la época de la Guerra Fría. (© Gianni Simone)

En una esquina me encuentro con una estructura gris, ligeramente desgastada, con un curioso local llamado TUC Shop, cuyo letrero amarillo destaca como una alegre exclamación sobre el hormigón. Solo necesito una rápida búsqueda en internet para resolver el misterio. Sigo caminando y, tal y como sospechaba, encuentro una sala de pachinko a 50 metros. Las salas de pachinko son salas recreativas ruidosas, iluminadas con neones y repletas de máquinas verticales similares a las de pinball, en las que los jugadores lanzan bolas plateadas con la esperanza de conseguir aún más, bolas que a menudo se canjean por premios o fichas. Es en parte un juego, en parte un ritual y algo totalmente hipnótico.

Al ver uno de estos lugares uno puede estar seguro de que encontrará una sala de pachinko a la vuelta de la esquina. (© Gianni Simone)
Al ver uno de estos lugares uno puede estar seguro de que encontrará una sala de pachinko a la vuelta de la esquina. (© Gianni Simone)

Las tiendas TUC (Tokyo Union Circulation, “circulación de sindicatos de Tokio”) son discretos mostradores de canje de premios que se encuentran cerca de las salas de pachinko. Debido a las leyes japonesas sobre juegos de azar, las salas de pachinko no pueden pagar en efectivo directamente a los jugadores, por lo que estos reciben pequeños premios que pueden canjear por dinero en la tienda TUC más cercana. Este sistema, conocido como “sistema de tres tiendas”, mantiene una separación legal entre el juego y los pagos en efectivo al involucrar a tres entidades: la tienda TUC compra los premios al jugador; un mayorista compra los premios a la tienda TUC y luego los revende a la sala de pachinko, completando así el ciclo. Las modestas tiendas TUC desempeñan así un papel clave en el mantenimiento de la industria del pachinko dentro de los límites legales.

Lejos del brillante centro de Tokio

Después de cruzar las sinuosas vías del tren en el paso a nivel de la línea Jōban, sigo el viaducto, pero me distrae el escenario que se atisba por una calle lateral: hoteles del amor, salones de masajes, pubs y clubes de alterne. En un caso, el mismo edificio lo comparten un karaoke (estilo alquiler de salas privadas), un teppan (platos a la parrilla) una izakaya (taberna) y toda una gama de “lugares de ocio nocturno”: New Diamond, Ambitious, Picasso y Dears, entre los nombres que veo al pasar (estos clubes son famosos por cambiar de propietario y nombre con rapidez). Hay suficiente para satisfacer cualquier tipo de apetito.

La zona frente a la estación de Nishi-Nippori es una maraña de líneas elevadas de tren, pasarelas peatonales y carriles de tráfico en cuatro direcciones por los que circula un flujo constante de autobuses, taxis y camiones de reparto, todos ellos convergiendo en una especie de vórtice infraestructural: implacable y visualmente caótico. Es la vida urbana en su peor expresión, ensordecedora y asfixiante. Sin embargo, tiene cierta belleza perversa. Toda la escena parece un diagrama viviente del metabolismo denso, inflexible y brutalmente eficiente de Tokio.

Al norte de Nishi-Nippori la ciudad pierde aún más su pulcritud. Las casas son más antiguas, con balcones combados y antenas parabólicas colgadas de barandillas oxidadas. Los almacenes y las pequeñas fábricas se intercalan entre las parcelas residenciales, con sus fachadas marcadas por nombres de empresas descoloridos y escaleras exteriores que zigzaguean como garabatos urbanos. Las terminales de camiones se derraman sobre calles estrechas, con contenedores azules apilados tras vallas metálicas, y tuberías de servicios públicos que serpentean como venas por las paredes. Las vías del tren se multiplican y desaparecen en la neblina industrial, con destino a los suburbios más alejados. Es una zona de trabajo y lento deterioro, con rincones extraños y caprichosos, como una vitrina de figuritas que se asienta como un pequeño santuario frente a una casa, en medio de la suciedad. El barrio parece menos cuidado, más vivido, con un encanto accidental.

El paisaje urbano se ve a veces interrumpido por rincones extraños y caprichosos, como una vitrina de figuritas frente a una casa. (© Gianni Simone)
El paisaje urbano se ve a veces interrumpido por rincones extraños y caprichosos, como una vitrina de figuritas frente a una casa. (© Gianni Simone)

Los últimos 500 metros de mi paseo son una lenta y gradual ascensión hasta la estación de Tabata. La estación se encuentra en el borde de la meseta de Hongō, donde los barrios de Komagome y Sugamo, situados en las zonas más altas, dan paso a las tierras bajas de Nippori. Aquí, la ciudad cambia de altitud de forma casi imperceptible, pero puedo sentir el cambio en el terreno: la pendiente recta tira de mis piernas y las vías del tren a la izquierda se hacen cada vez más pequeñas. También siento la familiar emoción de adentrarme en lo desconocido: la sección norte de la línea Yamanote atraviesa partes de Tokio que aún me son ajenas.

(Artículo traducido al español del original en inglés. Imagen del encabezado: el santuario Suwa ofrece otra gran vista del tránsito ferroviario en la zona de Nippori - © Gianni Simone.)

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