80 años de medios y contenidos dedicados al manga
El manga, motor del éxito del ‘anime’: el modelo japonés desde ‘Astro Boy’ hasta ‘Kimetsu no Yaiba’
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La mayoría de los animes parten de mangas originales
En noviembre de 2025, la popular película de animación Gekijōban kimetsu no yaiba: mugenjō-hen daiisshō - Akaza sairai (“Kimetsu no yaiba: arco de la fortaleza infinita – el regreso de Akaza”, estrenada en julio de ese mismo año) se convirtió en el primer filme japonés en superar los 100.000 millones de yenes en taquilla a nivel mundial. La película se ha proyectado en 150 países.
La historia original de Kimetsu no yaiba (Guardianes de la noche) es un manga de Gotōge Koyoharu serializado en la revista Shūkan Shōnen Jump. Se estima que, de las aproximadamente 60 o 70 series de anime que se emiten actualmente en Japón cada semana, cerca de la mitad se basan en un manga.

El cine de Ikebukuro, en Tokio, donde se proyectó Gekijōban kimetsu no yaiba: mugenjō-hen daiisshō - Akaza sairai en septiembre de 2025. (AFP/Jiji)
El volumen del mercado del anime japonés alcanzó en 2024 la cifra récord de unos 3,8 billones de yenes (aproximadamente 25.000 millones de dólares), y se prevé que en 2025 creciera todavía más.
Existe una estructura cíclica en la que, si un anime televisivo tiene éxito, se expande a formatos como el DVD o los servicios de streaming, y posteriormente se produce una versión cinematográfica. Dicha obra vuelve a ser emitida en televisión o comercializada en formato físico más adelante.
Según datos de Teikoku Databank, los ingresos obtenidos en 2024 por la industria del anime a través de medios como la televisión, el cine, el DVD e internet (mercado de producción) crecieron un 4 % respecto al año anterior, alcanzando un máximo histórico de 362.142 millones de yenes. El mercado de distribución de anime aumentó un 51,4 % interanual hasta los 250.100 millones de yenes, mientras que el mercado de merchandising de personajes también marcó un récord con 700.800 millones de yenes, un 4,7 % más que el año previo.
Hoy en día, el anime se ha convertido en una industria representativa de Japón, y términos como “Japanese anime” o “Japanimation” ya son habituales en inglés. No obstante, la mayoría de las obras siguen teniendo su origen en el manga. Estos trabajos no son meros objetos nacidos de técnicas de marketing, sino historias creadas por autores de manga.
¿Cómo surgió esta relación entre el anime y el manga que ha impulsado el crecimiento de una de las principales industrias de Japón? Exploremos sus orígenes.
La víspera del nacimiento del anime televisivo nacional
En 1958, justo antes de que comenzaran las emisiones de anime en televisión, se completó Hakujaden (La leyenda de la serpiente blanca), el primer largometraje nacional de animación en color. Fue producido por el Departamento de Animación de Tōei (la actual Tōei Animation), fundado en 1956, cuya base era la compañía Nichidō Eiga, activa en la producción de animación desde antes de la guerra. En diciembre de ese mismo año, se terminaron los nuevos estudios en Ōizumi, en el distrito de Nerima (Tokio), consolidando así su actividad.
Hakujaden es una obra original basada en una antigua leyenda china. La segunda producción, Shōnen Ninja Sarutobi Sasuke (estrenada en diciembre de 1959), se basaba en una novela del escritor Dan Kazuo.
Tezuka Osamu y Tōei Dōga
El modelo de crear anime a partir de un manga comenzó con la tercera producción de Tōei, Saiyūki (Viaje al oeste, estrenada en agosto de 1960). La historia se estructuró tomando como base el manga de Tezuka Osamu.

Boku no Son Gokū (Mi Son Gokū), obra de Tezuka Osamu. (Cortesía del autor)
A finales de 1958, un responsable de Tōei Dōga visitó el domicilio de Tezuka Osamu, quien ya era un mangaka de gran éxito. El objetivo era avanzar en la planificación del tercer largometraje de animación para cines basado en Boku no Son Gokū (Mi Son Gokū, serializado entre 1952 y 1959 en la revista mensual Manga Ō de la editorial Akita Shoten, y publicado posteriormente en tomos bajo el título Boku no Son Gokū).
Tezuka, que sentía una gran pasión por la producción de animación, se convirtió en empleado externo de Tōei Dōga y se encargó del borrador original, la composición y la dirección (aunque en la obra aparece acreditado como director general). Debido a su apretada agenda, se adoptó un estilo en el que Tezuka dibujaba los storyboards y el equipo de Tōei desarrollaba a partir de ellos el guion y el storyboard técnico. Se dice que Tsukioka Sadao, asistente de Tezuka, e Ishimori Shōtarō (más tarde conocido como Ishinomori Shōtarō), que acababa de debutar, fueron enviados a Tōei Dōga para encargarse del dibujo final.

Saiyūki (Viaje al oeste), 1960. © Tōei.
Mushi Production y Tetsuwan Atomu
A raíz de su experiencia en Saiyūki, Tezuka concibió la idea de fundar una productora independiente donde pudiera crear las obras de animación que deseaba. En agosto de 1960, construyó un pequeño estudio en el terreno de su casa en Nerima y comenzó la producción de la animación experimental Aru machikado no monogatari con siete jóvenes talentos que provenían de estudios como Tōei Dōga.
Aunque inicialmente Tezuka pretendía cubrir los costes de producción con sus propios ingresos como mangaka, ante la sugerencia de sus animadores de mantener una gestión independiente, cambió de rumbo hacia la producción de anime televisivo, que prometía ingresos estables. La primera obra elegida fue Tetsuwan Atomu (Astro Boy). Esto se debió a que contaba con el respaldo de diez años de serialización en la revista mensual Shōnen, y el personaje ya era conocido por el público televisivo a través de obras de teatro de papel y versiones de imagen real.
En 1962 fundó la empresa Mushi Production Co., Ltd. Con la finalización del nuevo estudio, comenzó la producción de un episodio piloto de Tetsuwan Atomu para presentarlo a las cadenas de televisión. En la Primera Exhibición de Obras de Mushi Production celebrada ese mismo año en Ginza (Tokio), se presentaron simultáneamente la recién terminada Aru machikado no monogatari y el primer episodio de Tetsuwan Atomu, titulado “Atomu Tanjō” (El nacimiento de Atomu).

Tezuka Osamu posando frente a Mushi Production el 13 de mayo de 1963. (Kyōdō)
Una obra única gracias a la simplificación
La emisión de Tetsuwan Atomu, la primera serie de animación de larga duración en Japón, comenzó el 1 de enero de 1963 en la cadena Fuji TV.
La historia, ambientada en el (entonces) futuro, en el siglo XXI, narra las aventuras de Atomu, un niño robot con sentimientos humanos. Vuela por el cielo, se sumerge en el mar, excava bajo tierra y lucha por la justicia. Los niños quedaron fascinados al ver que los personajes que conocían de las revistas se movían, hablaban y, a veces, incluso cantaban. Era una época en la que el número de televisores en los hogares japoneses crecía exponencialmente ante la proximidad de los Juegos Olímpicos de Tokio del año siguiente.
Aquí fue donde comenzó el crecimiento explosivo de la industria de contenidos japonesa.
Sin embargo, para un equipo reducido resultaba imposible producir semanalmente una animación completa de 24 fotogramas por segundo como en el cine. Para Atomu, no hubo más remedio que adoptar la “animación limitada”, una técnica de ahorro extremo de recursos que reducía el número de cuadros, reutilizaba dibujos y movía solo partes específicas como la boca. El movimiento fluido y natural al estilo Disney era inalcanzable con los fondos y la tecnología de Japón en aquel momento.
No obstante, al fundar Mushi Pro, Tezuka Osamu declaró lo siguiente:
Las obras de Disney son, en pocas palabras, cuentos ilustrados. En términos literarios, son excesivamente infantiles. Tengo la confianza de que, tomando a Disney como base, puedo ir un paso más allá en cuanto a contenido. Disney gasta entre 700 y 800 millones de yenes incluso en obras pequeñas. En Tōei se gastan 30 o 40 millones. Y en la producción participan unas 300 personas. Yo no puedo permitirme tales lujos. Sin embargo, tengo la confianza de crear obras únicas con apenas diez asistentes, sin necesidad de maquinaria de rodaje pomposa como las cámaras multiplano”. (Shūkan Kōron, número del 17 de mayo de 1960)
El formato estándar de 30 minutos semanales
Atomu se emitía una vez por semana en episodios de 30 minutos. En aquel entonces, la mayoría de los dibujos animados extranjeros eran cortometrajes de unos 10 minutos, y era poco común que se emitieran en un día y hora fijos, por lo que este formato resultó revolucionario. Esta estructura permitió narrar historias complejas y desarrollar la psicología de los personajes basándose en el manga, consolidándose como el estándar del anime televisivo.
La editorial Kōbunsha, que publicaba la revista Shōnen, comenzó a editar mensualmente desde enero de 1964 Kappa Comics, que recopilaba y reeditaba las historias antiguas de Tetsuwan Atomu. Mushi Production, por su parte, inició el negocio de licencias oficiales para juguetes y otros productos, lanzando así el modelo de negocio basado en personajes originarios de un manga.
El auge del anime y el florecimiento de las productoras
Tetsuwan Atomu emitió un total de 193 episodios entre 1963 y 1966. Tras su éxito, nacieron consecutivamente numerosos animes televisivos basados en mangas.
En octubre de 1963 comenzó la emisión de Tetsujin 28-gō en Fuji TV. El original era un manga de robots gigantes de Yokoyama Mitsuteru que compartía popularidad con Tetsuwan Atomu en la revista Shōnen.
El manga de robots Eightman empezó a emitirse en noviembre de 1963 en la cadena TBS, que también emitió la serie futurista Super Jetter. Ambas contaban con el patrocinio de la empresa alimentaria Marumiya Shokuhin.

Libros de manga de obras como Tetsujin 28-gō publicados para niños en la década de 1965-1974. Se convirtieron uno tras otro en la base de series de anime. (Jiji)
Tōei Dōga, que se centraba principalmente en el cine, se incorporó un poco más tarde con la emisión en 1963 de Ōkami Shōnen Ken, su primer anime original para televisión en la cadena NET (actual TV Asahi). En 1964, produjeron como segunda obra Shōnen ninja kaze no Fujimaru, basada en el manga de ninjas de Shirato Sanpei.
Los patrocinadores iniciales eran principalmente fabricantes de dulces y alimentos. Mientras estos cubrían los costes de producción, se estableció un modelo de negocio basado en la comercialización de productos de los personajes. El rasgo característico del anime japonés de ofrecer una gran variedad de productos derivados se forjó en esta época.
Tōei Animation (nombre al que cambió Tōei Dōga en 1998) ha seguido produciendo hasta hoy numerosas obras para cine y televisión como Dragon Ball, One Piece o Purikyua (Pretty Cure), exportándolas continuamente al extranjero.
Debido a la explosiva popularidad del anime televisivo, surgieron numerosas pequeñas productoras. Entre ellas destacó Studio Zero, fundada en mayo de 1963 por cinco jóvenes mangakas como Ishimori Shōtarō, Fujiko Fujio y Tsunoda Jirō.
El auge del anime japonés tras la guerra se presenta detalladamente en el Museo de Animación de Suginami de la Universidad Politécnica de Tokio. Con abundantes exhibiciones repletas de medios audiovisuales, su contenido resulta fácil de comprender tanto para adultos como para niños.

En el Museo de Animación de Suginami se expone la cronología de la década de 1960, cuando surgieron incesantemente obras de anime a partir de manga. (Fotografía de Matsumoto Sōichi, Departamento Editorial de nippon.com)
Una relación cada vez más estrecha entre manga y anime
¿Cuál fue el motivo por el que los niños se apasionaron tanto por el anime televisivo en sus inicios? El anime japonés de aquella época carecía de presupuesto y personal suficiente; las imágenes apenas se movían y difícilmente podría decirse que fuera una animación de calidad superior. Tetsuwan Atomu no fue una excepción.
Sin embargo, cada obra poseía un atractivo en sus historias y personajes que compensaba con creces la falta de movimiento. Ese atractivo era tan rico precisamente porque el origen estaba en el manga. Este punto no ha cambiado ni siquiera en el anime actual, a pesar de que la tecnología de producción ha evolucionado drásticamente.
En el tráiler de Hakujaden, Ōkawa Hiroshi, entonces presidente de Tōei Dōga, afirmó: “Las películas de dibujos animados poseen una gran internacionalidad en comparación con el cine convencional. Por ello, queremos crear películas de dibujos animados excelentes y expandirnos ampliamente por el mundo”. El anime fue concebido desde el principio con el mercado global en mente y, al unirse a la rica narrativa del manga japonés, emprendió un vuelo vigoroso hacia el extranjero.
Otro factor relevante fue que ya se había consolidado el hábito de ver manga en televisión a través de las películas televisivas (series de imagen real) basadas en cómics, como Gekkō Kamen. Además, a diferencia de las series de imagen real, en el anime el manga que los niños conocían de las revistas se movía y hablaba tal cual, lo que les resultaba mucho más cercano y familiar.
Las revistas también fueron proactivas en la promoción de las obras adaptadas al anime. En 1963, las ventas acumuladas de televisores en blanco y negro habían alcanzado los 16 millones de unidades, y el primer episodio de Tetsuwan Atomu registró una cuota de pantalla del 27,4 %. Se estima que lo vieron varios millones de personas. Pero dado que en aquella época era más común que las familias vieran la televisión juntas, es probable que en realidad vieran a Atomu más de 10 millones de personas.
Por el contrario, las revistas infantiles mensuales y semanales de entonces tenían una tirada inferior al millón de ejemplares. Gracias a la adaptación al anime, pudieron expandir su base de seguidores de forma inmediata.
A partir de este punto, las productoras y cadenas de televisión que buscaban obras originales y las revistas infantiles que querían ampliar sus lectores a través de la pantalla se unieron profundamente buscando un efecto sinérgico. Esta relación continúa vigente en la actualidad.
Con la llegada del anime televisivo, el vínculo entre el manga y los medios de comunicación se profundizó aún más, sirviendo de pilar para la cultura del manga y el anime que disfrutamos hoy.

Mural junto a la salida Waseda de la estación de Takadanobaba donde se reúnen los personajes de los mangas de Tezuka. Numerosas obras, encabezadas por Tetsuwan Atomu, han sido adaptadas al anime. (Fotografía de Matsumoto Sōichi, Departamento Editorial de nippon.com)
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: exposición especial Tetsuwan Atomu AI saisho no gensō - Tezuka Osamu tokubetsu-ten (Astro Boy AI: la primera fantasía — Exposición especial de Osamu Tezuka) celebrada en Changsha, provincia de Hunan, China. Se exhibieron numerosos dibujos originales y reproducciones de Tezuka Osamu, recreando el proceso creativo del mismo - Sinhua/Kyōdō News Images, septiembre de 2019.)
