Figuras ilustres de Japón

Mori Hanae, la genial diseñadora que puso Japón en el mapa mundial de la moda

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La diseñadora Mori Hanae ha sido una de las figuras señeras de la moda japonesa e internacional posterior a la Segunda Guerra Mundial. Conozcamos la trayectoria vital de esta mujer que cautivó al mundo con diseños que deben mucho a la estética tradicional japonesa.

El punto de partida de la mariposa que cruza el mar

Por la forma en que vertió la estética tradicional y el espíritu de Japón en sus creaciones de moda, Mori Hanae puede considerarse una pionera en el intercambio cultural entre Oriente y Occidente. Y para la mujer trabajadora japonesa, Mori Hanae es un referente luminoso como un faro, pues supo compatibilizar una labor profesional amplísima (estuvo presente en la alta costura parisina, en el diseño de uniformes y en el vestuario cinematográfico, además de ser escritora), con el cuidado de sus hijos y de su hogar.

La muerte le llegó en agosto de 2022, cuando tenía 96 años. La pandemia y los calores de aquel verano la habían confinado en su casa, donde seguía trabajando, hasta que su cuerpo llegó al límite. Esta semblanza la haré al hilo del recuerdo que guardo de los muchos reportajes que le hice a lo largo de su vida, que fue una vida de gran actividad hasta sus últimos momentos.

Hija de un médico con consultorio propio, Mori Hanae nació en 1926 en el municipio de Yoshika, situado en el extremo occidental de la prefectura de Shimane. Es una zona bucólica de montes y arrozales. Mori decía que todas aquellas cosas que vio en su infancia —los paisajes naturales, el ciclo estacional, la actividad de las mariposas monshirochō (Pieris rapae, blanquita de la col)—, se convirtieron más tarde en el humus o sustrato vital de toda su actividad creativa. Su sentido del color y su forma de expresar la afectividad y las emociones los aprendió de las florecillas del campo y del resto de la naturaleza. La mariposa que cruza los mares, un motivo artístico que con el tiempo sirvió de puente entre Oriente y Occidente, tiene ese mismo origen.

En 1937 la familia se trasladó a Tokio, donde vivió la Segunda Guerra Mundial. Cuando el conflicto llegó a su fin, Hanae era alumna de la Universidad Femenina de Tokio. Recordaba los grandes bombardeos aéreos, la vida al borde del abismo. Y decía también que la determinación de sobrevivir a la amarga derrota se convirtió en su fuerza motriz.

Una de las creaciones de Mori Hanae presentada en París en febrero de 2003, como parte de su Colección de Alta Costura para la temporada Primavera-Verano. Las mariposas, que son el motivo más emblemático de la diseñadora, revolotean sobre unas olas que recuerdan vivamente a los grabados ukiyoe de Katsushika Hokusai. (Reuters)
Una de las creaciones de Mori Hanae presentada en París en febrero de 2003, como parte de su Colección de Alta Costura para la temporada Primavera-Verano. Las mariposas, que son el motivo más emblemático de la diseñadora, revolotean sobre unas olas que recuerdan vivamente a los grabados ukiyoe de Katsushika Hokusai. (Reuters)

Una imagen inaceptable de la mujer japonesa

A los 22 años se casó con Mori Ken, que con el tiempo se convertiría en presidente ejecutivo del Grupo Hanae Mori. Lo había conocido en el servicio laboral impuesto a los estudiantes durante la guerra. Dedicada al hogar, Hanae hizo sus pinitos en la costura llevada por la necesidad, pues las prendas de vestir que veía no solían gustarle. Así fue como se manifestó su talento. En 1951 abrió en el barrio comercial de Shinjuku (Tokio) un negocio de ropa que llamó Hiyoshiya. Era la edad de oro del cine japonés y le llovían los pedidos de vestuario. De Hiyoshiya salieron las camisas hawaianas que vistió Ishihara Yūjirō en Kurutta kajitsu (Fruto Loco), de la productora Nikkatsu, el coqueto vestido con cuello de piel que lucía Asaoka Ruriko en Yogiri yo, kon´ya mo arigatō (A Warm Misty Night) y otras muchas prendas que llamaron la atención e impulsaron el concepto de shinemōdo (moda del cine). Mori solía decir que su trabajo en el cine le enseñó muchas cosas sobre las imágenes de feminidad y masculinidad, incluso sobre la esencia de los sexos.

Mori Hanae a los 35 años, en 1961. (Kyōdō Press)
Mori Hanae a los 35 años, en 1961. (Kyōdō Press)

En 1961, durante un viaje por Estados Unidos, asistió en Nueva York a la ópera Madama Butterfly, cuya heroína es presentada como una mujer indefensa que inspira compasión. A Hanae la indignó saber que aquella era la triste imagen que se tenía de la mujer japonesa. Le pareció una humillante burla. La protagonista vestía de la forma más extravagante, más bien parecía la princesa encantada que habita el palacio submarino del dragón de la narrativa popular y, para completar el cuadro, pisoteaba el suelo de tatami con sus geta, una especie de zuecos para andar por la calle. Tampoco le hizo gracia comprobar la baja valoración que obtenían los productos japoneses, que a duras penas lograban hacerse un hueco en los rincones más marginales de los grandes almacenes. Todo este shock espoleó su espíritu de rebeldía.

Cuatro años después presentó en Nueva York su propia colección de moda, que incluía vestidos de cadenciosa elegancia, confeccionados con seda de calidad, de producción nacional, que mostraba grandes crisantemos y otros vistosos motivos. La edición estadounidense de la revista Vogue elogió su estilo, calificándolo de “encuentro entre Oriente y Occidente”. Fue a partir de entonces cuando sus modelos se abrieron paso hasta las tiendas mejor situadas en los grandes almacenes de la Gran Manzana y comenzaron a obtener aceptación entre las clases pudientes.

El “Vestido-pijama de los Crisantemos”, uno de los modelos más emblemáticos de Mori Hanae, presentado en 1966. La fotografía fue tomada en Tokio en 2006. (AFP, Jiji Press)
El “Vestido-pijama de los Crisantemos”, uno de los modelos más emblemáticos de Mori Hanae, presentado en 1966. La fotografía fue tomada en Tokio en 2006. (AFP, Jiji Press)

1977 marcó un nuevo hito en su vida profesional, pues ese año fue admitida como miembro de pleno derecho en la Cámara Sindical de la Alta Costura de París, una entidad muy celosa de sus tradiciones, convirtiéndose en la primera persona de un país oriental en recibir dicha distinción. Desde ese año y hasta su retirada de las pasarelas en 2004, siguió presentando sus colecciones en la Ciudad de la Luz dos veces al año. Lo más característico de sus colecciones eran quizás los vestidos de seda de amplio vuelo que ondeaban sus bellos motivos al viento, pero también recibieron alta valoración sus trajes proporcionados y funcionales que daban total libertad de movimiento.

En el prêt-à-porter, produjo trajes para hombre y para mujer caracterizados por su ligereza y comodidad. En la moda femenina, obtuvieron gran popularidad sus vestidos estampados muy femeninos, normalmente en fibras sintéticas similares a la seda. Nunca abandonó su búsqueda de la feminidad en el vestir, que siempre identificó con la elegancia y la gallardía.

Aspecto de la muestra retrospectiva que se abrió en octubre de 2025 en el Museo de Bellas Artes de Iwami (prefectura de Shimane). Una exposición similar a mayor escala fue inaugurada el 15 de abril de 2026 en el Centro Nacional de Arte de Tokio, donde permanecerá hasta el 6 de julio.
Aspecto de la muestra retrospectiva que se abrió en octubre de 2025 en el Museo de Bellas Artes de Iwami (prefectura de Shimane). Una exposición similar a mayor escala fue inaugurada el 15 de abril de 2026 en el Centro Nacional de Arte de Tokio, donde permanecerá hasta el 6 de julio.

Pero su talento no se agotó en los aspectos más sofisticados de la moda. Mori Hanae es también conocida por haber diseñado muchos uniformes para escuelas japonesas. Creó además muchos enseres de uso diario, como vajillas, hervidoras de agua o toallas, así como decoración para interiores, siendo pionera en la producción bajo licencia de estos objetos cercanos a la vida cotidiana de la gente. La mariposa de Mori Hanae puso un toque de distinción en el vestir, en la mesa y en el hogar de los japoneses.

El traje de novia de Masako-sama

En su cartera de clientes había nombres de prestigio internacional. Podríamos nombrar a Grace Kelly, princesa de Mónaco que sigue siendo un icono de la moda 40 años después de su fallecimiento, a la actriz Sofía Loren, o a la ex primera dama estadounidense Nancy Reagan. La minifalda que diseñó en 1969 para Satō Hiroko, esposa del entonces primer ministro de Japón Satō Eisaku, causó sensación, y lo mismo puede decirse de otra de sus creaciones, el uniforme de falda corta para la tripulación femenina de la compañía aérea japonesa JAL (1970). Los caricaturistas de los principales diarios del país encontraron en aquel atrevido uniforme el tema perfecto para sus tiras cómicas.

Uniforme del personal de a bordo de la compañía aérea JAL, vigente entre 1970 y 1977. (Jiji Press)
Uniforme del personal de a bordo de la compañía aérea JAL, vigente entre 1970 y 1977. (Jiji Press)

Muchos japoneses recordarán el precioso robe décolletée (vestido escotado) que llevaba la actual emperatriz Masako el día de su boda, o el vestido de “ave fénix” con el que literalmente renació de sus cenizas la gran cantante Misora Hibari. Mori Hanae no se limitó a hacer vestidos perfectos para un momento, un lugar y una ocasión: estudiaba cuidadosamente la individualidad de quienes iban a llevarlos y sabía también leer el momento.

Los actuales emperadores durante el desfile que siguió a su boda en junio de 1993, en el barrio tokiota de Moto Akasaka. (Kyōdō Press)
Los actuales emperadores durante el desfile que siguió a su boda en junio de 1993, en el barrio tokiota de Moto Akasaka. (Kyōdō Press)

Misora Hibari en un momento de su actuación en abril de 1988 en el Tokio Dome. La cantante reapareció tras una grave enfermedad vestida con una creación de Mori Hanae que evocaba la imagen del ave fénix. (Kyōdō Press)
Misora Hibari en un momento de su actuación en abril de 1988 en el Tokio Dome. La cantante reapareció tras una grave enfermedad vestida con una creación de Mori Hanae que evocaba la imagen del ave fénix. (Kyōdō Press)

Mori Hanae trabajó también para el teatro, donde supo compenetrarse con los directores para crear un mundo propio. En 1985 se le confió el vestuario de la versión de Madama Butterfly del director japonés Asari Keita en La Scala de Milán, uno de los templos de la cultura mundial. Puso mucho cuidado en la elección de los kimonos y las fajas, utilizando los colores y el motivo de la mariposa por su valor simbólico, lo que permitió dar vida a una protagonista japonesa de corazón puro y firmeza de carácter. Un año después, por encargo del entonces director del Ballet de la Ópera de Paris Rudolf Nureyev, se encargó del vestuario de la obra Cendrillon (La Cenicienta), cuya puesta en escena y coreografía corrieron por cuenta del bailarín. Mori dio forma tangible a las ideas de Nureyev en una creación innovadora, que llevó el relato de Perrault al Hollywood de los años 30.

Su dilatada y versátil carrera dejó hondas huellas en Japón y en el mundo. A lo largo de su vida obtuvo reconocimientos tan prestigiosos como la Orden de la Cultura de Japón, de quien fue la primera receptora del campo de la moda, o la Legión de Honor francesa.

La verdadera Mori Hanae que asomó a las entrevistas

La impresión que se recibía al conocer a Mori Hanae era la de una persona serena e intelectual, de gran perspicacia. Era de palabra fácil y rápida, y creo que fue la única persona a la que no fui capaz de seguir el ritmo en mis anotaciones. Como buena representante de la alta costura, su ropa de trabajo estaba formada por camisas largas y blancas de cuello mao que ella misma confeccionaba, y normalmente (al menos durante el último medio siglo), no era amiga de la ropa típicamente femenina, sino que prefería conjuntos de chaqueta y pantalones perfectamente cortados sobre camisas de cuello alto o de lazo. Siendo una mujer alta y delgada, aquel vestuario le quedaba realmente bien.

Aunque cueste imaginarlo, la verdad es que también tenía su lado juguetón y encantador. Recuerdo una anécdota de cuando Gabrielle Chanel, fundadora de la casa Chanel, le hizo uno de sus icónicos “Chanel suits”. La idea de su creadora era que las faldas debían ser largas para “ocultar las rodillas feas” y aquel traje era precisamente así, pero Mori Hanae, siguiendo la tendencia de la época, no tuvo empacho en acortarlo por encima de las rodillas antes de ponérselo. Se reía recordando que años después recibió de un museo norteamericano una solicitud de préstamo de su Chanel suit para una exposición que planeaban hacer, y que no se atrevió a enviarlo en aquel estado.

Aunque nunca habló demasiado sobre la forma en que conciliaba su actividad laboral con el cuidado de su hogar, siempre que podía hacía la compra y preparaba ella misma la comida de su marido y sus hijos. Para ella, eran momentos de felicidad. También se mostraba muy orgullosa cuando en la conversación salían a colación las actividades de sus dos famosas nietas Izumi y Hikari, ambas estrellas televisivas y modelos.

Mostraba siempre una gran vitalidad. Y la energía la obtenía de la carne roja, que siguió comiendo con fruición hasta sus últimos años. Era también muy aficionada al vino tinto, un placer que probablemente adquirió en sus largas temporadas en París. La idea de que en vino no había que escatimar formaba parte de su credo.

En 2002, por efecto quizás de la excesiva diversificación de negocios que se autoimpuso, la sociedad anónima Hanae Mori quebró. Después de retirarse de la alta costura parisiense a los 78 años, Hanae se concentró en la ópera y el teatro. Paralelamente, estableció la Fundación para la Promoción de la Moda Mori Hanae, a través de la cual brindó apoyo a nuevos creadores. Solía decir que Japón, país pobre en recursos naturales, debía cuidar mucho su mano de obra y las posibilidades de su intelecto.

Al diseñar el uniforme de gala del equipo japonés para los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, comentó que había colocado el círculo rojo de la bandera nacional en la espalda, junto al hombro derecho, para facilitar la identificación desde los graderíos. De sí misma decía que durante toda su trayectoria en el mundo de la moda siempre había sentido que debía llevar muy alta su bandera.

Mori Hanae (centro) en la presentación del uniforme de gala del equipo japonés para los Juegos Olímpicos de Barcelona, en el Pabellón Deportivo Conmemorativo Kishi de Shibuya (Tokio, 1992). Los modelos son el voleibolista Nakagaichi Yūichi (izquierda) y la nadadora artística Kotani Mikako. (Jiji Press)
Mori Hanae (centro) en la presentación del uniforme de gala del equipo japonés para los Juegos Olímpicos de Barcelona, en el Pabellón Deportivo Conmemorativo Kishi de Shibuya (Tokio, 1992). Los modelos son el voleibolista Nakagaichi Yūichi (izquierda) y la nadadora artística Kotani Mikako. (Jiji Press)

Siendo, como era, más consciente que nadie de su responsabilidad como representante de su país en el ámbito internacional, estoy convencida de que, desde aquella época en que todavía no existían ni Internet ni los negocios globales, cuando las barreras entre países o territorios eran muchas veces infranqueables, Mori Hanae quiso dar expresión en los más variados ámbitos a toda la distinción, la elegancia y la profundidad de la estética japonesa, paseando por el mundo su férrea voluntad, su trabajo y su inteligencia.

Imagen del encabezado: Mori Hanae (izquierda) junto a su nieta Mori Izumi en el clímax de su último pase de alta costura en París (julio de 2004). (Fotografía: Reuters)

(Traducido al español del original en japonés.)

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