El ‘Man'yōshū’ y Reiwa, ecos del pasado en una nueva era

El ‘Man'yōshū’ y la era Reiwa: el arte de sobrevivir en la sociedad cortesana

Cultura

En el mundo de la política, uno nunca sabe cuándo va a caer en desgracia. “Las tinieblas están a la vuelta de la esquina”, decimos en Japón, donde conocemos las miserias de la lucha por el poder desde la remota época del Man'yōshū.

Dice el antiguo poemario japonés Man'yōshū:

Ordenó el Emperador a su vasallo el naidaijin Fujiwara-no-Ason, que convocase a los poetas para que hicieran competir la gentil belleza de los campos primaverales con el colorido de los bosques de otoño. Así se posicionó Nukata-no-Ōkimi en su uta.

Fuyugomori
haru sarikureba
nakazarishi
tori mo ki nakinu
sakazarishi
hana mo sakeredo,
yama wo shimi
irite mo torazu
kusabukami
torite mo mizu.
Akiyama no
konoha wo mite wa
momichi wo ba
torite so shinofu
aoki wo ba
okite so nageku
sokoshi urameshi
akiyama so are wa.

 

En japonés moderno:

Fuyugomori
haru ga yatte kimasu to
naite inakatta
tori mo kite nakimasu yo ne,
saite inakatta
hana mo saite yuku no desu keredo,
yama ga shigette imasu node,
wakeitte toru koto wa kanaimasenu,
kusa ga fukai node,
te ni totte miru koto mo kanaimasenu.
Akiyama no
konoha wo mimasu to
irozuita happa wo
te ni totte watashi wa medemasu no yo.
Demo, aoi happa wa
te ni torazu ni sono mama ni shite nagekimasu no.
ono ten dake ga zannen de gozaimasu wa, nanto itte mo akiyama no hō ga yoi to omoimasu wa, watashi wa.

(Nukata no Ōkimi, poema 16 del Libro I)

 

Cuya traducción sería:

Cuando, pasado el duro invierno,
llega la primavera
los pajarillos que permanecían mudos
rompen a cantar
y las flores que esperaban el momento
van abriéndose. Empero,
es tan cerrada la fronda
que impide el paso y frustra el deseo de tocar
tan altas son las yerbas,
que no es posible tomar en mano y contemplar.
Admirando el follaje
del monte otoñal,
de sus coloridas hojas
puedo la belleza tomar en mano y paladear.
Que a la belleza de las hojas todavía verdes,
Tengo que renunciar y lamento, sin poderla tomar.
Es lo único que lamento. Prefiero sin duda el monte otoñal, yo.

 

Trátese de las telenovelas surcoreanas de tema histórico, o de la sociedad cortesana de la antigua Europa, para sobrevivir en aquellos ambientes plagados de maquiavélicas intrigas las opciones no eran muchas. En realidad, solo podían hacerse dos cosas: estar siempre del lado del poder y evitar disgustar a nadie. En las luchas por el poder desplegadas en aquellas épocas que nada sabían de los derechos humanos, el perdedor condenado al destierro podía considerarse afortunado, porque el destino más común era la muerte.

La poetisa Nukata no Ōkimi, princesa o noble de alto rango de la época del emperador Tenji (626-672), se las ingenió para no perder pie en una sociedad así. Lo hizo con gran habilidad, obteniendo el favor de dos emperadores -Tenji y Tenmu- que fueron hermanos. Personalmente, la imagino como a una mujer que unía a su atractivo personal una gran maestría para abrirse camino en la vida.

En cierta ocasión, la princesa Nukata recibió del naidaijin (alto cargo del Gobierno de la época) Fujiwara-no-Kamatari la orden de escribir un uta (poema de estilo japonés) que comparase las floridas colinas de primavera con las galas del monte otoñal y dilucidase cuál de las dos bellezas debía prevalecer. Probablemente, la orden había llegado simultáneamente a otros cortesanos de sexo masculino, de quienes se esperaba que se lucieran siguiendo los cánones de la prestigiosa poesía china (kanshi). Cabe deducir que, en estas cuestiones estéticas, existían en la Corte dos facciones enfrentadas por sus preferencias estacionales. ¿Cómo salió del trance la ingeniosa princesa? Estaba obligada a clarificar su postura, pero lo hizo mostrando al mismo tiempo deferencia por la contraparte.

A este efecto, comienza con el conciliador gesto de ensalzar la floresta primaveral, para ponerse a bien con sus antagonistas. Pero pronto pone de relieve el aspecto menos elogiable de la estación de las flores y termina decantándose por el otoño. Sí, qué duda cabe, la primavera es maravillosa, muy placentera, ¡cómo negarlo! Pero yo… yo me quedo con el otoño. Así deja las cosas.

He aquí la pericia de una mujer con mucho mundo, que supo nadar y guardar la ropa en la complicada sociedad cortesana de la época.

Fotografía del encabezado: Estela con un poema de la princesa Nukata no Ōkimi. (PIXTA)

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