Las tonadas de los tiempos políticos de Japón: lecciones de la victoria histórica de Takaichi
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Una cifra de escaños histórica
“Las tonadas cambian con los tiempos”, dice un antiguo proverbio japonés. El cantautor Ōtaki Eiichi explicó en una ocasión el significado de estas palabras como “son las personas que escuchan música quienes crean los éxitos”. Por supuesto, son los músicos que componen las melodías y las letras quienes realmente publican las canciones, pero se necesita a los oyentes para convertirlas en éxitos.
El 8 de febrero, cuando el Partido Liberal Democrático (PLD), bajo el liderazgo de la primera ministra Takaichi Sanae, obtuvo una asombrosa mayoría de dos tercios de los escaños en las elecciones a la Cámara de Representantes, mi mente volvió a esa vieja frase de “las tonadas cambian con los tiempos”. Los oyentes —el electorado votante, en este caso— habían producido un resultado electoral que superaba con creces cualquier cosa imaginada por los “compositores” del núcleo político de Nagatachō en Tokio.
Por supuesto, había otros compositores que esperaban triunfar en las listas en esta ocasión: políticos como Noda Yoshihiko y Azumi Jun, respectivamente copresidente y secretario general adjunto de la opositora Alianza Reformista de Centro (ARC) de cara a las elecciones. Sin embargo, al final, los oyentes mostraron poco interés por sus “tonadas”, y el PLD obtuvo 316 de los 465 escaños de la Cámara Baja, un récord electoral histórico.
Cabe señalar, no obstante, que las cifras del PLD no fueron históricamente sólidas en todos los aspectos. El partido obtuvo el 36,72 % del voto de representación proporcional, que se emite a favor de los partidos en lugar de candidatos en distritos uninominales. Esta cifra fue superior al 34,66 % obtenido por la formación en 2021, cuando el primer ministro Kishida Fumio disolvió la Cámara de Representantes y convocó elecciones anticipadas poco después de asumir el cargo, pero no se acerca al 38,18 % que los liberaldemócratas lograron en 2005, cuando el primer ministro Koizumi Jun’ichirō desencadenó sus “elecciones de la reforma postal”, concebidas en cierto modo como un referéndum público sobre su plan para privatizar los servicios postales de Japón.
En resumen, al comparar los votos de representación proporcional, parece que la popularidad de la primera ministra Takaichi, como medio para impulsar la fortuna de su partido, no se sitúa al mismo nivel que la de Koizumi hace algo más de dos décadas. A pesar de ello, el PLD de Takaichi obtuvo muchos más escaños en 2026 que el PLD de Koizumi en 2005, debido a la forma en que las contiendas en distritos uninominales se inclinaron de manera tan marcada a favor del partido gobernante.
Una fusión de partidos opositores no logra un cambio de rumbo
Una de las variables con mayor impacto este año fue el cambio observado en la base de apoyo del Partido Democrático Constitucional de Japón, que se esperaba que se trasladara a la Alianza Reformista de Centro (ARC), formada a partir de la fusión de este partido con el Kōmeitō en enero.
Comencé a notar este cambio en la semana que comenzó el 19 de enero, cuando empezaron a aparecer los resultados de una serie de encuestas a votantes en distritos electorales de todo el país. El 16 de enero, el Partido Democrático Constitucional de Japón y el Kōmeitō habían anunciado su fusión, y la mayor parte de la atención se centraba en cuánta parte de la base tradicional de apoyo de este último podría contarse para respaldar al nuevo partido. A medida que los informes iban llegando desde las circunscripciones de todo el país, quedó claro que en la mayoría de ellos los candidatos del Partido Liberal Democrático encabezaban las encuestas, mientras que los candidatos de la ARC tenían dificultades para afianzarse.
Al examinar con mayor profundidad las tendencias entre los partidarios de cada formación política, descubrí que, en general, los votantes no afiliados se inclinaban claramente hacia los candidatos del PLD. Este hallazgo no resulta especialmente sorprendente, dadas las altas tasas de aprobación de las que goza la primera ministra Takaichi Sanae incluso entre los votantes sin afiliación, pero sí resultaba realmente extraño comprobar cómo, incluso en distritos donde el Partido Democrático Constitucional había sido tradicionalmente fuerte y los candidatos de la ARC habían consolidado el apoyo de los simpatizantes de esa formación previa, el PLD parecía arrasar en términos de popularidad. Al profundizar en los datos, comprendí que los votantes que habían elegido candidatos del Partido Democrático Constitucional en las elecciones a la Cámara de Consejeros de 2025 no se estaban trasladando al nuevo campo de la ARC.
Esto no era menos que el inicio de un colapso entre los simpatizantes del Partido Democrático Constitucional. Y, a medida que Japón entraba en la campaña previa a las elecciones del 8 de febrero, el fenómeno no hizo más que cobrar impulso.
Entre el 2 y el 4 de febrero, ya superado el ecuador del periodo oficial de campaña, el portal de información electoral Senkyo Dot Com y JX Press, mi empresa, llevaron a cabo una encuesta de opinión a escala nacional. En ella descubrimos que, de los votantes que habían optado por un candidato del Partido Democrático Constitucional en las elecciones a la cámara alta de 2025, solo el 55,7 % planeaba emitir su voto de representación proporcional a favor de la ARC en las próximas elecciones a la Cámara Baja. Apenas unas semanas antes, entre el 17 y el 18 de enero, la misma pregunta había arrojado una cifra casi siete puntos porcentuales superior, del 62,2 %. Esto contrastaba con el comportamiento de los simpatizantes del antiguo Kōmeitō, que mostraban un compromiso cada vez mayor con la ARC durante ese mismo periodo; con el paso del tiempo, cada vez más seguidores del Partido Democrático Constitucional parecían desertar del nuevo partido. Como resultado de todo ello, la cobertura mediática mostraba que el PLD iba ganando impulso a medida que avanzaba desde el inicio hasta la fase final de la campaña electoral, mientras que la ARC se dirigía en la dirección opuesta.
Resultados devastadores para el antiguo líder de la oposición
Una vez asentado el polvo tras las elecciones a la Cámara de Representantes, los candidatos derrotados del lado de la ARC y los periodistas políticos hablaron de la “oposición dividida” —en particular, de la competencia contraproducente entre los candidatos de la ARC y los del Partido Democrático para el Pueblo (PDP)— como una de las razones de la derrota. Sin embargo, un análisis de las cifras muestra que esta forma de pensar es en cierta medida errónea. La ARC terminó las elecciones con 123 escaños menos que el total que poseían el Partido Democrático Constitucional de Japón y el Kōmeitō antes de la votación, pero solo hubo 46 distritos uninominales en los que candidatos de la ARC se enfrentaron directamente a rivales del PDP. Esta cifra claramente no puede explicar la totalidad de las pérdidas sufridas por la ARC.
Esto se ve reforzado aún más por el hecho de que, en los distritos donde los candidatos de la ARC y del PDP lograron evitar enfrentarse entre sí, existía una tendencia de los antiguos votantes del PDP a optar por candidatos del Partido Liberal Democrático en una proporción incluso mayor que por las opciones de la ARC. Por el contrario, un número considerable de simpatizantes de la ARC emitió su voto en favor del PDP cuando su propio partido no presentaba candidato local. El resultado fue contundente: a las 20:00 del 8 de febrero, cuando cerraron los colegios electorales, las encuestas a pie de urna señalaban que no había ni un solo distrito uninominal en todo el país en el que los candidatos de la ARC estuvieran en condiciones de ganar, mientras que el PDP ya tenía asegurados cuatro escaños. Un vistazo a la prefectura de Saitama ofrece un panorama similar: aunque el PLD se llevó los 16 escaños uninominales, los distritos 13 y 14 fueron los únicos en los que un candidato de la oposición se acercó al vencedor, alcanzando más del 90 % de los votos del ganador—y en ambos casos se trataba de candidatos del PDP.
En los últimos años, el Partido Democrático Constitucional había liderado a la oposición en sus esfuerzos de cooperación frente a la coalición gobernante. La recién creada ARC esperaba evidentemente que existiera una especie de “pacto de no agresión mutua” con el PDP, pero resulta que los políticos por sí solos —“músicos”, por retomar la metáfora del inicio de este artículo— no pueden confiar únicamente en su capacidad de composición, coordinando candidatos entre distintos partidos de la oposición en distritos uninominales, para ganarse el favor de los votantes. En un distrito con un solo escaño en juego, una amplia oferta de candidatos no pertenecientes al PLD acaba provocando que ninguno de ellos logre imponerse al candidato del partido gobernante. Y, por desgracia para esos candidatos, tanto si la CRA se alía con Kōmeitō como con el PDP, el mero hecho de unir fuerzas dentro de la oposición tampoco basta para convencer a los votantes. Quizá por fin se haya aprendido la lección de que la manera de unir esas fuerzas también es un factor importante a tener en cuenta.
Al final, Noda Yoshihiko, Azumi Jun y los demás “compositores” de la ARC no fueron capaces de producir un éxito simplemente sumando a los partidos de la oposición, y las listas quedaron encabezadas por el gran éxito firmado por Takaichi Sanae. El éxito electoral ya no puede ser fabricado por las multitudes de “músicos” de Nagatachō: las tonadas cambian con los tiempos, del mismo modo que los tiempos cambian con las tonadas.
(Imagen del encabezado: los colíderes de la Alianza Reformista de Centro, Noda Yoshihiko [a la izquierda] y Saitō Tetsuo [derecha], se preparan para una aparición en televisión en la noche del 8 de febrero mientras llegan para su partido unos pésimos resultados. © Jiji.)
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