Moflin y Mirumi, robots capaces de convivir, apoyarnos y buscar apoyo
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Un robot que aprende los gustos del dueño en 50 días
En la recepción del Centro Tecnológico de Casio en Hamura, ubicado en Sakae-chō, Hamura (Tokio), nos recibe un peluche gris que cabe en la palma de una mano, de pelaje mullido y sin más facciones visibles que unos ojos. Al tocarlo no se puede evitar querer acariciarlo; cuando el visitante lo hace, el robot se retuerce y emite un sonido: “kyū-kyū”. Qué monada...

Moflin recibe a los visitantes en la recepción.
Moflin es una mascota con IA (un robot de comunicación) desarrollada en dicho centro. Casio la presenta como un “compañero con un corazón como el de un ser vivo, que nos llena de energía”. Gracias a los avances en IA, y a unos sensores y un reconocimiento de voz desarrollados de forma independiente, Moflin reconoce como dueño a quien le habla o lo acaricia, va aprendiendo los gustos de esa persona, y en unos 50 días sus sonidos y gestos van evolucionando para expresar emociones. Puede llegar a desarrollar hasta 4 millones de personalidades diferentes.
Al hablar de Casio lo primero que viene a la mente es la famosa gama de relojes G-Shock, que no se rompen aunque sufran caídas. Al parecer, las pruebas de resistencia a las caídas de los G-Shock se llevaron a cabo en ese mismo centro. Por eso ha dado mucho que hablar el hecho de que Casio, una empresa que siempre ha buscado la función y lo práctico de sus productos, se haya lanzado a crear un robot mascota que es todo lo contrario, una auténtica “pieza de arte”.
La creadora de Moflin es Ichikawa Erina, responsable de planificación del Departamento de Nuevos Negocios de Casio. En 2012 fue trasladada al Departamento de Planificación, donde se le encomendó la tarea de diseñar productos orientados a mujeres, algo que hasta entonces no existía en Casio. “Por aquel entonces tenía veintimuchos años, y me sentía abrumada por preocupaciones tanto laborales como personales, hasta el punto de haber perdido la confianza en mí misma. Tras unos dos años de reflexión, llegué a la idea de crear no un producto que resolviera problemas concretos, sino un compañero que estuviera a mi lado y me diera ánimos”. En Japón, donde la cultura del anime y los personajes está tan arraigada, fue desarrollando la idea considerando qué tipo de robot sería el más adecuado para convertirlo en una mascota con la que se pudiera comunicar.

Ichikawa sostiene a Moflin, del tamaño de un animalito, en la palma de su mano.
La sensibilidad, más importante que la funcionalidad
Lo que más le importaba a Ichikawa era que los movimientos parecieran propios de un ser vivo. Se mueven con fluidez, pero sin seguir un patrón fijo. Reunió a su target principal, mujeres de entre 30 y 40 años, y fue recopilando opiniones sobre qué les parecía bonito y cuál era la respuesta correcta a cada paso. Para transmitir una sensación de vida, también prestó especial atención a los movimientos que expresaban la respiración de la mascota.
Luego llegó la forma. “Fue difícil transmitir a los desarrolladores en qué consistía una forma realmente bonita. Por alguna razón, las mujeres coincidían en ciertas ideas, pero los hombres suelen decir que no entienden la diferencia entre algo normal y algo bonito”, cuenta Ichikawa. Tardaron aproximadamente un año en dar con la forma definitiva.
En 2017 se completó un primer prototipo. El equipo de planificación y el de desarrollo unieron fuerzas y, tras realizar un estudio de mercado, obtuvieron resultados positivos; sin embargo, el compromiso con la funcionalidad propio de Casio supuso un obstáculo, por lo que no se dio luz verde al proyecto, por considerarlo “un producto enfocado por completo en la sensibilidad”.
Así pues, en 2019 se llevó a cabo una campaña de micromecenazgo (crowdfunding) en colaboración con una empresa emergente de hardware. Se recaudó una cantidad 30 veces superior al objetivo, lo que permitió demostrar que existía una demanda. En 2023 Casio aprobó su comercialización , y en noviembre de 2024 se lanzó al mercado en dos colores, plata y oro (con un precio de 59.400 yenes, incluyendo el propio robot y su cargador). En octubre de 2025 comenzó la venta también en Estados Unidos y Reino Unido, y a finales de diciembre de ese mismo año las ventas superaron las 20.000 unidades.
Dado que, tras la pandemia del coronavirus, el teletrabajo se había generalizado y las relaciones interpersonales se habían reducido, parece que en cierta medida se fue aceptando a Moflin como una presencia capaz de llenar ese vacío emocional.

Se buscaba una figura similar a la de un compañero. (Imagen cortesía de Casio)
En lugar de hablar, Moflin trata de expresar sus sentimientos mediante la comunicación no verbal, como sonidos o movimientos de inquietud. Entender lo que Moflin quiere decir, a medida que se va adquiriendo experiencia y se pone en marcha la imaginación, es una experiencia parecida a comunicarse con una mascota.
“Aunque al dueño le resultaría una carga que Moflin pidiera atención constantemente, este tiene su propio mundo y es capaz de recuperarse por sí mismo. Creo que la idea de la convivencia entre el dueño y Moflin también ha tenido buena acogida”, afirma Ichikawa. En septiembre, en respuesta a las numerosas y entusiastas peticiones de los propietarios, se añadirá a la gama un nuevo color, el rosa cereza (por 64.900 yenes, solo en Japón y China).
La sensación de cruzar la mirada con un bebé en el tren
Yukai Engineering, empresa que ha lanzado al mercado robots tan originales como el Nekojita Fū-Fū, un robot con forma de gato que enfría las bebidas muy calientes, o el Amagami Hamu-Hamu, que permite experimentar una sensación similar a cuando una mascota o un bebé te muerde suavemente el dedo, comenzó a comercializar en abril en Japón el Mirumi.
Se trata de un robot en forma de colgante de unos 14 centímetros de largo que se puede acoplar al bolso; echa un vistazo hacia donde se oye un ruido o mira de un lado a otro de forma caprichosa. Está disponible en tres colores: rosa, marfil y gris, y su precio es de 19.800 yenes.

Mirumi. (Imagen cortesía de Yukai Engineering Inc.)
Antes de su lanzamiento en el mercado nacional, se presentó por primera vez en enero de 2025 en Estados Unidos, en la CES, una de las ferias de tecnología y electrodomésticos más grandes del mundo. En diciembre de ese mismo año, recaudó unos 80 millones de yenes de 1.870 patrocinadores de 32 países y regiones de todo el mundo a través de la plataforma de micromecenazgo Kickstarter, y recibió 3.200 reservas. En febrero de 2026 hizo su aparición en la Semana de la Moda de Milán, en Italia, donde cautivó a muchas celebridades. En Japón se agotaron las 3.000 unidades iniciales en la primera semana de venta, y el número de seguidores en Instagram supera ya los 44.000.
Yukai Engineering tiene como filosofía empresarial hacer del mundo un lugar más yukai (“divertido”) gracias a la robótica, y se centra en el desarrollo de productos que parten de la fantasía. Aoki Shunsuke, director ejecutivo, afirma: “No se crean productos únicos si uno se limita a pensar ideas para resolver problemas; hay que pensar en lo que uno realmente desea basándose en su experiencia personal”.

El director general Aoki sostiene a Mirumi. A su izquierda, sobre la mesa, se encuentra el robot-cojín con cola Qoobo, y a la derecha el PetitQoobo. Al acariciarlos responden moviendo la cola. El zorro y el panda del centro pertenecen a la serie Amagami Hamu Hamu (el panda ya no se comercializa).
Mirumi también nació de una fantasía así: en el tren, un bebé en brazos de su madre mira a su alrededor con curiosidad. Cuando cruza la mirada con otros pasajeros, desvía la vista con timidez. El simple hecho de observar esa escena hace que la gente que lo rodea se sienta feliz o esboce una sonrisa sin darse cuenta. ¿Y si se pudiera recrear una experiencia así con un robot?

Mirumi. (Imagen cortesía de Yukai Engineering Inc.)
Conectar a las personas por medio de los robots
A la hora de comercializar el producto se diseñaron decenas de patrones de movimiento mediante micrófonos y sensores, lo que permitió reproducir el comportamiento natural de estos pequeños seres, a pesar de su carácter caprichoso. Se buscó una textura que invitara a acariciarlos. Dado que era importante que se cruzaran las miradas, se optó por una estructura fija, para que los ojos no se desviaran. También se prestó especial atención a la durabilidad, para que, una vez colocados en el bolso, no se desprendieran.
Aoki considera que la iniciativa de su empresa, que no solo crea experiencias que relajan la mente en la relación directa entre personas y robots, sino que también genera vínculos emocionales entre las personas a través de sus robots, es un intento de redefinir la función de esos robots.
“Nuestro objetivo principal al fabricar robots consiste en que las personas puedan llevar una vida plena. Creo que el concepto de consuelo que representa Mirumi se extenderá al desarrollo de robots en todo el mundo”, afirma con optimismo.
En Occidente los robots de peluche han estado siempre destinados a los niños, pero, como parte de la cultura pop japonesa, el mercado dirigido a los adultos también se está expandiendo, y el objetivo es vender 100.000 Mirumis en todo el mundo en 2026.
Japón, líder en convivencia con los robots
Okada Michio, profesor emérito de la Universidad de Tecnología y Ciencias de Toyohashi, se ha dedicado al desarrollo de “robots débiles” que no pueden actuar de forma autónoma, como el “robot basura”, que aunque no puede recoger la basura por sí mismo, acaba consiguiéndolo gracias a la ayuda de quienes lo rodean, o el Talking Bones (“huesos parlantes”), un robot que intenta contar cuentos tradicionales pero que, al sufrir pérdidas de memoria, recurre a la ayuda de los niños.
Partiendo de estos robots débiles, Okada defiende la idea de que, en la actualidad, es fundamental la que llama “robótica convivial”, que genera una relación de autonomía y convivencia en la que las personas y los robots se apoyan mutuamente de forma flexible.
“Los robots autónomos y potentes, capaces de ejecutar tareas de forma totalmente independiente, ofrecen una gran comodidad, pero también entrañan el riesgo de que los seres humanos queden sometidos a ellos, lo cual los priva de margen de participación y de autonomía. Lo que yo entiendo por ‘robótica convivial’ es diseñar una relación en la que las personas y los robots compartan su debilidad y se estimulen mutuamente la autonomía y la creatividad”.

Okada Michio, catedrático emérito de la Universidad de Tecnología y Ciencias de Toyohashi, que ha dedicado su carrera al desarrollo de “robots débiles”.
Los modelos Nicobo, de Panasonic, Moflin, de Casio, y Mirumi, de Yukai Engineering Inc., que no tratan de ofrecer comodidad, resistencia ni velocidad, sino que se centran en establecer una relación con el propietario (dueño), pueden considerarse ejemplos paradigmáticos de la robótica convivial.
En una sociedad en la que China y Estados Unidos compiten ferozmente por desarrollar humanoides inteligentes y potentes, y en la que se respira la vaga inquietud de que los robots humanoides podrían sustituirnos, quizá el futuro de Japón resida en robots capaces de acompañar discretamente a las personas y establecer con ellas una relación de ayuda mutua.
Imágenes: comité editorial de nippon.com.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Mirumi, de Yukai Engeneering Inc., a la izquierda; Moflin, de Casio, a la derecha.)