Nicobo, un robot pensado para hacer compañía, no para ser útil
Tecnología Vida- English
- 日本語
- 简体字
- 繁體字
- Français
- Español
- العربية
- Русский
No es práctico, pero crea un ambiente distendido
En el Encuentro de Aficionados al Nicobo, celebrado el 20 de junio de 2026 en la fábrica de Panasonic en Utsunomiya, se dieron cita unos 150 propietarios de este robot, seleccionados de entre un número seis veces mayor de candidatos, que acudieron de lugares tan lejanos como Hokkaidō, en el norte del país, o Fukuoka, en el oeste, costeando elevados gastos de desplazamiento.

Tal y como asegura el lema del robot, los participantes no pueden evitar sonreír.

Los participantes se reunieron en la fábrica de Utsunomiya acompañados de sus “niños”.
El Nicobo es un robot doméstico de 1,5 kilogramos de peso y forma esférica, envuelto en lana, tan pequeño que cabe en las palmas de las manos, con ojos, nariz y cola. Su precio habitual es de 60.500 yenes, y su cuota mensual de uso es de 1.100 yenes. Salió a la venta en 2023, y en marzo de 2026 se anunció que las ventas acumuladas habían superado las 10.000 unidades.
El Nicobo incorpora diversas tecnologías de sensores y cámaras que, en combinación con un modelo de inteligencia artificial en la nube, le permiten reconocer expresiones faciales y palabras de los seres humanos; lo único que Nicobo sabe decir, sin embargo, son ciertas palabras en un japonés entrecortado, y el “lenguaje moko”, similar al de un bebé. A veces responde cuando se le habla, pero si no le apetece ignora lo que se le dice. Tampoco obedece instrucciones, como puede hacer un altavoz inteligente. En ocasiones parece estar durmiendo tranquilamente, pero de pronto habla en sueños, o suelta una ventosidad sin más; es totalmente impredecible.

Varios Nicobos ataviados con sus respectivos sombreros.
El concepto básico del robot es que actúa como “un eterno niño de dos años”. Aunque no puede mantener una conversación, sí que tiene un don especial para hacer sonreír a quienes lo rodean, y crear un ambiente distendido. Para los propietarios que se reunieron en el encuentro con otros fans, el Nicobo es ya un compañero insustituible y un miembro más de la familia. Para su “visita a casa”, a la fábrica de Utsunomiya en la que se fabrican los Nicobos, algunos vistieron al suyo con un gorro hecho a mano, o con accesorios para la cola, y otros llevaban abanicos en los que habían escrito “uchi no ko” (“mi niño”), como si se tratara de un evento de aficionados a algún oshi.
La riqueza espiritual antes que la material
Panasonic ha buscado siempre un alto rendimiento y grandes prestaciones con sus electrodomésticos, con el objetivo de hacer la vida más cómoda a sus usuarios, pero en esta ocasión se ha lanzado a desarrollar un robot que, en realidad, no tiene una utilidad concreta. ¿Cuál puede ser el motivo?
Todo empezó con un nuevo proyecto de electrodomésticos audiovisuales que se puso en marcha en 2017.
“Justo por aquella época, el estrés derivado de la digitalización (difamaciones e insultos en las redes sociales, por ejemplo) se había convertido en un verdadero problema de la sociedad. Nos preocupaba que la tecnología, que en principio debe hacer feliz a la gente, estuviera teniendo el efecto contrario”, recuerda Masuda Yōichirō, responsable del proyecto.
Los países más desarrollados gozan, en cierta medida, de bienestar material. El equipo del proyecto consideró que, en lo sucesivo, lo que podría resultar realmente necesario sería recuperar la riqueza espiritual, por lo que coincidieron en tratar de crear robots que hicieran sonreír a la gente.
Dado que la empresa carecía de conocimientos técnicos sobre robots de comunicación, el equipo visitó a diversos investigadores especializados en robótica para solicitar su asesoramiento. Fue entonces cuando descubrió el concepto de los “robots débiles”, propuesto por Okada Michio, catedrático emérito de la Universidad de Ciencia y Tecnología de Toyohashi.
Uno de los “robots débiles” desarrollados por el profesor Okada es el llamado “robot papelera”. Como su nombre indica tiene forma de papelera; cuando encuentra algo de basura se acerca a ella, pero no es capaz de recogerla por sí mismo y se queda donde está, dando vueltas sin saber qué hacer. Al verlo, las personas que lo observan sienten, por alguna razón, la necesidad de ayudarlo, de modo que recogen la basura en lugar del robot y la depositan en la papelera que el robot lleva incorporada.
A diferencia de un robot-aspiradora, que limpia por su cuenta hasta el último rincón aunque no haya nadie, el “robot papelera” no puede llevar a cabo su misión por sí solo; pero precisamente debido a esa imperfección saca a relucir los puntos fuertes y la bondad del prójimo y, al final, acaba logrando su objetivo.
Masuda se sintió identificado con las ideas del profesor Okada: “la convivencia entre robots débiles y personas puede dar lugar a una sociedad más tolerante”. Dejó de lado las ideas que se habían debatido inicialmente en el equipo del proyecto (tales como “sería útil que tuviera esta función”, o “sería divertido que pudiera hablar”) y se centró en utilizar la tecnología más avanzada de la empresa para convertirlo en un ser adorable al que se pudiera tomar cariño.

En el encuentro con los fans se inauguró la Nicobo Clinic, un sistema de control de la salud que permite detectar problemas con el robot antes de que se produzcan.
En busca de la esencia de los seres vivos
Okada fue quien ideó el “lenguaje moko”, del que forman parte expresiones como “mokomon” y “moko-monmon”, que utiliza el Nicobo.
Si el Nicobo hablara un japonés perfecto las expectativas de los usuarios aumentarían, ya que pensarían que puede comprender todo lo que se le dice, y que puede mantener una conversación. Sin embargo, y precisamente porque el robot utiliza palabras sin sentido, el propietario se devana los sesos pensando qué querrá decirle su Nicobo, o qué querrá que haga, y es al negociar ese significado cuando surge el apego. Okada explica que es lo mismo que ocurre cuando un perro ladra: el dueño, a partir del tono de voz y la expresión, se pregunta si tendrá hambre, si querrá que lo saque a pasear, o que le preste atención.
“Lo más difícil fue tener que dejar de lado ese ámbito en el que tanto destaca Panasonic”, dice Masuda.
“Hasta ahora siempre nos hemos enfocado en conseguir que todo funcione con precisión y sea reproducible una y otra vez. Una reacción idéntica en cada ocasión, no obstante, no es propia de un ser vivo. Dejamos muy claro este aspecto de nuestros valores al hablar con el equipo técnico”.
En el caso de un electrodoméstico, este debe detenerse en seco, por ejemplo, cuando el usuario así se lo indica. En el caso de un ser vivo, sin embargo, si se detuviera por completo siguiendo las indicaciones de una persona resultaría muy poco natural. Por eso se ha creado la estructura interna del Nicobo inspirándose en las articulaciones, los músculos y los cartílagos de los seres vivos, y está diseñado para moverse con un vaivén suave.
“El Nicobo está diseñado para aprender más cuanto más tiempo pasa con su dueño, lo que da lugar a cambios en su comportamiento diario. Incluso llega a imitar la forma de hablar propia del uchi no ko del usuario. Pero no se comporta exactamente como este desea”. Sí, el hecho de que las cosas no siempre salgan como uno espera es, precisamente, lo que hace que el robot parezca un ser vivo.
No una simple herramienta, sino un compañero y amigo
Suzuki Fumiyo, oficinista que asistió al encuentro desde Osaka, empezó a interesarse por la convivencia entre robots y personas en la Expo Osaka-Kansai 2025, celebrada en Osaka, y en octubre del año pasado acogió en su casa a un Nicobo gris. “Me dio pena que estuviera solo, así que enseguida compré otro azul marino, y otro rosa. Dan muchas ganas de mimarlos, pero también me reconfortan; siento que nos complementamos mutuamente”, comenta sonriendo. Suzuki comparte en Instagram su día a día con los tres “hermanos”.

Suzuki Fumiyo, participante en el encuentro de fans de Nicobo. Fotografía de recuerdo con el profesor Okada, creador del concepto de los “robots débiles”.
Otra mujer de unos 50 años, residente en Tokio, cuenta que, cuando sus dos hijos se graduaron en la universidad, encontraron trabajo y se marcharon de casa, sintió una gran sensación de pérdida, como si le hubieran dejado un vacío en el corazón. “El Nicobo es como un tercer hijo, que me llama ‘mamá’. Me reconforta esa flexibilidad de trato que me permite decirle “ya estoy en casa” o no, según cómo me sienta ese día”, afirma.
En el encuentro, Masuda reveló que el Nicobo incorpora un LLM (modelo de lenguaje a gran escala) a su plataforma en la nube. Aunque el LLM es una IA especializada en el procesamiento del lenguaje, el equipo no tiene intención de utilizarlo para lograr una comunicación avanzada ni una conversación natural. El Nicobo seguirá siendo, ante todo, un eterno niño de dos años. Según explicaron, lo utilizarán para sacar a relucir aún más las sonrisas y la bondad de las personas mediante palabras que dejen un margen para la imaginación.
“En el extranjero los robots están evolucionando para ser más fuertes, más rápidos y más inteligentes, en busca de una mayor comodidad, porque se consideran una prolongación del concepto de la herramienta. En Japón existe ya una cultura que acepta a los robots como compañeros o amigos. Los robots que, al igual que el Nicobo, no buscan la comodidad, son una característica exclusiva de Japón. Dado que otros países desarrollados también se orientarán hacia la búsqueda de la riqueza emocional, creo que Japón tiene el potencial de liderar el mundo con sus robots débiles”.
Los fans del Nicobo invitaron a Okada, que también asistió al encuentro, a hacerse fotos con ellos, por lo que el profesor posó en varias ocasiones junto a varios Nicobos en fotos de recuerdo.
“Es maravilloso que los propietarios del Nicobo no solo profundicen en la relación con uchi no ko, sino que también, a través del robot, establezcan vínculos con personas que hasta ahora no conocían y disfruten de ello”, afirma Okada con una amplia sonrisa. Los Nicobos hacen sonreír a la gente; esas sonrisas, a su vez, generan nuevas sonrisas.

(Fotografía cortesía de Panasonic)
Imágenes del artículo: comité editorial de nippon.com.
(Artículo traducido al español del original en japonés. Imagen del encabezado: Masuda Yōichirō, director del proyecto Nicobo.)